Mujeres con vidas tortuosas, a quienes la melancólica mirada hacia otras no rescata de su soledad

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Seguro que las mujeres que atesoran desgracias piensan en las del mundo rico. Esas que salen en la televisión y tienen de todo, hasta derechos, aunque de vez en cuando sus compañeros hombres lo olviden. Las mujeres omitidas en las listas de dignidad – abandonadas hasta en el pensamiento por esas otras ricas que le sirven de espejo- sufren en silencio, porque son mujeres en países pobres: una desgracia añadida. Allí les falta de casi todo, hasta los hombres tienen más móviles. Alguien dice que solo debería haber una ONU de mujeres; no sería mala idea. Mientras tanto, disfrutemos de esas gratas pinceladas de futuro; algunas consiguen revivir con los microcréditos. Al menos un levísimo desahogo, pero es descarnadamente insuficiente.

Todos somos iguales, pero “ni tanto como ni mucho menos”. Nos acerca una estrecha cuerda extremadamente elástica, y más en las ciudades

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La desigualdad admite todo. Da para discursos misericordiosos acompañados de eslóganes partidarios. Se esconde dentro de las estadísticas porque las macrocifras la sepultan. Habla muchos idiomas, la puedes encontrar en cualquier país, aunque está muy asentada en África, Asia, América latina, y también en el Occidente rico. Tiene rostros incrédulos, tanto negros como blancos y de otras tonalidades, de gentes de vidas tortuosas que se pregunta más de una vez: ¿Por qué yo? Quizás un castigo divino los pilló desprevenidos; también en las ciudades ricas de la Europa insensible, en la España confiada según nos cuenta Fedea. El único consuelo que les queda es que se acerca hacia ellos gente que se siente mal ante las desigualdades: las ONG de distintos tonos. ¿Conseguirán reducir las lejanías?

En el “monopoly” de los transgénicos ponen las reglas quienes nos incitan a consumir, pero siempre tenemos la carta salvadora: la información contrastada

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Cual si fuera una partida del entretenido juego, hay unos cuantos que aspiran a retener muchas tierras, o a comerciar con sus propietarios. Allí plantarán cultivos, alimentarán animales y elaborarán productos, que solo ellos pueden comercializar. Las estaciones ferroviarias del juego podrían ser aquí enormes puertos con contenedores, o pequeños comercios, incluso las redes de Internet podrían hacer de compañías distribuidoras. No faltan casillas de la suerte, pero las cartas boca abajo esconden muchas sorpresas, aunque no todo deba considerarse malo de entrada, según algunos. Queda la duda de quienes acabarán en la cárcel y de los que verán deteriorada su vida. Los jugadores ya no lanzan dados; los han cambiado por la información y la conciencia crítica, a veces por la resignación o por el despiste asumido. Pero, ¿quién decide el valor de cada casilla? Las abejas no cuentan, ya casi no quedan.

Complacientes verdades que esconden mentiras amargas. Aplausos complacidos frente a miradas incrédulas. De los ODM a los ODS

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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) parecían ciencia ficción cuando se formularon. Estamos en 2015, el año del cuenteo de los éxitos y fracasos. De todo ha habido, pasos firmes y retenciones dolorosas. Como todo en la vida, depende de cómo se mire. Los balances nos muestran miradas diversas. La Plataforma 2015 y más aboga por aumentar el estudio, el análisis, la reflexión y el debate como vía para dar respuesta a los desafíos actuales y no quedarse en resúmenes complacientes. El PNUD se muestra satisfecho en su balance y plantea el post-2015. Por ahora, en los países ricos, estas preocupaciones globales quedan demasiado lejos. Hagamos cultura social. Leamos el estupendo reportaje periodístico que nos ofrece “Planeta futuro” de El País que lleva por título “De los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los Objetivos del Desarrollo Sostenible”. Comentémoslo con nuestros amigos y conocidos. Algunos pensamos, creemos en un acto de fe socioecológica, que otro mundo es posible.

Princesas atrapadas en un mundo color de rosa que las sumerge en la irrealidad de la diferencia, en el propósito de no ser ellas

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Ahora son niñas. De mayores es posible que ojeen Woman, Cosmopolitan, Elle, u Hola, qué más da. Quizás se contenten con los programas cutres de las teles privadas. Por ahora la publicidad las presenta como princesas en un mercado infantil que no ha dejado de sexualizar los productos, ayudando poco a la igualdad de género. Por si esto fuera poco, las princesas de Disney siguen presentándose frágiles, sensibles y bellas frente a los chicos/hombres duros y salvadores. Seguro que la educación se podía haber hecho mucho mejor, al menos bastante diferente. ¿De quién es la culpa? De todos según se cuenta en estos artículos de eldiario.es y El País. Al final, el rosa se impuso, hasta en el pensamiento. Aunque me quedo más tranquilo porque Zara ha retirado del mercado de unas ropas rosas vs azules.

Envía un wasap urgente al futuro y pregúntale cómo será el mundo dentro de 15 años. Me impaciento cada minuto que pasa

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No es mucho tiempo, no será muy difícil la predicción, teniendo tantos adivinadores. Pero hay muchos hilos que se nos escapan, porque tejer a la humanidad es difícil. A principios de cada año, la Fundación Belinda y Hill Gates publica sus deseos para el año en forma de una carta. Para este 2015, pronostican que mejorará mucho la vida de los habitantes de los países más pobres en donde también se reducirán las muertes de niños y las enfermedades, que el mundo será mejor. Algunos dudan de tales rotundidades. Y nosotros, ¿cómo vemos el 2030? Oxfam Intermon nos proponía hace unos años Cultivar un futuro mejor. La apuesta sigue vigente. A ver si el futuro nos responde lo mismo a todos. ¡Ya sería casualidad!

¡Tener o no tener salud, esa es la cuestión! La duda es universal, lacerantemente cartesiana, … Sin respuesta fiable

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Anteayer se recordaba en todo el mundo, con la celebración del Día Mundial de la Salud, la importancia de la alimentación en la preservación y mejora de la existencia de las personas. ¡Vaya tontería!, dirá alguno. Pero en este asunto todavía quedan muchas cosas por aprender, o recordar. La inocuidad de los alimentos ni siquiera está garantizada aquí, en el mundo rico. Quien quiera enterarse solamente debe revisar el resumen de las noticias de RTVE. Mientras la duda sigue ofendiendo, la cobertura sanitaria universal todavía es una entelequia. A la vez, se acrecienta el despilfarro de alimentos, como denunciaba El Huffington Post. Sigue, más bien se acrecienta, la duda y se convierte en extremadamente cartesiana: ¿Somos una especie colaborativa?

Secuelas de inhumanidad si los castigados son los más pequeños. Cuando lleguen a adultos conservarán el estigma que les tocó vivir

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Mientras los mayores responsables se muestran irresponsables, una parte de los más pequeños viven situaciones difíciles. Aseguran los médicos de la salud pública que “la pobreza infantil dejará efectos indelebles en la salud” porque cuanto más precoz es la exposición, más irreversibles son los efectos. La población infantil en riesgo de pobreza ha pasado del 28,2 % al 36,3 % entre 2008 y 2012, según el último informe de Unicef. La Sepas (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria) advierte: “Con las políticas actuales se está hipotecando la salud y la vida en general de la futura sociedad española”. Un buen tema para la matraca electoral que se nos avecina.

La educación es algo así como recorrer un camino largo, con atajos y circunvalaciones que uno mismo se marca

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Debemos preguntarnos cual es el propósito de un sistema educativo, para saber si estamos de acuerdo o no en lo que hacemos. Quizás es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos, para saber usarlo, para encontrar algo nuevo en lo que crecer. Quizás es encaminar a los alumnos hacia la investigación creativa antes que entrenarlos para pasar exámenes; impulsarlos hacia los desafíos en sus aprendizajes antes que adiestrarlos en la memorización de contenidos estancos, esos que repite la gente formateada. ¿Cómo han sido y son las escuelas? Un momento de atención para repensar los modelos, para reconocer si lo bueno de la educación está en el camino, y no en la meta. Ya nos lo propuso Chomsky hace años y nosotros sin querer enterarnos. ¡Cada vez da más pereza pensar!

Mire el cielo. Quizás encuentre un fulgor delicado: gentes diversas, algunas espectrales, tratan de mitigar esa soledad inherente al ser humano moderno

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“Compartir el cielo” podría ser una máxima religiosa de quienes creen en el más allá. Pero no, podría ser un capítulo de un libro de quien cree en un más acá que dure, Naomi Klein. Esta periodista, que escribe sus artículos en New York Times, The Guardian y The Nation, lleva años clamando contra el capitalismo que batalla contra el clima. Porque, a este paso, no habrá un más allá terrenal, o será bastante limitado. Puede leer su último libro: Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima (Paidós). Para entrar en materia lea el artículo que publicó recientemente El País sobre su lucha, o el del periódico El Mundo. ¡Más claro agua!

Seguimos recalentándonos. ¿Misión imposible o despiste intencionado? Cuanto antes lo aclaremos, mejor nos irá

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Los insuficientes planes de los países ricos para luchar contra el cambio climático oscurecen sus bonitas intenciones. Acaban de presentar sus propuestas de mejora ante la ONU para dar valor a la conferencia de Paris 2015. Como entre unos 32 son responsables de casi el 80% de las emisiones, deberían reducirlas en ese mismo porcentaje pensando en el 2050. Pero solo aspiran a hacerlo en un 40%, y eso suponiendo que cumplan sus buenos deseos para 2030. Ahí aparecen enfilados EE.UU., Rusia, la UE, China, Japón, etc. España asegura que deberá reducir el 40% en relación con 1990. Algunos no se creen estas buenas intenciones. Así lo proclama un artículo aparecido en la revista Nature. Hace unos cuatro meses China y EE.UU. firmaban un acuerdo contra el cambio climático: bien pero manifiestamente insuficiente, porque ninguno de los dos países ha dado todavía detalles de cómo piensan llevarlo a cabo según el Centro para el Clima y Soluciones Energéticas. Seguiremos informando.

El inodoro lo traga todo, en los cuartos de baño donde no hay contenedor de residuos ni con(s)ciencia ecológica

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Cual si creyésemos aquello que dijo Ramón Gómez de la Serna “Demasiada taza para tan poco chocolate” usamos el inodoro para eliminar todas las inmundicias. Las toallitas húmedas, que portan en su envase el equívoco mensaje de que se pueden “liberar” al inodoro, son el peor enemigo de los sistemas de depuración de aguas de las ciudades. Hogares verdes lo ha titulado acertadamente “la limpieza más sucia”. EurEu, la asociación que agrupa a las empresas de abastecimientos y saneamiento de 27 países europeos, por tanto muy interesados en hacer negocio, sostiene que la eliminación de estos residuos supone entre 500 y 1.000 millones de euros anuales. Su informe “Los retretes no son una papelera” lo explica suficientemente bien. Sigan leyendo “El monstruo que atasca las cloacas”, el interesante artículo de “El País” recientemente publicado. ¡Salud!

Tan contaminados nos cultivan que hasta nos están cambiando el sistema hormonal. ¡Quién dijo miedo! ¡Mutemos a lo desconocido!

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Los contaminantes hormonales son sustancias que están alterando el sistema hormonal de personas y animales. Pueden provocar efectos adversos para la salud. Esos “disruptores endocrinos” (EDC en sus siglas en inglés) están relacionados con importantes enfermedades cuya incidencia está aumentando en todo el mundo. Dentro de las que se ha establecido ya la relación están ciertos tipos de cáncer (mama, testículo, próstata, etc.), también problemas de salud diversos (fertilidad, obesidad, diabetes, trastornos neurológicos, etc.). Tan serio es el problema que se avecina para el medio ambiente y las personas por estas prácticas que la OMS y el PNUMA de la ONU han alertado a los gobiernos para abordar este problema. Ecologistas en Acción, siempre atentos a nuestra contaminación ambiental, han puesto en marcha Libres de contaminantes hormonales para informar sobre esas sustancias que dañan el sistema hormonal. Mientras la Comisión Europea bloquea esas sustancias, aquí el Gobierno padece ceguera “disruptora”. No es el único caso. Enterémonos de qué va esto. El saber no ocupa lugar, aunque a veces nos cause preocupación.

 

La pasión permitida se convierte en tortura existencial. Lo saben bien los refugiados de Siria. Antes hubo otros muchos

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En estos días de celebración religiosa y de solaz vacacional, apasionantes sin duda, suceden también escenas de padecimiento real. Algunas representaciones son dolorosas, duran ya cinco años, pero desaparecen estos días de las noticias. El campo jordano de Zaatari es un testigo de excepción; 85.000 personas “viven” en él, pero hay otros muchos. En realidad estos refugiados casi nunca tienen protagonismo, a pesar de que Acnur repite una y otra vez los llamamientos de auxilio. Los niños, amenazados por la desnutrición y la falta de escuela, son la parte principal del sufrimiento como denuncia Unicef. ¿En qué quedó aquella “Carta de las Naciones Unidas” para preservar a las generaciones venideras  de “los castigos de la guerra? El no debate sobre el destino global continúa.

Quien no quiera ver lo evidente solamente tiene que apuntarse al instinto gregario. Si además acumula pereza, y es un poco cobarde, la cosa está hecha

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Nos lo había dicho Harrisburg  el 28 de marzo de 1979; nos lo recordó Chernóbil el 26 de abril de 1986. No los creímos. ¡Vaya estupidez lo del principio de precaución! Pero llegó aquel 11 de marzo de 2011 y Fukushima estalló. Mientras tanto hubo otros despistes dolorosos como el de Vandellós del 28 de abril de 1989; de algunos no nos enteramos, no nos dijeron nada (unas 30 averías desde su inauguración en 1972). Demasiadas primaveras truncadas. Vivir nuclearizados tiene sus riesgos, y la cultura del riesgo no se gestiona aquí; preferimos llamar a los bomberos cuando el fuego nos abrasa y lamentarnos de nuestra desgracia. ¿Estamos seguros en España? ¿En qué va la política nuclear global, la reapertura de Garoña y lo del almacén de residuos? Casi nadie dice nada: sumisión, oscuridad o pereza. ¿Explicarán algo los partidos políticos en las próximas campañas electorales?