Economía

Invertir en la Tierra da réditos de supervivencia global

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Todos los años aparece en el calendario mundial para decirnos que está ahí. Cada 22 de marzo se generan multitud de noticias y actos que hablan de un continente olvidado, casi desaparecido, llamado Tierra. Por eso hemos querido retrasar un poco esta entrada, para que la ola biogeográfica llegue más de una vez a la orilla pensativa de quienes más pueden hacer por no estropear su devenir natural. Siempre se suele decir que es nuestro continente. Iría mejor hablar que es el lugar que nos contiene, del que somos deudores como el resto de las criaturas que lo habitan. Unos y otras somos privilegiados. Pero ya se sabe, cuando algo no falta poco suele recordarse a menudo.

La Tierra es vida; ahora enferma porque debe cogestionar demasiados cambios bruscos. Algunos son propios de su existir, y cambiarían de forma progresiva o regresiva en su entropía permanente. Mientras que otros se han incrementado aceleradamente a causa sin duda de la sensación de pertenencia que los humanos tenemos con respecto al Planeta.

En los mensajes que se prodigan estos días manda el hecho indudable de la contaminación del aire, que también pertenece al sistema Tierra. De esto se habla mucho pero no se escucha apenas, al menos lo que debiera. Seguro que el Planeta está triste por esa falta de atención, que es global. Tierra antigua que se mezcla con una nueva, que cambia los ritmos vitales de forma acelerada. Se dice con vanagloria que poco a poco la especie humana conquistó la naturaleza. Craso error pues la conquista supuso demasiada destrucción. Si pudiésemos hacer un viaje en el tiempo retrocediendo unos 2.000 años no la reconoceríamos. Este sistema biogeográfico es un ir y venir unas veces calmado, otras convulso. Por eso no debe haber un solo Día de la Tierra.

Las personas, como colectivo, somos arrendatarias de su destino. Pero la están destruyendo y acabarán quedándose sin oportunidades. Algo así vino a decir la pintora mexicana Frida Kahlo. ¿Qué pensaría ahora vistos las crisis causadas por el cambio climático, la COVID-19 o las guerras? ¿Con qué trazos pintaría al Planeta y sus criaturas?

Vivir es una experiencia compartida, por eso deberíamos tener señalado en todos los días de nuestra agenda el deber de acaparar lo menos posible para que nada cambie demasiado rápido, o sea irreparable. Alguien tan respetado como John J. Audubon manifestaba que los verdaderos conservacionistas son quienes saben que el mundo no ha sido heredado de sus padres, sino prestado por sus hijos. En cierta manera todos tenemos interés en seguir siendo habitantes de la Tierra, luego deberíamos hacernos conservacionistas, aunque nada más fuese por egoísmo. Debemos comprender el valor de la naturaleza en sí misma y actuar en consecuencia. Si así sucede, la naturaleza permitirá que los humanos estemos mucho tiempo más con ella.

Me gustaría terminar este chispazo invitando al pensamiento crítico en torno a una frase del filósofo argentino Santiago Kovadloff: “Durante centenares de miles de años, el hombre luchó para abrirse un lugar en la naturaleza. Por primera vez en la historia de nuestra especie, la situación se ha invertido y hoy es indispensable hacerle un lugar a la naturaleza en el mundo del hombre”. Ahora a esperar hasta abril de 2023, pero manteniendo la mente comprometida en torno a lo que significa el Planeta sin tener las manos quietas, comprometiéndonos sin excusas en las reparaciones que podamos desarrollar, individual o colectivamente.

Las bombas del hambre son de racimo y largo alcance

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Las bombas lanzadas por los rusos en Ucrania han causando el hambre entre la población, además de otros daños irreparables. Después del desastre global de la pandemia, las bombas rusas han hecho tambalear la economía mundial, por ahora bastante aunque desconocemos el impacto pasados unos meses. Se dice que pueden provocar hambrunas en lugares lejanos. Las secuelas de la guerra ya se han hecho evidentes en alzas de precio generalizadas, tal que si fueran bombas de racimo que dañan amplias superficies y afectan a gente situada fuera del epicentro explosivo. Desde los países europeos y ricos se odia al jerarca ruso por sus maldades y por las desgracias causadas en forma de abastecimientos de materias primas. Pero vendrá mucho más.

Porque las bombas del hambre son a la vez de racimo, tóxicas y de largo alcance; no queremos ni nombrar a las aniquiladoras totales. Tanto impacto causan que se habla ya de una epidemia del hambre a escala mundial. Las bombas han cerrado los canales por donde circulan productos alimenticios ucranianos y rusos (proporcionan un tercio de los cereales que alimentan al mundo global) que son la base de la subsistencia de muchos países alejados del foco bélico. La subida de los cereales, ya pone en riesgo la seguridad alimentaria de muchos países de África y Asia, allá donde se amontonan los más pobres de entre los pobres. Allá donde dejan secuelas permanentes.

La ONU advierte de que la crisis provocada por la invasión de Ucrania por Rusia corre el riesgo de llevar a 1700 millones de personas, más de una quinta parte de la humanidad, a la pobreza, la indigencia y el hambre. Hasta el momento ya han conseguido evaporar la ética universal y han provocado el descreimiento global de un mundo con menos desigualdades, de la posibilidad de que el diálogo tenga sus réditos. Ojalá acabe pronto y se empiece a reconstruir un modelo de convivencia en donde el hambre y la pobreza, las guerras, y otros desastres sociales sean una parte de la historia acabada.

Descubrimos que el solucionario de los incrédulos climáticos está en blanco

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La vida sigue igual, y no nos estamos refiriendo al éxito de aquel cantante español. Hablamos de la climática. Igual pero con dimensiones distintas. Más cambios, más grandes, más urgentes y sin embargo, parece que la gente, en sentido universal, está dormida. O tiene tantas preocupaciones diarias que le impiden avanzar en el tiempo. Los incrédulos climáticos tienen un solucionario: si no te afecta bruscamente, si no te empuja por un precipicio, si no arden tus propiedades, si no te ha chamuscado hasta las cejas, etc., déjala pasar que mañana será otro día. 

El solucionario de los incrédulos no necesita fechas, no dice cuando se arreglará el panorama mundial que sí afecta al resto de los vivientes. El IPCC, ese conjunto de científicos que no les hacen ni cosquillas a los incrédulos, afirma con rotundidad que el planeta ya no va a ser el mismo y que hay cambios irreversibles que no hacen bien a nadie. Pero también habla de que existen las herramientas para limitar algunos efectos. Se sabe que estos últimos años la contaminación del aire no ha crecido a la velocidad de antes, pero también se constata que no se ha hecho lo suficiente para controlarla más. 

Estamos en la cuenta atrás. «Las emisiones de gases de efecto invernadero deben llegar a su momento pico antes de 2025, con ese año como punto de límite. Además, deben caer hasta reducirse un 43% para 2030», dice el último informe del IPCC. Se desgañita Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU, con sus advertencias: Los topes marcados por el IPCC no son ficción, no son exageración, antes bien algo real que deja claro lo que se le viene encima al planeta. Una advertencia general nuestra: somos parte de ese planeta, por más que muchas veces lo disimulemos. 

Descubrimos que el solucionario de muchas empresas y gobiernos que se apuntaron al pacto verde europeo tiene poco más que las tapas, muy bonitas eso sí. La únicas hojas escritas sirven para demostrarse a ellos mismos que si un problema tiene solución se arreglará libremente, y que si no la tiene por qué preocuparse. No han debido leer nunca lo que dicen que Albert Einstein, le han atribuido tantas frases que ya dudamos de muchas de ellas, dijo: los problemas de hoy no los puedes solucionar pensando (y actuando) igual que pensabas cuando los creaste. Casi podíamos resumir nuestro solucionario en esa frase. Pero mientras lo hacemos queremos darle una vuelta a aquello que afirmaba el filósofo Ludwig Wittgenstein referido a la cosa matemática: «No hay enigmas. Si un problema puede plantearse, también puede resolverse». ¡A ver si se van a agarrar a la idea los incrédulos climáticos» 

Hace años ya era tarde para retener el cambio climático, pero todavía podemos aminorar su magnitud

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Dice el último informe del panel IPCC que el pico de las emisiones de gases de efecto invernadero debería conseguirse en 3 años, y a partir de ahí bajar por un pendiente sostenida. Todos somos conscientes de que se nos acabó el tiempo de gloria consumista y del estado de binestar sin esfuerzo propio, pero también conocemos que no todo está perdido. Alguien dirá que está hasta … de tanto aviso. Que no será para tanto cuando seguimos viviendo, que es más importante acabar con la COVID, con la guerra de Ucrania o encontrar un trabajo digno que nos permita aspirar a logros mayores en nuestro bienestar. Pues no, se equivocan. Lo de la huella ecológica de cada cual por su consumo de combustibles fósiles o con productos y materiales tiene repercusiones en la vida propia y de los vecinos.

Las mujeres y hombres que constituyen el panel que estudia el clima en la ONU avisan de que el calentamiento amenaza el bienestar humano y la salud planetaria, que será letal para una parte de la humanidad, porque la vulnerabilidad es otra de las desigualdades de la sociedad actual y futura. La lectura de miles de investigaciones les obliga a reconocer que “el alcance y la magnitud de los impactos” de esta crisis “son mayores de lo estimado” hasta ahora. Mientras los gobiernos de los países ricos, no tenemos datos de los de los pobres, siguen primando el consumo de combustibles fósiles. 

Hace un par de días escuchaba decir a un afectado por las convulsiones del Mediterráneo que era la cuarta vez que este año se le destrozaba su negocio de restauración colocado al borde de la playa. Me interesaría conocer a qué achacaba esa desgracia. Por lo que leo en un periódico, el problema es que no dará tiempo de restaurar todo antes de las vacaciones de Semana Santa y muchos negocios perderán. Me pregunto qué no hemos entendido del cambio climático, o nos negamos a ver. Los medios de comunicación y las administraciones son cómplices de la falta de educación informal de la gente sobre este asunto.

El reciente récord de temperaturas alcanzado en la Antártida no es una buena noticia. Empecemos a pensar lo que les sucedería a las zonas de la playa mundial, el agua de los océanos fluye a lugares lejanos por si no lo sabían, se se repite esa tendencia. Digámosles que uno de los reguladores del clima son las corrientes oceánicas, que están cambiando de patrones de funcionamiento. Por eso no nos parece desacertado el título del artículo de El País que enfatiza diciendo «Ahora o nunca«. No lo veamos como una catástrofe sino como un recordatorio del día a día.

 

Los girasoles maldicen la guerra en Ucrania

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Parece ser que los rusos del presidente Putin, con su manía de ampliar su ancho territorio y otras razones ideológicas o no sé de qué tipo, le han declarado la guerra a los girasoles ucranianos. Aunque sea indirectamente, por ahora no tenemos noticias de que los bombardeen, están impidiendo que los girasoles ucranianos, más bien su aceite deleiten los paladares de mucho gente de todo el mundo. 

En su vuelta alrededor del Sol la tierra ucraniana, como todas verá un «giro aparente» de la luz solar de este a oeste. Pero no solo sus habitantes lloran sus penas; los girasoles habrán sufrido de lo lindo, no sabrán dónde mirar, no sintonizarán con la imagen de su entorno, como si se hubieran quedado ciegos. Esto me trae a la memoria el poema Los girasoles ciegos, aquello que escribía Antonio Machado y según entendí surgía de una metáfora de la Biblia que aludía a la desorientación de la humanidad.

Un gran despiste notará durante bastantes años la economía de ese país, que es la suma de la despensa emocional y material de cada uno de sus habitantes. El asunto pone al descubierto la interconexión de las economías, lo poco que puede valer ser un gran productor de algo. Los vecinos pueden tener envidias; de estas dicen que hay varias en la invasión rusa. Todo el país quedará en bancarrota y los demás sufriremos temblores, qué decir de los países pobres…Porque las guerras destruyen todo a su paso. Al escribir esto he actualizado mi conocimiento de Alberto Méndez, un gran autor oculto para la literatura conocida, que también compuso sus Girasoles ciegos, plenos de pequeños detalles. Supo componer un canto a la dignidad de la gente sufriente de la Guerra Civil de España. Esta controvertida estampa, un girasol ciego tiene un oscuro porvenir, la llevó al cine José Luis Cuerda en 2008, con intérpretes de la talla de Maribel Verdú, Javier Cámara y Raúl Arévalo entre otros. Pero parece que la película no estuvo a la altura del libro. En esto de plasmar con palabras los sentimientos ciegos o quemados en una guerra me pregunto cómo pintaría Vincent van Gogh, con una mente tan compleja, los girasoles ucranianos? Bueno, a lo que vamos.

En grandes cifras, Ucrania exportaba el 46 % del total mundial de aceite de girasol en 2019. Ahora ya no, está guerra  ha provocado que el precio de la botella de aceite se haya puesto por las nubes en toda Europa. También lo notarán todas las conservas, sardinas y atún por ejemplo, en la que el poder conservador del aceite es fundamental y otros muchos.  Además, si los ucranianos no exportan su cosecha, y los rusos (2º país exportador) se ponen chulos esto se complicará. De hecho, entre los dos países suministran las dos terceras partes el aceite de girasol globalizado. En los supermercados españoles ya notan el acaparamiento de algunos consumidores; dicen que algunos países van sufren desabastecimientos o colapsos publicitados. 

Pero no solo la guerra está en guerra con este producto. El encarecimiento global de muchas materias primas nos puede colocar a todos en el preludio del colapso, o acaso es un intermedio de no se sabe qué. Todo esto nos sirve para valorar si la dependencia de los demás, aunque el comercio mundial explote a algunos países poco poderosos, nos hace más libres. Aquello de la globalización era un globo sonda que ha resultado maléfico. Al final nos condujo al «aparheit» planetario según expresaba Jorge Riechmann, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo.

Alimentación sostenible en España, y ¿en el mundo?

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Hace unos días la Fundación Alternativas publicaba El libro Blanco de la alimentación sostenible en España. Merece la pena una lectura reposada porque habla de aspectos de la vida que hay que valorar, concertar, de cara al futuro. Así, destacamos cuando habla de que la inseguridad alimentaria va más allá de las colas del hambre; de que hacen falta Sistemas agrícolas que minimicen sus impactos medioambientales y vayan en la dirección de una adaptación al cambio global que hemos de concretar; de que los sistemas ganaderos deben realizar una transición que concluya en una menor producción y consumo pero de mayor calidad; de que en todo este entramado debe concretarse un ciclo hídrico sostenible con adecuadas medidas de gestión de la demanda y una visión ecosistémica de la oferta; de que la logística y la distribución asociativa aminoran los desperfectos ambientales y protegen las economías de tránsito.

Nos invita a preguntarnos si son necesarios unos enfoques territoriales para una alimentación sostenible de verdad en conjunción con un mundo rural vivo permanentemente; sobre la inocuidad de los alimentos de todos los alimentos y la eliminación de los riesgos químicos evitables. En fin, de lo que significa un consumo alimentario responsable. Además plantea el reto de educar a la ciudadanía para una que adopte una alimentación sostenible y saludable, para que se mantenga vigilante ante la publicidad alimentaria y todos nos preguntemos, las administraciones y las empresas también, sobre la efectividad de las políticas fiscales para una alimentación sostenible. Parte de lo expresado queda resumido en sus conclusiones: un completo vademécum para la vida diaria. Alguien dijo que en la alimentación reside la visión nuclear del mundo; esperemos que no llegue a explosionar.

Nos preguntamos si estos postulados servirían para todo el mundo, si hay enclaves de presión particular que lo puedan dificultar, si el cambio es muy profundo y costará llegar al ideal final. En fin, ahí tenemos unos cuantos temas para el debate familiar, en el trabajo, en los medios de comunicación y mucho más en los ámbitos de la administración y en los sistemas comerciales que la presionan.

Revisemos en los medios de comunicación accesibles en Internet cómo va este asunto en el mundo.

El agua olvidada en un mundo convulso

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El título de esta entrada está casi copiado de una obra literaria. Quiere llamar la atención sobre el agua que somos. Necesitamos llenar nuestro diario del agua, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en cualquiera de las actividades de trabajo u ocio. Por eso se verá que la relacionamos con todas las categorías de este blog. No llueve y los embalses están casi vacíos, como retándonos al olvido que seremos por no saber recordar.

Según parece, en la mitología griega, a quien moría le daban a elegir antes de volver a nacer dos posibilidades: beber de un río que le proporcionaba el olvido absoluto de su vida anterior y el otro le otorgaba la posibilidad de recordarlo todo. Habida cuenta del riesgo en que nos encontramos en relación con la disponibilidad del agua cabe preguntar algo parecido a cada una y a todas en conjunto de las personas: nos olvidamos del pasado y presente de nuestra relación con el agua o mejor recordamos todo lo pasado para sostener un futuro menos incierto. 

Desde muchos lugares se nos lanzan mensajes que nos recuerdan el riesgo de los olvidos. Hoy mismo, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial de las Aguas, en plural porque aguas hay muchas, con diversos usos, en formatos más o menos útiles para nosotros, en el planeta de las aguas que es la Tierra. Lo sabe bien quien se crió en la estepa monegrina, en donde se adoraba el agua por su escasez. Las generaciones posteriores habrán bebido otras aguas, pero siempre quedará en el recuerdo las balsas donde se recogía el agua de lluvia, siempre escasa, para beber. Atrás quedaron las novenas y la canción infantil que imploraba que lloviese a la Virgen de la Cueva.

Por entonces nada se decía de esos 60 litros por persona y día como derecho humanoLa ONU viene publicando cada año sus informes esos que nos dicen cómo va evolucionando el derecho, que todavía no disfrutan cientos de millones de personas Hay que leerlos y saborearlos para entender el agua que fuimos y podemos ser.

Agua de Alfonsina Storni, que veía «Elásticos de agua mecen la casa marina. Como a tropa la tiran. La tapa del cielo desciende en tormenta ceñida: Su lazo negro. Vigila. Asoman en la tinta del agua su cabeza estúpida las bestias marinas». Agua para no olvidar. Como aquella agua cortesana de la que hablaba Juana de Ibarbourou: El agua tiene un alma melancólica y suave/ que en el lecho arenoso de las ondas solloza,/ atrae, llama, subyuga. ¡Dios sabe si la nave/ que naufraga, en sus brazos de misterio, reposa!

Agua de ayer y de hoy para no olvidar ni a los que la despilfarran ni a quienes no la tienen ni para satisfacer sus necesidades básicas.

Leer el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

Ríos medicados, alarma sanitaria

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Hemos reconocido estos días algo que hace tiempo que sabíamos: los ríos están cada vez más medicados. La cosa es grave, más que nada por las afecciones a la salud de las aguas y a la biodiversidad que albergan. El agua que sale de los inodoros y otros usos domiciliarios, no vamos a decir nada de los residuos industriales porque hablaremos en otra ocasión, lleva cada vez añadidos. Recordemos que las aguas residuales, que al final van al río o al mar por muchas depuradoras que pongamos, se utilizan para saber la carga que hay en una ciudad de coronavirus.

Pero es que la cosa de la medicación se está poniendo fea. Acaba de publicarse en la revista cien tífica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) que la contaminación farmacéutica representa una «amenaza global para la salud humana y ambiental». No es un estudio más, sino que se refiere a ríos a los que van los impactos de 470 millones de personas en todo el mundo. Ya se sabía que los productos farmacéuticos y otros compuestos biológicamente activos utilizados por los humanos dañan considerablemente la vida silvestre, que los antibióticos en el medioambiente aumentan el riesgo de resistencia a los medicamentos, una de las mayores amenazas para la humanidad. Según cuenta The Guardian “las regiones que sufren el mayor impacto de la resistencia a los antibióticos en ese estudio se alinean estrechamente con las del estudio con la peor contaminación por medicamentos, lo que sugiere que la contaminación de los ríos puede estar jugando un papel en el aumento de la resistencia.” Trae una lista de los ríos analizados. Lahore (Pakistán), La Paz (Bolivia), Adis Abeba (Etiopía), Nueva Delhi (India) y Túnez se encuentran en los primeros lugares. Podemos imaginarnos la salud que tendrán los humanos que viven en sus orillas. 

En España, el río Manzanares es el más contaminado de los ríos europeos. Claro que aquí el asunto estriba en que lleva siempre tan poco agua que incluso se lamentaba  de tener tan gran puente en el poema de Lope de Vega «¡Quítenme aquesta puente que me mata,/ señores regidores de la villa;/ miren que me ha quebrado una costilla;/ que aunque me viene grande me maltrata! . “Manzanares, Manzanares, arroyo aprendiz de río, practicante de Jarama, buena pesca de maridos. Muy hético de corriente, muy angosto y muy roído, con dos charcos por muletas, …”, y más poemas que sobre él escribió don Francisco de Quevedo. Su “amigo” Luis de Góngora acuñó aquel chascarrillo de que los orines den salud al río. Y algunas descripciones más: Bien es verdad que dicen los doctores./ Que no es muerto, sino que del estío/ Le causan parasismos los calores;/  Que a los primeros del diciembre frío,/ De sus mulas harán estos señores./ Que los orines den salud al río.” Es que muchas veces todo el caudal procede de las residuales, que a la misma cantidad de medicamentos en un hilillo de agua mayor concentración. Despejemos una duda para la gente bien pensadas: las depuradoras solo se tragan lo gordo o fácilmente capturable. El resto de contaminantes se les escapan y vuelven otra vez a los ríos.

Son las aguas medicinales de las que nos habla El Roto. A quien no hemos pedido permiso, y nos disculpamos, para publicar su viñeta, pero expresa con pocas palabras todo lo que nosotros queremos decir.Imagen

Así pues, aquí tenemos una tarea pendiente: reducir la medicación para que el agua limpia permita que más seres vivan en ella sin peligros acumulados. Por cierto, en algunos tramos renaturalizados del Manzanares al menos se ha recuperado en parte la flora y la fauna visibles.

España pierde el primer lugar de los infractores ambientales en la UE

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La Unión Europea, lenta para casi todo por los múltiples papeleos y presiones diversas, elabora cada año unos listados de las infracciones ambientales abiertas a los países miembros.

Nos habíamos resignado a ver a España en primer lugar pero mira por donde en el último informe aparecemos, con 24, detrás de Grecia (27) y Francia (25), aunque a corta distancia de estos y de otros muchos. Que si medimos las infracciones, con lo que cuesta abrirlas, podemos afirmar que los países miembros pueden hacer bastante mejor las cosas para mejorar su calidad ambiental.

En la estadística de infracciones abiertas por la UE correspondiente a 2021, pensemos que la pandemia habrá tenido su incidencia en el número de investigaciones en curso por causas diversas, aparecen 373 casos, muy alejados de los 451 del año 2020. Si analizamos los sectores donde hay más expedientes abiertos vemos que son gestión de residuos (79 infracciones que representan el 36 % del total), contaminación del aire (60 y 16 % respectivamente), en la naturaleza (86  son el 14 %), agua y otras.

Por cierto, en el año 2020 éramos los primeros detrás del Reino Unido, que por lo que se veía «pasaba un poco o bastante de lo que dijera la UE. Ojo a los datos de 2018, cuando ciertos gobiernos andaban en manos de algunos. ¿A qué habrá sido debida esta pérdida de España en la lista del horror ambiental en la UE? Hagamos cábalas. Además, pensemos que estas listas recogen las infracciones grandes abiertas, por ejemplo Doñana, el Mar Menor y compañía, y se pierde la contabilización de muchos golpes ambientales que en cualquier región se están soportando con los usos del agua, la contaminación del aire, la gestión de residuos y el reciclaje, etc. 

Nada se dice ahora del Algarrobico y otros atentados ambientales en nuestras costas. La entrada daría para mucho pero la dejamos aquí.

Las sequías marcarán el futuro, o lo negarán

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Nadie sabe cuando va a llover. Los trigales salen en romería para encomendarse a los campos, los frutales tempranos miran hacia arriba. El conjunto de la biodiversidad se sorprende de la despreocupación humana, cual si vivieran en un tiempo transitorio. Unos y otros se conforman, o mejor prefieren no decir nada, esperando que la diosa Naturaleza los socorra.

A la vez, la gente escucha un día tras otro los noticiarios del tiempo. Pero para saber si la lluvia le fastidia sus previsiones del fin de semana o vacaciones.  España es una tierra de sequías pero no lo parece. Los embalses se vacían aún más por servidumbres agrícolas y desembalses para generar electricidad cuando la luz estaba por las nubes.

Acaso es que la lluvia se ha cansado de llover, de ser un remedio sin tiempo ni colores, de figurar como una esperanza a caer en el olvido. La lluvia vivió siempre en el escenario de las incertidumbres; tanto que se llevó con su ausencia civilizaciones enteras. 

La sequía en España es un fenómeno recurrente, pero ojo cuando se inmortaliza la sequía. Al principio es una anécdota que el tiempo de días o meses se llevará por delante. Y vuelta a empezar. Pero ahora no sucede tan sencillamente. Dicen que se va intensificando por eso del cambio climático. Pero ojo, con negarla por olvido. Por muchos embalses que queramos hacer la lluvia no se retiene, se olvidó de llenarlos. Sequía prolongada es sequía vivida, aunque los urbanitas no la lleven dentro de sus preocupaciones. Poco les importan las sequías hidrológicas y agrícolas.

¿Qué haremos si no llueve pasado un tiempo? Un buen tema de debate social. Un asunto prioritario para ser tratado con coherencia en los parlamentos, allá dónde los políticos soportan aguaceros de verborrea sus sesiones y pocas veces sacan a relucir la lluvia fina. Esa que esperan sobre todo la gente rural y la biodiversidad en retroceso, muchas veces por falta de agua. Quienes sí tienen miedo a la sequía. Los parlamentarios deben hablar de la lluvia. Máxime cuando se pronostican años más secos. Apetece entrar en el hemiciclo y recitarles el poema de Federico García Lorca (1919):

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable.
Una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de una mañana imposible
con la inquietud cercana del dolor de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que amorosa y triste sobre las cosas caes!
¡oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentágrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosas irrealizables,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarle.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante,
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

¿Quién sabe si será el detonante parlamentario de la sensatez compartida?

La pobreza mundial de muchos frente a la escandalosa riqueza de unos pocos

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Debía causar un sonrojo enorme, seguido de múltiples acciones compensatorias, el hecho de que en la actualidad «los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna, mientras que los ingresos del 99 % de la población mundial se habrían deteriorado a causa de la COVID-19». Es lo que dice Oxfam en su último informe Las desigualdades matan, al que ha añadido en su presentación una propuesta universal: «tenemos la oportunidad de reformar drásticamente nuestros modelos económicos para que se basen en la igualdad. Podemos abordar la riqueza extrema aplicando una fiscalidad progresiva, invirtiendo en medidas públicas de eficacia demostrada para eliminar las desigualdades, y transformando las dinámicas de poder dentro de la economía y la sociedad. Sin duda, todo esto pasa por una decidida voluntad de adhesión y práctica a la idea de esos movimientos sociales que están exigiendo cambios, la creación de una economía en la que nadie viva en la pobreza, ni tampoco en una riqueza inimaginable: una economía donde las desigualdades dejen de matar».

Rebeldía general debería originar conocer que entre 22 ricachones multimillonarios del mundo poseen más dineros que 1.000 millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe. Cómo hemos sido tan insensibles a escala global para permitir que, desde 1995, 1 % más rico haya acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad. también mata la desigualdad degenerada por esas emisiones individuales de 20 de los milmillionarios más ricos que llega a ser 8000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres.

Aun hay más. Las desigualdades han provocado que la pandemia de coronavirus resulte más letal, más prolongada y más dañina para los medios de vida de los pobres, tal como constatan instituciones tan poderosas en el mundo de los dineros como el FMI, el Banco Mundial, Crédit Suisse, el Foro Económico Mundial.

Incluye el informe de Oxfam otros datos escalofriantes como la constatación de que las desigualdades contribuyen a la muerte de unas 23.800 personas en el mundo diariamente, o lo que es lo mismo: una cada cuatro segundos.

¿No podemos fabricar entre todos-as una vacuna contra estas desigualdades? Porque además estas diferencias se dan entre países pero también entre ciudadanos de un mismo país. También en los países ricos como España. Se nos ocurre que a escala política hay que promover leyes y reformas que eviten o al menos reduzcan tremendas desigualdades, que se apliquen de verdad y las ayudas lleguen pronto. Pero también que esos mismos legisladores o gobernantes se acuerden de que fuera de nuestras fronteras hay mucha gente que nos necesita, que tarde o temprano llegará a nuestra casa para hacérnoslo ver. Todos deberían leer con detalle y subrayar retos en el informe presentado ayer por Cáritas-Foessa, radiografía social tras la COVID-19, y ponerse en activa lucha para eliminar esta lacra social. 

El reverdecimiento de la energía nuclear y gasística. Versión I

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Ambas estaban mustias y secas en los planes de la UE de cara a los años 2030 y sucesivos. Pero ahora, de pronto, parece que han recuperado un verdor diferente, vestidos de intereses múltiples que los profanos no entendemos. Dicen que detrás de todo este lío están las presiones de grupos energéticos y ciertos gobiernos del «sí quiero pero no puedo».

Quienes no estamos en el meollo del asunto nos encontramos perplejos. Hasta hace poco, quemar gas para producir electricidad era un desatino con plazos de finalización. Lo de las nucleares se llevaba más a escondidas, como diciendo que no tienen efecto negativo en el incremento de la temperatura global; ya había tiempo de pensar qué se hacía. Si bien algunos países, Alemania entre ellos, ya lo tenían decidido. Eso sí, tenían el grifo del gas muy abierto.

Sea como fuere, la UE no puede estar vendiendo ecología hasta en la sopa y a la vez acercándonos a los tizones. ¡Qué nos aclaren por qué, hasta cuándo y cómo! ¿Quizás es que ve como imposible mantener su poderío económico y a la vez cumplir eso de que no haya aumento de temperatura hasta el límite razonable? La gente necesita información clara y no cambiante, mantenida por unos principios sólidos. Siempre se dijo que el buen magisterio se apoya en el ejemplo. Así es posible que se creyese eso del calentamiento global y actuase al unísono. La mala educación es proponer un camino, razonar un aprendizaje y después poner obstáculos, sin explicar su necesidad. Por contra, la educación razonada, explicando sus pros y contras, ayuda a renovarse para tomar nuevo vigor hacia el bienestar colectivo en forma de unas temperaturas asumibles, y más cosas que implica el cambio climático.  Veremos más reculadas. 

Sostenibilidad: el discreto encanto de la impostada modernidad

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El título va dirigido a todas aquellas administraciones o marcas comerciales que venden sostenibilidad a raudales, sin importarles demasiado consumir mentalmente el mismo pensamiento (que conste que también las hay que obran de buena fe). Quiere lanzar una llamada de primeros de año para que intenten escalar la cima del coloso 2030, para que pongan todo tipo de ingeniería y logística al servicio de esa quimera que supone no dejar a casi nadie atrás, porque a todos no podrán convencer. Quiere llamar modernidad a esa sociedad que en algún momento creía aquello de que a todos debe venir bien lo que aprovecha cada cual. Queremos avisarles que detrás de la marca de la sostenibilidad se esconde la señalética del peligro. No sabemos qué querría decir Paracelso con aquello de que «el hombre fue formado a partir de la materia y del espíritu del mundo». Si se puede decir viceversa. Ahora comprobamos que las distintas modernidades consumadas a lo largo de siglos tienen puntos oscuros.

Dichas instancias administrativas y entes comerciales juegan con códigos que nos seducen, tras los cuales esconden entresijos cruciales, a la vez dramáticos para toda esa gente que no ha sido beneficiada con la suerte, esta que muchas veces llamamos progreso. En el corazón de la tormenta actual epidémica se encuentran desigualdades, hambres, exclusividades y deterioros varios; algún que otro egoísmo. A quienes perjudiquen más todos esos desajustes se les derrumbaron los soles y les cayeron encima descargas de nubarrones que muchas veces se convirtieron en enigmas insondables.

La vida es siempre una conjunción de alegorías; la modernidad también aunque se llame sostenibilidad. En algunos países los Reyes Magos, que dicen venían de Oriente, satisfacen este 6 de enero los deseos materiales de niños y niñas, jóvenes y no tanto. En otros Papá Noel ya hizo lo propio.

Por algún sitio pasaría de largo. Una jovial melancolía nos recuerda a toda esa gente que está en otra onda, en orillas desconcidas. Para ella, que el nuevo año sea de verdad próspero, universalmente provechoso, porque la inmensidad de lo desconocido siempre está al acecho. Los enigmas vendrán sin ir a buscarlos. Por eso, los Magos debían traer una mejor comprensión de los misterios para toda la humanidad, por si a Papá Noel se le olvidó. 

Empecemos el año combinando ética universal con salud y ecología. Impidamos que la economía tenga un sentido único. Pensemos en la infancia olvidada, que está pendiente de un acceso universal a la educación, salud, bienestar, etc. En algún momento, quizás obligados por las circunstancias, habrá que desentrañar eso de la sostenibilidad; los ricos pero también en los países de menos ingresos. ¡Qué 2022 sea el comienzo del «socioceno planetario»! Ese mundo moderno, nada impostado, en el que poco a poco se llegó a constituir una sociedad universal que mejoró los destrozos que estaba causando el antropoceno.

Se nos olvidaba: gratitud eterna a quienes desde cualquier instancia o colectivo luchan por que el mundo crea en la sostenibilidad, sustentabilidad, inclusividad, coherencia ética, etc. y tengan éxito. A aquellos (mujeres, hombres e instituciones, etc) que añoran que la sostenible modernidad es formar parte consciente y comprometida de un colectivo, en el espacio y por siempre.

Propuestas para la transición hacia una España más sostenible durante 2022

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No me atrevo a decir que sea de obliga lectura, pero si convendría una atención pausada a algunos de los apartados que se recogen en el Informe de Sostenibilidad en España 2021. Propuestas para la recuperación. Es el sexto Informe que promueve la Fundación Alternativas sobre este asunto. En el presente se trata de calibrar los retos para conseguirla, superar las secuelas que la pandemia ha causado en todos los ámbitos de la vida, entre ellos la afección a la sostenibilidad ecosocial. En su preámbulo se anuncia que el objetivo es «ayudar a los encargados de adoptar las decisiones a comprender dónde las inversiones pueden tener mayor efecto para generar una transición realmente justa y sin dejar a nadie atrás». Se proponen una serie de medidas para acercarnos al mantenimiento de ciertos estándares amigables entre la vida planetaria y el colectivo social. 

Todo el informe está planteado en la necesidad de transiciones múltiples: el recuerdo de los compromisos adquiridos, la necesidad de avanzar mucho en las transiciones, la ecologización del sistema productivo, las obligadas necesidades fiscales de la transición ecológica, las oportunidades y desafíos que son ya una realidad, la recuperación pos pandémica a partir del impulso de lo natural, así como las obligaciones internacionales, de España y de todas las administraciones en la inevitables transformaciones que conduzcan a una sociedad diferente, más visible en el compromiso colectivo. También los retos en la formación (formal, no formal e informal) de la sociedad  para una transición duradera y renovada en forma de sostenilidad. Ámbito del que nos hemos encargado Javier Benayas y Carmelo Marcén.

El informe comienza haciendo una síntesis de los retos que tenemos planteados y de las recomendaciones para abordarlos poniendo énfasis no solo en la transformación, que siempre será provisional, sino en una transición social, política, económica, emocional y colectiva que encamine la manera de actuar ante los retos actuales y los futuros. Se trata de recuperar con cuidado múltiple las interacciones socioambientales para evitar caer en el abismo de las crisis posibles. Se concreta en el año 2022, paso intermedio para llegar al 2030 con una buena parte de las transiciones fuertemente consolidadas.

En fin: ¡Un próspero Año Nuevo en la convivencia entre el Planeta y sus criaturas!, porque las personas hemos entendido el fondo y la forma que justifican las ineludibles transiciones.

Detalles actuales de España fragmentada; un rompecabezas a finales de siglo

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Muchos mundos reducidos a dos: los muy poblados, preferentemente en ciudades, y los abandonados por la gente; el llamado mundo rural. Desiertos humanos en tierras abandonadas donde crecen plantas de diversas formas y colores frente a zonas masivamente habitadas, donde el suelo se ha convertido en un pavimento continuo. Ciudades que a pesar de que solo ocupan el 3% de la tierra, representan entre el 60% y el 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de dióxido de carbono. Ahora mismo, más del 65% de la población vive en ciudades, según el Banco Mundial. Dentro de poco… El EOM (Orden Mundial) avisa de que los habitantes de las ciudades se enfrentan cada día a más retos y de mayores dimensiones.

Miremos más cerca. La España que va camino del año 2030, uno de los momentos de evaluación mundial, concentra en ciudades el 80% de la población total. La de las capitales de provincia supone un 32% de la población total según datos del INE. Entre seis provincias suponen el 43,5% de habitantes, las seis CC AA más pobladas acogen al 70% de la población. Casi nadie defendió  hace más de 70 años que en lugar de acopiar  habitantes en donde había riqueza se llevasen incentivos a donde había población. Me parece que lo contaba el NO-DO.

Al otro lado del balancín humanizado se encuentra buena parte de la España olvidada, menguante la llamaba Julio Llamazares en un artículo reciente. Entre esta, escondidos porque tienen pocos votos y menos voz, están 3.403 municipios (42% del total) en riesgo de despoblación, como los califica el Informe Anual del Banco de España. Acumulan apenas un 2,36% de la población. Por lo que podemos decir que la España fragmentada no solo se da entre la costa y el interior, sino entre el medio rural y urbano, también dentro de provincias o comunidades que cuentan con una elevada población como Madrid (el norte de su provincia es otro desierto demográfico). Otro detalle: Zaragoza concentra más de 680.000 habitantes de los 1.325.371 de Aragón. Imaginemos el reparto espacial en un territorio de 47.719,2 km².

Así pues, la distribución poblacional es un conglomerado con acumuladas incógnitas con respecto a sus posibilidades vitales y a la dotación de servicios indispensables, de complejo encaje en esta lanzada carrera hacia la difusa meta del año 2030. Dicen que van a llenar la España ignorada de molinos y huertos para producir energía, macrogranjas, enclaves de residuos; también de parques temáticos de aventura al aire libre para los urbanitas y con los dineros que den esos usos mantendrán a la población pegada al suelo. Les animarán con la música de Cecilia en Mi querida España o les pondrán películas del estilo del Disputado voto del señor Cayo de Giménez Rico, o mejor que lean el libro homónimo de Miguel Delibes. Cuando acaben que se pasen a La lluvia amarilla de Julio Llamazares. O los libros de Sergio del Molino que hasta viaja a un país que nunca fue. Al final, se responderán a la incógnita de por qué siguen ahí.

¿Cómo será en 2100, que es un futuro cercano? Algo de lo que deberían ocuparse mucho en los parlamentos europeos, español y autonómicos. Dentro de cada circunscripción se dan grandes diferencias ecosociales. Todo se fragmenta y para unirlo se necesitan variados pegamentos éticos. 

Seguir leyendo el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.