Infancia

Votar POR/CONTRA el medioambiente, ayer mismo.

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Alguien con fina sabiduría demostró que el medioambiente es nuestra casa común. Sería un ecologista nato. No, ha sido al papa Francisco, alguien que para los creyentes católicos debería ser un punto de referencia. Además añadió que nuestro medioambiente «parece convertirse cada vez más en un depósito de porquería». Otras voces, no dignatarios católicos, han acuñado expresiones que merece la pena traer aquí una pequeña muestra y cuya autoría desconozco:

  • La Tierra nos ofrece lo necesario para nuestras necesidades, pero no para nuestra avaricia.
  • Por como vivimos parece como si tuviéramos algún otro sitio donde ir.
  • Si destruimos el medio ambiente nos quedaremos sin sociedad.
  • Nuestro planeta no es un experimento.

Quedémonos simplemente con esas cuatros ideas: necesidad/avaricia, vida aquí/en otro planeta, destrucción medioambiente/daño social, observación crítica/experimento sin control.

Todo esto viene a cuento de una información que nos ha llegado vía Statista que dice, más o menos, que nos queda mucho por hacer y cada vez asumimos más riesgos. Como además va un largo el tránsito entre pensar con preocupación hasta obrar con compromiso, la cosa se nos pone peor. Imaginemos que los datos del gráfico fuesen totalmente verificables:

A pesar de la dispersión de los encuestados, de que en unos países se han realizado muchas más encuestas que en otros, si nos fijamos en España la cosa está fea. Solamente uno de cada tres habitantes piensa, o cree, que la protección del medioambiente es un asunto importante.

Pero nos hemos animado un poco al leer el Eurobarometer de la UE:


Seis de cada diez ciudadanos europeos -en España más de siete, según resalta vía https://twitter.com/PacoHerasHern nuestro amigo Paco Heras- se declara de acuerdo con la idea de que la adaptación a los efectos adversos del cambio climático puede beneficiar a los ciudadanos europeos. 

Añade que 9 de cada 10 españoles-as lo consideran una prioridad.

Vistos les resultados de las elecciones de ayer en España uno se pregunta cómo los partidos negacionistas (Vox y compañía) y retardistas (PP y compañía) han podido sacar tal cantidad de votos, dado la dejadez o el odio climático que han expuesto en la campaña preelectoral. O sea, que lo de la protección del medioambiente se barrunta pero falta compromiso, siquiera demostrarlo con un voto. O al revés, no hay tanto compromiso como para negarles el voto a los odiadores del clima aun sabiendo las tropelías ambientales de las que son capaces y que tanto pueden perjudicar al socioambiente.

El hambre no veranea. ¡Será aguafiestas!

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Debería estar prohibido durante el verano de los ricos dar malas noticias que afecten a la condición humana. No sienta igual un baño metido en el bocadillo del placer cuando sus tapas son oscuras. Menos aún consentir que esas ONG que se llaman humanitarias nos bombardeen con ahogados en el Mediterráneo o en el Atlántico próximo al Sahara. Dañan sobremanera la marca España. El verano, veraneo, está pensado para no pensar; una ocupación pensativa que cada día está más en cuestión. Por eso los mensajes de los medios de comunicación deberían pasar por un corrector de texto que cambiase la palabra hambre por frases como alimentación no bien encaminada, no previsión colectiva de recursos alimentarios, escasa eficacia de las cadenas de distribución de alimentos, mercados mal provistos y muchas más que no cabrían por extensión en esta entrada. Las colas del hambre no han desaparecido de España. Por cierto, hemos leído que este problema, en realidad una minucia del sistema, se solucionará cuando se constituya el nuevo gobierno de España salido de las próximas elecciones. Así sea.

Tampoco la marca Europa UE está muy limpia. El acceso al poder de partidos poco sensibles con “los negros pobres y gentes por el estilo” nos presagia eso del amor universal que proclaman las religiones monoteístas que tranquilizan a la “nueva” Europa. La ONU denuncia que él hambre mundial aumentará por cuarto año consecutivo. Azota ya a más de 250 millones de personas. Cuándo se reunirán las naciones pudientes y las multinacionales que se están enriqueciendo con la crisis para asegurar la ética alimentaria? Debe ser duro morir de hambre y sentirlo un día tras otro. Si las televisiones de esos países dan imágenes de nuestra forma de vida qué pensarán los hambrientos de nosotros? Según el informe de la ONU “ más del 40% de la población expuesta a crisis, emergencia o catástrofe alimentaria reside en sólo cinco países: Afganistán, la República Democrática del Congo, Etiopía, partes de Nigeria (21 estados y el territorio de la Capital Federal) y Yemen”. ¿Qué pensarán de este asunto los partidos políticos europeos que odian a los inmigrantes? ¿Les votaría tanta gente como lo hace ahora si supieran sus intenciones? Mejor lo dejamos.

Por cierto, acabamos de leer que el Banco Mundial manifiesta que probablemente “el número de personas afectadas por inseguridad alimentaria aguda habrá aumentado en más de 220 millones entre 2019 y finales de 2023, debido en gran medida a los conflictos, el cambio climático y las perturbaciones económicas agravados por la pandemia de COVID-19. Cómo se atreve el Banco Mundial!, otro aguafiestas.

Aunque los datos hayan sido superado, no sólo en África se pasa hambre.

 

En la mitigación del cambio climático todo cuenta

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Mi impresión es que hasta los más negacionistas o retardistas del cambio climático se están dando cuenta de que algo raro pasa con el clima. Por supuesto que no lo achacan a la acción humana, faltaría más, sino que lo justifican en que en la historia de la Tierra, conocida o no, siempre habrá habido periodos más o menos cálidos, tormentas destructoras, sequías como aquellas que pasaban en Egipto, etc. En qué por mucho que hagamos poco podemos hacer ante lo que viene porque sí. Por este dejar de hacer también transitan los creacionistas y ciertos apocalípticos.

Pero frente a ellos hay mucha gente que está convencida de que algo podrá hacer por mitigar los impulsores del cambio climático con su vida diaria, que no es más que una adaptación responsable a la crisis climática y sus repercusiones que pueden venir y sumirnos en emergencia varias. Y lo decimos así para que no nos tachen de predicadores. Lo enunciamos simplemente como hipótesis. Vamos en plan positivo, no queremos echar la bronca a nadie. Por eso traemos aquí esta estupenda ilustración, cedida por «València. Clima i energía». Hasta el título es bonito y esperanzador: tus decisiones cuentan.

Todo cuenta porque todo depende de las decisiones que alguien toma. Algunas acciones van antecedidas de reflexiones y compromisos. Esas son las que más valen. En el gráfico de la Generalitat Valenciana se representan los ahorros mensuales que cada cual puede sumar en la cuenta global de emisión a la troposfera (atmósfera). Son acciones cotidianas pero al final suman mucho. Hay ahorros más o menos bajos pero si se hacen cotidianamente suman mucho; otros ahorros medios que suponen mucho más aunque se hagan menos veces y finalmente se representan con los iconos correspondientes los ahorros altos. 

Al final de la vida de cada cual todo cuenta; para los seres actuales y los venideros. Seguro que lo tiene en cuenta de ahora en adelante, o le ayuda a perseverar porque se había hecho las cuentas.

¿Será la efímera belleza de las amapolas lo que nos cautiva tanto?

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Hace unos días leía que los japoneses, que están por todos sitios buscando el arte, también la plástica en la naturaleza, habían descubierto un campo de amapolas de Zamora. Publicaron la foto en algún medio de comunicación de su país, instantánea que ha dado la vuelta al mundo. Tal recorrido tuvo la noticia que el lugar recibió tantos visitantes que con sus pisadas acabaron con la belleza natural. El enclave estaba situado en el Campo de la Verdad. Qué verdad es que todo lo que se populariza en la naturaleza genera la visita multitudinaria de fotógrafos móvil, que no se contentan con guardar la bonita foto que acompañaba la belleza efímera de los ababoles, así se llaman en mi tierra. 

Juan Ramón Jiménez seguro que conocía que las amapolas se asociaban a la fertilidad en la mitología griega, que había surgido de las lágrimas de la diosa Deméter (agricultura y fertilidad). Será por ello y más cosas que nos legó aquello de: novia del campo, amapola/que está abierta en el trigo,/ amapolita, amapola/ ¿te quieres casar conmigo? La única pega que tienen la amapolas es que son efímeras; la belleza nunca es eterna. Así lo vio Alfonsina Storni en su poema odio:

Oh, primavera de las amapolas,
Tú que floreces para bien mi casa,
Luego que enjoyes las corolas,
Pasa.

Beso, la forma más voraz del fuego,
Clava sin miedo tu endiablada espuela,
Quema mi alma, pero luego,
Vuela.

Risa de oro que movible y loca
Sueltas el alma, de las sombras, presa,
En cuanto asomes a la boca,
Cesa.

Lástima blanda del error amante
Que a cada paso el corazón diluye,
Vuelca tus mieles y al instante,
Huye.

Odio tremendo, como nada fosco,
Odio que truecas en puñal la seda,
Odio que apenas te conozco,
Queda.

Este año de calores prematuros en el Hemisferio Norte despistó a las semillas, que germinaron pronto, a las plantas que crecieron pronto y murieron pronto.

En una ocasión cuando loaba en clase a las amapolas, alguien me preguntó si servían para algo, como ocurría con otras muchas cosas de la naturaleza como moscas o avispas. Así de entrada no supe qué decirle pero le argumenté que todo servía para algo. Pocos día después me fui a internet que todo lo sabe y encontré una noticia en un periódico serio como La Vanguardia.Le regalé una fotocopia del artículo y que él juzgara.

Animado de curiosidad me fui a las etimologías. Y me enteré que viene de «habapaura», un arabismo hispano formado del árabe habb (semilla) y latín papaver. Papaver se refería tanto a la amapola común como a la planta adormidera de donde se extrae el opio. Conocí que amapola era un sinónimo de abundante. Pero mira por dónde, ababol, que siempre pensé que era un aragonesismo, resulta que es más antiguo que amapola. Violeta Parra decía: cuando se muere la carne el alma busca su sitio adentro de una amapola o dentro de un pajarito. A lo que Pablo Neruda respondió haciéndose una pregunta: ¿hay una estrella más abierta que una amapola? Aunque el pastor de mi pueblo me ha contado que este año ha visto menos; mala señal y cosechas mínimas.

El valor de lo diminuto, de lo aparentemente insignificante es lo que hace vida. Hasta Van Gogh las pintó metidas en un jarrón, aunque durante mucho tiempo se negó su autoría, como si una planta/flor tan poco comercial no mereciese estar en un cuadro del inigualable pintor holandés. Al escribir esta entrada me he enterado que en el Rincón de Ademuz editan una revista llamada Ababol.  Por todo esto y por mucho más en su función biodiversa, en los ecosistemas donde habita, no nos extraña que Miguel Fleta quisiese interpretar hace casi 100 años Amapola de José María Lacalle. Todo lo anterior sirva como homenaje al papel que los ababoles han tenido siempre en la vida.

A camiseta regalada___mírale la etiqueta y demás

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Cada carrera popular que se precie, cada evento más o menos multitudinario o reivindicativo lleva implícita el regalo, o la compra, de una camiseta. Pasear por un parque, incluso por la calle, es sentir la presencia de algo más que las personas, que a menudo portan camisetas con algún signo de algo. La «camisetitis» ha llegado incluso a las progresiones educativas; hasta se hacen camisetas para recordar que se ha pasado de primaria a secundaria. Una buena parte sirven de reclamo social hacia un empeño, una marca o un interés desinteresado. ¡Y no digamos nada de las camisetas futboleras de afamados jugadores que llegan, imaginamos que pirateadas, hasta la aldea más recóndita en los confines del mundo!

No somos quién para cuestionar esos gustos porque desconocemos el papel de los signos que se exponen y las ganancias dinerarias o afectivas de quienes las promueven. Pero sospechamos que una buena parte de esas camisetas tienen un reinado efímero; se portan unos pocos días y enseguida pasan al rincón de los olvidos en los armarios. En esto, como en tantas cosas de la vida se mezclan las necesidades (problemáticas objeto de atención, comerciales, etc.) con los deseos (a camiseta regalada no le mires el porqué). Lo peor es que algunas han entrado en el reino consumista del usar y tirar.

Todos esto viene a cuento, ya hemos hablado de estas costumbres más de una vez en este blog, de que hemos leído que además en Europa se estima que se destruyen entre 11 y 32 millones de camisetas. Se calcula que el total de los textiles que se producen pero no se venden, puede acabar en la basura como desperdicio, llegando incluso al 10%. La noticia se completaba con que también la electrónica ayuda a dilapidar de millones de toneladas de recursos (algodón, agua, acero, cobre, cristal y energía); a provocar emisiones al aire que empeoran la vida de todo el mundo. Producir y tirar es un signo de estupidez no analizada, pero exageradamente banalizada.

Mirar la etiqueta para entender qué contienen y de dónde vienen. Rtve ha dedicado a las camisetas documentales extraordinarios, como aquel del 12 de 2019, Día Mundial del Trabajo Infantil que contenía un encabezado estremecedor: Fabricar una camiseta puede implicar el trabajo de diez niños esclavos. La niñas más pobres de las aldeas trabajan para las industrias del algodón, en semiesclavitud, por sueldos de 120 € en 3 años. Cómo olvidar aquel documental de hace más de 20 años en El escarabajo verde sobre «Vestidos de ética«. O el reportaje del año pasado que sonroja hasta en su título «El precio de lo barato«. O aquella denuncia de diciembre pasado en El Economista que titulaba «la esclavitud de la moda mundialista: la camiseta de España se fabrica a 6 euros al día en Camboya.

Por eso hay que atender aquello que decían los Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre “Producción responsable”, ODS 12 e “Industria, innovación e infraestructura”, ODS 9. Por eso hay que aplaudir y practicar lo que propone una carta dirigida al Comité Medioambiental del Parlamento Europeo para que prohíba la destrucción de artículos textiles y electrónicos sin vender. La alerta en forma de carta de petición del European Environmental Bureau ha sido firmada por 46 organizaciones europeas que representan a cientos de ONG, empresas y sindicatos. Que velan por la coherencia ética y la justicia social en este ancho mundo. Por cierto, cuánto cuesta la camiseta del ídolo futbolero más conocido; ¿sabría decir cuáles son los equipos de fútbol que más camisetas venden? Apetece imaginarse esas cifras convertidas en un par de euros el ejemplar y dedicarlo a favorecer la educación de niñas y niños de África central, por ejemplo. 

La República, 10 de julio de 2022

Por eso, hay que reconocer lo que implica consumir camisetas de un solo uso. Las industrias textiles deben implementar mejores estrategias de producción (todos los componentes deben ser reciclables) para reducir stocks, diseñar de manera que se puedan reutilizar esos artículos y facilitar la salida de los remanentes al mercado. ¿Qué se ha perdido? Busque aquí.

P.D.: Para gente responsable y con compromiso. Cuente el número de camisetas de esas que llevan llamadas sociales o comerciales, deportivas o de cualquier tipo y divídalo por el número de miembros de la familia en edad de portarlas. Por cierto hoy se nombra en todo el mundo el Día contra el Trabajo Infantil. Pues eso.

La polí(é)tica climática de los vencedores en las elecciones

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Las elecciones de ayer en España suponen una buena ocasión para renovar el proceso de la adaptación climática. En este cometido no caben medias tintas sino alianzas fuertes. Cuando escribo esta entrada desconozco los resultados del domingo. En un día no cambia nada y puede cambiar mucho, por más que las elecciones estén restringidas a territorios concretos. El poder de lo pequeño es importante para contener la crisis climática, en la que no vale esconderse en la poca trascendencia de lo minúsculo e individual; en que lo deben hacer todo las grandes empresas y los gobiernos. Por eso me apenan los ausentes debates sobre la movilidad o las ciudades resilientes que tanta falta hacen en la vida urbana, o la gestión del agua cada vez más escasa.

Como parte integrante de toda esa gente sin poder político, deseo que quienes triunfen en la elecciones lo hagan también en la mitigación climática; que lleven a cabo una reflexión crítica sobre el presente y el desconocido futuro, que para la ciencia tiene demasiadas incógnitas reveladas delante.

Es tiempo de pensar en común, porque algo de común tendrá el destino. Un grupo de profesores y profesoras, que incluye miembros de las comunidades educativas (Teachers for future  España), junto con unas cuantas asociaciones ecologistas enviaron una carta a los partidos políticos antes de las elecciones. Sirve de maravilla para las mujeres y hombres elegidos, tanto en un pequeño pueblo como en la CCAA con más habitantes. En la carta se pedía que expresasen su visión y compromiso frente a la emergencia climática. Quería proponerles que se implicasen en la pedagogía de la esperanza climática, asumiendo medidas contundentes.

Al decir de los periodistas que siguen a las candidaturas por toda España, solamente algunas personas, más en partidos políticos que obtendrán pocos escaños, recalcaron la necesidad de que la sociedad se parase a pensar y repensar en el cambio climático, que unido a la falta de agua cuándo y dónde se necesita puede hipotecar la vida. 

El resultado de las elecciones es la (a)puesta del presente y del futuro en manos de quienes nos representan. Se han escuchado estupideces ambientales en boca de algunos partidos, otros ni siquiera han abierto la boca para pronunciar crisis climática. Más bien al contrario: más consumo, más coches, más crecimiento, más movilidad urbana e interurbana, más turismo insostenible, más felicidad a raudales desentendiéndose del medioambiente sin importar las consecuencias, etc. Como si ofrecer e incentivar todo esto en la ciudadanía fuese un símbolo de su patriotismo. Lo peor es que ese patriotismo viene impregnado de un individualismo sin límites.  

Sospechamos que les costará asumir la poliética climática. Nos atrevemos a proponerles que busquen alianzas con el objetivo de aunar visiones diferentes de la vida colectiva. ¿No podría ser la lucha contra las crisis sobrevenidas con el cambio climático el eje sobre el cual se organizan esas alianzas? No es cuestión de ideologías sino concertación de acciones que a todos benefician. Al fin y al cabo se trata de mejorar la cotidianeidad, ¿no? Al menos eso predicaban durante la campaña electoral.

El utilitarismo económico de lo individual debe apartarse del diálogo poliético. Hay que poner en primer lugar la cultura (cultivo) de la vida buena para cuanta más gente mejor. Caminando hacia la mejora de la crisis climática es cuando se aprende a ser, porque se contrasta presente con futuro. Reflexionando sobre el actual estilo de vida nos daremos cuenta de que así no tenemos asegurada la vida buena. Hemos perdido mucho tiempo en pelearnos; ahora tocan aliarse. Seguro que cualquiera de nuestros ediles y miembros de los parlamentos dirían un estruendoso NO a la mala perspectiva que presagian los factores añadidos a la crisis climática. Entonces, ¿por qué no aunar esfuerzos en la contienda climática? Sobre ella ni vencedores ni vencidos tienen argumentos para desentenderse. La grandes obras requieren sacrificios de la ciudadanía. Qué mejor manera de invocarlos dando ejemplo de alianzas multiperspectivas. 

Si así se actúa se construye un argumento para la convivencia. Alguien que esto lea considerará iluso a quien lo escribe. Pero ¿no es la mejora de la vida colectiva una pretensión de la mayoría de las personas, de la cual se beneficiarán individualmente? Pues eso: mucha ética global en la política de las alianzas climáticas, porque dentro de una democracia participativa son posibles; la política debe sustentarse en la ética. La coherencia ecosocial está por encima de los partidos. ¡Qué bien vendría esa visión positiva! 

Los grandes contaminadores del aire se ríen del cambio climático

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Por aquí, incluso profesores de universidad, se resisten a hablar del cambio climático, incluso les cuesta admitirlo como conjetura. El problema no es solo suyo pues imaginamos a sus alumnos y alumnas perplejos al escuchar semejantes hipótesis. Las tendrán que aprender y quién sabe si les servirán solamente para aprobar o les durarán más tiempo.

Uno, que ni siquiera es ya profesor, se ve exonerado de culpas en lo que afirma en este blog o fuera de él. En esta ocasión va a hablar de personas que respiran, asunto que no pueden evitar. Hay cambio climático, según aseguran los científicos del IPCC -imaginamos que todos no estarán comprados por lo divulgadores de la emergencia como afirman los negacionistas y los retardistas-; en buena parte debido a los Gases de Efecto Invernadero. Que no solo hacen eso sino que acortan la salud y la vida de los niños según denunció recientemente la EEA (Agencia Europea del Medio Ambiente).

Lo de se ríen no sé si está bien puesto, pero cómo llamar a quienes a sabiendas de que está mal lo siguen haciendo, mintiendo o incentivando. Incluimos esta imagen del WIR para que se hagan una idea de cómo va la cosa en emisiones per cápita. Aquí están los principales responsables actuales del desaguisado climático.

Emisiones per cápita | Gráfico por WRI 

Es para ponerse a temblar si se multiplican las emisiones per cápita por el número de habitantes de cada país. Pero claro, como uno quiere ser crédulo de que va disminuyendo piensa que se han acabado los subsidios a los combustibles fósiles, y resulta que no. De modo que también somos nosotros los que nos auto reímos de nuestra desidia, al no sentirnos partícipes de la solución. Lo explica mejor este mapa que hemos tomado prestado de climática.lamarea, en donde se ve la subvención de combustibles totales, incluidos los destinados a la generación de energía eléctrica . ¿Será por eso que se me ríen cuando hablo de la vida feliz con fuentes renovables?

¿De modo que en el año 2022 los combustibles fósiles han estado más subvencionados que nunca? No hay quien entienda nada. Menos mal que el carbón (coal) ha desaparecido de esa lista perturbadora. Al final todos adoptaremos la estrategia del avestruz, simpleza mental que se va generalizando.

No nos olvidamos del calor aumentativo y su distribución en áreas superpobladas gracias a esta animación de Carbon Brief.

La sed infinita de deseos acuosos, siempre insatisfechos

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Los límites del ser se amontonan con el no ser. Nada es nadie si le falta el agua. La sed pasajera torna en infinita. Lo infinito no se desea con rotundidad ni se sabe qué es. El agua infinita no existe pero la vemos por todas partes en quienes la poseen sin esfuerzo. Será la sed un presagio de algo malo o una prueba para prepararnos para algo distinto. ¡Sed o no sed, he ahí la cuestión! Por ahí hay sed de los pobres que se palía con unos cuantos litros, que nunca llegan a los 60 que se definieron como derecho humano. Sed de los ricos que no pueden ser más ricos porque sienten sed, que no la tienen como los pobres. 

¿Cómo esquivar la sed infinita se preguntaba el poeta? Porque si es infinita no se agota nunca, cual plaga bíblica. ¿Y si no la mandan los dioses de dónde viene? Todo -qué es todo- es un árido desierto donde la vegetación se oculta, o acabó engullida por la sed. La sed infinita que anidó en aquellos cerebros humanos sin sentirla. Como aquel emperador que dijo que no se comparte ni la sed, que rompió el vaso porque estaba seguro de que nunca más sentiría la sed. O aquel otro que no supo nunca lo que era la sed y cuando la encontró la mando encarcelar en pozos exclusivos. O el más previsor que se empeñó en cavar un pozo antes de tener sed. 

Sed en mayo que ni la diosa latinoamericana Direjna (La abuela Grillo) soluciona con sus cantos. Sed en mayo que padece mucha gente, como aquel mezquino que vivía dentro de un río del que no podía beber. La sed de ricos que cuanto más se bebe más se siente. Ya lo dice el refrán: por San Andrés mata tu sed chica, grande o como esté.

Sed que no se considera contenido escolar a pesar de ser experiencia vital.

Sed nada saludable. Sed biodiversa que diezmará poblaciones y alimentos; y aniquilará algunas especies, o muchas. Por cierto el sábado se dedicaba a llamar la atención sobre las aves migratorias, que ahora son menos por el cambio climático y la sequía.

Sed de perdido en el desierto de Forges, de la Aguatinta de El Roto -una galería de la sed humanizada-. Sed de libertad de Alberti, o aquel otro que afirmaba que la sed de verdad es insaciable. Sed africana que no llega a ser sed, pero ojo como migre al primer mundo. Allá que se las apañe. Cómo descifrar aquello que dijo Carlos Ruiz Zafón de que uno no sabe lo que es la sed hasta que bebe por primera vez, a lo que Julio Cortázar le hubiera añadido lo de que la sed está antes que la saciedad y vale mucho más. Si alguien bebe mucho siente más sed que aquel que bebió poco. Padecer la sed nos humaniza pero no nos convierte en seres más humanitarios con aquellos que viven en la sed permanente. La sedienta esperanza de no sentir sed. ¿Comprenderemos de una vez que la sed era esto?

Pero nos quedamos con la belleza infinita de aquello que expresó Amélie Nothomb en Cosmética del enemigo: No sabe lo que significa tener tanta sed y no tener derecho a beber mientras el agua fluye ante la mirada de uno, hermosa, salvadora, al alcance de sus labios. El agua te es negada a ti, que acabas de atravesar el desierto, por la incongruente razón de que no eres de su agrado. ¡Como si el agua tuviera derecho a rechazarte! De la mano vendría García Márquez para recitar aquello de que «después de siete días sin tomar agua, la sed es una sensación distinta, es un dolor profundo en la garganta, en el esternón y especialmente debajo de las clavículas. ¿Alguien se identifica con este Relato de un náufrago, en el que nos hemos movido para llegar a la sed parcialmente provocada por nosotros? Esa sed infinita que siempre la hemos sentido aunque tirásemos el agua. Sed tan grande que se hizo imperio.

El ruido que no cesa, ni se escucha con oídos sordos

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Todos los años por estar fechas se recalca que vivimos en el imperio de los ruidos, ensordecidos por la falta de escucha. Este año fue el 26 de abril. Pocas jornadas después del Día de Libro, que no emite ruidos sino que calladamente nos habla de sentimientos, pensamientos, afectos o aventuras. De aquello que despierta o recuerda sueños de otros hechos propios cuando nos sumimos en la lectura atenta. El ruido es la no escucha, la falta de atención a lo que nos comunica.

El 26 de abril es buen momento para abrir el cajón social de los deseos no ruidosos. Este año no se limitaba a recordarnos por un día que hay que ir contra el ruido sino que en su lema hablaba de la concienciación sobre el ruido. Nos atrajo el titular de la noticia de eldiario.es: 60 segundos de silencio para conmemorar el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido. Es un título bastante expresivo, y a la vez emotivo. Nos invita a pensar durante 60 segundos todo lo que nuestra vida nos dice sobre el ruido. Todo se relaciona con que las personas habitemos en unos entornos más saludables. Ruido y salud, quién lo iba a decir. Pues sí, el ruido deteriora la salud no solo en los establecimientos comerciales y en los centros de trabajo. Ah, y en las emisoras de radio y televisión que cuando anuncian algo suben tanto el volumen que las palabras se fusionan en ruidos, sin dejar margen a los paréntesis casi intemporales que animan la escucha atenta del pensamiento. 

En el artículo se dice que cinco organizaciones no gubernamentales se han unido para extender la lucha contra el ruido a la población. También nos recuerda que, copiamos textualmente: El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España en varias ocasiones. “El balance es muy claro: en 2022 se cumplen 20 años de sentencias del Tribunal Supremo y de los Tribunales Superiores de Justicia de toda la geografía de nuestro país condenando este contaminante, evidenciando así la tortura continua a la que estamos sometidos los ciudadanos”. La calle entra también en el reino del ruido; solamente faltaban las terrazas bareras pos COVID!

En una entrada de este tipo hay que recordar la labor del Instituto de Salud Carlos III, que atribuye al ruido de tráfico unos 6.000 ingresos urgentes al año solo en la Comunidad de Madrid, y contabilizados únicamente los casos a corto plazo. Además el ruido del tráfico se relaciona con unas 280 muertes al año por causas circulatorias en mayores de 65 años. Con parecida intención ISGlobal de Barcelona denunciaba hace un año que «el tráfico rodado en las ciudades europeas expone a 60 millones de personas a niveles de ruido perjudiciales para la salud». Hace poco más de un mes daba razones por la cuales había que reducir drásticamente el ruido urbano. El entorno de las escuelas a dónde van mis nietos en Madrid, al igual que muchos escolares de las grandes ciudades, es algo así como el imperio del ruido. Lo cual, dicen la ciencia rigurosa, disminuirá su calidad de vida.

Alarma el último informe La contaminación del aire y la salud de los niños de la Agencia del Medioambiente Europea (European Evironment Agency). Por su parte, la Sociedad Española de Epidemiología advierte que también ayuda al aumento de los partos prematuros, además de reincidir en los problemas de salud antes expuestos.

P.D.: Está entrada estaría incompleta si no hablará de las barreras humanas contra el ruido. Como asociación homenajeamos aquí a la iniciativa vecinal Stop Ruido; como profesional a Jesús de la Osa, https://twitter.com/jesusdelaosa, el vigía permanente y exquisito comunicador de la relación entre medioambiente urbano y salud colectiva.

 

Cultivar más tierra para alimentar, ¿cómo y a quién?

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Todavía estábamos reflexionando sobre el Día de la Madre Tierra, que este año tiene por lema «Invertir  en nuestro planeta», cuando hemos leído una alarmante entrada en Carbon Crief que nos ha impactado por sus consecuencias. Dice que conservar el 30 % de suelo más o menos protegido ante la invasión humana se antoja muy difícil. Esta tarea se ve dificultada porque la colonización de tierras protegidas, ante el empobrecimiento de otras masacradas, por los cultivos ha aumentado considerablemente. 

Un estudio de publicado en Nature Sustainability , encuentra que las tierras de cultivo se han expandido a un ritmo «alarmante» en las áreas protegidas entre 2000 y 2019. Otro dato escalofriante: la tasa anual de expansión de las tierras de cultivo creció hasta 58 veces durante casi dos décadas. Lo cual constituye una grave amenaza para la biodiversidad. Hay que recordar una vez más en este blog que «todos somos biodiversidad», por activa o por pasiva.

En la actualidad existen unas 200.000 áreas con algún tipo de protección. ¿De qué sirven? piensan en España algunos gobiernos de CC.AA. que quieren eliminarlas con la excusa de que son inútiles económicamente, incluso deficitarias. Pero claro, quienes así las ven solamente piensan en dineros. Pero son nuestro salvavidas porque almacenan mucho dióxido de carbono, salvaguardan la diversidad y atemperan un poco los desastres climáticos.

No olvidemos que casi todos los países del mundo se comprometieron a conservar el 30 % de la tierra del mundo y el 30 % de los océanos para 2030, entre otras cosas en la cumbre de biodiversidad COP15 en Montreal el año pasado. En realidad sería un aumento significativo. En la actualidad, dice un informe Protected Planet de marzo de 2023 , apenas el 17 % de la tierra y las aguas continentales del mundo son actualmente áreas protegidas y conservadas.

Además, lo que en algunos lugares es una necesidad vital, pongamos por ejemplo extensas zonas de África castigadas por hambrunas continuadas, en otros son veleidades políticas demasiado atentas a grupos de presión. Los gobernantes no sienten pudor a la hora de vender algo que no es suyo. Aquí una breve reseña de la situación de España hace un par de años

Quién se acuerda de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, 5 a 16 de junio de 1972, en Estocolmo. 51 años después no hemos conseguido los objetivos de entonces. Por cierto, no se pierdan este interesante artículo sobre la tierra y el suelo en Europa: ¿hormigón urbano en expansión?

 

 

La sequía extraparlamentaria y etérea. Ensayo sobre la falta de lucidez

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Dicen que la sequía va a ser la previsible y continua tragicomedia social, el punto y seguido tétrico que marcará el futuro. Aseguran que junto con la contaminación urbana constituyen las dos grandes amenazas socioambientales. Tragedia por sus efectos, ahora solo se miran los económicos y de abastecimiento pero hay muchos más. Detrás de los males se parapetan los olvidos junto a desidias desorbitadas. Tal descompostura, peligrosa en sí misma, lo es todavía más cuando se ningunea en los parlamentos, tanto del Estado como autonómicos.

Todos sabemos que lo grave de la situación es la escasez crónica de agua meteorológica y la sobreexplotación de los ríos y acuíferos. Comedia intelectual, no apta para mentes sensibles, cuando las televisiones muestran imágenes hablando de la excepcionalidad de la sequía meteorológica que dibuja las sequías hídricas y socioeconómicas, cuando la escasez de precipitaciones es un distintivo de esta España nuestra; y tememos que se agrave con el cambio climático.

La ciencia meteorológica pronostica escaseces más abundantes. Y no es una profecía; son datos contrastados. El problema del agua es planetario pero con más nudos que las cuentas de un rosario, varios los tenemos que desenredar por aquí. Quienes quieran ampliar los argumentos tragicómicos revisen las viñetas de El Roto, una enciclopedia de la insensata percepción del agua no compartida que nos sirve para interiorizar, si queremos, cómo somos y lo que nos queda por aprender.

Si cada vez llueve menos y queremos más agua para más cosas -todas personas en el mismo momento- algo fundamental falla en la inteligencia colectiva. La demanda supera a la oferta año tras año, y la primera es acumulativa mientras que la segunda se contrae. Un mito del pasado que condiciona el presente, un singular juego entre los humanos y la naturaleza en sentido amplio. Ni las procesiones o novenas a los dioses hacen ya llover. Los secanos agonizan ya en abril. Ni con la posible lluvia bendecida evitan las maldiciones que su falta provoca. Porque mi sequía nunca será su sequía, defienden los gobiernos cuando se pelean entre ellos.

El final es el principio: no disponemos, ¿cada vez menos?, de suficiente agua para contentar a los demandantes presentes y futuros. Es un problema de percepción social: debemos adaptar nuestras demandas a la escasez de agua disponible porque lo contrario es una estupidez, y además es imposible. La sombra de la escasez es cada vez más alargada; en algunas localidades los bomberos reparan un poco el abandono en este mes de abril. Los parlamentos, la mayoría de los ayuntamientos, desdeñan hablar racionalmente de uno de los mayores conflictos sociales de nuestro día a día. Acaso se lanzarán unos cubos de agua teñida de improperios los unos a los otros. A riesgo de graves penas o multas como les sucedió a los manifestantes climáticos ante el parlamento español.

El agua se tornó extraparlamentaria porque debió planificarse y no puede vestirse de adornos efímeros, como esos planes de cuenca que hacen negación de las previsiones meteorológicas, y climáticas. La mirada de quienes la demandan se hace hosca; nunca les dijeron los gobernantes que deberían vivir entre las limitaciones de la naturaleza que vive en su desentendida entropía. Los mismos gobernantes de cualquier lugar que ahora sólo hablan de quienes les quitan el agua. ¡Qué difícil es robar el deseo de poseer! ¿Para cuándo un Pacto nacional por el agua como variable natural y social? Podrían intentarlo con vistas a las elecciones municipales y autonómicas, pero la falta de lucidez lo impide.

El esperpento de Doñana es un monumento mental a la falta de lucidez política. Se ha convertido en el hazmerreír hispano que viaja por todo el mundo, como antes lo fue a escala mundial la tragedia del ex mar de Aral planificada por los megalómanos soviéticos o la actual del lago Salado estadounidense. La forma de abordar el epílogo de Doñana por el Gobierno andaluz es el epítome del agua etérea, fotocopiada en casi todos los parlamentos autonómicos con problemáticas ligadas a la “bendita agua”. Para su escarnio -más el de los demás- discuten del agua infinita, de su agua negada a los otros, quitada a los ríos, al resto de los seres vivos y los acuíferos; de la no vista. Sin darse cuenta de que el agua de la que hablan se guardaría en una cesta con los mimbres descompuestos, como sucede en Almería y estará Doñana, que a este paso adquirirá la tragedia mundial a la altura del Mar de Aral o el Lago Salado. Todo por un puñado de votos rurales, o de dólares, tan fílmicos como mostraba la película dirigida hace 60 años por Sergio Leone y protagonizada, entre otros, por Clint Eastwood. Al final, la mala gestión de agua provocará ahogos de dimensiones varias. Y no es una profecía ni una amenaza. Sequía somos todos, podría ser una película denunciante.

La sequía sencilla y sentida, nada etérea sino muy real, que dedicó José Mª Hinojosa a Luis Buñuel:

Los árboles negros,
cruzan
sus ramas,
pidiendo
un poco de agua.

Los árboles negros,
clavan
su mirada,
en el cielo.

A los árboles negros,
no les cae agua,
y casi secos,
fijan sus ojos
en la tierra sin jugo
y sin aliento.

La Caesaraugusta macetera

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Uno tiene la fortuna de vivir en una ciudad bimilenaria. Famosa desde tiempos de Augusto, ahora quiere sentirse moderna. Por eso se ha apuntado a la iniciativa de la Unión Europea Cities2030, que más o menos significa que será climáticamente neutra -qué palabra tan poco comprometida- en carbono. Traducido al lenguaje que la gente entiende se propone algo casi milagroso: la resta entre lo que emite de dióxido de carbono -eso que tanto se huele en sitios como la plaza de Aragón y otras muchas calles- menos lo que es capturado por seres diversos de los maceteros y los parques absorberán dará cero. Estos últimos se tragarán las porquerías del aire y las convertirán en el milagroso oxígeno que todo lo cura. Por eso los ediles de la muy noble, inmortal y ahora neutra ciudad han decidido protegerla con “seudobosques” limpiadores. O lo que es lo mismo, murallas anti contaminación, cual si fuera una orla. Será por eso que ha recibido el IV Premio de Buenas Prácticas por la Biodiversidad por su gestión de la Infraestructura Verde, otorgado por la FEMP. 

El César Augusto orlado (M. M.)

Por cierto, el Augusto César -que dio nombre a la ciudad- no sale de su asombro ante esa especie de pérgola verdosa que le han colocado delante, cual si fuera la corona de laurel que con tanta gloria portaron los emperadores romanos por todo el Mediterráneo. Hasta teme que sustituyan la rama de laurel y la de palma del escudo de la inmortal ciudad por ese remedo poligonal abierto sustentado en pies maceteros. ¡Anda que si supiera que su verde imperial está plastificado! Suponemos que todo no; que el plástico será autóctono y de proximidad -no vendrá de la lejana China-, fabricado con material reciclado, reciclable a posteriori. Dice el noticiario zaragozano boca a boca que esos espacios verdes han sido regalados por una asociación de comerciantes para embellecer la trama urbana (sic).

Volvamos a las plantas ornamentales. Son algo así como la naturaleza domesticada y restringida. Antes eran domiciliarias, ahora son ciudadanas y descansan en maceteros, algunos con enjundia histórica, como esos que completan la silueta de la virgen y los que simulan un zigurat mesopotámico. Los árboles con los que el ayuntamiento engalana la futura ciudad verde son lo mismo pero a lo grande. No, mejor, porque son de disfrute colectivo, porque adornan las calles y por la cantidad de gases malos que se van a chupar. Algunos tendrán que trabajar a destajo.

Las buenas intenciones de los ediles por ser ciudades climáticamente neutras, o con neutralidad -otra palabra de significado ambiguo- suponen grandes compromisos en movilidad urbana y uso de la energía; así como una probada conciencia de la ecodependencia. Hay que aplaudir que se/nos hayan embarcado en la iniciativa. Siempre va bien ponerse metas. Pero, dado que por ahora están tan lejos, no sabemos si la Unión Europea nos aplaudirá en el año 2030. Algo parecido, los retrasos en la tarea, aportan Madrid y otras ciudades CITIES2030.

Pero las ambiciones reverdecedoras de los ediles deben llevar pareja una educación de las y los zaragozanos. En primer lugar hay que explicar cuantas veces sea necesario que Zaragoza se ha comprometido, pensando en la ciudadanía, a limpiar su aire para hacer la vida urbanita más saludable. Necesita convencer, buscar la complicidad, de colectivos empresariales y comerciales, para que se impliquen en construir una ciudad más habitable y resiliente; también de todas las personas y los colectivos sociales. Seguro que el ayuntamiento de la capital ya tiene preparados grandes y continuados programas de Educación Ambiental, internos para la institución y para toda la ciudadanía. Así, con el tiempo podrá añadir las iniciales M.R. (muy resiliente) y M.NE. (muy neutra) a las que ya hay en las dos ramas (laurel y palma, homenaje y victoria) que circundan al león de su escudo. 

El mundo es un mundo de riesgos; el mayor ser mundo

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En verdad, nunca he sabido muy bien qué era el mundo. Unas veces pienso en superficies, otras en criaturas. ¿El aire que nos rodea es mundo?¿Y el agua superficial o subterránea? Qué pensar de la globalización, aquel invento maléfico que iba a salvar el mundo, pero en el camino condenaba a las personas. Cuando estoy más lúcido relaciono el mundo con el universo pero debe ser una perogrullada de esas que escribo, por más que se confunda en los libros de texto que utilizaban mis alumnos. Si lo limito a “todo el mundo es o hace” me veo un simplón de esos que sostienen el antropocentrismo a ultranza. ¿Acaso no somos todos un poco eso? Podríamos hablar de los riesgos que tiene en perspectiva el ecosistema mundo, pero hoy nos vamos a centrar en la especie humana: variopinta, universalmente diferente, egoísta con quienes no son personas y más ahora con guerras y atrocidades de desigualdades varias que emponzoñan el mundo del pensamiento. Me hago varias veces la pregunta si los inmigrantes que mueren en el Mediterráneo pertenecen a ¿nuestro? mundo. Porque al decir de F. Nietzsche el mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación, que digo yo que serán muchos.

Hay riesgos medioambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos. Hoy mismo traerán a escena varios de ellos los medios de comunicación serios. Puede que alguno quepa en este gráfico que traigo aquí. Según muestra hay riesgos que cambian de importancia con el transcurso de los años. No sabemos la razón por la cual desaparece la crisis del costo de la vida de la proyección de 2 años a la de 10. Lo que si vemos, si se cumplieran estas previsiones, realizadas con datos del Foro Económico Mundial, los problemas ambientales coartarán la vida del mundo en conjunto dentro de diez años.  A ver si lo ven ahora tan enigmático como los formulaba un pesimista Mark Twain hace 100 años «Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». No creemos que se apoyase en previsiones objetivas pero la frase describe una parte (geográfica, humanitaria, de derechos y desigualdades) del mundo de hoy.

Pero remendemos siquiera por un momento la tristeza, no deseen que se pare el mundo y bajarse de él como le ocurrió alguna vez a Mafalda, que ponía sobre el mundo un cartel con la frase «CUIDADO. Irresponsables trabajando». Hagamos nuestras propias previsiones y revisémoslas pasados esos diez años, si es que entonces son/somos mundo. De qué puede servir esa idea de «ponga un mundo» en sus pensamientos. Esa idea me surge una y otra vez cuando admiro la pintura Un mundo, de Mª Ángeles Santos que dicen fue la sensación del Salón de Otoño de Madrid de 1929. Se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid; me pregunto si no imagina un complejo y reinterpretable mundo dentro de muchos mundos. ¿Barruntaría o sabría ya aquello de la crisis mundial? ¿Estarían en su cabeza los riesgos futuros del mundo? ¿Las figuras que revolotean serán los inmigrantes que huyen de «su» mundo buscando el «nuestro»?

Terminamos con una frase del genial Mario Benedetti que tantas veces nos acompaña: No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que te estoy contando), ya te dije que el mundo es incontable.

 

Eficiencia energética. ¡Mande pues!

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El mande va por Forges, porque en su recuerdo encontramos muchas veces inspiración; por aquello de que el humor se vende sin receta prescrita y en formatos diversos. «Mande!» se presta a la respuesta callada como diciendo que no me he enterado bien o cuesta tal esfuerzo que tardaremos en ponernos en marcha. Leí en una ocasión que el «Mande!» era el estandarte de la pereza, en otro sitio que era la desidia con estrambote. Aunque en México tiene algo de obediencia. De ahí, no sé como, me pasé a buscar de qué iba eso del mandeísmo, una especie de no religión que todavía se cultiva por Mesopotamia. Dicen que todos mandeístas son gnósticos; pero tienen sus principios.

Lo de la eficiencia energética es porque ayer mismo, 5 de marzo como el año pasado por estas fechas, se conmemoraba el Día Mundial de la Eficiencia Energética. Toda institución que se precie nos lo recordó ayer. Como apreciamos mucho lo que hace Oxfam nos aprendemos bien sus trucos, lo explican en la guía que se puede descargar, para ahorrar energía y comprar productos que consuman menos, sean más eficientes. Que aunque seamos unos «mandaos» no nos escabullamos con el «Mande!» 

La ONU (UN environnement programme) nos avisa de que «la producción y el uso de energía es el mayor contribuyente individual al calentamiento global, y representa aproximadamente dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero inducidas por el hombre». Por cierto, discurriendo mucho podría pensar unos minutos en qué ahorraría energía, y a la vez ser en su vida más eficiente; no es lo mismo. Ahorrar suena más, lo de eficiente, esa palabreja que inunda el lenguaje del siglo XXI con vistas al año 2030, ya no está tan claro. Mejor todavía si en su domicilio acuerdan un protocolo de eficiencia energética. Dialoguen, y además de ser eficientes ahorrarán cantidad de euros, dejen de ser unos «mandaos» y actúen como lo haría la ciudadanía en 2030. O se es más eficiente en el uso y consumo de todo o… No se haga el «Mande!». Mejor piense en el sentido mexicano para hacer lo que nos dicen la gente que sabe de eficiencia energética y la sitúa como la principal fuente de energía, y la más limpia.

La Junta de Andalucía lo celebró con imágenes de diseño. Pero yo me quedo con La huella ecológica de Carmela, disfrútenla. ¡Y que mande la eficiencia energética!

 

 

La competencia para vivir la sostenibilidad

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Hace más de 6 años ya que en este blog empezamos a hablar de sostenibilidad, que no de sostenible. Pueden comprobarlo con una sencilla búsqueda y encontrarán las muchas esperanzas y a la vez dudas que nos ha suscitado.

Sostenibilidad se nos antoja mucho como habilidad. Ha irrumpido en el mundo de las palabras fetiches, mágicas, que con solo pronunciarlas, o adosarlas a cualquier lema o producto tienen inmediatos efectos sanadores. Pero llevada a la vida entra en el reino de la paradoja porque significa tanto competir con alguien o algo por más que sea un peligro y, a la vez, viene marcada de incumbencia que a todos afecta. Además de pericia, aptitud ante algo e idoneidad para enfrentarse a una situación que no se ha buscado. 

Resulta complicado llevar a cabo simplificaciones sobre un tema tan complejo como sostenibilidad, vivencia ciertamente utópica. Una máxima incierta en un mundo tan diverso y desigual como el actual, pleno de anuncios comerciales o políticos que la nombran. La sostenibilidad sería en sí misma una entelequia, pero es que además buena parte de lo que tenía su sentido primitivo ha sido manoseado en grado sumo en pocos años; los que lleva entre nosotros. Tanto es así, que las depredadoras energéticas se han colocado como apologistas de la sostenibilidad (sic). Por eso, algunos ya hablamos de “sostenibilidad de plastilina con fondo verde”, cual si fuera un cuadro surrelista -¿irracional o absurdo?- o dadaísta -empeñado en contrariar al bien ser ecosocial-. En resumen, en tiempos era una entelequia compleja que quería conquistar uno o muchos mundos vivenciales, ahora olvidados o perdidos. Vaya desde aquí la profunda crítica a este enrevesado mundo distópico.

Pero claro, la sostenibilidad no está encerrada en un concepto como área protegida o reserva natural. Afecta a muchos ámbitos, con intenciones diversas y beneficios buscados. La troceada sostenibilidad produce pena a quienes imaginamos que el mundo debería dirigirse hacia postulados colectivos. Ya se sabe que el ecosistema ecosocial exige un abordaje sistémico. Pero no es costumbre afrontarlo así, porque no se entiende así; prima lo mío o lo nuestro. Nos tememos que si triunfan transiciones hacia la sostenibilidad se limitarán a ámbitos concretos (uso de la energía, movilidad, etc.), que siempre vendrán bien como abordaje parcial o como cuña de entrada en la cultura social escasamente proactiva, pero dudamos que remuevan la compleja transición ecosocial que tan bien nos iría.

¿Y si intentáramos, cada cual en su medida, representarla?

P.D.: Un año ya de la invasión rusa de Ucrania y del comienzo de la negación de la sostenibilidad en una parte importante del distópico mundo que busca la derrota antes que la paz.