Ecología

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Medioambiente y escuela se interpelan en clave de sostenibilidad

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Se trata realmente de rescatar la posible trascendencia de la escuela en la mejora o el deterioro del escenario ambiental y social, y de sus múltiples expresiones. Ahora mismo, la escuela puede ser un laboratorio de participación en torno a lo que es la vida, a cómo una parte de las sociedades han llegado a ser ecológicas, a debatir de qué forma se puede mitigar las complejas problemáticas ambientales o compartir si simplemente nos queda adaptarnos a ellas. Para lograrlo, la escuela debe llevar a cabo una revisión crítica de sus currículos, una buena parte de ellos obsoletos y marcadamente epistemológicos. Además, debe ser en sí misma sostenible, como institución formada por personas que se relacionan con distintos intereses: la gestión de los recursos, la generación de residuos, el uso de la energía, los planes de movilidad que aconseje al alumnado y al profesorado, etc.  Aunque todo salga bien, siempre hay que tener presente que cuando se crea disponer de todas las respuestas a las problemáticas socioambientales, después de un trabajo bien hecho, seguro que aparecerán nuevas preguntas; eso es el diálogo vivo entre medioambiente y escuela: (en)clave de sostenibilidad.

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La salud planetaria necesita un cambio de dieta urgente

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Por si no había reparado en ello, las dietas humanas están totalmente vinculadas con la sostenibilidad ambiental. Es indudable que el incremento de la producción de alimentos en los últimos 50 años ha contribuido a mejorar la reducción del hambre severa y la esperanza de vida pero también ha generado cambios de dieta poco saludables. Las tradicionales dietas –basadas más en alimentos de origen vegetal- han cambiado hacia  un “modelo alimentario de estilo occidental” – un alto consumo de calorías, alimentos altamente procesados, bastantes azúcares añadidos, sodio y grasas no saludables- procedentes buena parte de productos animales. Todo esto está tendiendo sus impactos en la salud humana, a escala personal y colectiva, con elevados gastos sanitarios pero también es insostenible a escala ambiental. La producción actual de alimentos ya está impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y demasiados cambios drásticos en los usos del suelo y el agua. Si quieren más fundamentación de esta cuestión, lean el artículo Plate and the Planet de Harvard Chan; no tiene desperdicio ese plato del planeta. Alíñenlo con La dieta perfecta para salvar el planeta y la salud del ser humano, publicado en El País. Y mantengan siempre en la despensa EAT Fundation, que se titula como la plataforma mundial basada en la ciencia para la transformación del sistema alimentario.

El calentamiento de los océanos va más rápido de lo que se pensaba

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Uno quería empezar el año dando una buena noticia sobre el cambio climático. Pues no. Ahora resulta que el calentamiento global de los océanos todavía es mayor de lo que se pensaba, según publica recientemente (el 11 de enero) Science. Los científicos han utilizado nuevos sistemas de medición (balizas Argo que recogen cambios en los 2000 primeros metros) para asegurarse de que es verdad lo que ahora cuentan. Previenen de que ese más elevado calentamiento, y también su distribución espacial no homogénea, van a intensificar la intensidad de las precipitaciones, va a suponer un aumento del nivel del mar con el consiguiente efecto en las zonas costeras, la destrucción de los arrecifes de coral va a extenderse. Al calentarse más, los océanos contendrán menos niveles de oxígeno con las consiguientes afecciones a la vida. Y uno de efectos más graves del calentamiento global que ya todos conocemos: la disminución de las capas de hielo, bien sean glaciares o  casquetes en las regiones polares. ¿Hay por ahí alguien que no sea consciente? Por lo que se ve, dirigentes de varios países sí, como se ha podido comprobar con el fracaso de Katowice; ¿No será que las apetencias económicas impiden cualquier acuerdo?

Las toallitas húmedas tienen un lugar principal en el rutilante escenario del consumo contaminante

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación

Imaginemos que los estudiantes de primaria y secundaria realizan tareas caseras de compra, aunque sea como acompañantes. Pregúnteles si han visto en las estanterías a las reinas de la higiene personal; sí, estamos refiriéndonos a las toallitas húmedas, que son “lo más plus”. Han colonizado nuestros cuartos de baño y por ellos expanden su glamour; tienen un gran poder de seducción. Por eso no debe sorprendernos que en un colegio de una gran ciudad española el papel higiénico haya sido sustituido por las toallitas húmedas. Así me lo contó una compañera entusiasmada (sic). Normal que así pase pues en cualquier supermercado se pueden encontrar de diversas marcas y calidades. Parece que nos dicen: ¡Cómprame, soy lo mejor que te puedes encontrar! Pero tienen bastantes peros. Su primera paradoja existencial es que su vida útil es efímera: duran unos segundos, se cargan de cosas sucias y enseguida se tiran. La segunda es que en el envase pone que son biodegradables, que se pueden tirar al inodoro directamente; gran mentira, y si no que se lo pregunten a las depuradoras, a donde llegan casi intactas. Algunos de sus componentes tardan 500 años en desaparecer.

Indaguen entre el alumnado de su clase si se conocen, si en su casa las emplean, si hay alguien que las utiliza, o, incluso, si hay alumnas o alumnos que las portan en la mochila…

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La transición climática de los bosques no es sencilla; el tiempo los encorre

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Cada cual, unos más que otros, se prepara para llevar a cabo su transición climática. Todo el mundo biológico está en marcha, adaptándose a la entropía que siempre nos dominará. Escuchamos noticias de variaciones en la vida de animales y plantas, que colonizan sitios antes impensables, como algunas aves migratorias africanas que se quedan en España a pasar el invierno y se irán de veraneo a Europa del Norte. Las personas también caminan en diferentes direcciones. Los aciertos y los errores se combinan: unas veces empujados por la ignorancia, otras por la imposibilidad de recorrer semejante camino en tan poco tiempo.

Los bosques aguantan como pueden los embates del cambio climático. La debilidad permite que agentes patógenos se ceben en ellos, o será cosa de la entropía permanente de la naturaleza, que así acaba con el arbolado más debilitado. Sin frío proliferan más los atacantes, sin agua los árboles no son capaces de generar estructuras resistentes que les hagan frente. El antropizado cambio climático actúa de impulsor del deterioro global que padecen ya casi una cuarta parte de los bosques. Si alguien no lo cree, que pregunte a las encinas, acuciadas por sequías y lluvias torrenciales en el sur, que en tiempos sabían responder a los agentes patógenos con más o menos generación de biomasa y asignación de sus recursos. Seguro que las masas boscosas van a cambiar. ¿Hacia dónde? No se sabe porque el tiempo los encorre y ellos permanecen anclados en el suelo.

Treinta años ya del Protocolo de Montreal, un acuerdo básico para la vida

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En ocasiones triunfa el sentido común, incluso en las relaciones entre países, y se conciertan iniciativas globales para proteger a la gente y a la compleja biosfera en la que esta vive. El Protocolo de Montreal -negociado largo tiempo antes tuvo su antecedente en el Convenio de Viena para la Protección de la capa de ozono y fue firmado en 1987- entraba en vigor del 1 de enero de 1989, al ser ratificado por los países necesarios. Supuso un hito en las relaciones internacionales, un ejemplo que podría haberse seguido en otras muchas problemáticas ambientales y sociales, una lección para la lucha contra el cambio climático. Después se han hecho correcciones que han mejorado estrategias y compromisos. La realidad es que se ha salvado la capa de ozono, tan importante para nuestra vida. De la destrucción de la capa de ozono ahora casi nadie habla, pero hace cuarenta años las perspectivas eran muy sombrías. Si no las recuerda, si quiere saber más, aquí tiene dónde mirar.

“The Ecologist” se asoma al mundo despoblado para rescatar sus pequeños detalles

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Hay publicaciones que se dedican a ponernos delante los detalles que dan argumento a la vida; The Ecologist es una de esas. En este caso aborda la despoblación y explora caminos para salir de ella. ¿valdrán para el caso de España? A lo largo de los años nos presenta argumentos para cuestionar la vida atropellada en la que nos hemos (han) metido, sin saber realmente hacia dónde vamos (nos llevan). Merece la pena leer de vez en cuando  (cada día más) palabras críticas, pensamientos razonados, denuncias de atropellos, etc., para entender que la visión del mundo no solo admite miradas forzadas, que es mejor el pensamiento lento y compartido para retomar algo sencillo que nos permita vivir mejor en conjunto y retomar una parte de la satisfacción personal; quizás un poco de la vida más sana que está por llegar si todos nos empeñamos.

Por cierto, ¿qué opinan del anuncio que vende un pueblo abandonado? Mejor lean el artículo completo. Tiene miga.

“Mi vecino Totoro” recuerda, después de 30 años, el valor del medio natural y la vida tranquila

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No lo vamos a explicar mejor que el artículo de Francesc Miró en eldiario.es. Acérquese al cine a ver la película cuyo argumento sigue vivo después de 30 años. Algunos la tacharán de sensiblera pero otros la consideramos un canto a la naturaleza, al valor de la amistad y al poder de las relaciones familiares. Y, ¡por qué no?, a creer en el mundo mágico de los duendes y deseos. Vayan a verla y comenten en familia lo que dice sin utilizar sobresaltos, y debatan si no haríamos bien en retomar la vida tranquila. Si quiere saber más entre en Generación Ghibli.

Microplástico llegó en 2018 a ser una estrella de la lengua española; ojalá sea para bien

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La lengua española se enriquece por el uso que se da a nuevas palabras, por más que algunas de estas delaten lo alejados que estamos de ser coherentes en nuestra vida individual y colectiva. Cuando la Fundéu elegía las 12 que iban a competir por ser la palabra del año 2018, se encontró con nuevos formatos de hablar en lo social (mena o menores no acompañados, los nadie, micromachismo, dataísmo, nacionalpopulismo, etc.) y en el medioambiente (ecocidio, alargascencia, ecoimpostura  o ecopostureo, esmog, Hora del Planeta). Todas ellas cargadas de sentido y trascendencia. Al final la elegida ha sido microplástico, que designa a aquellos fabricados de forma diminuta –presentes en muchos productos- o a los trozos degradados de otros más grandes. La palabra está ya en nuestra vida, como en todo el medioambiente. ¿Por qué no hablar del asunto y de paso restarle protagonismo actuando para reducir al máximo los perjuicios que ya nos causa? Por cierto, los microplásticos nos pertenecen, los hemos generado nosotros; ¿Misión nuestra será recogerlos? Digo.

Cómo no vamos a insistir si hasta la sal está plastificada. Acabo de darle acomodo en el procesador de textos, para que no me dé error de escritura, a pesar de que la RAE no lo tenga en su diccionario. Pero claro, así deja de recordarme la necesidad de hacer un uso más razonable de los plásticos y esos otros productos que contienen los “micro”. Mejor lo dejo. Por cierto, varios países ya los han prohibido en los cosméticos.

Descarbonizar, se hizo célebre en 2018 por necesidad

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Era una de las palabras nominadas a la celebridad por la Fundeu en este 2018 que acaba hoy. Mañana empieza la maniobra para cerrar las explotaciones de carbón, combustible que tiene una parte de la culpa de la notoriedad de la palabra. El cierre de las minas provoca un desastre de empleo y vida en algunas poblaciones. Los administradores de lo público lo sabían y poco o nada han hecho; habrá que actuar con premura para devolver la esperanza a la gente de esos territorios, que la hay fuera del carbón.

Pero descarbonizar puede ser tan famosa o más en el año que mañana comienza; queda pendiente una  transición energética que reduzca los combustibles fósiles en la movilidad, que fomente las energías renovables y vaya elininando de nuestras vidas la dependencia de las fósiles. Un consejo: celebre la entrada del año nuevo con el propósito de descarbonizarse a partir del 1 de enero, para acabarlo con un futuro menos negro. Su salud se lo agradecerá.

Axioma naciente para compartir universalmente: los residuos no son basura

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Por más que durante estas fechas navideñas falle con estrépito el axioma, créanlo de una vez: los residuos no son basura. En este asunto hay una clave previa: producir menos residuos ayuda a la gente a valorarlo y no falta quien deja de asimilarlos con basura; también puede generar menos en Navidad. Aunque las referencias sean antiguas, sirven para estas fechas. Lo llaman The circular Lab . ¿Qué habrá sucedido desde su creación hace un año?

Cuesta convencer a la gente de algo tan simple como la correcta utilización de los contenedores de residuos; ahora mismo son basureros en muchas zonas de la ciudad de Madrid porque los ciudadanos que vierten allí mezclan vidrios con poliespan, papeles y latas. Contra esto, ¿qué pueden hacer los ayuntamientos? Algunas veces multan a unos pocos vecinos pero el asunto no se arregla. El de Madrid amplía la recogida a la materia orgánica. Veremos.

Aquí les dejamos el asunto para debatir en las tertulias familiares, o de amigos, de estas fiestas. Después pueden callejear por su ciudad hoy mismo y ver cómo están de llenos, comprobar si sus habitantes saben al menos depositar los residuos separados donde deben. 

Conocer los perfiles de la contaminación industrial también es cultura ciudadana

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Hay quien defiende que las cuestiones técnicas del medio ambiente no tienen por qué interesar a la gente; desde aquí opinamos lo contrario: son cultura general, imprescindible para entender los tiempos en que vivimos. Por eso, hay que aplaudir que la Agencia Europea del Medio Ambiente (EAA, por sus siglas en inglés) nos muestre los perfiles de los países miembros en lo que se refiere a la contaminación industrial. Su último informe 2018 Industrial pollution country profiles contiene muchos datos de interés. Cada cosa que consumimos o empleamos tiene su relevancia con respecto a las contribuciones económicas -para los individuos y el país en su conjunto-, implica un consumo más o menos elevado de energía y agua, emite una serie de contaminantes al aire y al agua, genera una enorme cantidad de residuos que hay que gestionar. Dese una vuelta por la web y entérese de los efectos nombrados en los diferentes asuntos o mire país por país. Ante estos datos, uno se pregunta si podremos resolver todas las cuestiones ambientales que tenemos encima y dejarles a nuestros hijos y nietos una Europa más limpia. 

¡Ojalá disfrutéis de la vida casi descarbonizada, incluso del transporte, en 2050!

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Uno piensa en sus hijos y nietos, en aquellos chicos y chicas a quienes dio clase y mareó con aquello del cambio climático y de la necesidad de descarbonizar la movilidad; así los animaba a venir al instituto en transporte público o en bicicleta. Uno debe reconocer que le costaba creer que eso sería posible, como le hacían ver los estudiantes escépticos, en realidad la cosa no les inquietaba mucho, excepto a unos pocos, la mayoría chicas. Pero mira por donde, las cosas parece que empiezan a cambiar y algo habremos conseguido entre todos los insistentes; de hecho, ahora pueden verse más de cien bicis aparcadas a la entrada del centro. La UE se propone, cuesta mucho decir se compromete, a que el transporte esté descarbonizado en 2050. Si la apuesta llega a ser verdad, disfrutaréis de un aire más saludable, significará que las personas han recuperado el espacio urbano, que las ciudades son más amigables. Debemos congratularnos porque parece que, ahora sí, los gobiernos se ponen en marcha y los grandes grupos de transporte también, según nos cuenta Transport & Environment ¡Feliz viaje! Desde aquí animaremos cuando la velocidad sea la adecuada o criticaremos los parones mientras podamos.

Las abejas vuelan y no vuelven; la escuela de la vida debe protegerlas

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ECOESCUELA ABIERTA de El Diario de la Educación

En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

No es extraña esa adoración secular, pues estos insectos provocan la fecundación de muchas especies vegetales. Cada primavera árboles frutales, leguminosas forrajeras, plantas silvestres y todos los cultivos hortícolas lanzan desde sus flores COV (compuestos orgánicos volátiles) para atraerlas; esperan ansiosos la incesante actividad polinizadora de las diosas aladas. Su poder fecundante llega hasta la economía: la UE les asigna un rédito anual de 15.000 millones de euros por su influencia en las producciones agrarias. Desde el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) se recuerda que limitan el hambre en el mundo pues de las cien especies de cultivos que proporcionan el 90% de la alimentación mundial, un 70% son polinizados por las abejas.

Pero están en peligro…

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CDAMAZ, un oasis ambiental que irradia compromiso y esperanza

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Quizás las siglas le digan poco, pero el Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente de Zaragoza cumple 15 años. Empezó casi como una utopía necesaria: soñar que desde la información y la selección de recursos ambientales se podrían mejorar nuestras relaciones con el entorno. Durante estos años ha conseguido dar contenido a la acción ambiental pues ha generado cantidad de información relevante, ha servido de punto de encuentro, de lugar de reflexión, de búsqueda de caminos nuevos hacia la sostenibilidad, etc. Todo ello ha sido posible porque el Equipo de personas que lo dirige y construye cada día creen en un mundo diferente, más sostenible y son inasequibles al desánimo; también hay que agradecer el espíritu que llevó al Ayuntamiento de Zaragoza a crearlo y su mantenimiento a pesar de las crisis presupuestarias. El CDAMAZ es un ejemplo para otras muchas ciudades y países. Merece la consideración de todos los ambientalistas y de los ciudadanos de Zaragoza. ¡Feliz cumpleaños! Os necesitamos.