Ecología

La sociedad ecodependiente como argumento de cambio educativo

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La ecosociedad manifiesta una interdependencia ya en su misma expresión. Sucede así porque constantemente se interrelacionan ambos ámbitos en casi todo lo que ocurre en la vida cotidiana. Acabó aquella concepción de un mundo en el que la sociedad prevalecía por encima de la naturaleza y no debía preocuparse por nada de lo que a esta le ocurriera.

Decía Yann Arthus-Bertrand, divulgador ecologista y fotógrafo francés que tantas bellas imágenes nos proporcionó, que nadie es ambientalista de nacimiento, que hay que recorrer un camino propio. Este recorrido se identifica enseguida con la educación, ya sea social o reglada. Con seguridad, la escuela es un buen escenario de experimentación. En este momento los escolares conocen sus impactos negativos en la dinámica ambiental, están más informados y más sensibilizados sobre lo que sería conveniente hacer para mejorar las posibles consecuencias. Así han descubierto que la gestión de residuos y el reciclaje es una aventura en la búsqueda de tesoros ocultos; que la biodiversidad es una riqueza con riesgos, o que el cambio climático condiciona sus vidas y todo lo que pasa. A la vez, y no es poco dadas las circunstancias, las autoridades educativas empiezan a entender que es inexorable la incorporación de la sostenibilidad en sus programas, bastantes centros desarrollan proyectos en este sentido, el profesorado descubre la potencia del fomento del pensamiento crítico sobre la problemática ambiental para la transformación ecosocial, etc. En conjunto, se vuelve a la naturaleza, a la magia de los bosques por ejemplo, como catalizadores de la nueva visión; la pandemia ha ayudado a redescubrirla.

Algo se mueve. Por eso, ¿si no es ahora, cuándo impulsar la transformación hacia una lectura ecosocial de la vida, de la educación como agente de cambio?

Leer el artículo completo en el Blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

¿Qué perfil ambiental diría que tiene España?

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La estampa que defina cualquier país nunca tendrá una silueta armónica, la vida es extremadamente compleja. En el asunto ambiental, si bien hay diferencias enormes entre unos y otros, ninguno alcanza un manejo extraordinario. Tampoco los nórdicos europeos hacia los que dirigimos muchas veces nuestras miradas de envidia.  Sabemos que arrastran unas huellas ecológicas desmesuradas, muy relacionadas con sus estados de bienestar vital, que es alto. Pero no siempre coinciden con el “bienpensar y actuar en consecuencia” que se les supone y que llevamos tanto tiempo admirando.

El Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico publicó no hace mucho el Perfil Ambiental de España 2019 , como lleva haciendo cada año desde hace más de una década. En la presente edición dedica un preámbulo inicial a relacionar medioambiente y salud, asunto que emerge en cualquier escenario de debate social que aborda las incertezas del futuro. Lo presenta como un problema global pues se sabe que las alteraciones del medioambiente tienen una influencia inmediata y duradera en la salud colectiva; de tal forma que dificulta que sea haga realidad como derecho humano para todas las personas, a cualquier edad y en todo el mundo. En el caso de España, el PAE analiza aquellos agentes físicos, biológicos, climáticos y otros que condicionan la salud. 

Hace hincapié en los factores que definen la interacción entre salud y medioambiente: la calidad del aire interior y exterior; el acceso universal, equitativo y sostenible al agua potable, el saneamiento y la higiene; la minimización de los efectos adversos de los químicos en la salud humana y el medioambiente; la gestión saludable y sostenible de los residuos y los sitios contaminados; la adaptación al cambio climático y el esfuerzo general en su mitigación; la conversión de ciudades y regiones en espacios físicos y sociales más saludables e inclusivos, seguros, resistentes y sostenibles; la consideración de la sostenibilidad ambiental en los sistemas de salud.

Seguir leyendo en La Cima 2030, un blog de 20minutos.es. 

Hacer ruido, vivir en él, ignorarlo por chillar

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Ruidos sin intención, ruidos de cotidianeidad, ruidos para intentar convencer, ruidos descalificadores de los políticos, ruidos bufos en las redes sociales, ruidos aquí al lado y en el ancho mundo. ¡Cuánto más ruido más nos sentimos presentes! Vivir en un mundo ruidoso, es nuestro sino. Pero el ruido es el armónico perdido, por eso mucha gente quiere escapar de él. Ruido que vas y vienes, que te encuentras en celebraciones y peleas, pocas veces en sentimientos y duelos, allí donde las personas son más personas. Ruidos de muchedumbres, sordos entre ruidos. Ruidos que dañan y enferman, siempre son confusión no deseada. Ruidos cotidianos hasta que parece que ya no son ruidos. Ruidos inocentes junto a ruidos malvados. Ruidos enredados en la Red que llegan a ser algo más que ruidos. Casas de ruidos, porque las viviendas lo son. Los fabrican dentro y les entran de fuera.

¿Qué pensaría Taranis, el que dicen dios atronador de los celtas de nuestros ruidos? ¿Qué tal un día al menos para rebajar los ruidos?

Pongamos por ejemplo una gran ciudad como Madrid. La infografía de @ensgismau y otras personas que quieren silenciar los ruidos sirve de ejemplo. Imagen

Una mirada al estado del clima global en el año 2020

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Acostumbramos a mirar el presente para adivinar el futuro. Antes nos servía como estrategia, ahora tenemos dificultades para ver porque las incertezas se nos han revelado como dominadoras. El clima se estudia por activa y por pasiva. No dejan de aparecer simulaciones que echan mano de tal o cual algoritmo para prever lo inseguro. A la vez, reuniones y más reuniones -ahora mismo están hablando los líderes mundiales incluido el presidente de EE.UU.- buscan la descarbonización de la vida por reducción de emisiones. Loable empeño. 

Mientras se ponen de acuerdo gobernantes y multinacionales varias, podemos ampliar conocimientos de cómo nos encontramos. La reciente publicación de la Organización Meteorológica Mundial y otras agencias ONU State of Climat Globate 2020 insiste en que hay que poner en marcha con urgencia una política más ambiciosa para detener su velocidad de transformación, para ganarle tiempo. Una y otra vez constata que el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a las actividades humanas es uno de los principales impulsores del cambio climático. Dice que a pesar de la covid-19, aumentó la emisión a la atmósfera de GEI. Razona por qué son tan importantes esos gases. Incluye gráficas, con datos de diversas instancias evaluadoras, que demuestran su evolución desde hace unos 150 años. Llama la atención sobre la evolución de las temperaturas en lugares muy sensibles, como el Ártico o la zona Antártica, por las graves repercusiones que dicho fenómeno tendría en la dinámica global del clima. Además, alrededor del 90% del exceso de energía que se acumula en el sistema debido a las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero va a los océanos, con el grave impacto que supone en la vida marina, entre otras cosas por la acidificación de las aguas, y para las comunidades humanas que viven en sus orillas.

No se olvida de valorar el aumento de los eventos extremos ligados al clima en todo el mundo. Se lamenta de las pérdidas de las masas glaciares continentales, con la consiguiente disminución de su efecto albedo. Dedica un capítulo especial a los refugiados, los desplazados internos y los migrantes ligados a la crisis climática y sus eventos. Durante la última década (2010-2019), los episodios relacionados con el clima provocaron un promedio de 23,1 millones de desplazamientos de personas cada año. Es más, esos eventos provocaron en gran parte, influirían otros factores, unos 9,8 millones de desplazamientos en el primer semestre de 2020, concentrados principalmente en Asia meridional y sudoriental y el Cuerno de África.

En fin, que la cosa está complicada. Aquí un acceso resumido en español.

Por cierto, las gigantes petroleras siguen con su renovable lavado de cara mientras aumentan sus emisiones. Lo recoge The Guardian llamándolo «El gran engaño».

El libro de la Tierra guarda la esencia colectiva.

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Ayer se dedicaba una mirada a la Tierra, esa entelequia que a todos nos sorprende por su inmediatez y fragilidad. Es a la vez real, un planeta biodiverso en construcción permanente  por fuerzas geológicas y climáticas, e irreal porque a pesar de ser aprendido siempre tiene sus matices según quién lo mira y desde qué tiempo y lugar. Benedetti ya decía en su poema que desearía «otra suerte para esta pobre reseca que lleva todas las artes y los oficios en cada uno de sus terrones y ofrece su matriz reveladora para las semillas que quizá nunca lleguen; que un desborde caudal viniera a redimirla y la empapara con su sol en hervor o sus lunas ondeadas y las recorriera palmo a palmo y la entendiera palma a palma». Tierra material e imaginario colectivo del que los libros son como el estandarte que la mira, a la vez que un recopilatorio donde permanecer siempre.

Hoy se celebra en España el Día del libro, ese espacio común donde la Tierra mira y ve los desvelos de la gente. ¿Leerá libros la Tierra?, se preguntaría el poeta. Da lo mismo que el libro recoja cualidades y temores de la madre Tierra, placeres y desdichas de sus habitantes, pasado o futuros. Siempre un libro como esperanza generando cultura ya sea mirando al pasado clásico o al presente convulso, para que no nos manipulen. Diría Irene Vallejo, Premio Nacional de Ensayo por El infinito en un junco. 

«Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche» decía Jorge L. Borges. A lo que Juan Ramón Jiménez respondería: «Quisiera que mi libro fuese, como es el cielo por la noche, todo verdad presente, sin historia. Que, como él, se diera en cada instante, todo, con todas sus estrellas; sin que, niñez, juventud, vejez, quitaran ni pusieran encanto a su hermosura inmensa.» La Tierra es ese libro inmenso, adornado con un cielo que pisamos presente día y noche, con presente instantáneo por cada percepción diferenciada, y con historia porque tuvo periodos pasados. Su niñez no se perdió del todo, visible en la hermosura del encanto inmenso que es hoy.

La Tierra es una historia por reescribir, tarea en la que muchas personas están implicadas ya. Hoy es el Día del Libro. Tome uno entre sus manos, siempre contendrá algo de la Tierra, trate o no de la naturaleza biodiversa. Regálelo como muestra de afecto. Pero elija aquel que contenga algunas páginas en blanco para que cada cual escriba en él sus esperanzas. 

El perfil ambiental de España, trazos finos y borrones

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El Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico dio a conocer el Perfil Ambiental de España 2019 (PAE) unos meses, algo que hace todos los años. En la presente edición insiste en relacionar medioambiente y salud. Lo presenta como un problema global pues se sabe que las alteraciones del medioambiente tienen una influencia inmediata y duradera en la salud colectiva. En el caso de España, el PAE analiza aquellos agentes físicos, biológicos, climáticos y otros que condicionan la salud. En el año 2017 se firmó la Declaración de Ostrava que definía el perfil de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Ese documento señala los fundamentos de la interacción entre salud y medioambiente: la calidad del aire interior y exterior; el acceso universal, equitativo y sostenible al agua potable, el saneamiento y la higiene; la minimización de los efectos adversos de los químicos en la salud humana y el medioambiente; la gestión saludable y sostenible de los residuos y los sitios contaminados; la adaptación al cambio climático y el esfuerzo general en su mitigación; la conversión de ciudades y regiones en espacios físicos y sociales más saludables e inclusivos, seguros, resistentes y sostenibles; la consideración de la sostenibilidad ambiental en los sistemas de salud. Es imprescindible creer en esos fines, además de convencerse de que es posible acercarse si se establecen las necesarias alianzas entre todos los agentes sociales y la ciudadanía.

Los abogados ambientales de ClientHearth publicaron un trabajo de investigación sobre los archivos del lavado verde que interpretaba el lenguaje de las grandes petroleras, de los mayores emisores de gases de efecto invernadero que venden su descarbonización casi inmediata. No son solo las petroleras, también lo hacen las multinacionales de la globalización. Y claro, dado que tienen tanto poder mediático y de todo tipo nos provocan distorsiones del perfil que tenemos ahora y el que deberíamos mejorar. Disponen de efectivas campañas de marketing verde, nosotros caemos en la maraña y consumimos sus productos. Para ello se aprovechan de las redes sociales para llegar a un público joven,incluso no falta el pago a influencers. Nos despistan, pues ya no sabemos a dónde mirar y lo peor, qué pensar y si este ejercicio merece la pena.

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Ecogestos, la estampa amable frente a una amenaza creciente

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Cada vez hay más gente que practica ecogestos de forma cotidiana, hace algo porque el medioambiente -que es nuestra construcción por uso en buena parte- frene su deterioro. Está bien su correcta selección de la basura, su limitación en el consumo del agua domiciliaria o que utilicen el transporte público. Queremos invitarles también a que continúen con los sociogestos: atender a los peticionarios de las ONG que nos asedian por la calle, mandar un sms cuando surge una catástrofe, o poner la X en la casilla de la renta, entre otros muchos. Pero es necesario que se vaya más allá.

A la gente que tarda en darse cuenta de su contribución a la tarea de vivir de forma sostenible, de asegurar un futuro menos incierto, etc., no se la debe calificar como buena o mala, egoísta o desprendida porque sí. Simplemente no es consciente del momento; o hay factores diversos que condicionan su aportación a la sostenibilidad ecosocial.

La creciente amenaza de la crisis ecológica, que es social también, exige una urgente y comprometida acción que vaya más allá de los «ecosociogestos». Pasó su tiempo como alerta; ahora deben convertirse en una revolución del pensamiento. De lo contrario serán poco menos que nada en lo tocante a la sostenibilidad, al futuro multidiverso de la ciudadanía global. Solo suponen un placer para el yo colectivo cuando se justifican en la creencia proactiva que todas las personas llevamos dentro, más o menos escondida; cuando el secreto de la sostenibilidad se nos desvela como diciendo que lo que deseamos realmente es cambiar el modelo de vida y hacerlo saber a los demás. Convenzámonos de una vez: no podemos conseguir resultados distintos haciendo casi lo mismo, o siendo tan lentos.

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Ni la pandemia retrasa la contaminación del aire

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Suponíamos que la reducción de la actividad productiva, turística y de movilidad del largo año pandémico iba a reducir la imparable contaminación atmosférica. Lo decía también la proyección de Global Carbon Projetc. Pues no. Hace unos días se publicó un artículo, resumen de una investigación de la NOAA (Administración estadounidense que se ocupa de analizar lo que pasa por el aire) que afirma que los niveles atmosféricos de dióxido de carbono y metano durante 2020 aumentaron el relación con el año anterior. 

Los niveles de CO2 atmosférico son ahora los más altos en 3.6 millones de años. Pero es que además los niveles de metano (CH4) se dispararon en un récord de 14,7 partes por mil millones, el aumento anual más alto desde que comenzaron los registros en 1983. El metano es menos abundante que el CO2 en la atmósfera, pero su trascendencia en el efecto invernadero es casi treinta veces mayor, por la cosa del atrapamiento del calor. Detrás de esta última liberación están los eructos de las vacas hacinadas en macrogranjas, también contribuyen otros animales destinados a la alimentación, y puede que la liberación del metano que estaba atrapado en el permafrost que se está derritiendo por Siberia y otros sitios septentrionales.

El clima nos envía continuas alertas; unas hablan de peligros y otras de urgencias. Es como si estuviéramos hablando de la salud del aire. En este caso, lo virus y bacterias tienen origen antrópico. Hace días que está en modo pandémico. 

Las recetas de la OMS para la recuperación saludable tras la COVID

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La OMS (Organización Mundial de la Salud) quiere que todos seamos partícipes activos de su manifiesto de recetas saludables. La mayoría de sus propuestas son para ahora mismo, pero hay que mantenerlas de forma decidida y con compromiso en el tiempo, para pensar en ellas como argumento de vida, para recuperarnos de tantos males, para vivir las personas del mundo entero. No se trata de volver a la situación previa en salud y medioambiente sino de hacerlo mejor que antes. El envite es para todos: personas, administraciones y empresas, etc. Aquí las vamos a enumerar simplemente. Lean lo que se dice en el artículo completo.

Serían estas:

1) Proteger y preservar la fuente de salud humana: la naturaleza. 

2) Invertir en servicios esenciales, desde agua y saneamiento hasta energía limpia en las instalaciones de salud.

3) Asegurar una transición energética rápida y saludable.

4) Promover sistemas alimentarios saludables y sostenibles.

5) Construir ciudades saludables y habitables.

6) Dejar de usar el dinero de los contribuyentes para financiar la contaminación.

Al final, o al principio, de lo que se trata es de que se ponga en marcha de verdad un movimiento mundial por la salud y el medioambiente; la universal naturaleza también cuenta.

Hasta la ley quiere reducir el cambio climático

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Mal que nos pese, el cambio climático es todavía un espacio social sin alerta contundente, a pesar de sus riesgos, algunos muy graves y de difícil gestión. Debe abordarse con un gran compromiso social. En España se acaba de aprobar una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Se trata de poner en marcha transformaciones que hagan más racional la movilidad, la generación energética y su consumo o la industria turística; entre otras muchas cosas.

Si la ley fuese perfecta, si en su desarrollo se implicasen todas las fuerzas sociales, las administraciones y la ciudadanía, nos acercaría a esa utopía que quiere detener buena parte de las afecciones del cambio climático en todo el mundo. Gente de ciencia, ONGs y cada vez más entidades públicas y privadas son conscientes de que su aspiración nunca debe parecer inalcanzable, por más que ahora mismo sean visibles múltiples transgresiones que la dificultan demasiado.

Pero toda ley tiene tramitaciones que la despojan de parte de su ser. Se cuenta que al final las leyes se convierten en el máximo posible o en el mínimo común. De ahí que no lleguen a la ciudadanía las mejoras buscadas. Si lo hiciese es posible que se entendiesen los protocolos del camino a recorrer, para acelerar el paso si se intuye que la resolución de la crisis climática se ve cada vez más lejos, para demandar cambios a los poderes públicos y comerciales.

Los medios de comunicación no se han ocupado del tema, con escasas excepciones. En general han estado más pendientes de los argumentos de laboratorio mesiánico de algunos negacionistas exhibidos en los diferentes ámbitos legislativos, de partido y mediáticos.

Desde diversas instancias se ha criticado la escasa ambición de la ley, que le falta velocidad en sus fases y deseos más contundentes, que no lleva pareja una educación ambiental que sostenga a los gestores y anime a la ciudadanía. Aún así, habrá un antes y un después a partir de esta Ley, por más que su andadura no sea fácil. Por lo tanto, gracias a quienes han luchado por sacarla adelante. Apetece imaginarse, a pesar de sus imperfecciones, que la mayoría de los países del mundo tuviesen algo similar.

Pero para salir de esta situación de crisis climática se necesita algo más que una ley, hay que convertir la lucha contra el cambio climático en una especie de utopía que suponga la modificación del estilo de vida. Costará, sí, tampoco será fácil, pero no hay otra opción de futuro.

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

El cuento de las macrogranjas no puede tener un final feliz

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Lleva tiempo Greenpeace avisando a cualquiera que quiera escuchar que las macrogranjas suponen una práctica con agresiones múltiples (animales, suelo, agua, cultura global alimentaria, cambio climático, etc.). En fin un riesgo innecesario que tiene en vilo a los lugareños de enclave en donde se construyen, también en territorios limítrofes en donde el agua de los acuíferos empieza a sentir ya a los peligrosos nitratos y muchas más cosas.

Ahora mismo, el ejemplo de Caparroso (Navarra) con las vacas de protagonistas obligadas quiere extenderse a Noviercas (Soria), como poniendo en valor el modelo lechero norteamericano. Tal es el asunto que hasta ha merecido la atención de un Informe Semanal. Cuidado porque el proyecto supone la granja más grande de Europa y la quinta del mundo. El Moncayo, que envía sus aguas a Soria y Aragón, se estremece solo de escucharlo. Además, el modelo productivo, con la tecnología como estandarte, pone en cuestión buena parte de las pequeñas explotaciones que pueden vivir de su trabajo. Luego está el asunto de si el valor económico añadido de estos desperfectos se queda en el territorio que los soporta.

Qué ironía, la España vaciada sirve para ubicar las macrogranjas; quienes las defienden aluden a que ayudan a fijar población (sic) y a que contaminan más muchas granjas pequeñas, difíciles de controlar que una grande, sujeta en principio a protocolos más severos, según se cuenta en un artículo del Diario de Castilla y León, a propósito de «la fiebre de las macrogranjas de cerdos» y el poderío de las exportación al mercado  chino. Ante esto, solo cabe exigir el cumplimiento de las leyes, que las hay y de recorrido amplio. Ya ha habido algún partido político que quiere llevar al Congreso español el asunto, que no afecta solamente a España sino que es una estrategia productiva más presente en muchos países. 

La España vaciada se rebela contra las macrogranjas, decía el titular periodístico. Y no hemos dicho nada de las de pollos o gallinas. En el blog La Crónica verde de 20minutos.es pueden encontrar más información sobre las macrogranjas. El cuento no puede acabar bien, aunque le hubiéramos encargado un final romántico a Gustavo A. Bécquer, visitante temporal de Noviercas.

 

Salud ambiental, entre la personal y la colectiva

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Los males en la salud no son estancos. Van de un lado para otro sin respetar el pasado, ni si los damnificados son causa o efecto, o ambas cosas a la vez. La investigación científica, la educación y los avances sanitarios lograron mejorar la salud colectiva, más bien mucho la de algunos y algo en general la de todos. Pero la salud ambiental, especie de hospital donde se curan ciertos males y a la vez escenario en el que se contagian otros, empeora. Sufre dolencias varias, acrecentadas con nuestra forma de vivir.

Hoy, en el Día Internacional de la Salud, se recuerda que la OMS se ha propuesto que todas las personas del mundo puedan ejercer el derecho humano a una buena salud, en cualquier lugar. La salud universal será por un día reina efímera en los noticiarios de televisiones y portada en los medios informativos. Por ahora, tiene tantos males dispersos por todo el mundo que no es nada saludable en conjunto, como lo atestigua una y otra vez la gente que investiga. A los viejos síntomas se le añadieron tormentos nuevos: la mala calidad del agua y el aire, la pérdida de reservorios que dejaron escapar virus, la desnutrición por diversos avatares entre ellos el cambio climático, y un largo etcétera, que provocan cada año la muerte directa de más de una decena de millones de personas en el mundo. Luego están todas las afecciones silenciosas que no matan enseguida pero dañan patologías diversas. 

El lema de este año es «Construir un mundo más justo, equitativo y saludable». ¿A qué suena semejante buena intención? Si dudamos nos basta con preguntarle a la COVID-19. La salud particular, la salud colectiva y la salud ambiental evocan algo parecido que se gestiona de manera diferente. Pero es indudable que alguna relación tienen entre ellas. Este largo año de pandemia debería haber enseñado que han de abordarse con estrategias bien coordinadas, universales, generadoras de confianza, sanadoras, etc. Al final de todo cabe preguntarse tanto en su día internacional como siempre: ¿qué es la salud? Si es dirección o sentido, no lo es todo pero sin ella todo lo demás es nada -al estilo Schopenhauer, que le dedicó varios pensamientos al tema-.

En fin, algo más de salud para cada vez más gente en un medioambiente cada vez más saludable. ¡Y que no tarde demasiado!

 

Agua libre en España: escasa y podrida. También en el mundo

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La incoherencia en la gestión del agua ha adquirido desde hace años un carácter de pandemia, con mejoras parciales en algunos casos y desastres globales en otros. Siempre se ha hablado de que es debido a la escasez o la mala distribución espacial y temporal. Pero además, la desidia, la falta de interés o el mal uso de recursos económicos, junto con el despilfarro acuático, que cunden por todo el mundo, han limitado el derecho humano al agua. En el caso de España, los reservorios de agua (ríos, lagunas, humedales o acuíferos, etc.) incumplen la normativa vigente. Unos están sobreexplotados, otros tremendamente contaminados o deteriorados ecológicamente. Así no debe extrañarnos que se diga que un 40% de las aguas continentales se encuentran en mal estado.

Bien es cierto que los planes hidrológicos, por lo que se ve en permanente elaboración en algunas cuencas, están al acecho. Saben que se da un grave desequilibrio entre el reservorio de agua disponible y el volumen que se capta, que la calidad para según que usos es muy pobre, que los vertidos de restos agroganaderos a cursos y acuíferos viajan en permanente libertad, que la degeneración de los ecosistemas acuáticos es en algunos casos muy grave. Por eso, Bruselas (la UE) impone multas continuadas a España que suponen casi dos millones de euros mensuales.

Estamos hablando de un país de los privilegiados en recursos económicos y de gestión más o menos consensuada de los recursos públicos. Imaginemos lo que sucederá a muchos ciudadanos en los países que no gozan de estos privilegios. Cuando se redactaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se tuvo en cuenta que Agua Limpia y Saneamiento era algo pendiente. Pero es que el ODS núm. 6 dice que se debe garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Si revisamos los datos, las metas de este ODS de hace unos años y lo comparamos con la situación reciente (2017) sentimos pena y enfado. El año 2030, el de la Agenda de los ODS, está cerca; mucho más que las metas que en él se habían fijado. 

Una muestra de anteayer en España. Nos viene a la memoria aquella frase atribuida a A. Einstein, en la que hemos introducido una breve distorsión: ¿Qué sabe el pez (el género humano) del agua donde nada (que le da) toda su vida? 

Esta primavera viene con flores dañadas por la incertidumbre

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Cada primavera acude a su cita, este año lo hizo el 20 de marzo. Cada primavera trae sus flores, deseos, sensaciones, sentimientos, más horas de luz. La mitología griega cuenta que Deméter  ejercía una gran responsabilidad vivificadora con la naturaleza y la agricultura. Tuvo una hija con Zeus a la que llamaron Perséfone, Proserpina para los romanos. En una ocasión estaba recogiendo flores en un praderío o en un bosque, allí fue raptada por el enamoradizo Hades, dios del mundo subterráneo. La madre enfadada maldijo la tierra y todo se torno oscuro, se cayeron las hojas y se marchitaron las flores, además de otros desastres. Se desvaneció de golpe lo que podría significar la exultante primavera. Zeus acordó con su hermano Hades que Perséfone viviese al menos seis meses con su madre para disfrutar de la cálida luz del sol y de toda la eclosión natural que este hecho ocasionaba y ejerce hoy mismo.

Así, tal fotoperiodo se convirtió en un bien apreciado por toda la gente,como esa primavera deseada que canta la Ronda de Boltaña, que recuerda que el país la espera cada año impaciente. La gente del Sobrarbe la recibe con un ramo de flor de aliagas, que aunque son bien pinchudas y no huelen a jazmín son las que mejor representan a su tierra, anclada a los Pirineos. Tanto aprecian los montañeses que la invitan a quedarse de huésped en su casa permanentemente, para no tener que lamentar su marcha, esa que se suele producir en junio. No quieren que les suceda como a Perséfone.

Primavera diversa que el pintor renacentista Sandro Boticelli plasma en La primavera (1477-1482) una celebración alegórica con personajes de la mitología. Por allí danzan sensualidad y deseo primaveral, con un barniz de neoplatonismo. Estampa diferente la que plasmó Brueghel en su La cosecha de heno.

Musicada por Vivaldi en su Cuatro estaciones. Alegoría de muchas sensaciones en La primavera porteña de Ara Malikian, otra secuencia musical del talento del libanés de origen y ciudadano del mundo. Ruptura melódica en La consagración de la primavera de Igor Stabrinscky, en donde lo bello y sentimental al uso hasta entonces en la música se esconde tras lo sublime.

Recibamos con prevención a la primavera de 2021 que llega tras un crudo invierno sanitario y social, que quebró ilusiones y esperanzas. Ojalá sea una primavera de las múltiples emociones, convertida en sí misma en un misterio inefable, a la vez que deseamos algo grandioso en sus expresiones, para mucha gente y en especial allí donde la vulnerabilidad se asentó hace tiempo. Eso querrá decir que habrá sido más amable que la anterior de 2020 –quién se acuerda ya de cómo la recibimos- que nos dejó maltrechos.

En los enlaces de «Bienvenida primavera, aunque para cada cual seas diferente«, de La Cima 2030 de 20minutos.es, podrán disfrutar de la música de Vivaldi, La Ronda de Boltaña, Ara Malikian y Strabrinscky; y de la contemplación de las obras pictóricas aludidas.

El valor del agua que se escapa de las manos

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Cada año por estas fechas nos salpica la mente el valor del agua. De ello se encargan quienes impulsan la celebración de su día en todo el mundo, quienes se preocupan por un reparto más equitativo. En los mensajes que escuchamos estos días se habla de costo y valor, ambos atributos los tiene. Sin embargo, al mezclar ambas cosas se pierde una parte del mensaje colectivo, sin alcanzar a concretar si vale lo que cuesta o mucho más.

El agua imaginada se nos escapa de las manos, porque quienes tenemos toda la que necesitamos apenas la valoramos mientras que aquellos que la querrían para dar valor a su vida sienten sedientos su falta. El agua es una metáfora de la vida en muchos lugares: el ser o no ser, el entregarse al territorio o huir de él. Y no nos referimos solamente al agua agraria o ganadera, la cual tarda en mejorar su valor porque en bastantes lugares su coste está por debajo de los estándares de coherencia social. Por el ancho mundo, pero más en los países ricos, falta educación en el manejo, corresponsabilidad en su uso.

Agua de ciudad y agua de campo, de países ricos y pobres, de privilegiados en las megalópolis y de chabolistas, de surtidores múltiples y de garrafas exiguas, de canales kilométricos y de marcas dejadas en cauces secos. Agua que envuelve las manos para limpiar en esta pandemia crítica y agua que corre sin destino concreto, a la espera de que el mejor postor la capture y acapare.

Agua de ayer que ya no es agua de hoy, porque hasta hubo que darle el significado de Derecho Humano para salvar algo y otorgárselo a una parte de la sociedad sedienta. Dicen que faltará agua por todo el mundo cuando la mayor parte de los continentales hielos lleguen a los mares por el cambio climático, cuando los ríos ya no puedan autodepurar toda la suciedad que les llega. Agua de Nueva York o París, que nada tiene que ver con la no agua de un barrio de Bombay o Nairobi, por poner solo un ejemplo.

Ante todo esto y mucho más, bastantes ONG y Agencias ONU siguen recordando el valor del agua, y hay personas que escuchan que escuchan sus mensajes. Sienten que se empezó a escapar de las manos hace mucho tiempo. Por eso luchan por que el agua sea universal, colectiva y compartida, y así sea recogida en convenios y compromisos internacionales.

Recordemos hoy, Día Internacional del agua, aquello que poemó Mario Benedetti sobre el valer y el valor del agua, en su múltiples formas:

La del grifo / la mineral / la tónica
La del río / la dulce / la salada
La del arroyo / la del mar / la regia
La de las cataratas / la del pozo

La de la lluvia / la del aguanieve
La de las fuentes o la del rocío
La del océano / la del aljibe
La del diluvio o de la cascada

Toda el agua del mundo es un abuela
Que nos cuenta naufragios y fragatas
Que nos moja la sed y da permiso
Para seguir viviendo otro semestre