Lavarse las manos para salvar vidas, la de otros o la propia. La misma historia 170 años después

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Anda la Unesco ocupada en homenajear al húngaro Semmelweis en el 150 aniversario de su muerte. ¿Por qué? Simplemente por empeñarse en que los facultativos que trataban a las parturientas se lavasen previamente la manos con jabón. En verdad, la gloria por haber descubierto el papel contaminador de las bacterias –no se llamaban entonces así- no le llegó nunca.  Lo disfrutaron Pasteur y otros que impulsaron su divulgación. A España llegó esta práctica hace unos 150 años. Ahora, vueltas que da la vida para quedarse en el mismo sitio, Unicef se empeña en su campaña Lavado de manoscon la pretensión de salvar vidas con este gesto tan sencillo; incluso ha señalado una fecha en el calendario para recordarlo. A veces no nos enteramos de la trascendencia social que tiene un simple gesto. Tampoco tuvo el reconocimiento debido otro húngaro, Laszlo Biro, creador del bolígrafo, otro gran invento que escasea en las manos de la infancia africana.

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No se conoce cuándo, ni cómo, aunque sí se sabe algo de los porqués. Las catástrofes siempre acuden a la cita; es abierta

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Las que más ruido hacen son las erupciones de los volcanes, aunque el que oscurece a Chile y Argentina actualmente vaya por otros derroteros. Las que más sacuden son los terremotos como el que acaba de golpear Nepal. Otras vienen en forma de ciclones, como la que asoló Vanuatu hace poco.  Las hay silenciosas como las de Chernóbil, la destrucción del Amazonas, la desaparición del Mar de Aral, etc. Siempre golpean, allí donde pegan, a los más débiles, a los menos preparados, a los que ya tienen otras pesadas losas encima. ¡Qué puñetera es a veces la vida!, y ¡qué duro se hace convivir con las incertidumbres ecológicas! Un recuerdo para Haití; la penuria sigue.

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¡Impuestos sociales ya!, para que las empresas devuelvan una parte de los beneficios que les dio una sociedad maniatada por su inquebrantable dependencia

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Es urgente. En septiembre se aprobarán los fondos para el desarrollo sostenible. El PNUD de la ONU hace un llamamiento a las empresas españolas para que sean solidarias. En España ya hay algunas, solidarias y responsables, agrupadas en Seres. Muchos nos preguntamos si las empresas del mundo, de forma especial las multinacionales, no deberían pagar un impuesto social para retornar una mínima parte de sus beneficios a quienes se los procuran: la sociedad global que no entiende de fronteras ni épocas. Ganarían prestigio social, y se beneficiarían económicamente, si fuesen capaces de explicar a la sociedad qué es eso de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que aparece en mucha de la publicidad que recibimos. Los ciudadanos podríamos testear si realmente algunas de las que portan estos símbolos nos parecen socialmente responsables; para actuar en consecuencia.

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Cuando la vida de muchos es una denuncia social, las palabras de denuncia alertan los espíritus. ¡Gracias Goytisolo!

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El día de las letras hispanas, Cervantes volvió a nosotros. Lo trajo de la mano Juan Goytisolo para recordarnos nuestros olvidos, “A la llana y sin rodeos” porque en la derrota de los que claman por otros está el pendón de la victoria del pensamiento, nos alertó ayer recordando a Pessoa. Pensar nos dará más libertad para denunciar las tropelías a las que se ven sometidos quienes en España y en América hablan la lengua de inmortal Cervantes. Desde aquí, humildes discípulos que jugamos entre la abstracción del Quijote y la concreción de Sancho, trataremos de recordar siempre aquello que nos dijo nuestro maestro: “Evita que te falle el buen entendimiento./ Esfuérzate para que lo aquí escrito,/ sea hermoso a la vez que discreto,/ pero sagaz para el lector despierto”. Solo nos falta desear que quienes lean esto despierten y unan sus palabras a las de los “cervantes y goytisolos” para denunciar los atropellos de quienes miran poco a los demás, y, de paso, luchar por revertirlos. ¡Suerte!

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Este artilugio electrónico está mudo. Por favor: ¡dime algo, wasapéame! ¿Será que nadie me quiere? Voy a leer mientras espero

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Camine, viaje en cualquier medio; sonidos y tonos le dicen que está en el siglo XXI, el paraíso de la tecnología. Todo llega por los aires: imágenes, palabras, amores y emociones. Espíe en una reunión de amigos. Los verá a todos enganchados a sus “gadgetófonos”, impasibles a lo que les rodea, moviendo dedos y con la mirada fija en la pantalla. Cada día sale un modelo nuevo, más bello y más rápido. ¡LO QUIERO! La comunicación interplanetaria, que a veces nos incomunica con el de al lado, triunfa en el mundo. Mientras tanto, por ahí deambulan 7 mil millones de móviles en uso. Eso es bueno, dirán algunos que piensan en que la información y la comunicación son los vectores del futuro; eso es cuestionable, alegarán otros que se inclinan más por revisar las cargas ecológicas que los móviles plantean. Las opiniones siguen abiertas, ¿cuál es la suya? Por mi parte, voy a leer y leer, que es como vivir muchas veces, y a la vez comunicarse con mucha gente que lee lo mismo, pero lo interpreta a su manera.

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La débil política ambiental global empieza a ser corrosiva con la Tierra… ¿De qué tierra me habla, de la mía de de la suya?

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Se lamentaba María Zambrano, en su exilio romano, de que cuando todo ha fallado, cuando muchas de la realidades que sostenían la vida en el futuro se van disolviendo en nuestras conciencias, pueden aparecer nostalgias que nos avisan de que el alma quiere restablecer relaciones perdidas. Estas malas prácticas con la tierra, esas nebulosas que estamos provocando para las generaciones futuras fueron las que llevaron a la ONU a declarar este 22 de abril como Día Internacional de la Tierra. Porque lo global no es de nadie; es nuestro, con todo el sentido colectivo que esa afirmación implica. Por ahora, colonizaciones y desbarajustes humanos pueden a las buenas intenciones. ¿Dónde nos situamos nosotros?

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Lo de escribir recto con renglones torcidos es una frase ocurrente, pero cuando alude a personas que quieren huir de la pobreza extrema se torna quebradiza

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Por todo el planeta, uno de los dioses actuales, el Banco Mundial, ha impulsado proyectos para, según publicita, rescatar de la pobreza a la gente. Muchas veces sus actuaciones -paradojas de la vida- han perjudicado a los más desfavorecidos. Es lo que pasa cuando los proyectos se elaboran en despachos asépticos, muy alejados del territorio y manipulados por agentes locales sin escrúpulos; eso sí, con unas vistas maravillosas. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha denunciado una y otra vez la mala praxis del Banco Mundial, así lo han recogido periódicos como El País y Huffington Post. Hasta el mismo Banco Mundial reconocía que no sabía si se habían hecho las cosas bien o mal. ¡No te digo!

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Se me ahogaron las cifras en mares de palabras vacías. Volcaron la patera que las traía

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En la reciente Cumbre de Barcelona que reunió a los mandatarios del norte y el sur del “Mare Nostrum”, ¡qué ironía!, se hablaría mucho de protegerse ante los otros –yihadistas e ilegales- y de hacer negocio con la energía, mucho menos de convivir con los que sufren por llegar hasta Europa, por saber cuántos son y cómo se les puede ayudar. ¿Tendrá algo que ver en esta catástrofe el descenso de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), o todo obedece a los deterioros sociales que originan las políticas del comercio mundial? Se me ahogan las palabras de Eduardo Galeano, pero nos dejó su legado: “Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de su río. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua…” Del tema de los ahogados en el Mediterráneo -es así menos pomposo- quedan cifras sin rostro. Se habla poco en las tertulias de aquí, en los medios de comunicación y entre los amigos. Preocupa mucho más la chaqueta que nos pondremos para las elecciones de mayo. Mientras tanto, no estará de más recordar que el Mediterráneo es el lecho mortuorio de muchosno tenemos sus caras ni conocemos sus nombres que realizan el tramo final de un largo calvario, cuando intentan encontrar una tierra que acoja una parte de sus ilusiones. La Unión Europea calla, después vendrán hermosas palabras huecas.

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El mundo de consumo incita mucho al yo, bastante al tú, apenas a él. Nada de nosotros ni vosotros, y menos ellos. ¡Hazte visible ante los demás!, ese es el lema

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Las campañas televisivas nos abruman, las emisoras de radio no le van a la zaga. Las revistas de moda como Woman o Cosmopolitan marcan el ritmo glamouroso para quien las compre. Las hay más baratas que seducen a nuestras jóvenes con los trapitos y a los chicos con otros ganchos comerciales. Los demás no existen apenas, oscurecidos en “la insoportable levedad de nuestras necesidades”, interesante artículo del periódico El País. El ego se enaltece, pero puede que el yo vaya desnudo, como aquel rey del cuento. Échele un vistazo a la entrevista a Araceli Caballero, autora del libro Protozoos insumisos. Ciudadanía y consumo responsable. Se lo puede descargar en pdf de la página de Oxfam Intermon, una luz en este brumoso y ególatra mundo del siglo XXI.

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Siete mil millones somos demasiados para hacer cada uno lo que le plazca. Así no cabemos en el planeta Tierra

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Tan cruda está la cosa que por decir que con la actual huella ecológica el mundo está en peligro te acusan de hacer terrorismo ecológico. Critican que se hable de extravíos catastróficos, dicen que enfundados en mentiras, cuando lo que se intenta es llevar la ecología a la vida cotidiana, para que se dialogue de (con) ella cualquier día, en la reunión de amigos y en familia. Los malentendidos surgen porque muchos se empeñan en no leer la obra que dejan cada segundo en su entorno. ¿No lo creen? Anímense a calcularla. Algunos urbanitas han sido drásticos; han roto con todo y han comenzado su transición. Cuando lea este mismo chispazo está generando una huella ecológica, por el gasto energético que supone, pero hay maniobras para minimizarlo. Conózcalas.

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Actuemos como adivinos para construir mundos impensables, que venzan la rutina diaria, para evitar que esta quede despojada de recuerdos e ilusiones

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No es “vox pópuli” pero casi. Hay mucha gente que se pregunta. ¿Eso de la cooperación internacional sirve para algo? Bueno, si, pero, en según que casos … Es tan poco lo que podemos hacer, dicen muchos. Quienes no sabemos si se lo preguntan son nuestros dirigentes. ¿Será que tienen más datos que nosotros?, o quizás han olvidado cuando éramos menos ricos. ¿Acaso han aparcado sus esperanzas? Sea como fuere, han reducido de tal manera la Ayuda Oficial al Desarrollo que este insatisfecho observador la titularía así: “Limosna en diferido; permanezcan a la espera”. Pero si se anula todavía será peor.

 

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La trastienda del cambio climático está en el Ártico. Con el deshielo se desatan las especulaciones de los depredadores

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Se va deshelando. Dicen que en los últimos 30 años se han perdido las tres cuartas partes de su hielo. El asunto pinta mal: ¿Qué pasará con la compleja dinámica climática global, con la corriente termohalina, si desaparece ese imprescindible refrigerador? Cuando se va a cumplir el centenario del intento de circunvalación ártica de Amudsen, de quien se dice que tenía poco de lo que hoy llamaríamos ecologista, otros exploradores mucho más interesados lo quieren convertir en el nuevo Eldorado. Los “agoreros” tememos que pase a ser campo de explotación petrolífera, mina global, destino turístico, etc. Lo mismo piensan las “exploradoras” Mengual y Anaya que se han unido a Greenpeace. Hay que renovar la presión ciudadana para imponer diques a las prácticas de los depredadores económicos. Dejemos de consumir sus productos; ahora conocemos su trazabilidad. Mientras tanto, qué tal si firmas para que el Ártico sea declarado por la ONU “Santuario global”.

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Mujeres con vidas tortuosas, a quienes la melancólica mirada hacia otras no rescata de su soledad

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Seguro que las mujeres que atesoran desgracias piensan en las del mundo rico. Esas que salen en la televisión y tienen de todo, hasta derechos, aunque de vez en cuando sus compañeros hombres lo olviden. Las mujeres omitidas en las listas de dignidad – abandonadas hasta en el pensamiento por esas otras ricas que le sirven de espejo- sufren en silencio, porque son mujeres en países pobres: una desgracia añadida. Allí les falta de casi todo, hasta los hombres tienen más móviles. Alguien dice que solo debería haber una ONU de mujeres; no sería mala idea. Mientras tanto, disfrutemos de esas gratas pinceladas de futuro; algunas consiguen revivir con los microcréditos. Al menos un levísimo desahogo, pero es descarnadamente insuficiente.

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Todos somos iguales, pero “ni tanto como ni mucho menos”. Nos acerca una estrecha cuerda extremadamente elástica, y más en las ciudades

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La desigualdad admite todo. Da para discursos misericordiosos acompañados de eslóganes partidarios. Se esconde dentro de las estadísticas porque las macrocifras la sepultan. Habla muchos idiomas, la puedes encontrar en cualquier país, aunque está muy asentada en África, Asia, América latina, y también en el Occidente rico. Tiene rostros incrédulos, tanto negros como blancos y de otras tonalidades, de gentes de vidas tortuosas que se pregunta más de una vez: ¿Por qué yo? Quizás un castigo divino los pilló desprevenidos; también en las ciudades ricas de la Europa insensible, en la España confiada según nos cuenta Fedea. El único consuelo que les queda es que se acerca hacia ellos gente que se siente mal ante las desigualdades: las ONG de distintos tonos. ¿Conseguirán reducir las lejanías?

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En el “monopoly” de los transgénicos ponen las reglas quienes nos incitan a consumir, pero siempre tenemos la carta salvadora: la información contrastada

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Cual si fuera una partida del entretenido juego, hay unos cuantos que aspiran a retener muchas tierras, o a comerciar con sus propietarios. Allí plantarán cultivos, alimentarán animales y elaborarán productos, que solo ellos pueden comercializar. Las estaciones ferroviarias del juego podrían ser aquí enormes puertos con contenedores, o pequeños comercios, incluso las redes de Internet podrían hacer de compañías distribuidoras. No faltan casillas de la suerte, pero las cartas boca abajo esconden muchas sorpresas, aunque no todo deba considerarse malo de entrada, según algunos. Queda la duda de quienes acabarán en la cárcel y de los que verán deteriorada su vida. Los jugadores ya no lanzan dados; los han cambiado por la información y la conciencia crítica, a veces por la resignación o por el despiste asumido. Pero, ¿quién decide el valor de cada casilla? Las abejas no cuentan, ya casi no quedan.

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