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La trascendente necesidad de la acción humanitaria

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Hoy nos llaman la atención sobre la acción humanitaria, a la que se le dedica este día. El panorama mundial no puede ser más desolador. La necesidades crecen de manera exponencial mientras que los recursos menguan. Si no fuera por la personas y organizaciones que se dedican a paliar las graves carencias de millones de gente, el mundo hubiera perdido ya totalmente su ética, si es que existe algo que se pueda llamar así.

Hoy se honra a hombres y mujeres que ponen su vida al servicio de los demás. Por ejemplo desde Save the Children, ACNUR, UNICEF, Oxfamtantas entidades bajo cuyo nombre están las personas comprometidas, nacionales o extranjeras, que socorren allí donde se necesita. Las hay que surcan los mares para rescatar a quienes huyen de graves penurias. Otras como Cruz Roja y organizaciones locales menos conocidas prestan ayuda básica a los recién llegados a los puertos. También merecen ser recordadas las personas que desde las instituciones dirigen una parte de los recursos presupuestarios al socorro de los vulnerables. A menudo teniendo que luchar contra partidos políticos que predican xenofobia y otros que la permiten. Hablamos tanto de España como de Europa.

Ahora mismo nos llaman especialmente a la acción humanitaria desde Haití o Afganistán, por poner solo dos ejemplos. Pero qué podemos hacer a escala personal. Seguro que algo se nos ocurrirá. ¡Qué el Día de la Acción Humanitaria sea permanente!, hasta que las desigualdades queden reducidas a la mínima expresión. Cueste lo que cueste. Deberíamos comenzar redefiniendo cada cual lo que significa “humanidad” y “humanitarismo”, en todas sus dimensiones. Pero urge darle contenido práctico y comprometido.

 

La grave perspectiva climática se confirma. La emergencia crece aceleradamente

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Tanta murga sobre el cambio climático y sus impulsos antrópicos apenas ha servido para lavados de imagen en la economía y en la gobernanza nacional o mundial. Los mandamases presidenciales de las naciones todas han ninguneado, desde Rayoy con su primo de Sevilla hasta Trump pasando por Bolsonaro, los avisos. El resto tampoco se ha esforzado mucho, o ha preferido mirar a la economía egoísta antes que a la ecología previsora. Las sucesivas llamadas de la ONU en boca de Guterres (ha calificado de código rojo la situación actual) y compañía han tenido menos eco que el papel de embalar. Tampoco la ciudadanía, perezosa o ignorante, acierta a ver por dónde le llegan las amenazas. Tanto hablar y la gente se ha pasado a la incredulidad permanente. Ha faltado liderazgo, o atrevimiento de los dirigentes para hacer caso a lo que afirman las investigaciones científicas. ¡Si hasta se han reído de lo que decía el IPCC y lo han llamado pesado alarmista!

Cualquiera que piense un poco no puede sorprenderse de las pésimas noticias climáticas. Los episodios meteorológicos con altas repercusiones abundan cada vez más. Tal multiplicación no puede ser fruto de la casualidad. Los optimistas/despreocupados climáticos aluden a que siempre ha habido cambios, se olvidan en su argumentación de que la magnitud y recurrencia sirven para ajustar las cosas a su importancia. Si lo coyuntural se hace estructural cambia mucho la vida. 

Pero en el Informe de ayer, el IPCC pone las cosas muy feas. Se confirman las peores perspectivas. Lean cualquier medio de comunicación solvente y comprobarán que el más completo informe científico sobre el cambio climático llevado a cabo hasta ahora «responsabiliza a la humanidad del calentamiento global». Ese asunto tan complejo que está detrás de los fenómenos extremos que hacen tan complicada la vida y anuncian tiempos peores. Cada vez queda menos tiempo, del calendario, para aminorar los efectos. De hecho, si lo hacemos muy bien a partir de ahora nuestros hijos y nietos notarán algunos efectos beneficiosos pasadas unas décadas. Démonos una vuelta por el Atlas interactivo para entender lo que se nos viene encima.

Lamentablemente, otras situaciones apenas tienen vuelta atrás. La emergencia crece aceleradamente. Hay una idea contundente en el informe: los anteriores episodios críticos calificados «del siglo» pasarán a ocurrir casi todos los años. Una pregunta estúpida: ¿Cuánto durarán los ecos del Informe y qué efectos tendrán? Puede que nos suceda como al escritor Juan José Millás, que en el baño se le «desocurren» las ideas.

Megaaeropuertos 2030 en la incierta puja del recambio climático

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Hubo quien dudó de aquello de la movilidad sostenible que se deducía de los ODS. Se preguntaba cómo se compaginaba el deseo comercial de inundar el mundo de mercancías viajeras y la inclinación de las personas al viaje perpetuo con el uso racional de las energías, y que estas fuesen cada vez más limpias. El recambio climático planea como un nexo regulador de los ODS. Sin él la vida será muy complicada. parecía que las ciudades se implicarían en la movilidad sostenible. Ahora hasta de eso duda. 2030 se aparecerá enseguida y pedirá cuentas. En realidad ya lo está haciendo con respecto a los aeropuertos King Fahd de Arabia Saudí; los estadounidenses del Denver, Dallas, Atlanta, Washington o Houston; los chinos de Shanghai, Beijing y Guangzhou; ese de Dubai que hace de parada universal; Tokio, …; en Europa, Amsterdan, Londres o el parisino De Gaulle. Eso solo por citar unos cuantos de los grandes. El mapa de vuelos en tiempo real es para asustarse si pensamos en los millones y millones de gases de efecto invernadero que lanzan al aire; y sus consecuencias acumulativas. El ODS 11 (Meta 11.2) en entredicho y muchas metas de otros ODS con los que tiene relación.

El verano es la época de la movilidad, del turismo. Hacer ambas cuestiones sostenibles es imprescindible en el contexto global. ¿Pueden serlo de verdad y si es así bajo qué condiciones? Por eso sorprende el anuncio de que el Gobierno de España quiere convertir en el año 2030, qué fecha tan mal avenida con los macroaeropuertos, en el del despegue masivo de la aviación mastodóntica en Barcelona y Madrid. Parece incuestionable que el incremento de la movilidad mundial recalienta el cambio climático. ¿Qué objetivo tiene acumular entradas y salidas de mercancías y personas en unos pocos nodos?

Además, si se hiciese realidad implicaría evidentes desequilibrios territoriales: varios nodos superpoblados frente a la España vaciada, prácticamente en paulatina extinción. El medioambiente ecosocial convertido cada vez más en parcelas excluyentes. Nos preguntamos si no sería mejor dedicar los miles de millones que nos van a costar estos vuelos en recuperar una red ferroviaria sostenible que interconectase la España abandonada. ¿No vendrán los dineros del Pacto Verde europeo?, porque sería el acabose. Por cierto, las poblaciones cercanas a los aeropuertos gigantes verían afectada su salud por ruidos y otros peajes.

Por otra parte, parece que la ampliación del aeropuerto de Barcelona amenaza con agravar el frágil espacio natural que lo rodea. También el de Madrid tiene sus peros, y no solo es por la contaminación sonora. Hay muchas voces que claman por llevar a cabo una reflexión profunda de estos proyectos para que no tengamos que lamentar «el falso 2030», aquel año que se nos vendió como el del lanzamiento universal de una nueva convivencia global. Las desilusiones lastiman la esperanza social y anulan los compromisos particulares.

La teoría ambientalista tarda en ser asimilada por la población. Seguro que en 2030 no será mayoritaria. Por eso debe estar condicionada a un discurso coherente, progresivo, comprometido, reflexivo; no movido por impulsos partidistas ni globos sonda que al final se desinflan o explotan. En el necesario y potente recambio climático no caben estas maniobras. Piénsenlo nuestros gobernantes y dejen de atufarnos. 

La crisis ambiental veranea en el olvido

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Suponía que andaba todo el mundo buscando a los culpables del cambio climático y del resto de crisis ecológicas. Ahora me doy cuenta de que era una mera impresión. Dado que soy un preocupón pienso que cada persona es una sucursal del medioambiente. Así no despego nunca hacia la ilusión transformadora. Hacemos y deshacemos a nuestro albedrío. No tenemos un foco iluminador de lo coherente, de lo conveniente. Si así fuera, haríamos cola para penetrar en el medioambiente. Pero no como consumidores sino como una especie de franquicia. Pero claro, en ese estadio mental o sitio físico nos empeñaríamos en vender un pretendido orden ecológico. No es fácil. Mejor poner carteles o imágenes para que la gente entre simplemente a leer. Un rótulo grande, para leer al principio y al final, avisaría de que somos ecodependientes. Pagarían una prenda los que se manifestasen negacionistas. Permanecería custodiada allí hasta que un suceso ecosocial que los hubiese zarandeado les demostrase la incerteza hecha realidad.

Las ciudades se llenarían de franquicias pues el asunto ambiental está que arde, o inunda, o quema, o emponzoña el aire, o se filtra en los suelos, o enmierda las masas de agua. Llegó el verano y la mente ambiental se tomó un descanso. El pensamiento perdió su trascendencia, o arrinconó su presencia. Además lo hizo con simetría universal. Llamativa esa unanimidad. La desidia ecológica dejó de ser un asunto de lesa humanidad. Gente que va y viene. No se sabe adónde ni para qué. Tampoco importa mucho al resto. No se trata de dar un paso hacia el más allá seguro sino de no olvidar el presente ascendente. ¿Acaso será un plan de fuga del territorio habitual?

Hubo algunos ilusos a quienes les dio por darse una vuelta por los medios de comunicación. Buscaron el rincón ambiental. Si lo encontraron fue exiguo, reducido casi al mínimo. Como si no tuviera importancia. A pesar de eso, se dieron cuenta de que el verano se había limpiado de la(s) crisis ambiental(es). Bueno, de todas no, quedaron en forma de incendios y sequías varias. También en inundaciones porque los ríos quisieron recuperar sus cauces usurpados. Las máximas mandatarias europeas Der Leyen y Merkel se acordaron momentánemente del cambio climático.

Algo se dijo de la huella ecológica y del día de sobrepaso del Planeta. Quienes buscan los olvidos se preguntan si están en el sitio que les corresponde. También si eso es el medioambiente. Y lo peor es que no dejan de darle vueltas al asunto. Como en una noche de insomnio incómodo. Al lado, alguien ronca.

Doble de calor en diez años pero ¿a qué coste?

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Los cálculos realizados por la NASA y la Agencia Nacional Atmosférica de EEUU (NOAA) referidos al periodo 2005-2019 demuestran que el calor que absorbe el sistema Tierra se ha duplicado en diez años. es algo así como el combustible que incrementa el cambio climático a marchas aceleradas. Y lo que es peor todavía, un 90% recalienta los océanos, con todas las repercusiones que sabemos que esta circunstancia tiene en la dinámica climática global.

Quienes no somo científicos empezamos a sospechar que los episodios extremos de precipitación torrencial (Europa central y oeste, China) y sequía e incendios acaecidos en este mes de julio de 2021 (América y Siberia por la creciente megasequía) algo querrán decir. Sin duda son consecuencia de los síntomas climáticos de los que tantas veces se ha hablado. Quienes somos observadores de las actitudes globales de las personas nos preguntamos hasta cuándo podremos aguantar sin cambiar drásticamente las prácticas generadoras de aumentos demostrados de calor. O si lo miramos de otra forma ¿qué tiene que suceder para que se ponga en marcha la revolución social climática? Hasta ahora solamente se dan pequeñas escaramuzas.

Según la OMM (Organización Meteorológica Mundial) «todos los indicadores climáticos han ido a peor en 2020«. Se suponían que la reducción de la movilidad y de la actividad económica iban a provocar lo contrario. Pero ya se sabe, el clima no es cosa de un año; sus causas y consecuencias son acumulativas.

Hipótesis no deseada enunciada por la NASA Y NOAA en el citado informe: «podemos esperar cambios aún más grandes en el clima en las próximas décadas» si no se revierte este fenómeno. Hipótesis nuestra: como sigamos al mismo ritmo puede suceder ya en los próximos diez años un grave conflicto social, económico y ambiental de consecuencias inabarcables.

No se trata de alarmar, más bien de despertar el pensamiento y tramitar cambios personales duraderos. De este asunto sabe mucho la inteligencia humana. Por eso, para quienes quieran conocer más les recomendamos este artículo de Delia Gutiérrez Rubio, meteoróloga de la Aemet: Entonces, ¿es verdad que el clima está cambiando?

El apetito cárnico atraganta hasta al planeta

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La vida es extremadamente compleja. Se pudo constatar hace unos días cuando una declaración del Ministro español de Consumo recomendaba la reducción del consumo de carne por su relación con problemas de salud de las personas. Originó un aluvión de críticas. Vertía varios comentarios reflexivos sobre la alimentación, a la vez que aportaba sugerencias no muy diferentes a las que desde hace años recomiendan la OMS y organismos y entidades diversas de reconocido prestigio científico; también la mayoría de nutricionistas. Pasados unos días merece la pena volver a ellas.

En primer lugar porque fueron tomadas como un ataque al sector comercial y ganadero. Me da la impresión de que quienes así lo vieron no atendieron al discurso completo, diseccionando cada parte para analizarla bien. Es imprescindible porque mejora la convivencia colectiva.

Digamos de entrada que la necesaria crianza ganadera es muy variada. En ella no habrá solo vacuno, de donde parece que procedía un chuletón alabado por el Presidente del Gobierno español para defender el sector. Debería haber concretado si su defensa iba dirigida a la ganadería extensiva que muchas mujeres y hombres practican con profesionalidad en la España vaciada. Con sus iniciativas agroganaderas pequeñas o medianas realizan un ejercicio de custodia del territorio cuyos beneficios sociales y naturales trascienden fuera del espacio concreto. A modo de ejemplo serviría lo contado en «El campo es n(v)vuestro» de la Televisión de Aragón

Consumir una carne de cercanía de esas explotaciones no tiene comparación con esa elaborada en las macrogranjas estilo EEUU, en las que no faltan incentivos medicinales supuestamente peligrosos. O la procedente de Sudamérica criada en extensas zonas deforestadas, por ejemplo la Amazonía, que tantos daños ambientales provoca en suelos, acuíferos y aire. Además deja de lado a los pequeños campesinos de allí. Así no asfixiaría a las otras y facilitaría que el conjunto ecosocial se pueda ir gestionando para las generaciones futuras.  Algo de esto de consumo de carne y salud de las personas se decía en el Plan para la España 2050 del Gobierno, que el Presidente prologaba curiosamente con «España: un país con hambre de futuro».

Ojalá las manifestaciones del ministro Garzón, se vean o no oportunas, sirvan para impulsar la sosegada búsqueda de una sociedad informada en su nutrición y alimentada más equitativamente en conjunto. Además, tal que reflexiva se puede convertir en cuidadora del Planeta. Pero claro, quién se mete en estas controversias. Es mejor disimular o lanzar cortinas de humo. Aplazar la respuesta sine die, transferir los problemas presentes al futuro. 

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

La dana que ha ahogado al oeste de Europa convive con los incendios de Siberia

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Las catástrofes naturales nos recuerdan que vivimos tiempos complejos. Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo padecen inundaciones y destrozos no vistos o recordados. Llueve demasiado en poco tiempo y los drenajes naturales se colapsan. Las causas son diversas, entre ellas la ocupación del espacio inundable por construcciones y la antropización general de territorios frágiles. También dicen las autoridades alemanas y la Presidenta de la UE que el cambio climático puede estar detrás, o al lado, de la virulencia de estos episodios. La comunidad científica tiene sus fundadas sospechas, como el hecho de la alteración de la corriente en chorro o el aumento de la temperatura global, cada cierto tiempo alumbra nuevos estudios para certificarlo. Se avanza que va a haber una reflexión sobre esta amenaza. La Canciller Merkel ha prometido reparar lo destruido. Esperemos que no lo dejen tal cual estaba antes porque la repetición está servida.

Al mismo tiempo arde la región siberiana de Saja-Yakutia, allí donde lo normal es que haya temperaturas bajas casi todo el año y moderadas en verano pues el territorio está dentro de los límites del Círculo Polar Ártico. El calor registrado este mes no tiene precedentes. Yakutsk, a más de 8.000 kilómetros de la capital rusa y que en invierno roza los 50 grados bajo cero, ha estado a 35 grados. Incluso la zona se está calentando 2,5 veces más rápido que la tasa promedio mundial. Hasta ahora han ardido más de millón y medio de hectáreas. Los incendios han existido siempre como alternancia natural de los ciclos de la biomasa, pero no con la dimensión y recurrencia de ahora.

Humos y más gases dificultan la vida de allí pero es que el deshielo del suelo, permafrost, por el calentamento global y la desaparición de las masas vegetales es una amenaza al clima mundial. El metano retenido en los suelos helados se liberará, añadiendo nuevos incentivos al inquietante cambio climático, a la crisis ambiental que tenemos ya presente. Y lo peor es que arde por los cuatro costados la Siberia rusa. Hace poco se quemó el NO americano y otros lugares. Así crecen los temores de que los episodios se repitan.

¿Qué podemos hacer? Para empezar creernos de verdad la influencia antrópica como generadora de la crisis climática. A continuación cambiar nuestro estilo de vida para no echar más fuego al problema, que también nos trae danas erráticas que descargan donde antes eran desconocidas. A la vez respetar los caminos del agua, que libre como quiere sentirse siempre no entiende de daños provocados sino que busca sus itinerarios ancestrales.

Que la pobreza extrema no sea el epitafio de la sensatez democrática

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España duele, a poco que la observemos con sentimiento. No cuenta mucho la idea que tengamos del territorio. Son más importantes las gentes que lo habitan. Uno solo de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ICV) del INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre pobreza severa pone exactitud a la vida colectiva, tantas veces inefable y dispersa. El 7% de la población se encontraba en riesgo de pobreza y exclusión social en 2020 frente al 4,7% antes de la crisis; uno de cada tres niños lo padecen. Otro detalle: El porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4%, desde el 25,3% de 2019. La estampa social la observamos ahora mucho peor que la habíamos dejado la noche anterior, antes de la pandemia. Parece que fue ayer este largo día que nunca acaba. Sin embargo, en alguna CCAA como Aragón esa deriva se ha corregido.

Cuesta creerlo en un país dotado de instituciones democráticas. Nos remontamos al pasado para romper los sinsentidos del presente. Algo que redima las negruras de la gente pobre, severamente pobre. Su existencia está llena de fragmentos que no hay forma de encajar entre sí. Tratar de mejorarlos se convierte en un juego de azar, muchas veces solitario. El presente se les derrumbará, cuál castillo de naipes marcados. En según que territorios mucho más

Personas y familia sorprendidas por el infortunio. A cada paso que dan, algo les golpea en el tobillo y les hace caer de nuevo. No es extraño que nunca acaben de maldecir. Por más que escuchen gritos de gente empeñada en un cometido cívico digno de la mejor democracia. Son voces que poco a poco se diluyen en la infusión de nublado escenario político. Un solo rostro de la aséptica pobreza detrás del cual hay muchos nombres, pero no forman nómina. Pueden más los gestos de absoluta indiferencia de quienes están en el camino del triunfo y alejados más o menos de la amenaza.

Pobres que sueñan que no viven sueños. Poco a poco se dan cuenta que permanecen anclados en el retardo. Se lo recuerdan otras pesadillas cada vez que se levantan para enfrentarse a la realidad.

Se oye más de una vez lo de estamos perdidos. Dicho ya sin énfasis, como si sirviese para recordar algo ajeno. Las cosas de siempre ya no son objeto de conversaciones hilvanadas, quedan truncadas por silencios y pesares. Una fotografía las presenta en un ambiente galdosiano de perdedores. Dicen que es el nuevo (sur)realismo globalizado.

Mientras, por poner solo un ejemplo de lo caro que resultar vivir, la energía no hace más que subir, incluso la que es derecho humano. Qué será de ellos. A este paso, la democracia les va a escribir un epitafio. Aparentando que todo este silencio esconde un orden eternizado. Acaso los grandes problemas del imaginario político son el epitafio de la misma democracia. Lo cual sería una insensatez.

Ya se escuchan algunas elegías, de signo y contenido variado. ¿Serán capaces de hacer renacer los sentimientos y convertirlos en acciones que despierten a las ausentes democracias?

El Gobierno francés recula y no llevará la lucha climática a la Constitución

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La pretensión era admirable. El Presidente Macron manifestó que quería llevar al artículo 1 de la Constitución la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático.

https://www.lemonde.fr/politique/article/2021/07/07/referendum-climat-l-executif-contraint-d-enterrer-la-promesse-d-emmanuel-macron_6087284_823448.html?xtor&&M_BT=35298898330415#x3D;EPR-32280629-[a-la-une]-20210707-[zone_edito_1_titre_1]

Todo se andará. Por lo que parece, las necesidades serán tan grandes que entre o no en las constituciones de los países democráticos habrá que actuar como si ambos cometido fueran un derecho universal. ¿Acaso no lo son? Tiempo al tiempo, estamos seguros de que la gobernanza se desatará de las leguleyas trabas y mirará la vida colectiva. Como es su obligación.

Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

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Vivir con otros es un ejercicio complejo, que no se resuelve de la misma manera un día y el siguiente. Lo propio manda demasiado, a no ser que tengamos los cinco sentidos bien abiertos y un buen acopio de sentimientos, emociones y sensibilidad. A vivir se aprende porque se enseña en ámbitos familiares y escolares; a veces con el ejemplo en otras con el razonamiento. La sociedad también muestra detalles, a menudo contradictorios, de lo que conviene a todos o beneficia solamente a uno mismo.

La corresponsabilidad podría ser una capacidad para situarse ante los problemas propios o colectivos. La emergencias ecosociales se afrontarían desde dentro. Durante estos días dominan en los medios de comunicación noticias de desenfoques de responsabilidad. Afectan, entre otras, a las llamaradas del cambio climático: arde el NO de América del Norte o el petrolero Golfo de México, crecen las migraciones climáticas y parece ser que la temperatura global aumenta más de lo previsto. 

Debemos decir con pena que las crisis ecosociales no se arreglan apenas. El hambre mundial pierde los retoques de los últimos años, en muchos países se restringen derechos que costó mucho conseguir. Tampoco las relacionadas con la salud; ni siquiera aquellas en las que es evidente que la corresponsabilidad tiene efectos positivos casi inmediatos. Vemos con estupor conductas desarregladas de la gente con respecto a la COVID-19, en España y en el mundo.

El espíritu colectivo que creíamos haber potenciado en las escuelas y en las sociedades avanzadas se esfumó, o se diluye en lo particular con el tiempo. Sirvan como ejemplo las expansiones de parte de la gente joven que ahora provoca el aumento peligroso de los casos pandémicos. Las estadísticas los sitúan entre 15 y 40 años. Sin rubor, se autonombran los más perjudicados por las restricciones y desean liberarse de estampida. ¿Qué pensarán de ellos sus mayores, sanitarios, profesorado, trabajadores esenciales y un largo etcétera golpeado en la economía y la salud a lo largo de este año y medio?

En principio, sus maestros habíamos hablado de valores compartidos en la escuela democrática -muchos de ellos y ellas habrán cursado Educación en Valores o Ética-, las familias parecían estar en la misma sintonía hace unas décadas. Por lo que se ve, en ninguno de los dos ámbitos supimos enseñar con acierto el significado comprometido de la corresponsabilidad. Quizás pudo más la satisfacción rápida de los deseos individuales antes que la reflexión ética para ver si ciertos comportamientos particulares lastimaban la vida de todos. 

¿Quién sabe si no está detrás el desapego por el bien común que muestran ciertos iconos políticos o mediáticos? Sea por lo que fuere necesitamos la ayuda de la gente joven. Máxime en estos tiempos de tanta interdependencia. Usemos la pedagogía de lo posible, de lo necesario, para que se haga corresponsable de la mejora pandémica. ¡Qué bien haríamos en releer lo que manifiesta Adela Cortina sobre el ejercicio de la corresponsabilidad!, y llevarlo al debate público. También a los escenarios parlamentario y político.

La desertificación avanza pero no afecta al debate político

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Podría calificarse como uno de los más graves problemas ecosociales y, a la vez, colocarlo en la trastienda donde se arrinconan los grandes ausentes de conversaciones privadas y no digamos del debate político. O si estos últimos hablan de ello no nos lo dicen, con lo cual la posiblemente inducida  preocupación ciudadana no puede existir, a no ser que brote como planta efímera del desierto. El asunto es más incomprensible si pensamos que la desertificación es algo así como un libro escrito en la tierra en el que se pueden leer muchas historias, leyendas y anécdotas. 

Hablamos de España para no perdernos en latitudes de los trópicos. Advierten Greenpeace y otra gente sensible con el asunto de que más del 75% de la superficie de España está en riesgo de desertificación. No solo eso es preocupante ya que el 70% de las demarcaciones hidrográficas presentan niveles de estrés hídrico alto o severo. Apremia el Observatorio Ciudadano de la Sequía de FCyT (Fundación para la Ciencia y la Tecnología) de que es urgente acabar con la sobreexplotación y contaminación de los recursos hídricos. Tampoco este asunto merece la atención de la política española actual, y el problema ya es añejo. Pero ahora se ha visto amplificado por el cambio climático. Así lo asegura el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España (2021)

Cómo estará el asunto que hasta el Tribunal de Cuentas redactó su informe especial núm. 33 en 2018 con un título expresivo La lucha contra la desertificación en la UE: una amenaza creciente contra la que se debe actuar más intensamente.

En el artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es hablamos más sobre el avance de la desertificación en España.

 

Si la alimentación fuera ya un derecho humano en España

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El uso del condicional marca los tiempos vividos o por vivir. Expone circunstancia y permite aventurar causas. En España, como en otros muchos países del mundo, la alimentación universal todavía no es un derecho humano real, consolidado por hechos y no solo por palabras o leyes. Por eso, quienes se preguntan por el significado de la ética social aspiran a saber qué hay que hacer para que lo sea. 

Según se cuenta en el Observatorio sobre el derecho a la Alimentación en España, los paisajes alimentarios son muy diversos. Casi tantos como los que señala el reciente Informe mundial 2021 sobre crisis alimentarias (GRFC 2021) Aterra conocer que en el conjunto mundial estamos peor que hace 5 años. Bastantes de las causas tienen que ver con los conflictos bélicos y religiosos permanentes, con los efectos económicos relacionados con la COVID-19, pero también con fenómenos meteorológicos extremos. 

En España también hay que mejorar con urgencia el derecho a la alimentación. En este cometido tienen mucho que hacer las administraciones. Si bien no todo es responsabilidad suya, pero fallan demasiado. Basta mirar lo sucedido desde que empezó la pandemia. Cáritas alertaba de que durante 2020 alrededor de medio millón de personas de las que recurrían a su ayuda alimentaria lo hacían por primera vez. Algo estaba mal planteado cuando “las colas del hambre” han sido una imagen dolorosa en varias ciudades españolas; se han convertido es estampas de vergüenza social. Chefs y restaurantes, junto con muchas entidades sociales como los bancos de alimentos y alguna administración especialmente sensible,  han colaborado en dar un ligero y temporal remedio a este problema. Pasarán unos meses y quizás desaparezcan las imágenes más duras. Nos queda tiempo para recapacitar por qué es tan necesaria la adopción de una “Carta contra el hambre” y la dotación de suficientes recursos. Si la alimentación fuera ya un derecho humano universal, en España, significaría que la humanitaria ética colectiva estaba despertando de uno de sus permanentes letargos.

Leer el artículo completo en La Cima 2030, un blog de 20minutos.es.

Días internacionales para rescatar del olvido retos pendientes

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El mes de junio reúne muchos días internacionales que llaman nuestra atención. Estas fechas sirven para recordarnos los retos pendientes, las posibles actuaciones globales sobre una problemática determinada que necesita una o varias mejoras. En cierto modo nos avisan de que determinados descuidos o usos sociales ponen en riesgo algo tangible o no. No se sabe muy bien lo que tienen de celebración o conmemoración, quizás más de lo segundo. Este mes se señalan días que alertan sobre asuntos sociales (enfermedades varias, desigualdades lacerantes, olvidos de quienes más sufren, etc.). Asuntos que necesitan una urgente y continuada atención colectiva y mucha dotación económica prioritaria por parte de los gobiernos. Además de estos, encontramos otros muchos sobre cuestiones que tienen que ver con el medioambiente. Sabemos que no basta con llamar la atención un solo día pero a nadie perjudica recordarle la tarea pendiente.

El 5 de junio fue un día que a casi nadie pasaría desapercibido. Una jornada estrella pues los medios de comunicación suelen hablar sobre el tema y presentar reportajes interesantes. Ciñéndonos solo a ecología global anotamos el 1 de junio dedicado a los arrecifes, el 2 a la bicicleta, el 5 al medio ambiente y también a la pesca ilegal, el 7 al vencejo, el 8 a los océanos, el 15 al viento, el 16 a las tortugas marinas, 17 a la desertificación y sequía, el 21 al Sol y a la hidrografía, el 22 a los bosques tropicales, el 29 a los trópicos y así seguiríamos.

El día internacional en sí es nada, pero dice bastante si queremos escucharlo. Lo poco que se haga o se piense es mucho comparado con lo que sucedería de no haber nadie que llamase la atención sobre lo desatendido, que para nada es superfluo sino una parte importante de la existencia colectiva. 

¿Qué tienen en común los vencejos y los océanos? Los unos negros, aéreos, diminutos, pasan desapercibidos para mucha gente. El otro enorme, universal, onmipresente en el horizonte y los pensamientos. Quizás se parezcan en que sean migrantes, que no encuentren fronteras en el mundo. No lo sé, o me lo imagino pero no hay que darle excesivas vueltas. Me basta con leer el poema de Unamuno (1908) «Han vuelto los vencejos».

Lecciones para resolver pronto: Reciclamos poco y mal

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Llevamos ya tantos años practicando que todos dábamos por aprendida la lección del reciclaje, pero no. Habremos ganado en eso de separar unos residuos de otros pero de ahí a recuperar materiales para posteriores usos la cosa cambia. Pasa en muchos lugares, en ciudades y países más o menos responsables con el despilfarro de recursos. Y es que la vida es tan compleja que a veces nos puede la desidia o ignorancia. 

Hace ya muchas décadas que nos creímos lo de que que consumir y tener más nos daba confortabilidad vivencial y hasta emocional. Alguien lo supo expresar muy bien en el Homo consumus. Así pasamos a un derroche de recursos que va y viene sin parar. La fabricación acelerada de casi todo lo impulsó, como nos cuenta de Annie Leonard en la estupenda lección La historia de las cosas. Hace un tiempo nos encariñábamos con tal o cual objeto aunque no le diésemos uso; ni siquiera nos deshacíamos de él cuando ocupaba un espacio que nos era vital. Lo guardábamos en el trastero por su carga afectiva o porque creíamos que volvería a acompañarnos en la vida. Los desvanes se convertían en libros de historia.

Tal está las cosas en este momento que hasta lo objetos más familiares y cercanos han perdido singularidad; son “no-cosas”. Antes se hablaba de mi… (pongámosle el producto que queramos) como denotando una cierta familiaridad por la cercanía o el uso práctivo. Ahora se habla de “el o un” lo que sea, ya no ocupa un lugar en la existencia personal. Es algo así como el vaquero de Toy Story  que va y viene, perdiendo parte de su existencia afectiva.

Pero no todo está perdido; nos puede ayudar el reciclaje bien entendido pues el mismo concepto o ideal emocional nunca deja de tener algún uso. Una pregunta indiscreta: ¿Qué diez cosas (objetos o productos) has llevado al contenedor de residuos respectivo esta semana pensando que tendrán seguro posteriores usos, totalmente o en parte? Seguir leyendo en el blog La Cima2030

Aprender la ciudadanía global como estrategia de futuro

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Hace un par de meses fui invitado a participar en un encuentro que tenía como nexo de unión la función educadora de la ciudadanía global, manifestada en la forma de aprenderla y practicarla. Allí se dijo que lo que se pretendía con esa estrategia era la construcción permanente de ciudadanía, en este caso aragonesa, que fuese crítica y activa, que estuviese comprometida en la construcción de una sociedad más lejana, marcadamente global, pero en la que no faltase nunca la solidaridad, la justicia universal y la búsqueda de la equidad como camino para limitar las desigualdades.

Todo lo anterior surge en forma de un proyecto basado en alianzas entre el Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, la FAMCP y la FAS (Federación Aragonesa de Solidaridad) y cuenta con la colaboración de la Comisión Europea a través de la iniciativa “Global Schools”. Ese proyecto, marcadamente escolar pero no solo, coexiste con la Estrategia aragonesa de Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global. En ella se han definido 26 líneas estratégicas (LE) y 61 medidas de acción (MA), estructuradas en seis ámbitos de actuación que suponen una vuelta ideológica a la atonía que observamos en el conjunto social. Tres abordan los compromisos educativo, social e institucional. Uno pone toda su énfasis en la participación, en la potencia de las redes y en el valor de la coordinación. El quinto se fija en la imprescindible formación de todos los agentes implicados. No falta uno dedicado a los supuestos metodológicos que harían más eficaz el proyecto y valorar posibles cambios. El tiempo nos dirá si el trayecto fue fácil, si los cambios cualitativos en las personas de aquí ayudaron en algo a mejorar el mundo de allá.

El anterior es un ejemplo de lucha contra las desigualdades. Se conocen otros muchos en España y en el mundo, impulsados por ONGs muy conocidas o entidades diversas, grandes y pequeñas. Ante la creciente intransigencia y barbarie -jaleada en Europa y en España por partidos políticos con evidentes carencias democráticas y medios de comunicación tergiversadores de la realidad- hacia los diferentes, extranjeros, inmigrantes o menores sin respaldo social, etc., ¿quién se atreve a asegurar que no se puede hacer nada o que ya está todo dicho?

La estrategia contra la inequidad se puede llamar Educación para la Ciudadanía Global, y a veces lleva el añadido de Desarrollo, que se hace visible en forma de ayudas y compromisos con gente de otros países que nos siguen mirando con envidia pero también con algo de pena, sobre todo por cómo somos. Ahora es más necesaria que nunca esa ciudadanía global que a menudo nos interroga. Si alguien se esfuerza llega a aprenderla y entenderla, a practicarla finalmente.