Sociedad

Maestras y maestros empeñados en aflorar capacidades de otros

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Cuando quien esto escribe era docente el 27 de noviembre suponía un día celebrado; hasta nos daban fiesta. Ya no es así pero da lo mismo. Imaginémoslo. Durante este día adquieren un sencillo protagonismo, si se quiere más por la efemérides que por lo que intentan. Algunos se empeñan en mostrar que los conocimientos son necesarios para la vida, la mayoría saben que el destino de su trabajo no es otro que enseñar al alumnado a «aprenderse», eso que se consigue cuando alguien utiliza sus capacidades para conducirse sin ayuda, adquiere el desempeño de la autonomía en la búsqueda de los saberes, útiles en ese momento para quienes desean adquirirlos.

Si pudiera ser siempre verdad, maestros y maestras habrían de poner al alcance del alumnado esperanzas que consiguieran encender la imaginación para transitar por caminos que hicieran placenteros los aprendizajes; aprende quien logró interesarse. Algunas veces lo consiguen, cuando quitan la vista de los libros y dirigen sus pensamientos y emociones a quienes deben enseñar; cuando se empeñan en enseñar a pensar más que en qué pensar, cuando consiguen despertar algo que cada niño o niña lleva dentro: sus capacidades.

Muchos de quienes pasaron por sus aulas los recuerdan en más de una ocasión a lo largo de sus vidas, nombran más a las personas que a sus métodos o técnicas, a su proximidad emocional tanto o más que a su sabiduría, porque no es lo mismo saber que saber enseñar dijo Aristóteles y repitieron otros muchos. Porque si algo late en la educación es el corazón de aquellos maestros y maestras que hacen de su trabajo una vocación desprendida.

Quizás valdría como resumen/homenaje a tantos maestros y maestras recordarles que a la larga, máxime en estos días en los cuales dan lo mejor de si mismos en la educación «pandemiada», sabiendo que el alumnado transita tantos años por la escuela y la universidad, aquellas palabras del gran maestro Emilio Lledó: «El aprendizaje no es importante, sobre todo ahora que tenemos tantos medios de conocimiento e información; lo importante es crear libertad intelectual y capacidad de pensar»

 

La fábula de la libertad escrita con trazos víricos

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Pronostican las agencias de noticias que el Día de Acción de Gracias estadounidense provocará hoy jueves y en días sucesivos un masivo movimiento de personas para repartirse la aplazada afectividad en torno al pavo. El presidente electo Biden había invitado a sus conciudadanos a quedarse en casa para evitar la expansión del covid, que ha causado ya la muerte de más de 260.000 personas en ese país. Tampoco han tenido éxito las reiteradas recomendaciones de no viajar lanzadas una y otra vez con argumentos científicos comprobados desde los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas inglés), y también por parte de los comités gubernamentales que coordinan las normas sanitarias.

El ejemplo parece una fábula como aquella que contaba Borges sobre un hilo y el laberinto. En este caso, para nosotros el hilo supondría la cordura que nace de la adaptación a la pandemia y la mitigación de sus efectos, se supone que en base a la inteligencia colectiva humana, construida a lo largo del tiempo. El laberinto sería la vida, llena de recovecos, ahora difíciles de transitar, porque después de ese laberinto estará otro, el del tiempo. Si bien aquí tanto el uno como el otro se expresan muchas veces en libertad de obrar según los intereses personales

Las autoridades del Estado y de las CC.AA. se embarullan ahora en tejer hilos y construir laberintos para rescatar una parte de la afectividad festiva que suponen aquí las navidades, sin escuchar tampoco a los comités científicos que aconsejan no adentrarse en aventuras peligrosas. Habrá que ver cómo se comportan los españoles. Porque por muchos sitios se pueden abrir boquetes en el laberinto, provocar rupturas del hilo de la responsabilidad colectiva, en forma de abrazos, turrones y regalos. El tiempo descubrirá los efectos, si la prudencia ha servido para medir las horas o han primado otras razones o intereses.

Dejó escrito Borges hace más de 35 años en «Los conjurados»: El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.

La insuficiente disminución del aumento del CO2

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La disminución de las emisiones de dióxido de carbono por la pérdida de actividad debida a la COVID-19 no borra las oscuras perspectivas, según la OMM (Organización Meteorológica Mundial). De hecho, este organismo prevé este año –los datos vienen acumulados de 2019– récords en la concentración de los gases que sobrecalientan el planeta (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, entre otros). Bien que el aumento será menor, pero teníamos ya el aire muy cargado y esto no se arregla de la noche a la mañana. La desaceleración será similar a las que se producen otros años por causas diversas, las fluctuaciones naturales. 

La OMM avisa: «solo cuando las emisiones generadas por la quema de los combustibles fósiles se acerquen a cero se podrá empezar a reducir la concentración en la atmósfera de este gas de efecto invernadero». 

Ante semejante anuncio, los ciudadanos nos preguntamos qué hacer. Sería conveniente que nuestros gobernantes y quienes tienen responsabilidades en conducirnos la vida practicasen la pedagogía de lo posible antes que primar el transporte individual, como parece que van a hacer en España y Europa con subvenciones a las grandes compañías automovilísticas, o aerolíneas y similares, ante la pérdida de sus beneficios por la COVID-19. ¿No sería mejor idear la movilidad en base a la menor contaminación porque el transporte colectivo prima en buena parte de nuestros desplazamientos? Por ejemplo primando las redes de cercanías. El compromiso debe ser colectivo pues de otra manera no se alcanzarán los niveles adecuados para una vida saludable. Es una prioridad vivir mejor todos.

 

Nacer en 2020, toda una aventura

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Este año se podría calificar con justicia como «el de la COVID-19» o «el que el mundo se dio cuenta que vivía dentro de incertidumbres». Será recordado de muchas formas, según la salud, la economía o las emociones hayan afectado a cada cual o al país donde se vive. Seguro que a cada nacido-a y a sus familias no se les olvida nunca la fecha y sus circunstancias.

Worldometer me dice cuando redacto estas líneas que en 2020 llevamos ya, porque todos que se incorporan nos pertenecen un poco en el interrelacionado planeta, más de 125 millones de nacimientos en el mundo. Seguro que quienes han ampliado familia, además de felicidades, habrán vivido algún tipo de temor; máxime en aquellos países en los que la sanidad tiene muchas carencias. Quienes hayan venido al mundo se habrán sorprendido de encontrarlo tan revuelto nada más asomar su cabecita. Sin embargo, algo biológico actuará en su interior como energía positiva para hacer frente a riesgos y temores de sus padres. Lo emocional y cercano les dará calor y les reducirá los sobresaltos.

Queda la esperanza de que entre todos les construyamos un mundo más favorable; es nuestro deber como sociedad adulta limitar los efectos de las incertidumbres; tan graves como la salud, el cambio climático o el disfrute de una vida digna, educación de calidad incluida. Ojalá que pasados unos decenios, cuando celebren su cumpleaños, recuerden el 2020 como «aquel en el que el mundo unido decidió hacer frente a un problema colectivo», y lo superó. Ojalá que todas madres y padres superen la aventura, salgan sin menoscabos serios de las incertidumbres de estos tiempos y hagan de la crianza su mejor homenaje a la vida de quien acaba de nacer.

¡Bienvenido Pablo!, y todos los demás.

Los maestros y maestras frente a la pandemia, versión «a lo Albert Camus»

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Pocas personas reconocidas mundialmente han sabido expresar como Albert Camus la figura de lo que hacen o representan maestros y maestras de todos los niveles educativos, desde infantil a la universidad. Sus palabras pronunciadas, desde la sencillez nada impostada, en la aceptación de Nobel en 1957 nos sirven para componer esta entrada. Por ello, y con el debido respeto si alguna la hemos utilizado incorrectamente, gracias Maestro.

Por las escuelas de hoy, pendientes de los sobresaltos pandémicos, conviven profesores y profesoras con sus dudas. Desarrollaron el hábito de cierta soledad en su trabajo, reducidos al silencio social. A veces sienten inquietud y malestar por ello; para superar ambas han de apelar a menudo a su destino generoso: educar para que los demás sepan educarse. Buena parte de ellos y ellas no pueden vivir sin su trabajo, lo llevan fuera de la escuela, lo comentan en sus casas; les cuesta desprenderse de su interés social. Porque se empeñan en emocionar, y las emociones no se dejan en las aulas. Educar es para muchos una diversión también, a veces colectiva y a menudo solitaria, íntima.

Intentan congeniar lo que mandan las autoridades educativas con aquello que demandan sus alumnos. Difícil tarea hacer comprensible lo uno con lo otro, siempre pero más todavía en este año tan singular. Por eso han de ser comprensivos con el error, venga de un lado o del otro, sea cierto  o percibido. Ahora se afanan en vivir educando en tiempos catastróficos, por eso su tarea es infinitamente mayor: han de preparar a los estudiantes para restaurar su vida y el mundo, cuando todo esto de la pandemia amaine.

Están comprendiendo mejor su oficio. Por eso, si cuando superemos la pandemia como sociedad escribiésemos una carta de agradecimiento a los profesores y profesoras, como hizo Camus a su maestro Germain, no olvidaríamos agradecerles habernos tendido una mano afectuosa y una mirada alegre. Además de otras emociones y sentimientos vividos, no vendría mal repetir aquello que él recordó a su maestro: “sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido”. Gracias Camus, gracias maestras y maestros.

Diario escolar, de autoría universal

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Seguro que alguien, por todo el mundo, va anotando cómo es su día a día escolar. Por sus páginas transitarán prevenciones junto a despreocupaciones, dificultades frente a logros, emociones y disimulos, reprimendas y recomendaciones, acogimientos o descuidos de inclusividad, demandas satisfechas o no, sonrisas y llantos. 

Seguro que en muchas páginas se verán retratados el profesorado y el alumnado, en forma de anécdotas o posturas firmes. La escuela enseña con el ejemplo pero también con los acuerdos, con las pautas convenidas, con las esperanzas frustradas, con los deseos por encima de todo. 

La escuela es una maravillosa maraña de emociones, era y lo seguirá siendo cuando todos nos libremos de estas ataduras que no entendemos bien. Por eso, la escuela debe reflexionar sobre el momento, aprender cada día a construirse a sí misma con formatos diferentes a los que la inercia anterior nos tenía acostumbrados. Estaría bien que cada centro llevase su diario escolar. En este cometido no debe faltar la autoría de nadie: profesorado, alumnado, familias y administración.

A la vez, la escuela puede aprovechar el momento para reinventarse, para rescatar del olvido ilusiones no satisfechas. también emergen en el día a día y merecen que se tome nota de ellas. A la vez, las discusiones de una ley educativa en cualquier parlamento deben servir para acordar aquello que es mejor para el conjunto, para buscar la incorporación de la finura en el tratamientos de los más vulnerables. Las peleas partidistas que están tramitando los políticos españoles no hablan bien de la escuela universal. Más de uno de quienes resuelven estos días problemas críticos en las aulas se escandalizaría si leyese en el Diario de las sesiones colectivas, o en el de las Comisiones de las Cortes o en los respectivos parlamentos autonómicos, lo que allí se dice.

Cuando todo esto pase, ¡Ojalá sea el curso 2021-2022!, deberíamos poner en común nuestros diarios. Habría que buscar una semana del año para reflexionar en todos los centros educativos acerca de las lecciones aprendidas. Por supuesto que deberían participar, en niveles de igualdad, los responsables políticos y educativos.

La nutrición universal tiene serias carencias

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La especie humana, sujeta a la búsqueda de alimentos como el resto de los seres vivos, no ha logrado resolver sus necesidades nutricionales a pesar de sus continuos avances científicos y tecnológicos en siglos y siglos de historia. Resulta sorprendente, más bien daña enormemente la ética colectiva, comprobar que una buena parte de las personas que habitan junto a nosotros o lejos pasa hambre: no come lo suficiente o lo que come no sirve para estar bien nutrida. O lo que es peor, a pesar de la cultura y convivencia acumuladas es incapaz de repartir mejor los alimentos y los nutrientes imprescindibles.

Así, la pretendida equidad, figura presente en el ideario de muchas religiones y culturas es la que más sufre los impactos del hambre; por cierto, sigue muy vapuleada  en este siglo XXI. Qué pena que después de tantos años no se haga verosímil aquello que decía Hipócrates (s. V y IV a. C.) de que nuestra comida debería ser nuestra medicina y viceversa; seguro que estaba pensando en el poder saludable de los nutrientes, no solo en comer más o menos cantidad. Dado que mejor nutrición y su papel como medicina para la salud todavía no van de la mano, ni en países pobres ni en sectores vulnerables de los países ricos, podemos afirmar con rotundidad que bien entrado el siglo XXI la nutrición está desnutrida. 

Bien es cierto que  se ha experimentado un tímido progreso en el reparto de beneficios, pero no es suficiente para cumplir con las metas mundiales de nutrición para 2025. Quizás ayudaría a mejorar la situación la integración de la nutrición en la cobertura sanitaria universal.

En este asunto no acertamos a saber lo que querría decir don Francisco de Quevedo y Villegas con aquello de que “El rico come, el pobre se alimenta”. ¿Serviría para definir nuestros tiempos o ni siquiera se da lo segundo?

Ver al artículo completo en el blog La Cima 2030, de 20minutos.es.

El INE aporta indicadores de España con los ODS

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La apuesta por conseguir llegar bien pertrechados al 2030 se va generalizando, si bien no con la dimensión y urgencia que muchos desearíamos. O si lo queremos ver de otra forma, todavía no ha cogido carrerilla gubernativa ni social. ¡Bastante tenemos con atender el día a día!, aseguran quienes se niegan a mirar al futuro que ya está aquí. Porque los ODS, llámenlos de otra forma si lo desean, son la interrelación entre el ayer y el mañana, lo social con lo natural, la salud con la economía,  el medioambiente con todo lo demás.

Conocer para mejorar es una aspiración humana, personal y colectiva. El INE (Instituto Nacional de Estadística) se apunta a hacernos visibles cómo van los indicadores en España. Recordamos que todo eso de la Agenda 2030 se concreta, lo hemos dicho muchas veces pero en estas cuestiones es conveniente ser reiterativo, en 17 grandes objetivos, marcados de una visible ética universal, que piensa en una vida equitativa entre personas y el planeta que los acoge, biodiversidad incluida. De esos 17 focos se extraen 169 metas, que significan la primera concreción a la realidad global. Para llevar a cabo su seguimiento, se diseñaron 232 indicadores. Estos, seguramente podrían haber elegido unos cuantos más, se pueden medir a través de los datos estadísticos. El INE empieza a recogerlos y ofrecérnoslos. Expone en su página que pretende una continua actualización. La llevará a cabo con datos propios y a partir de las cifras de otras fuentes oficiales de las que se nutrirá y nos irá comentando a medida que las tenga a su disposición.

La pandemia puso a África en el norte de la esfera terrestre

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Desde siempre, el norte europeo y americano ha sido la zona rica del planeta, la parte mejor preparada y allá dónde los problemas colectivos se dominaban y alcanzaban una menor dimensión social. Pero la pandemia ha revuelto todo. Solamente hay que echar un vistazo a la tabla que proporciona la OMS para entender lo que queremos decir: la pandemia se ha cebado con los países ricos, alguien sugiere que con los más prepotentes, pero dejamos eso a la interpretación de cada uno. En la citada tabla se habla de África en términos de incidencia y muertes por la covid-19. Los más incrédulos dirán que allí los datos son tan bajos porque no realizan pruebas, habida cuenta de las carencias médicas y hospitalarias que padecen. ¡Quién sabe?

Invitamos a fijarse en que según los datos de la OMS, si sumamos Marruecos, Sudáfrica, Egipto, Etiopía y Túnez no alcanzan las cifras de España. Con las salvedades que se quieran en el cuenteo, no deja de ser terrible que si a fecha 7 de noviembre, según la OMS, en África se contabilizan 1.868.000 en España estemos en más de 1.300.000. ¿Qué decir si comparamos los números de África con los de Europa? Cuando esto pase un poco, dentro de unos meses, habrá que analizar lo hecho en Europa.

Por una vez, el «sur africano», débil y convulso, no ha sido tan perjudicado como el «norte europeo», tan poderoso y bien organizado. ¿Habrá que darle la vuelta a los hemisferios? Nos tememos que dentro de unos meses «las cosas volverán a su secular sitio».

La Amazonía nos llama para contar sus mitos y pesares

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En El libro de nuestra selva, que no tiene nada que ver con El libro de la selva, de R. Kipling, se relatan por primera vez en una versión impresa varios mitos de algunos pueblos indígenas del bajo Urubamba, una de las fuentes del Ucayali, por el sur peruano. Allí sobrevivían en la memoria colectiva. Ahora se divulgan para que todos los disfrutemos, incluso se pueden descargar; disfrutar de ellas para comentar las historias en familia y aislarse un poco de la tragedia pandémica.

Una leyenda de la Amazonía, se convirtió en mito, asegura que durante la búsqueda en la selva de “El Dorado”, hacia la mitad del siglo XVI, los soldados españoles se vieron sorprendidos por unas fieras “mujeres en cueros». Por lo que parece, la leyenda de esas mujeres sin igual –alguien escribió que se cortaban un pecho para disparar mejor los arcos– pudo interesar ya a Cristóbal Colón. El viejo mito o leyenda llegó a América desde la antigua Grecia, pues otras amazonas ya parece que figuraban en La Ilíada y Heródoto escribió algo sobre ellas, Incluso suenan en otras culturas del Próximo Oriente. 

Pero es la cruda realidad lo que nos impulsa a escribir esta entrada. La deforestación de la Amazonía está adquiriendo niveles históricos. La degradación de sus tierras –selvas que dejan de serlo sin desaparecer– va paralela a la deforestación –por talas abusivas, muchas de ellas para aprovechamientos ganaderos–. ¡Cuidado! Asegura la ciencia que la destrucción de las grandes masas selváticas tiene, además de todos sus riesgos, una estrecha relación con la aparición de enfermedades zoonóticas, entre ellas podía estar la Covid-19. Es posible que el 70% de las enfermedades humanas están relacionadas con la pérdida de los bosques.

Seguir leyendo el artículo completo en Ecoescuela abierta, de El Diario de la Educación.

El legendario Mediterráneo convertido en un contenedor de basura

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La antigüedad hizo del Mediterráneo el mar por excelencia, pleno de viajes comerciales y de expresiones literarias y artísticas, también por allí abundaron los pillajes. Por entonces, la biodiversidad no interesaba apenas si exceptuamos a algunos sabios griegos o romanos. Pasaron siglos y milenios; tanto cundió lo de «Mare Nostrum» que muchas gentes y dirigentes  se lo aplicaron en exclusividad.

Sin duda, el Mediterráneo es hoy una parte de nosotros, queda el mito y la cultura que nunca deben perderse; sobran los millones de toneladas de basura de todo tipo que cada día de cada año vertemos a él. Ahora que la biodiversidad sí que interesa está cada vez más amenazada, incluida la gente ribereña que ve agotarse las cualidades que durante mucho tiempo asignaba a sus orillas, y de las que disfrutaba para sostener su vida.

¡Hay que parar la contaminación ya!, también la depredación, que tiene diversas formas.

Leer el artículo completo «Quo vadis Mare Nostrum» en el blog La Cima 2030, de 20minutos.es.

SOS comprometido por la Amazonía

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Complejo mundo plagado de mitos, de biodiversidad, de culturas ancestrales que se desvanecen. El Amazonas es uno y son muchos, junto con todas sus fuentes y afluentes. Amazonía callada que levanta la voz, cual guerrera legendaria que quiere luchar contra los peligros que la acechan. Algunos vienen de fuera, otros los incentivan desde el territorio. 

Amazonas, ese gran río que sería el más largo del mundo si lo unimos a sus fuentes, atraviesa como tal Perú, Colombia y Brasil. Alberga en su sistema hídrico más agua que los otros tres grandes ríos del mundo juntos: Nilo,  Yangtsé y el Misisipi; la quinta parte del caudal fluvial de planeta. Su cuenca hidrográfica (con sus fuentes Marañón y Ucayali) alcanza a otros países. ¿Quién puede permanecer impasible a la destrucción de la selva que mantiene? Porque es realidad y a la vez mito: si vivimos en parte se lo debemos a esa selva que purifica una buena parte del aire que respiramos.  Muy mitológico lo vería Pablo Neruda que le dedicó un poema en el que lo llamaba capital de las sílabas del agua, padre patriarca y eternidad eterna de las fecundaciones; decía de él que ni la luna lo puede vigilar ni medir.

Este apunte es parte de un relato comprometido, que lanza un SOS urgente para salvaguardar la Amazonía. Leer completo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

El reciclaje de la polémica plástica lo recupera la verdad razonada

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La apuesta por el reciclaje de los plásticos, por el menor uso, por la sustitución por materiales menos contaminantes es un apuesta de muchos países y había calado poco a poco en la ciudadanía. En España, algunos establecimientos comerciales se adaptaron rápidamente a la normativa de la UE y empezaron a hacer cultura ciudadana en la manera de presentar sus productos a los consumidores. En esto, como en todo que marca la vida colectiva, hay avances junto con pasos lentos, entusiasmos al lado de mentirillas de imagen. De hecho, el Tribunal de Cuentas Europeo ya advierte de que muchos países van a incumplir sus compromisos.

La ciudadanía, llamémosle los consumidores, fueron adquiriendo hábitos positivos con respecto al plástico: no se sabe si usan más o menos en sus compras o en sus casas, pero sí llevan muchos más a los contenedores amarillos. Sus hábitos recuperadores parece que estaban cambiando, lentamente, eso sí. Ahora, quienes atienden a las noticias de medioambiente y reciclaje se encuentran con la polémica de que Greenpeace dice en un reciente informe que Ecoembes, la empresa que se encarga en España de la gestión plástica, miente: que en lugar de recuperar para reciclar el 75 % del plástico como dice apenas llega al 25 % porque buena parte acaba en vertederos o se marcha a países lejanos. Léanse el informe de la ONG, del cual se ha colgado una versión animada en Youtube. Atentos a la réplica de Ecoembes para demostrar sus datos.

La polémica lleva a la desorientación de los consumidores, puede conducir a la minusvaloración del efecto del reciclaje, con los riesgos que esto acarrea. Urge que una autoridad regulatoria, llámese Ministerio de Transición Ecológica o departamentos de Medio Ambiente de las CC.AA., acaso ayuntamientos, pongan en claro las cifras y las haga llegar con claridad a toda la población por medios diversos; también si es cierto o no lo que denuncia el Tribunal de Cuentas Europeo, que ve puntos oscuros en algunos países. Hay que recuperar como bien valioso la capacidad de ajustar el consumo y la reutilización de materiales.

Sería una buena forma de reciclar de nuevo la conveniencia de declarar la contienda al consumo plástico. Si no, la ciudadanía, convencida o no, puede abandonar todo o una parte de sus buenas prácticas; la polémica se las arregla muy bien para espantar a los compromisos y dificulta la recuperación de lo bien hecho. ¡Con lo que cuesta movilizar hábitos y generar actitudes!

Día Internacional contra el cambio climático

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Mañana 24 de octubre se «celebra» en todo el mundo este día. De celebrar poco, más bien recordar lo que deberíamos hacer para mitigar sus efectos, para adaptar nuestras condiciones de vida a la emergencia climática que ya tenemos delante. Piense en positivo. Analice aquello que ya ha hecho por disminuir su carga ecológica en forma de consumo desmesurado, movilidad innecesaria y otras muchas cosas. Valore los beneficios que sus actos positivos han tenido en le salud propia y en la del planeta. Consolide estos actos y promuévalos entre sus amigos, la familia o en el trabajo. Demande a la administración de su ciudad o país que se ponga a la tarea. Únase a asociaciones ecologistas u otras ONG sociales que buscan la reducción de los efectos del cambio climático en las personas y en el planeta. Celebre de verdad aquello que ya está haciendo, todos los días.

Échele un vistazo a los artículos que los medios de comunicación traen ese día sobre el tema. Visione algún programa en la televisión o en las plataformas. Dedique un tiempo de ese sábado a pensar en clima. En esta u otras plataformas. 

Pregúntese si le queda algo por hacer. Y no se desanime; la tarea es larga y siempre quedará incompleta. Pero en algún lugar, no se sabe quién ni porque, ya le está dando las gracias por sus esfuerzos.

El limbo de la Semana Verde Europea

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Han sido excepción los medios de comunicación y agencias de noticias que se han enterado de que nos encontramos esta semana dentro de La Semana Verde de la UE 2020, a pesar de que los temas son importantes: naturaleza y biodiversidad. Si no recordamos mal, fue en mayo cuando se adoptó la nueva Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030. Entonces se dijo, y ahora se recuerda que la contribución de la biodiversidad es enorme, tanto para la sociedad como para la economía. Es más, cada día se escuchas más argumentos que subrayan el papel que la biodiversidad puede ejercer en el estímulo de la recuperación en el mundo después de la pandemia. Entre otras cosas, asegura la creación de empleo y poner las condiciones para un desarrollo sostenible más real. es una oportunidad que no se puede dejar pasar. Hay que repensar la relación con la naturaleza, lo cual implicará con seguridad el cambio en determinadas actividades que conllevan una considerable pérdida de biodiversidad. Si esta se deteriora lleva pareja, o es consecuencia quién sabe, de una profunda crisis ecológica. Ya se empieza a ver que esta tiene considerables implicaciones a escala económica y social.

Esperemos que la Semana Verde de la UE logre analizar la forma en que políticas de la UE, como el Pacto Verde Europeo, pueden contribuir a proteger y recuperar la naturaleza, conseguir la forma de que llegue a la ciudadanía. Al fin y al cabo se tratar de la vida de todos, y para eso debemos restituir a fases anteriores a la naturaleza y a la biodiversidad que que le da una de sus señas de identidad.

Compruebe lo que se dice en su ciudad, región o país del asunto. Por cierto, ¿Se dirá algo del tema en el Congreso de los Diputados de España? Veremos si sus señorías siguen en el limbo de sus pesares y divisaremos ya alguna perspectiva de cambio.