Sociedad

Todos a la escuela del etiquetado energético, y de la eficiencia

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El pasado 1 de marzo entró en vigor el nuevo etiquetado energético de la UE para aparatos electrodomésticos (frigoríficos y congeladores, aparatos refrigeradores para bebidas o vino, lavadoras y secadoras, lavavajillas, las  pantallas electrónicas (monitores, televisiones..). Además se contempla para las fuentes de iluminación (lámparas), pero en este caso a partir del 1 de septiembre. Otra cosa, desparecen todos los pluses (+) que llevaba la A y sigue la nomenclatura hasta la G, que serían los aparatos menos eficientes. Pero a pesar de entrar en vigor la normativa, se seguirán vendiendo los electrodomésticos más o menos derrochadores de energía hasta final de año. Imaginamos que a partir de ahora los comercios emprenderán una campaña educativa (sic) además de un esfuerzo especial por «colocar» a los consumidores todas las existencias. El etiquetado incorpora otras novedades, además del código QR que permitirá conocer más información y normativa de la UE.

Entre los electrodomésticos más usados están el frigorífico y la lavadora. Los hay, según marcas y modelos, más o menos eficientes. Además de la etiqueta energética, que se debe adherir en lugar bien visible para recordarnos que somo consumidores energéticos, deberían portar sencillos manuales de instrucciones y no los tochos en diversos idiomas que traen. A la vez, los consumidores deberíamos ser más exigentes, también con nosotros mismos. Dar un buen uso a los aparatos electrodoméstico exige acudir a varias sesiones en la escuela ecológica, o comprometernos a una autoformación exigente. Porque recordemos que en el aparato electrodoméstico que gasta energía en su fabricación y distribución, pero el porcentaje es mínimo si lo comparamos con su uso. Así pues, no nos sintamos eficientes solamente por comprar el producto con la mejor etiqueta.

Por cierto, en el nuevo etiquetado han dejado libre la A, esperando que los fabricantes se esmeren en reducir sus consumos. Se me olvidaba, el próximo 5 de marzo ha sido declarado Día Mundial de la Eficiencia Energética. Quizás se pueda concretar algo sobre eficiencia conectándose a esta página del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía).

Deforestación y salud, con la ciencia en medio

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La ciencia se pregunta constantemente, entre otras cosas, por los condicionantes que marcan la salud global. En una reciente entrevista, María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, alertaba de que muy probablemente varios virus –ébola, SARS, VIH, etc.– habían saltado de los animales a los humanos tras la enorme destrucción de selvas y bosques tropicales (Amazonía, África y Sudeste de Asia); incluso cifraba en el 70% ese mecanismo de eclosión y propagación. Añadía que la deforestación había provocado varias turbulencias más, algunas en el cambio climático. Unas décadas antes ya se había documentado la relación entre la pérdida forestal y la propagación de la malaria en la Amazonía y en Borneo, el ébola, con las talas para cultivar palma de aceite en Liberia.

La FAO publicaba hace quince años ‘Los bosques y la salud humana’, en donde avanzaba las repercusiones que la pérdida de las masas forestales tropicales tenía ya en la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, en la nutrición y en la degradación del suelo fértil que servía a la biodiversidad. 

Urge un enfoque de salud planetaria. Esta se fundamenta en creer de verdad que la salud humana y todo lo que lleva anejo, economía y sociedad, depende de los sistemas naturales. Como consecuencia, dado que el progreso socioeconómico del siglo pasado se ha basado en una explotación insostenible de esos sistemas naturales (ligados al agua, suelo, calidad del aire, etc.) habrá que diseñar otros modelos que protejan la salud de todas las personas y, por ende, de los diversos ecosistemas. 

Leer artículo completo en Heraldo de Aragón del 2 de marzo de 2021.

Solo un apunte más. Hoy se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre. Dediquemos unos minutos de la jornada a pensar en ello. 

La marca España destaca en las infracciones ambientales de la UE

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Los expedientes a países por infracciones ambientales en la UE oscilan entre los 481 del año 2008 y los 284 de 2016; el año pasado 451. La mayoría de las infracciones tienen relación con la gestión de residuos (un 36%), aunque también la calidad del aire (16%), las agresiones a la naturaleza (14%) o la calidad de las aguas (14%). En este asunto, España ya está pagando una multa por el deficiente tratamiento de la depuración de las aguas residuales de las grandes urbes. Ya recibió un ultimátum, que a este paso se convertirá en denuncia,  por la contaminación de aguas superficiales y subterráneas por los restos de la agricultura y la ganadería intensiva. Ahora se ha sumado el asunto de la caza de la tórtola europea.

El año pasado por estas fechas, Rtve publicaba un reportaje sobre estos descuidos, dejaciones graves más bien, en el que situaba a España en segundo lugar, vamos a peor. No se pierdan la fuerza expresiva de la foto en donde las garzas comen la mierda de las aguas residuales y todo lo que en el reportaje se cuenta. 

Visto como van las cosas, los 30 expedientes que colocan a España en primer lugar de la UE por infracciones ambientales, aumentarán. A nuestro pesar y el de mucha gente que desearíamos que España tuviesen un distintivo ambiental fuerte, los planes por riesgo de inundación están empantanados, el asunto de la costa enladrillada está esperando la llegada de otro temporal, ¡qué decir de la gestión de residuos! Como la tramitación de la UE es tan lenta puede que alguno de estos asuntos haya mejorado en el año 2030, o no. Mientras esto suceda, las diferentes administraciones (Gobierno, CC.AA., ayuntamientos) agotarán las etiquetas de verde que llevan prendidas en sus estandartes. La mayor parte de la ciudadanía calla, no sabemos si porque quien calla otorga o por otras razones. Las ambientalizaciones empresariales se cuentan con cuentagotas: más lavados de cara que apuestas firmes por evitar el deterioro ambiental. Y eso en cada lugar hay gente bien intencionada, que desea transiciones ecológicas verdaderas. En fin, esto es lo que hay: marca España. 

 

La pandemia reduce aún más el gasto educativo en los países pobres

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El recorte presupuestario dedicado a educación va en contra de los nuevos retos que ha traído la pandemia por la COVID-19, especialmente en los países más pobres. Duele conocer que dos tercios de los países de ingresos bajos y medios-bajos lo han hecho ya. Esto sucede a pesar de las crecientes necesidades de financiación adicionales. Por contra, apenas un tercio de los países de ingresos medios-altos y altos han reducido sus presupuestos, por ahora. Existe el temor de que aumenten los descuidados educativos pues se espera que la pandemia siga degradando la economía, que la situación fiscal empeore. Y ya se sabe, cuando hay que recortar la tijera se emplea especialmente en aquellos ámbitos que no elaboran un producto visible, competitivo en la economía global.

Esas tendencias diferenciadas entre los países de ingresos bajos y altos, no hacen sino aumentar las desigualdades. Todo esto lo asegura Education Finance Watch(EFW), un informe que han elaborado conjuntamente el Banco Mundial y la UNESCO. Allí se recoge que el año anterior a la pandemia los países de ingresos altos dedicaban anualmente unos 8.500 dólares en la educación de cada niño o joven, mientras que en los países de ingresos bajos no llegaban a 50 dólares. ¿Dónde se esconden los derechos humanos y la justicia universal que permiten semejante desatino?

Es más, si bien el acceso a la educación había mejorado en los últimos diez años, la tasa de pobreza de aprendizaje –la proporción de niños de 10 años incapaces de leer un texto corto y apropiado para su edad– era del 53% en los países de ingresos bajos y medios antes de la COVID-19, en comparación con solo el 9% en los países de ingresos altos. Es altamente probable que el cierre de escuelas por la pandemia aumente esta proporción del 53% hasta un 63%.» Copiamos textualmente de la nota de prensa que habla del EFW en el blog de la Educación Mundial.

Todo lo anterior es una muestra más de las desigualdades, inequidades, injusticia educativa y social, etc., con las que van a vivir las generaciones jóvenes después de que se logre rebajar todo este cúmulo de golpes a la salud, la economía y la sociedad. Está por ver cómo aumentará la tasa de pobreza de aprendizaje después de tantos cierres escolares, incluso en los países de ingresos medios o altos.

¡Cómo se puede consentir semejante desatino! Algo se podrá hacer para reducir las diferencias. El peor estadio social es la indiferencia, venga de donde venga. Hay un camino por recorrer que se llama Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Hay que avanzar más rápido hacia ellos, a pesar de las dificultades. De lo contrario…

El desarrollo humano es un compendio de incertezas y desigualdades

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Hasta hace unos años, el PIB nos decía si un país era rico o pobre, no hablaba de las personas. Ya está desfasado, aunque en términos económicos siga teniendo su tirón. Ahora le ha restado protagonismo el IDH (Índice de Desarrollo Humano) porque habla de personas (acceso a la educación, desigualdad, género, pobreza multidimensional, etc.) más que de dineros, productos elaborados y vendidos y esas cosas. Nos da una foto más nítida de los países y así podemos comparar los niveles de bienestar. En el último IDH conocido, referido a 2019, Noruega, Irlanda, Suiza, Islandia, Alemania, Suecia, Australia, Países Bajos, Dinamarca y Finlandia ocupan las diez primeras posiciones; España se encuentra en el lugar vigésimo cuarto.

Pero la lectura de los datos no puede ser unidireccional: si hay países que lo tienen mejor, en conjunto y sus habitantes, es a costa del planeta en su conjunto y del resto de las personas de otros países y de los seres vivos. Noruega  cae 15 posiciones en la lista si se incluye la presión que ocasiona al planeta por sus emisiones de dióxido de carbono y la huella ecológica de su elevado consumo, que por supuesto no se queda encerrada en su territorio. Otro tanto se podría decir de Islandia, la cuarta en la lista, que retrocede 25 lugares o Australia, que interconectada con el mundo occidental y formando parte de él pero situada en la antípodas, retrocedería más de 70 puestos.

Resulta que los nórdicos europeos, como el resto de los países ricos, son igualmente depredadores de un planeta que no es propiedad de nadie. Por todo esto, ¡más justicia universal ya!, para que el IDH refleje menos diferencias. Se decía que “el desarrollo desarrolla la desigualdad”, quién sabe si el argumento camina colgado de índices como el PIB, los del banco Mundial o la OCDE, e incluso el IDH 2019. ¡Es hora de cambiar el modelo de crecimiento, desarrollo, vida personal y en común! La pandemia nos lo ha demostrado claramente.

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

El plástico no se desplastifica, falla el sistema

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La afirmación viene de la presencia continuada que tiene el plástico en nuestras vidas, más ahora con la pandemia. Todo se ha plastificado para defendernos del agresivo virus y sus consecuencias. Diríamos que se ha revitalizado el papel del plástico. Según un estudio de Environmental Science & Technology, cada mes se emplean en el mundo unos 129.000 millones de mascarillas desechables y 65.000 millones de guantes. Cómo debe ser la odisea de manipular estos residuos es un hospital. Pero claro, la gestión de esos incrementados residuos plantea problemas para los que no estábamos preparados. Consumer y otras ONG han dado alerta y consejos sobre este asunto. También WWF con su campaña «Recoge el guante».

El consumo del plástico ilustra una de las paradojas de la vida: algo que nos causa beneficios puntuales, que nos protege incluso de virus, daña la casa donde vivimos, el medioambiente global. En problema viene porque, como denuncia Greenpeace una parte considerable de los residuos plásticos, ya mucho antes de la pandemia, escapa a su razonable gestión. Cifra en un 25% el total de lo recuperado en España procedente en envases, que son más del 10% de nuestros residuos. Cabe preguntarse que si los envases, que se ven y se usan para guardar algo necesario, escapan a la adecuada gestión, ¡qué pasará con el resto de los plásticos! El reto de desplastificar poco a poco nuestra vida sigue pendiente, cuando han pasado ya tantos años desde que se empezó a hablar del reciclaje. 

 

Qatar y Luxemburgo ya han vaciado su despensa de 2021

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Estos pequeños países son, por las noticias que tenemos emitidas desde el Banco Mundial y organismos similares, dos de los más afortunados en renta per cápita del mundo. Allí hay bastante gente que debe vivir muy bien, o poca que vive muy mal. Pero claro, como en esto del PIB entran variables ligadas a movimientos dinerarios y comerciales, a la hora de prorratear por habitante, son pocos, la cosa sale bien. Digamos que desmesuradamente elevada para lo que sucede en otros lugares.

Pues bien, no es oro todo lo que reluce. El primero consumió los recursos generados por el planeta para el año 2021 en relación con sus habitantes, llamámosle la huella ecológica permitida si hubiera una cosa que se podría llamar estrategia de supervivencia global, el día 9 de febrero; Luxemburgo el 15 del mismo mes. Si todos los países del mundo hiciesen lo mismo ahora mismo nos encontraríamos al borde de una grave extinción. Las diferencias de los niveles de vida entre países es abismal, más todavía en este 2020 que la pandemia ha hecho estragos en muchos. Echemos una mirada a la previsión del Earth Overshoot Day (Día de Sobrecapacidad de la Tierra) para el año presente; en la asignación de días no se tienen todavía en cuenta el impacto de la pandemia, que por lo que se dice va está siendo brutal y se verá reflejada en los datos de los años 2020-2021. 

Tenemos siempre la duda ética de si esto es justicia universal; también hasta cuándo durará el planeta si las prácticas no se detienen. Los países pobres, que tienen huellas menos dañinas para el planeta, no pueden proporcionar una vida digna a sus habitantes, aunque les quede algo en la despensa. Qatar y Luxemburgo, y muchos de los que están representados en la parte derecha de la esfera planetaria y parte de la izquierda, consumen en demasía. Pero claro, unos cuantos guardan en su despensa/bancos muchos dineros que les sirven para comprar el futuro de aquellos que tienen una huela ecológica más llevadera. Para colmo, se nombran muchas veces como modelo y no faltan reportajes televisivos que nos muestran sus derroches/bienestares. No pasa un día sin que dudemos si nos acercaremos a aquello que decía Wangari Maathai: El mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir. En fin.

La piel del planeta, el arte de las emociones

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Esta entrada quiere ser un reconocimiento a la gente que interpreta el planeta desde las emociones, algo imprescindible en tiempos de crisis. El detonante de su escritura fue el corto Cambio a flor de piel elaborado por el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), de la mano de Graja Producciones. Con sus mensajes hemos compuesto los nuestros, algunos pueden ser de todos, ahora mismo o dentro de poco. Los hay que hablan de que con nuestro calor y humo estamos elevando su temperatura, tanto que el planeta está en alerta pues ya calza otras huellas nuestras. Además el agua grita. El planeta vivo tiene una memoria que está escrita en las páginas de su libro, prestas a ser leídas e interpretadas; un resumen escrito del confuso camino de la vida. El planeta tiene muchas bibliotecas por los lagos, la tierra o en las montañas. También luces visibles u ocultas en los bosques que fueron y no son; en estos nuestros ojos se sorprenden con las heridas de la tierra.

En un artículo que publicamos ayer en La Cima 2030 de 20minutos.es, decimos que el planeta presenta imágenes plenas de estética o contradictorias, por las que viajan placeres y desastres, naturaleza y personas; parece saludable o peligroso, previsible o incierto, etc. En “La sal de la Tierra” se recoge una visión emocionada de la piel del planeta de Sebastiao Salgado, dibujada con trazos diversos. Está accesible en HBO y varias plataformas.

Por esto, y muchas más cosas nos atrevemos a decir, copiando a Vicente Huidobro que «el planeta que atravesó la noche no se reconoce al salir por el otro lado, y mucho menos al entrar en el día».

El sí de las niñas a la ciencia no puede esperar

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Sabemos que ya pasó su día dedicado, pero por eso queremos volver a decirlo: sí valen, disponen de valiosas capacidades, las necesitamos, a las mujeres en puestos de relevancia científica. Unas pocas han llegado, otras muchas, muy preparadas, se vieron obligadas a dejarlo porque el entramado social no se esfuerza en colocarlas donde merecen. El pasado día 11 se recordó en todo el mundo la aportación de las mujeres a la investigación científica, la necesidad de acercar a las niñas a ese campo de cultura e investigación. Dado el retraso que llevamos en ese cometido, urge darle un impulso general. Cuesta vencer los estereotipos, pero la ciencia es universal, no caben en ella desigualdades de género. Quienes lo duden que visiten en Youtube la cantidad de aportaciones que provocó ese día, muchas impulsadas por las universidades. Conocerlas todas nos llevaría varios días. Guardémonos una copia para revisarlas de vez en cuando y no olvidar el asunto.

No estaría de más que se leyese el artículo «La ciencia necesita a las mujeres (y los datos lo demuestran)« publicado en Ethic. Escuchemos lo que dijo Margarita Salas, enterémonos de algo sobre lo que trabajó, que ha tenido un alcance universal: eso del ADN y algo de proteínas. No siempre lo tuvo fácil, por el hecho de ser mujer. O disfrutemos del mensaje de Jane Goodall. Son sólo dos ejemplos. Además, quienes sean docentes o madres o padres de familia, pueden revisar con sus hijas e hijos la selección sobre mujeres y medio ambiente que ha realizado el Cdamaz (Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza). 

La entropía planetaria y nosotros en medio; ya lo intuyó Mafalda

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El planeta Tierra es algo multiforme. Cada cual lo percibe a su manera, según intereses concretos y saberes más o menos cultivados. Mafalda lo veía achacoso, le hacía muchas preguntas para resolver cuestiones para ella incomprensibles. El personaje de Quino no había caído en la cuenta, lo barruntaba pero nadie se lo había explicado, que la Tierra se encuentra en una entropía permanente, cambia (evoluciona, se transforma) a cada instante. Quino, Mafalda, se ocupó de ella en muchas viñetas: le adhirió un cartel donde ponía irresponsables trabajando; le dio la vuelta colgada del polo Sur para imaginarla diferente; le colocó macetas con plantas al lado para hacerle la vida más placentera y restituirle un poco la masa vegetal perdida; también quiso embellecerla con cremas para darle otro aspecto a su ajada piel. En una ocasión le pidió que parase de girar porque ella quería bajarse del mundo. Incluso la imaginó tan enferma, después de escuchar las noticias en la televisión, que le puso el termómetro para ver si tenía calentura. 

Por ahí se dice que es un conjunto unitario –formado por una infinidad de seres vivos, relaciones, intereses y muchas más cosas geológicas y astronómicas-. Con tanta complejidad no puede ser perfecta cada día, al menos no tiene la prestancia que querríamos para cada uno o para todos. Es más, nosotros no hacemos otra cosa que añadir nuevas variables, antrópicas, a su deambular entrópico. Los ciclos se combinan con episodios. 

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STOP: biodiversidad amenazada clama oportunidades

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Conocemos que el paso del tiempo ha cambiado innumerables veces la imagen global de biodiversidad; seguro que enseguida nos vienen a la memoria los dinosaurios y otras extinciones espectaculares. En cualquier momento y lugar se manifiesta, exhibe tanto su potencial como una belleza que complace los ojos, a la vez asoma una vulnerabilidad creciente. Lo bello, que es el acuerdo entre el contenido y la forma en palabras del dramaturgo noruego del XIX Henrik Ibsen, es frágil. No podemos resignarnos a perder lo bello o lo útil.

Pues bien, está en serio peligro. WWF, en su informe Planeta vivo 2020, alerta de la caída de un 68% en “21.000 poblaciones salvajes (de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios) monitorizadas entre 1970 y 2016”. La FAO, con una mirada diferente, hacía hincapié en El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo, en que se detectan “pruebas crecientes y preocupantes de que la biodiversidad que sustenta nuestros sistemas alimentarios está desapareciendo, lo que pone en grave peligro el futuro de nuestros alimentos y medios de subsistencia, nuestra salud y medio ambiente”. Ecologistas en Acción habla de que España fracasa en la meta para detener la pérdida, sobre las relaciones entre biodiversidad y cambio climático, de luces y sombras de la estrategia europea, de la enorme y creciente tasa de extinción de los insectos. Hay muchas más voces que claman por lanzar políticas que limiten las extinciones, para que el saber el estado real se convierta en oportunidad de actuar ya.

Por cierto, hablando de biodiversidad nunca debemos olvidar a Rachel Carson y su Primavera silenciosa, de cuya primera edición se van a cumplir pronto 60 años. Ella iluminó al ecologismo protector de la biodiversidad, entre otras cosas, para transitar desde las amenazas a las oportunidades.  Su luz todavía continúa encendida. En nuestra mano está la búsqueda de oportunidades, la manera de limitar las amenazas.

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Los misterios de la naturaleza generan emociones y deseos

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La naturaleza nos seduce quizás por guardar una parte de sus enigmas. De una forma u otra nos atrae. Una vez allí invita a asomarnos a alguna de sus claves. Supongamos que desvelamos una o varias; se nos abrirán otras. Es posible que no resultase tan atractiva si no estuviese adornada de ocultaciones. Acaso por eso siempre haya impregnado culturas y religiones. Jean-Jacques Rousseau ya alababa sus misterios; antes, Galileo barruntaba que el gran libro de la naturaleza revelaba símbolos matemáticos.Ahora mismo, a la vez que viaja por las redes sociales, miles de científicos quieren desvelar sus entresijos; insisten en buscar secretos para hacérnoslos comprensibles.

A menudo se nos presenta grande e inabarcable. Sin embargo nos queremos sentir dentro –pequeños y con limitada capacidad de entenderla bien–. Acudimos frecuentemente a su encuentro, siquiera con el pensamiento. La anhelamos más todavía en estos meses en los que el horizonte vital se nos ha limitado con confinamientos y peligros. Percibimos una imagen de sus ritmos, que encontramos o no según situación personal y lugar. Lo sentido por cada cual se podría calificar como una especie de artesanía, algo evocador de esas obras maestras que nos aportaron la literatura o tantos pintores desde antaño; o ahora pregonan los naturalistas y los documentales tipo BBC o National Geographic. El paisaje representado llega a provocar sentimientos; por eso reconforta emociones, o ayuda a crearlas si faltan.

Leer artículo completo publicado en Heraldo de Aragón (2-02-2021)

Los humedales, museos y catedrales de biodiversidad; pero con agua

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El titular viene a cuento del lema del Día Mundial de los Humedales del año 2020. Como después pasó lo que pasó, las buenas intenciones quedaron en suspenso por la maldita pandemia. Por eso volvemos a recordar lo que se decía ese febrero del año 2020. Lo de catedrales no va es gratuito; estamos hablando de los humedales, que son lugares representativos de la biodiversidad, como algunos lugares no religiosos a los que se asigna el atributo. Lo de museos tampoco debe tomarse en sentido estricto, de acumulación de obras artísticas, que lo son todas las que por allí están o transitan. En este caso nos referimos a espacios en donde se puede observar la biodiversidad en interacción entre distintas especies, entre ellas y el lugar físico. Esto es, el ecosistema acuático y sus aledaños; El agua facilita mucho las cosas a la vida diversa. Las obras de arte vital van y vienen, siguen sus ritmos estacionales, se ven acompañadas de la meteorología y dedican todo su tiempo a asegurar que la especie sobreviva. Frente a ellas estamos nosotros, también cabría decir a su lado.

Dicen que hoy es el día de los humedales; bueno, el que se recuerda que se firmaron una serie de protocolos que deberían protegerlos. La Convención sobre los Humedales, Ramsar para abreviar debe su nombre a esa ciudad iraní, sede en el año 1971 de las conversaciones y firmas consiguientes. Aquí un vídeo que lo explica. Por si lo quieren mostrar en clase los maestros y maestras que nos siguen.

La misión de salvaguarda va lenta, unos humedales tienen más suerte que otros. A decir verdad hemos mejorado bastante en la protección pero a la vez las masas vivas ligadas al agua soportan tropelías que crecen sin parar, en cualquier lugar del ancho mundo. Se cometen también con el agua, el eje alrededor del que gira todo. Cualquiera que piense sobre el asunto dirá con razón: si se cargan el continente, como se podrá albergar el contenido. Debe ser por eso que este año 2021 se ha elegido como lema «Los humedales y el agua«.

Para quienes no están muy enterados del asunto, aquí va un resumen preparado por WWF. Pero a nosotros nos gusta especialmente el mensaje que ya en el año 2013 se lanzó a la consideración mundial: los humedales cuidan el agua. Aunque solamente fuera por eso, siendo tan egoístas como somos los humanos y cerrando los ojos al escenario de biodiversidad que atesoran los humedales, merecerían una atención especial. ¡O no? Pues eso, que la celebración no se quede en un simple gesto. Viajen por Internet en su busca y disfrute. Échenle una ojeada a nota informativa de Ramsar y entenderán porque la gente ligada a la ecología está tan preocupada. A este paso ni museos ni catedrales, y casi sin agua que pueda llamarse tal.

 

Resistir en las burbujas escolares

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No debe resultar sencilla la gestión diaria en un centro escolar, da lo mismo de enseñanza obligatoria que universitaria, y en las escuelas infantiles. Por allí conviven miedos con alertas varias, prevenciones con despreocupaciones. Cada día será diferente, por más que el entramado anti covid sea parecido. El fugaz tránsito por los lugares comunes se convierte en una experiencia laberíntica; salir de un sitio más o menos protegido para llegar a otro con similares características. Cuesta relajarse para disfrutar de lo que se hace, en este caso enseñar y aprender. El placer de ambas sensaciones tiene ahora armadura, no solamente en forma de mascarilla en las caras del profesorado y el alumnado. Todos conocemos el valor de una sonrisa en el cometido educativo.

Dicen que se van incrementando el número de aulas cerradas. Dicen, porque la información se gestiona de forma distinta según su emisor, tanto que los receptores apenas escuchan; desconfían. En unos sitios un simple caso es motivo para cerrar la escuela, en otros no se sabe nada. En unos centros todas las clases son presenciales en secundaria y bachillerato, en otros las familias presionan y el profesorado no encuentra un lugar físico para ubicar con garantías de seguridad al alumnado. Hay recomendaciones por ahí que aconsejan al alumnado no formar corrillos en los recreos, otras piden no apelotonarse en las universidades para acudir a los cuestionados exámenes. Pero cuidado cuando las cifras van para récord como recoge hoy mismo El Diario de la Educación

Todo esto es nuevo, y lo nuevo a la vez que previene asusta. En algunos países como Portugal cierran las aulas, a la espera de tiempos mejores o porque desconfían de que las burbujas escolares se rompan por la entrada de punzantes virus. Resistir es vencer, dijo alguien, pero cuesta tanto.

Mientras otros sectores sociales o laborales esgrimen sus afecciones y pérdidas y claman por soluciones varias, algunas contrarias a las normas sanitarias, el entramado educativo permanece silencioso, intentando aportar lo que mejor conoce: la profesionalidad en la tarea bien hecha. ¡Qué decir de las maestras y auxiliares que atienden en guarderías a niños y niñas de 0 a 3 años!

Sin duda la educación merece más atención social y parlamentaria, máxime si junto con las prevenciones llegan recursos suficientes y algunos afectos; y una continuada información veraz. Desde aquí no nos cansaremos de repetir nuestra gratitud al profesorado y al alumnado por implicarse en el mantenimiento de las burbujas, en la confección de paredes más sólidas en su idealizada estancia para laminar los contagios y evitar posibles fallecimientos de fuera de las aulas. Se merecen que la suerte acompañe.

La calidad del aire deteriora la salud, más en las ciudades

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En la crisis pandémica que tanto nos golpea se está demostrando que en su propagación tiene una alta incidencia la calidad del aire respirado. Se ha escrito mucho sobre la permanencia de aerosoles en espacios cerrados, de cómo el virus se ha propagado desde el aire espirado al inspirado, de la peligrosidad de ciertas concentraciones, como ha insistido una y otra vez el investigador José Luis Jiménez. Se ha evidenciado su incidencia con contagios y problemas posteriores, incluso con fallecimientos. También se ha conocido que la calidad del aire urbano tiene una carga en la salud, incluso se han relacionado ciertos parámetros a muertes evitables. Además, no han faltado investigaciones que relacionan lo uno con lo otro. Por eso en esta entrada queremos proponer un esfuerzo colectivo para mejorar el aire urbano, es decir, la salud colectiva.

El Ranking ISGlobal de ciudades, cuyos resultados se han publicado en The Lancet Planetary Health concreta la contaminación en ciudades de más de 31 países europeos debida a partículas finas (PM2,5) –en este caso afirma que el 84% de los habitantes de estas ciudades están expuestos a niveles superiores a los que marca la OMS-  y en dióxido de nitrógeno (NO2). Se estimó que, en 2016, más de 400.000 muertes (equivalentes al 7% de la mortalidad anual) en Europa se podían atribuir a la exposición acumulada a las partículas citadas mientras que más de 70.000 muertes (equivalentes al 1% de la mortalidad anual) fueron atribuibles a la exposición al dióxido de nitrógeno. Es más, el informe afirma que reduciendo drásticamente los niveles de las primeras se podrían evitar 125.000 fallecimientos al año y otros 80.000 limitando el porcentaje del segundo. Muchas capitales fallan, lastiman la salud de sus habitantes; Madrid y Barcelona entre ellas. Pero no se quede ahí. Chequee cómo está el aire de su ciudad.

Puede ver el artículo completo en La Cima 2030, de 20minutos.es.