De Camus a Shakira. La nómina de insurrectos ante la negación del derecho a la educación crece, pero el asunto va despacio, tanto que gangrena

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El que suscribe es un respetuoso admirador de Albert Camus -el francés inmigrante mestizo que tan bien habló de sus maestros cuando recibió el Nobel-, de Antonio Muñoz Molina -que atribuyó a la educación el cambio que dio su vida desde la Úbeda natal-, de Malala -que se jugó el tipo por pregonar el derecho a la educación de las niñas y ahora acusa al mundo de haber perdido la humanidad-, y desde hace unos días de Shakira –que ha vuelto a recordar a los jefes del mundo que asegurar la educación es un deber moral-. Pero como de este asunto el mundo mundial está falto, uno llora por los demás, y clama por los chicos y chicas sirios que no tienen escuela, como si sortear las bombas y tener que huir de su tierra no fuese suficiente. No son los únicos, Unicef dice que la cifra alcanza los 121 millones. Cuando uno piensa en el dinero que se dilapidó en los bancos europeos para sanearlos, y que las migajas de esa cantidad servirían para aliviar la tortura de los niños sin escuela, comparte aquello de que “la educación es la cenicienta de la ayuda en tiempos de emergencias y conflictos”, y le entra un enfado impresionante que le gangrena el concepto de especie con ética.

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Infracciones ambientales a tutiplén. “Marca España”; ya somos los primeros en un asunto trascendental

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No lo queríamos creer, pero sí: somos los primeros en incumplir normativas ambientales. Claro que el asunto no va de guasa; al contrario, es muy serio. Después de tantos años de educación ambiental, de tantos programas puestos en marcha por las diferentes administraciones, de que las ONG ambientalistas nos hayan dado la vara, aquí estamos al final de la cola del bien hacer ambiental. Tomen nota: en los últimos 18 meses, la Comisión Europea ha llevado 4 veces al Estado español ante el Tribunal de Justicia; también es el estado al que más expedientes se le abren, y eso que la maquinaria de la justicia comunitaria es más lenta que los caracoles. Los asuntos sobre los que tratan los expedientes no son banales: gestión del Parque Nacional de Doñana, calidad del aire en Madrid y Barcelona, adopción de la normativa del comercio de la madera, tratamiento de aguas residuales, vertederos ilegales de residuos, política de hechos consumados a la hora de destrozos en la naturaleza. Claro que de estos asuntos no se cuentan las cosas buenas, que alguna habrá. Mire a su alrededor y trate de incrementarlas, queremos mantener la esperanza. ¡Es tan necesaria!

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En Madrid han instalado una lona que se traga la contaminación. La ciencia a veces remueve con(s)ciencias, ¿o era al revés?

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No lo van a creer: la lona publicitaria que una empresa de cosméticos ha instalado en Madrid, la NASA ya sabe de estas cosas, descompone el dióxido de carbono si dispone de suficiente luz, aire y humedad. De esta forma, aseguran que la lona elimina hasta un 85 por ciento los gases del efecto invernadero. Nos quedamos estupefactos. Nos está removiendo la conciencia. ¿Suspenderán la CP21 de París ahora que ya han encontrado cómo paliar el cambio climático? Si Leonardo da Vinci levantara la cabeza seguro que se le ocurriría algún artilugio para comprobar la eficacia de la extraordinaria tela y, de paso, inventar algo, distinto a la escafandra que se ideó, para resolver el problema climático que tenemos planteado. Pero nos dejó hace unos años. Sin duda, Julio Verne nos hubiera escrito una novela que podría haber titulado: Cinco semanas en globo para apagar la luz del fin del mundo antes de que el París del siglo XXI, el paraíso de la cosmética, se convierta en una isla misteriosa por eso del cambio climático; más o menos. Por cierto, ¿y si la lona demostrase que es eficaz y se traga todo, no solo una parte? Ya vemos todas las ciudades del mundo mundial “enlonadas”. ¡Qué la NASA nos diga ya algo, por favor!

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Desiertos demográficos en España, toma enésima: unos cuantos olvidados de la Laponia celtibérica claman su angustia existencial

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Sitúenla en el mapa de Europa; la Laponia del sur se localiza en España, queda entre Burgos y Teruel. La gente que todavía vive allí se va a quedar muda, no porque no tengan motivos, ni proyectos, para reclamar la atención de un país que olvidó las periferias sociales para potenciar las territoriales. Sino porque ya no vivirá allí nadie que pueda hablar, en el territorio menos poblado de Europa. El ecoespacio, al que el sistema montañoso ibérico dio su nombre, agoniza desde hace muchos años, lejos de los oropeles vivenciales. Es una anunciada tragedia machadiana, tal que aquella que hablaba de la gente que en “páramos malditos trabaja, sufre y yerra”. Acaso Buñuel reclamaría ahora por ella con una denunciadora película a mitad de camino entre “Los olvidados”, apátridas, y “Tierra sin pan”. Labordeta le dedicaría una nueva canción. Quedará un agujero poblacional en España, ¡qué mas da!, pocos votos en cualquier caso. Las ciudades y las costas se llevan todas luminarias, la interior Serranía Celtibérica el silencio ensordecedor. Por eso, queremos hacernos eco aquí, porque debe resonar su último lamento: quieren seguir siendo. ¡Habrá que echarles una mano, prestarles una voz, acompañarles en sus demandas! Hasta The Financial Times ha clamado por ellos.

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El tumulto climático merodea hasta en la sopa. Por ahora se ve el asunto como una ironía escénica

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Indignados con el cambio climático hay muchos, pero tardan en apuntarse a insurrecciones vitales. En otros, los más combativos, escepticismo no falta; a pesar de eso queremos creer.Las andanzas de cada uno en esta turbulencia escapan de la disciplina no contaminante. Van llegando nuevos seguidores; mientras las ciudades mantienen la fiebre polucionadora. El abigarrado muestrario de buenas intenciones por reducir la emisiones se amplía. Creánselo, es un retrato de primera mano. Este indignado elabora la crónica desde dentro, desde hace unos años. Nuestra relación con el clima antropogénico ha sido tormentosa, pero empezamos a encontrar vínculos entre lo que somos y el aire que queremos tener. “París, la COP21 , bien vale una misa, un esfuerzo diríamos ahora”, hubiera firmado un ecologista en tránsito protestante que aspirase a la conversión universal, cual si fuera un dirigente del mundo mundial. Como esos que al unísono exclamaron “¡Todos a una, como Fuenteovejuna!”, mientras firmaban la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible hace unos días en la ONU, que algo dice sobre el cambio climático. Se hizo el silencio tras la cumbre, pocos se percataron de ello, pero se oyó un leve susurro que no ha enmudecido del todo. Más o menos decía “Y, sin embargo, algo se mueve! Seguro que era Galileo desde su tumba. Mis disculpas por estas ideas desordenadas. También la entropía reina en el paraíso del recambio climático de algunos activistas, como el que esto firma. ¡Qué la ironía escénica no devenga en tragedia!

P.D: Un reconocimiento especial a todos cuantos luchan para que el antrópico tumulto climático se detenga. ¿Qué hubiera sido sin ellos?

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Chatarreros suicidas de la basura electrónica, allá donde la dignidad de los pobres se revuelca entre cables y chips de los ricos

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Cuesta vivir muriendo, requiere un esfuerzo saber que lo que uno hace para subsistir cada día le acorta la vida. Hablamos del infierno real, el que no se esconde en profundidades sino que muestra las malas artes de la vida. De los más de cuarenta millones de toneladas de basura electrónica que se generan cada año, procedentes del uso efímero en los países ricos, solamente se reciclan por medios seguros un 15%. Nos creímos que éramos recicladores; mentira podrida. ¡Nos engañan quienes manejan este negocio! Millones de contenedores con aparatos electrónicos en desuso viajan por todo el mundo. La mayoría llegan a países en vías de desarrollo, como Ghana. Allí siguen dos caminos: algunos son aprovechados, muchos son desguazados sin guardar las mínimas normas de seguridad por quienes viven en la miseria mortífera. La tragedia electrónica se representa cada día. Quédense con un nombre, Agbogbloshie, el mayor vertedero electrónico de África; a la vez, una muestra de las miserias de lo que se llama globalización. Se podría llamar Reciclética, pero todavía estamos en el camino. La ética social universal es un principio vital, pero necesita algunas actualizaciones rápidas.

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La inversión en educación dibuja a un país; aquí es un daguerrotipo sin color ni afectos

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La generosidad educativa es una cuestión de derechos humanos, que debería quedar al margen de ideologías, porque cohesiona a las sociedades. Estos últimos años han supuesto en España un castigo para la conciencia educativa, si es que existe en este lugar. Los postulados diferenciadores de la Lomce han desarticulado demasiadas esperanzas, han dejado un sistema educativo maltrecho porque han separado al profesorado de la administración, y a esta de las familias. Ya casi nadie sabe en un centro educativo para qué educa, o si lo hace bien o mal. En medio de una crisis económica, se lanzaron a una aventura sin buscar los mínimos consensos sociales ni contar con el dinero suficiente. Algunos ya han huido tras el estrepitoso fracaso. Sabemos que no solo se edifica la educación a base de euros, pero son necesarios. La inversión en la educación de la infancia y la juventud es la más rentable para el futuro de un país. Unos pocos datos, proceden del balance del Ministerio de Educación, sirven para implorar un ¡basta ya!: el porcentaje de riqueza que se convierte en gasto educativo cae al 4,27%, a niveles del año 2006; el Ministerio redujo su aportación para libros de 100 millones en 2012 a 20 en 2013 y a 1,4 en 2014, etc., sigan leyendo. El nuevo gobierno que salga de las elecciones tendrá muchos empeños, pero hay uno básico e imprescindible: buscar el consenso para dar forma a una educación de calidad, equitativa, universal, compensatoria, …, que valga para muchos años porque se asienta en ánimos transformadores y recursos económicos. ¿Se imaginan que lo lográsemos?

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La pobreza en España es una criatura con múltiples rostros de la que muchos hablan y pocos se ocupan

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Los retos para la ética global permanecen pendientes en la sociedad española, dicen que por ahí fuera también. No se entiende que los políticos, y la sociedad, se desentiendan del problema. Estos días, los mandatarios mundiales –Obama, el Papa, el Rey de España, etc.- han pronunciado palabras bonitas en Nueva York, ante la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ODS) que se acaba de aprobar por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Seguramente estas habrán sido oídas por nuestros dirigentes políticos. Pero están en otras cosas, en sus peleas por encontrar acomodo electoral. Tampoco en tiempos tranquilos la cuestión de la pobreza, ya estructural, les ocupa mucho tiempo. El Informe de Unicef y Oxfam Intermón “España frente a los retos de la agenda del desarrollo sostenible” avisa de que España debe rebajar un 62% el número de personas –ahora hay 13 millones- que se encuentran en riesgo de pobreza para cumplir con los objetivos universales que acaba de signar en la ONU. Debería haber reducido a la mitad las personas en riesgo entre 2000 y 2015, fecha esta de caducidad de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Un simple dato: la cifra se ha incrementado en este periodo desde 10 millones a 13,4, lo cual supone hoy el 29,2% de los ciudadanos. Estos números dejan visibles demasiados quiebros a la moral en general, que denotan una falta de respeto a los que nos rodean. La conciencia global se desvaloriza, la convivencia solidaria de menosprecia. Ética y ecología, predica el papa Bertoglio allá donde va; cuánto nos faltan de una y otra.

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La quimera de un mañana sostenible podría empezar hoy. Aunque el camino no es fácil

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Se ha desarrollado en Nueva York la cumbre que ha de dar un nuevo impulso a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), herederos de aquellos ODM, caducan este año, que tanto han dado que hablar. Es un acontecimiento político de primer orden que tendrá el alcance que los mandatarios firmantes le quieran dar. Allí han estado muchos importantes pronunciando palabras bonitas, hasta el Papa. Para algunos defensores de la ética global, los ODS se quedan cortos o contienen mentiras ciertas, como que se quiere acabar con el hambre mundial para 2030. Pero algo hemos de hacer aunque el futuro mundial, que ya llega, sea lo más deseado, en forma de bondades, y lo menos controlado. Los ODS también pueden tener fortalezas. Súmense al interés mundial, estén atentos a lo que los medios de comunicación cuentan estos días y coméntenlo con sus amistades, y presionen a sus gobiernos para que los hagan realidad. Forges ya lo ha hecho.

Contemos hasta 17 para un planeta durable, me gusta el vocablo francés. ¿Se apunta? Es necesaria nuestra participación para asegurar que quepamos todos en el mañana sostenible. No dejemos fuera a los más alejados, a quienes no tienen voz, a los refugiados, a los africanos, a las mujeres del tercer mundo, a los niños de Siria y otros muchos países. Cabemos todos si repartimos los sitios. 

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El cable del reciclaje eléctrico se alarga en la UE; se estropeó el rebobinado ético

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Dicen los científicos, también otra mucha gente, que todas las cosas que hacemos, cómo vivimos, tienen su incidencia en el futuro. Sucede tanto en la caja fuerte de la vida en la Tierra, cada vez más vacía para nuestros hijos y nietos, como en el cambio climático que nos abrasa ya. La UE quería ser ética, en eso de preservar para las nuevas generaciones y reducir la huella ecológica. Pero está todavía muy lejos de conseguir sus objetivos en el asunto del reciclado de material eléctrico y electrónico: apenas una tercera parte. Existía el compromiso de llegar al 85% para el año 2019. Porque así hay que extraer menos minerales, gastar menos energía, evitarse una parte de los largos transportes, no explotar a la gente que los extrae en algunos países productores y un etcétera kilométrico de huella ecológica. Se incumplirá, como otros muchos en esto del medio ambiente. Por países, los más recicladores son Suecia y los del norte, los menos los del sur, España entre ellos claro. No sabemos si se estropeó el rebobinado ético o es que una buena parte del producto desechado se pierde en el comercio ilegal, según asegura Interpol. El fraude masivo golpea a países como España; los consumidores y la administración se hacen los despistados. ¿A dónde van todos los metales que guardan esos equipos? Un momento de atención: créanselo, guardar los materiales para permitir nuevos usos aminora tanto la huella ecoética como el cambio climático. 

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Suponer la inferioridad científica de la mujer es un quiebro mayúsculo a la inteligencia, aunque lo digan los hombres

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El titular nos dejó atónitos: “El 63% de los españoles cree que las mujeres no valen para científicas de alto nivel”. Pasado el primer momento de sorpresa ante semejante desliz, que nos dejó atónitos, leímos con atención lo que venía después. Hubimos de frotarnos otra vez los ojos: “Muchos de los encuestados opinan que a las mujeres les falta interés por la ciencia, perseverancia, espíritu racional, sentido práctico y espíritu analítico”. ¡No podía ser cierto!, pero el diario que lo publicaba es respetable. La noticia era de anteayer, no partía de un panfleto neolítico. Fuimos a la fuente: Un estudio de la Fundación L’Oreal que había hecho una encuesta en Europa. Hay más perlas en los resultados, pero nos producen desasosiego emocional y no se los comentamos. Mejor los invitamos a pasearse por cambialascifras. Todavía no nos hemos recuperado del desaliento. La única explicación es que los encuestados fueran todos hombres, aunque parece que no fue así.

P.D.: Si Madame Curie levantara la cabeza no dudaría en lanzar a las narices de los encuestados un destello, imaginario eso sí, de polonio y radio.

P.D. 2: Por cierto, ayer viernes fue “la noche de los/las investigadores”. Mérito y salud para ellas y ellos, y ¡qué aumenten los presupuestos! 

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Los contaminantes de la mentira se ocultan, aunque a veces un detalle circunstancial los delata

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Esto viene a cuento de la pifia contaminada en la que se ha metido Volkswagen con la ocultación de sus emisiones reales. La Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos y el estado de California levantaron la alfombra ocultadora. La empresa lo ha reconocido, cosa rara en el caso de los contaminadores ambientales masivos, aunque dicen que ha sido por las presiones. Vale, bueno, y ¿qué?, exculpan algunos, ¡No será para tanto!, apostillan los interesados. Ahora, muchos gobiernos se llevan las manos a la cabeza y van a exigir responsabilidades. ¿Qué hacen para protegernos de los desmanes sanitarios y ambientales a los que nos someten quienes solamente buscan el negocio? Hagan memoria y revisen la campaña de Greenpeace de hace unos años, denunciando el poco interés de la marca por reducir sus emisiones.

Vistas así las cosas, nadie nos salva de que no sean los únicos. Así pues, extiendan la sospecha, leve si así lo desean, a cuantos aparatos, industrias o máquinas emiten gases contaminantes que nos aceleran el cambio climático. Debemos redoblar las presiones, al menos hasta que llegue la Cumbre de París, para que vean que el escarnio social castiga a los contaminadores. Quizás ayudemos a que la acción política se vuelva más ambientalista, y cumplidora. Por cierto, ¿alguien sabe cómo se controla que sea veraz lo que dicen los fabricantes en sus etiquetas y propagandas? El que esto escribe no. Exíganselo a sus gobiernos. Se me olvidaba, recuerden el anuncio con el que VW Golf TSI nos convenció de su mínimo consumo. Denle marcha en la red, para que la gente entienda que la mentira contamina cantidad. 

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Deuda climática y prima de riesgo; como con los dineros, los pobres pagan el desastre generado por los ricos. El mundo se hizo inmundo

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La bolsa ecológica sufre vaivenes, los índices fluctúan cada día. Los grandes operadores se localizan en los mismos países que manejan el dinero global. Allí se especula con todo. La Tierra global se ahoga poco a poco y no llegará sana a nuestros nietos, casi nadie se apresta a rescatarla, las agencias de calificación ambiental como Greenpeace, Ecologistas en Acción o WWF se desgañitan porque no les hacen caso, la salud de las personas no entra en la cuenta de resultados, las televisiones juegan con las noticias y las imágenes. Porque en el mundo de la paradoja, quienes más deuda climática generan, los países ricos -son responsables de más del 70%- son los que menos pagan por su prima de riesgo climática. ¡Vaya inmundicia! Tendrían dinero para financiar la aminoración de una buena parte de la deuda climática global, pero solamente piensan en acumular beneficios dinerarios. No se lo pierdan. Desde que en 1990 se empezaron a medir los tonelajes contaminantes emitidos, estos no han hecho sino crecer; ya vamos por unos 250.000 millones de toneladas de CO2. Alguien tiene que para todo esto. ¿Seremos nosotros?

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El coche se sintió magnánimo, les dejó la calle un día. ¡Pobres, se conforman con tan poco!

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El día sin coches fue ayer; el resultado incierto. Alguien bienintencionado se inventó eso de las semanas de la movilidad, para reclamar el protagonismo de las personas en las ciudades gobernadas por los coches. Algunos creyeron en el invento y apostaron por ciudades más permisibles; otros, que por ahora son mayoría, pasan de escenificaciones. Llegó El día sin coches, un entreacto sin más. En algunas capitales europeas dicen que se toman el asunto en serio. Nuestros mandatarios aseguran que celebraciones como esta llaman la atención y así los ciudadanos se autolimitan (sic). Por ahora lo único seguro es que los coches se sorprenderán al no ser utilizados. Otros gestores públicos más atrevidos limitaron la circulación particular urbana y se inventaron Ciudades que caminan”. ¡Bravo por ellos! Un sueño gráfico: veo a un grupo de amigos sentados en la terraza exterior de una cafetería en una ciudad cualquiera hablando de la conveniencia del día sin coche, absorbiendo su dosis diaria de aire contaminado. Seguro que “El Roto” ha dibujado algo así. Si Gómez de la Serna o Valle Inclán estuvieran entre nosotros encontrarían argumentos para redactar “La enciclopedia de los despropósitos novoseculares”. Mientras las cosas cambian, ánimo para toda la gente que aún cree; los necesitamos. Por cierto, ¿usó el coche particular ayer en su ciudad?

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Las abejas deambulan de flor en flor, intentando encontrar el perfume que las ha abandonado. Se lían con otros señuelos

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Las abejas llevan un despiste mayúsculo. De siempre se han sentido atraídas por los COV (compuestos orgánicos volátiles) que las flores lanzan para que les ayuden a polinizarse. Pero ahora, así lo atestigua una investigación, el ozono troposférico –el que tenemos aquí mismo porque somos nosotros los que lo provocamos- impide que los COV de las flores lleguen más allá de 1,5 metros y las abejas “pasan” de determinadas flores. Por el contrario, se sienten atraídas por flores cargadas de néctar con pesticidas, esos que llevan neocotinoides. Estos además les quitan algo el apetito, con los consiguientes efectos en su laborioso trabajo y en la fecundidad melífera. Por eso los científicos presionan a la UE para que los prohíba. Algún malintencionado, que siempre los hay por ahí, quiso ver cierto paralelismo entre las “nuevas apetencias” de las abejas y las modas de la “superestimulada” civilización del siglo XXI. Aristóteles no lo pudo ver, pero algo le corroía en la cabeza en su Historia animalium.

P.D. Por cierto, no estaría de más que nos enterásemos del trajín existencial en el que están inmersas ahora las abejas de todo el mundo.

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