La dana que ha ahogado al oeste de Europa convive con los incendios de Siberia

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Las catástrofes naturales nos recuerdan que vivimos tiempos complejos. Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo padecen inundaciones y destrozos no vistos o recordados. Llueve demasiado en poco tiempo y los drenajes naturales se colapsan. Las causas son diversas, entre ellas la ocupación del espacio inundable por construcciones y la antropización general de territorios frágiles. También dicen las autoridades alemanas y la Presidenta de la UE que el cambio climático puede estar detrás, o al lado, de la virulencia de estos episodios. La comunidad científica tiene sus fundadas sospechas, como el hecho de la alteración de la corriente en chorro o el aumento de la temperatura global, cada cierto tiempo alumbra nuevos estudios para certificarlo. Se avanza que va a haber una reflexión sobre esta amenaza. La Canciller Merkel ha prometido reparar lo destruido. Esperemos que no lo dejen tal cual estaba antes porque la repetición está servida.

Al mismo tiempo arde la región siberiana de Saja-Yakutia, allí donde lo normal es que haya temperaturas bajas casi todo el año y moderadas en verano pues el territorio está dentro de los límites del Círculo Polar Ártico. El calor registrado este mes no tiene precedentes. Yakutsk, a más de 8.000 kilómetros de la capital rusa y que en invierno roza los 50 grados bajo cero, ha estado a 35 grados. Incluso la zona se está calentando 2,5 veces más rápido que la tasa promedio mundial. Hasta ahora han ardido más de millón y medio de hectáreas. Los incendios han existido siempre como alternancia natural de los ciclos de la biomasa, pero no con la dimensión y recurrencia de ahora.

Humos y más gases dificultan la vida de allí pero es que el deshielo del suelo, permafrost, por el calentamento global y la desaparición de las masas vegetales es una amenaza al clima mundial. El metano retenido en los suelos helados se liberará, añadiendo nuevos incentivos al inquietante cambio climático, a la crisis ambiental que tenemos ya presente. Y lo peor es que arde por los cuatro costados la Siberia rusa. Hace poco se quemó el NO americano y otros lugares. Así crecen los temores de que los episodios se repitan.

¿Qué podemos hacer? Para empezar creernos de verdad la influencia antrópica como generadora de la crisis climática. A continuación cambiar nuestro estilo de vida para no echar más fuego al problema, que también nos trae danas erráticas que descargan donde antes eran desconocidas. A la vez respetar los caminos del agua, que libre como quiere sentirse siempre no entiende de daños provocados sino que busca sus itinerarios ancestrales.

Que la pobreza extrema no sea el epitafio de la sensatez democrática

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España duele, a poco que la observemos con sentimiento. No cuenta mucho la idea que tengamos del territorio. Son más importantes las gentes que lo habitan. Uno solo de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ICV) del INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre pobreza severa pone exactitud a la vida colectiva, tantas veces inefable y dispersa. El 7% de la población se encontraba en riesgo de pobreza y exclusión social en 2020 frente al 4,7% antes de la crisis; uno de cada tres niños lo padecen. Otro detalle: El porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4%, desde el 25,3% de 2019. La estampa social la observamos ahora mucho peor que la habíamos dejado la noche anterior, antes de la pandemia. Parece que fue ayer este largo día que nunca acaba. Sin embargo, en alguna CCAA como Aragón esa deriva se ha corregido.

Cuesta creerlo en un país dotado de instituciones democráticas. Nos remontamos al pasado para romper los sinsentidos del presente. Algo que redima las negruras de la gente pobre, severamente pobre. Su existencia está llena de fragmentos que no hay forma de encajar entre sí. Tratar de mejorarlos se convierte en un juego de azar, muchas veces solitario. El presente se les derrumbará, cuál castillo de naipes marcados. En según que territorios mucho más

Personas y familia sorprendidas por el infortunio. A cada paso que dan, algo les golpea en el tobillo y les hace caer de nuevo. No es extraño que nunca acaben de maldecir. Por más que escuchen gritos de gente empeñada en un cometido cívico digno de la mejor democracia. Son voces que poco a poco se diluyen en la infusión de nublado escenario político. Un solo rostro de la aséptica pobreza detrás del cual hay muchos nombres, pero no forman nómina. Pueden más los gestos de absoluta indiferencia de quienes están en el camino del triunfo y alejados más o menos de la amenaza.

Pobres que sueñan que no viven sueños. Poco a poco se dan cuenta que permanecen anclados en el retardo. Se lo recuerdan otras pesadillas cada vez que se levantan para enfrentarse a la realidad.

Se oye más de una vez lo de estamos perdidos. Dicho ya sin énfasis, como si sirviese para recordar algo ajeno. Las cosas de siempre ya no son objeto de conversaciones hilvanadas, quedan truncadas por silencios y pesares. Una fotografía las presenta en un ambiente galdosiano de perdedores. Dicen que es el nuevo (sur)realismo globalizado.

Mientras, por poner solo un ejemplo de lo caro que resultar vivir, la energía no hace más que subir, incluso la que es derecho humano. Qué será de ellos. A este paso, la democracia les va a escribir un epitafio. Aparentando que todo este silencio esconde un orden eternizado. Acaso los grandes problemas del imaginario político son el epitafio de la misma democracia. Lo cual sería una insensatez.

Ya se escuchan algunas elegías, de signo y contenido variado. ¿Serán capaces de hacer renacer los sentimientos y convertirlos en acciones que despierten a las ausentes democracias?

Ropaje ambiental para estar a la moda

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Queremos pensar que toda esa gente que dice sentir como propia esa inclinación por la sostenibilidad seguirá en el empeño pasado un tiempo. Nos gustaría que así fuese, que no hubiese cambiado de ropaje por haber sucumbido sin reflexión a la sostenibilidad publicitada y escasamente interiorizada. Tenemos esta prevención porque tal como se disemina el término se corre el riesgo de que termine desgastado, como otros muchos que afectaban al pensamiento y bienestar colectivo. Más o menos lo que antes se llamaba ética, pero ahora lleva añadida la dimensión ecosocial.

Las astutas empresas, gobiernos y todo quisqui también nos la venden. Se adelantan a nuestras modas con su protagonismo reverdecedor. ¿No será que nos las crean? Ante tal aluvión de ambientalismo no falta gente suspicaz. Le cuesta creer que los perezosos gobiernos y las empresas nos vayan a impulsar cambios profundos en nuestros estilos de vida. Algo de razón tienen. Son los mismos poderes que han permitido o provocado ‒o al menos ayudado por acción u omisión negando evidencias‒ una buena parte de los desastres del descabellado modelo de crecimiento. Por eso se duda de la publicidad ambiental con que ahora abruman día sí y otro también. 

La advertencia no llega solamente de las ONG sino que también la formula la ciencia y la señalan organismos internaciones. Si lo pensamos bien esa publicidad es de por si insostenible si se queda en la laminación de las preocupaciones ambientales, vía emoción exprés. Somos poco constantes, tendentes al olvido. No extrañe que decaiga el interés por el cambio de estilo de vida si asoma la autosatisfacción no razonada en algo que la publicidad ambiental nos marca. Es más sanatorio comprometerse con la sostenibilidad que solo comprarla. En consecuencia, dejemos abierta la posibilidad por si se le ocurre asomar la cabeza a la esperanza y la moda se convierte en renovación vital.

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Si Doñana sufre, algo se muere en el alma de la naturaleza

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Lo dice la canción que se escucha a menudo por sus cercanías: cuando un amigo se va, algo se muere en el alma. No se sabe si es emoción, deseo, sentimiento o cualquier cariño allí guardado. 

De poco le han servido sus más de 50 años de declaración de Parque Nacional. Tampoco que sea a la vez Parque Natural. Ni siquiera sus más de 25 años de ser considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Poco enclaves mundiales poseen esta distinción sublime. En el país de la mayor diversidad de vida atesora en Europa, Doñana se ve sometida a atropellos varios, una y otra vez. ¿Cómo calificar el olvido consciente? El cultivo de lo efímero que desde hace unas décadas nos ofusca, nos impide admira lo extraordinariamente bello con formato de ecología renovada permanentemente. En enclave se merece algo más, aún se recuerdan las maniobras que costó componer su candidatura en plena dictadura.

El complejo multiforme de Doñana lo han escrito las aportaciones del tiempo en forma de suelos y agua circulante, en ciclos más o menos rigurosos. También las trazas de gente más o menos sensible que va y viene, la que quiere vivir de una u otra forma en sus cercanías y por ello se pelea. Buenos deseos y algunas acciones de las autoridades que llegan al Parque o se van dejando en el alejamiento o para más tarde sus posibles preocupaciones. Plantas y animales que allí se asientan y cuya opinión no cuenta. ¡Si supieran hablar! 

Ahora conocemos que el Tribunal de Justicia de la UE condena a España “solo” por no proteger el permanente expolio del agua para el riego o el abastecimiento urbano, por contravenir la Directiva Marco del Agua de la UE. Quedan absueltos atropellos varios según denuncian las organizaciones conservacionistas.

El epítome de los españoles podría resumirse en un amor por la naturaleza y la biodiversidad con evidentes altibajos. No olvidemos aquella recomendación de Miguel Delibes de no usar la naturaleza como si fuéramos el último inquilino.

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El Gobierno francés recula y no llevará la lucha climática a la Constitución

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La pretensión era admirable. El Presidente Macron manifestó que quería llevar al artículo 1 de la Constitución la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático.

https://www.lemonde.fr/politique/article/2021/07/07/referendum-climat-l-executif-contraint-d-enterrer-la-promesse-d-emmanuel-macron_6087284_823448.html?xtor&&M_BT=35298898330415#x3D;EPR-32280629-[a-la-une]-20210707-[zone_edito_1_titre_1]

Todo se andará. Por lo que parece, las necesidades serán tan grandes que entre o no en las constituciones de los países democráticos habrá que actuar como si ambos cometido fueran un derecho universal. ¿Acaso no lo son? Tiempo al tiempo, estamos seguros de que la gobernanza se desatará de las leguleyas trabas y mirará la vida colectiva. Como es su obligación.

Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

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Vivir con otros es un ejercicio complejo, que no se resuelve de la misma manera un día y el siguiente. Lo propio manda demasiado, a no ser que tengamos los cinco sentidos bien abiertos y un buen acopio de sentimientos, emociones y sensibilidad. A vivir se aprende porque se enseña en ámbitos familiares y escolares; a veces con el ejemplo en otras con el razonamiento. La sociedad también muestra detalles, a menudo contradictorios, de lo que conviene a todos o beneficia solamente a uno mismo.

La corresponsabilidad podría ser una capacidad para situarse ante los problemas propios o colectivos. La emergencias ecosociales se afrontarían desde dentro. Durante estos días dominan en los medios de comunicación noticias de desenfoques de responsabilidad. Afectan, entre otras, a las llamaradas del cambio climático: arde el NO de América del Norte o el petrolero Golfo de México, crecen las migraciones climáticas y parece ser que la temperatura global aumenta más de lo previsto. 

Debemos decir con pena que las crisis ecosociales no se arreglan apenas. El hambre mundial pierde los retoques de los últimos años, en muchos países se restringen derechos que costó mucho conseguir. Tampoco las relacionadas con la salud; ni siquiera aquellas en las que es evidente que la corresponsabilidad tiene efectos positivos casi inmediatos. Vemos con estupor conductas desarregladas de la gente con respecto a la COVID-19, en España y en el mundo.

El espíritu colectivo que creíamos haber potenciado en las escuelas y en las sociedades avanzadas se esfumó, o se diluye en lo particular con el tiempo. Sirvan como ejemplo las expansiones de parte de la gente joven que ahora provoca el aumento peligroso de los casos pandémicos. Las estadísticas los sitúan entre 15 y 40 años. Sin rubor, se autonombran los más perjudicados por las restricciones y desean liberarse de estampida. ¿Qué pensarán de ellos sus mayores, sanitarios, profesorado, trabajadores esenciales y un largo etcétera golpeado en la economía y la salud a lo largo de este año y medio?

En principio, sus maestros habíamos hablado de valores compartidos en la escuela democrática -muchos de ellos y ellas habrán cursado Educación en Valores o Ética-, las familias parecían estar en la misma sintonía hace unas décadas. Por lo que se ve, en ninguno de los dos ámbitos supimos enseñar con acierto el significado comprometido de la corresponsabilidad. Quizás pudo más la satisfacción rápida de los deseos individuales antes que la reflexión ética para ver si ciertos comportamientos particulares lastimaban la vida de todos. 

¿Quién sabe si no está detrás el desapego por el bien común que muestran ciertos iconos políticos o mediáticos? Sea por lo que fuere necesitamos la ayuda de la gente joven. Máxime en estos tiempos de tanta interdependencia. Usemos la pedagogía de lo posible, de lo necesario, para que se haga corresponsable de la mejora pandémica. ¡Qué bien haríamos en releer lo que manifiesta Adela Cortina sobre el ejercicio de la corresponsabilidad!, y llevarlo al debate público. También a los escenarios parlamentario y político.

La desertificación avanza pero no afecta al debate político

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Podría calificarse como uno de los más graves problemas ecosociales y, a la vez, colocarlo en la trastienda donde se arrinconan los grandes ausentes de conversaciones privadas y no digamos del debate político. O si estos últimos hablan de ello no nos lo dicen, con lo cual la posiblemente inducida  preocupación ciudadana no puede existir, a no ser que brote como planta efímera del desierto. El asunto es más incomprensible si pensamos que la desertificación es algo así como un libro escrito en la tierra en el que se pueden leer muchas historias, leyendas y anécdotas. 

Hablamos de España para no perdernos en latitudes de los trópicos. Advierten Greenpeace y otra gente sensible con el asunto de que más del 75% de la superficie de España está en riesgo de desertificación. No solo eso es preocupante ya que el 70% de las demarcaciones hidrográficas presentan niveles de estrés hídrico alto o severo. Apremia el Observatorio Ciudadano de la Sequía de FCyT (Fundación para la Ciencia y la Tecnología) de que es urgente acabar con la sobreexplotación y contaminación de los recursos hídricos. Tampoco este asunto merece la atención de la política española actual, y el problema ya es añejo. Pero ahora se ha visto amplificado por el cambio climático. Así lo asegura el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España (2021)

Cómo estará el asunto que hasta el Tribunal de Cuentas redactó su informe especial núm. 33 en 2018 con un título expresivo La lucha contra la desertificación en la UE: una amenaza creciente contra la que se debe actuar más intensamente.

En el artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es hablamos más sobre el avance de la desertificación en España.

 

Si la alimentación fuera ya un derecho humano en España

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El uso del condicional marca los tiempos vividos o por vivir. Expone circunstancia y permite aventurar causas. En España, como en otros muchos países del mundo, la alimentación universal todavía no es un derecho humano real, consolidado por hechos y no solo por palabras o leyes. Por eso, quienes se preguntan por el significado de la ética social aspiran a saber qué hay que hacer para que lo sea. 

Según se cuenta en el Observatorio sobre el derecho a la Alimentación en España, los paisajes alimentarios son muy diversos. Casi tantos como los que señala el reciente Informe mundial 2021 sobre crisis alimentarias (GRFC 2021) Aterra conocer que en el conjunto mundial estamos peor que hace 5 años. Bastantes de las causas tienen que ver con los conflictos bélicos y religiosos permanentes, con los efectos económicos relacionados con la COVID-19, pero también con fenómenos meteorológicos extremos. 

En España también hay que mejorar con urgencia el derecho a la alimentación. En este cometido tienen mucho que hacer las administraciones. Si bien no todo es responsabilidad suya, pero fallan demasiado. Basta mirar lo sucedido desde que empezó la pandemia. Cáritas alertaba de que durante 2020 alrededor de medio millón de personas de las que recurrían a su ayuda alimentaria lo hacían por primera vez. Algo estaba mal planteado cuando “las colas del hambre” han sido una imagen dolorosa en varias ciudades españolas; se han convertido es estampas de vergüenza social. Chefs y restaurantes, junto con muchas entidades sociales como los bancos de alimentos y alguna administración especialmente sensible,  han colaborado en dar un ligero y temporal remedio a este problema. Pasarán unos meses y quizás desaparezcan las imágenes más duras. Nos queda tiempo para recapacitar por qué es tan necesaria la adopción de una “Carta contra el hambre” y la dotación de suficientes recursos. Si la alimentación fuera ya un derecho humano universal, en España, significaría que la humanitaria ética colectiva estaba despertando de uno de sus permanentes letargos.

Leer el artículo completo en La Cima 2030, un blog de 20minutos.es.

Aprender por/para el planeta es imprescindible

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Conviene leer la publicación de la Unesco Aprender por el planeta. Revisión global de cómo los temas relacionados con el medio ambiente están integrados en la educación, por ahora solo está disponible en inglés . En este informe se realiza una lectura comparada de cómo la educación reglada de diversos países ha incorporado la temática ambiental a sus planes de estudio. El informe se ha dado a conocer coincidiendo con la Conferencia Mundial sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible, un evento virtual celebrado entre el 17 y el 19 de mayo de 2021, en Berlín.

Es conveniente conocer muchos detalles sobre el planeta.  Así podemos completar nuestra educación, de la que una buena parte tiene relación con él. En cierta manera con nuestro interés le devolvemos el préstamo vital que nos ha hecho. Pero además, si nos implicamos en saber detalles de su estado realizamos una lectura reposada y crítica de la vida propia. Posiblemente revolveremos, o generaremos un cierto compromiso ecológico y social, que también se aprende y de tanta utilidad nos sería en este momento. 

En el informe, del cual existe un resumen en español, se aconseja que educar para el planeta (el medioambiente global) ha de ser una prioridad absoluta en los planes de estudio. En ellos debe figurar en lugar preeminente el cambio climático y biodiversidad, pero no solo. Hay que huir del mero conocimiento de conceptos más o menos importantes. El conocimiento generado mediante aprendizajes múltiples ha de ser mucho más holístico pues permite que se movilicen deseos y emociones en los estudiantes.

Aprender por/para el planeta es hacerlo sobre nosotros/para nosotros. Por eso debe formar parte importante de los currículos educativos, superando el mero conocimiento de conceptos, buscando entender interacciones y la generación de compromisos.

Días internacionales para rescatar del olvido retos pendientes

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El mes de junio reúne muchos días internacionales que llaman nuestra atención. Estas fechas sirven para recordarnos los retos pendientes, las posibles actuaciones globales sobre una problemática determinada que necesita una o varias mejoras. En cierto modo nos avisan de que determinados descuidos o usos sociales ponen en riesgo algo tangible o no. No se sabe muy bien lo que tienen de celebración o conmemoración, quizás más de lo segundo. Este mes se señalan días que alertan sobre asuntos sociales (enfermedades varias, desigualdades lacerantes, olvidos de quienes más sufren, etc.). Asuntos que necesitan una urgente y continuada atención colectiva y mucha dotación económica prioritaria por parte de los gobiernos. Además de estos, encontramos otros muchos sobre cuestiones que tienen que ver con el medioambiente. Sabemos que no basta con llamar la atención un solo día pero a nadie perjudica recordarle la tarea pendiente.

El 5 de junio fue un día que a casi nadie pasaría desapercibido. Una jornada estrella pues los medios de comunicación suelen hablar sobre el tema y presentar reportajes interesantes. Ciñéndonos solo a ecología global anotamos el 1 de junio dedicado a los arrecifes, el 2 a la bicicleta, el 5 al medio ambiente y también a la pesca ilegal, el 7 al vencejo, el 8 a los océanos, el 15 al viento, el 16 a las tortugas marinas, 17 a la desertificación y sequía, el 21 al Sol y a la hidrografía, el 22 a los bosques tropicales, el 29 a los trópicos y así seguiríamos.

El día internacional en sí es nada, pero dice bastante si queremos escucharlo. Lo poco que se haga o se piense es mucho comparado con lo que sucedería de no haber nadie que llamase la atención sobre lo desatendido, que para nada es superfluo sino una parte importante de la existencia colectiva. 

¿Qué tienen en común los vencejos y los océanos? Los unos negros, aéreos, diminutos, pasan desapercibidos para mucha gente. El otro enorme, universal, onmipresente en el horizonte y los pensamientos. Quizás se parezcan en que sean migrantes, que no encuentren fronteras en el mundo. No lo sé, o me lo imagino pero no hay que darle excesivas vueltas. Me basta con leer el poema de Unamuno (1908) «Han vuelto los vencejos».

Posdata del 5 de junio: la tarea ambiental no ha hecho sino empezar

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Empecemos por recordar que somos ecodependientes, que la naturaleza que nos acoge merece una consideración afectiva, que no solo tiene la cualidad de utilidad. Las capacidades individuales y colectivas se generan en el campo de la experimentación, si es un grupo salen reforzadas. Pasó la fecha del 5 de junio. Para que los deseos de esos días no se desvanezcan enseguida debemos poner en marcha otros sistemas de convivencia ecosocial.  El informe IPBES puede servir de referencia para empezar a hacer lo que se evaluará dentro de una año. Lleva un título reflexivo: Evaluación mundial sobre la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas. Resumen para los encargados de la formulación de políticas. Ahí está el asunto vital, o uno de ellos.

Rescatemos solamente dos supuestos del Informe. Están traducidos a guías de acción para quienes se encargan de formular/acordar políticas:

  • La naturaleza es profundamente ecosocial.  Busquemos una convivencia sin estridencias entre una y otra. Logremos que en todo el mundo mejore la alimentación, se reparta y se utilice mejor la energía, la salud universal sea casi una realidad. hagamos realidad que el bienestar humano sea universal. Alcancemos la mitigación del cambio climático. Conservemos más y mejor la naturaleza y hagamos de ella un uso hiper sostenible. Movámonos en el escenario de las alianzas, con instrumentos normativos ágiles nacionales y suprenacionales que ilusionen a la gente de todo el mundo. En fin, consigamos el apoyo individual y colectivo para impulsar el cambio transformador, tan urgente y necesario.
  • Convenzámonos de que todavía es posible conservar, restaurar y coexistir con la naturaleza de manera amigable, sostenible a la vez que se pueden alcanzar varias metas sociales. Para lograrlo los formuladores de políticas debemos acometer urgentemente iniciativas coordinadas en todo el mundo. Empecemos a hacerlas realidad en la Conferencia del Cambio Climático de Glasgow.

Leer artículo completo Con(Pre)servar la naturaleza en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

Preludio para el Día del Medio Ambiente: la Tierra agotará pronto su despensa anual

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La Tierra en su conjunto, sus habitantes con ella, se enfrentan cada año a un reto no superado: limitar su uso de los recursos naturales que se pueden generar en el año. La sobrecapacidad es un término que asusta en cualquier actividad humana individual y colectiva. En el caso de la Tierra no, será porque parece que es de todos para utilizarla y de pocos para protegerla. «Eart Oversoot Day», El Día de superación de la Tierra se establece con una operación simple, entendible por toda la gente (Biocapacidad del planeta / Huella ecológica de la humanidad) x 365 = Día de la superación de la Tierra. Se han mejorado los cálculos por parte de Global Footprint Network. 

Cada año llega antes, cada año se consumen tesoros guardados en la despensa Tierra. ¿Hasta cuándo durarán? Ya tenemos cerca el día global del mundo -en España fue en mayo, en China llega en unos días, otros muchos países lo hicieron con antelación- y nos da tiempo para pensar qué significa y hablarlo con la gente que nos rodea, para lo que podemos consultar cómo han ido o irán distintos países. Por eso avisamos con antelación. Acaso prever la posible influencia del cambio climático en algunos de los parámetros que tienen que ver en el acontecer de la vida en la Tierra. 

Cuando llegue el día D, cuando la Tierra esté sobrepasada lanzará llamadas de socorro. ¿Quién las escuchará? Habremos de prepararnos para los años venideros, que por ahora parece que van a restar hojas del calendario global. Las generaciones actuales deberían dejar una Tierra menos maltrecha a las futuras. Es una de las misiones que se marca cualquier especie. La humana, dotada de una enorme capacidad de pensar, perdió la referencia biológica hace demasiado tiempo.

Pero todavía puede… Mañana se habla en todo el mundo de Día del Medio Ambiente. Algo que celebrar habrá, pero pesará mucho más lo que hay que lamentar: apenas cambiamos nuestra manera de ver las relaciones ecosociales.

Esa humanidad que comparti(ría)mos

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Amnistía Internacional cumple 60 años. Lo señala resaltando el hecho de que se esfuerza por compartir humanidad. Esta intención no es universal. Parece una nebulosa social, especialmente para decepción de quienes tienen claro qué significa mirar siempre en el espejo de los otros, diferentes y extraños la mayor parte de las veces, para verse uno mismo o sus allegados. Humanidad es reclamar un mundo ideológico sin fronteras con pinchos, en donde todos los seres humanos puedan ser y estar con unos niveles de dignidad humana. Eso tiene valor en el contexto de sociedades menos desiguales, sin castigos lacerantes por ejercer la capacidad humana de pensar y expresarse.

Sesenta años clamando a los poderes y religiones por los olvidados y perdedores, por las mujeres castigadas por el hecho de tener asignada una humanidad disminuida, por todas las personas que sufren persecución por su raza, religión o simplemente por pronunciar palabras críticas. Tantos años prestando palabras y argumentos a quienes no tienen voz en países de sordera selectiva, en regímenes de privación de casi todo que no sea aplaudir a quienes mandan o profesan la religión verdadera. Tantos años levantando la voz por personas marginadas dan valor a lo hecho. A la vez su mensaje reclama lo que queda por hacer.

Humanidad que compartimos, dice su lema. Aunque no están solos,  seguro que tanto las personas que pertenecen al núcleo central próximo a la acción directa y quienes les acompañan siendo socios, desearían compartirla con mucha más gente. Humanidad que buscan con otras ONG y se la hacen ver a esas religiones que se han deshumanizado. Pero qué es humanidad? Cuánto tiene de humanismo o humanitario? Vayamos pensando en la vida de otros si queremos darle un matiz universalista, existencialista, empírico u otros. En cualquier caso, desentrañemos de forma colectiva aquello que se dice en El Principito: veo humanos pero no veo humanidad, por si debemos cambiar algo la idea.

Lecciones para resolver pronto: Reciclamos poco y mal

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Llevamos ya tantos años practicando que todos dábamos por aprendida la lección del reciclaje, pero no. Habremos ganado en eso de separar unos residuos de otros pero de ahí a recuperar materiales para posteriores usos la cosa cambia. Pasa en muchos lugares, en ciudades y países más o menos responsables con el despilfarro de recursos. Y es que la vida es tan compleja que a veces nos puede la desidia o ignorancia. 

Hace ya muchas décadas que nos creímos lo de que que consumir y tener más nos daba confortabilidad vivencial y hasta emocional. Alguien lo supo expresar muy bien en el Homo consumus. Así pasamos a un derroche de recursos que va y viene sin parar. La fabricación acelerada de casi todo lo impulsó, como nos cuenta de Annie Leonard en la estupenda lección La historia de las cosas. Hace un tiempo nos encariñábamos con tal o cual objeto aunque no le diésemos uso; ni siquiera nos deshacíamos de él cuando ocupaba un espacio que nos era vital. Lo guardábamos en el trastero por su carga afectiva o porque creíamos que volvería a acompañarnos en la vida. Los desvanes se convertían en libros de historia.

Tal está las cosas en este momento que hasta lo objetos más familiares y cercanos han perdido singularidad; son “no-cosas”. Antes se hablaba de mi… (pongámosle el producto que queramos) como denotando una cierta familiaridad por la cercanía o el uso práctivo. Ahora se habla de “el o un” lo que sea, ya no ocupa un lugar en la existencia personal. Es algo así como el vaquero de Toy Story  que va y viene, perdiendo parte de su existencia afectiva.

Pero no todo está perdido; nos puede ayudar el reciclaje bien entendido pues el mismo concepto o ideal emocional nunca deja de tener algún uso. Una pregunta indiscreta: ¿Qué diez cosas (objetos o productos) has llevado al contenedor de residuos respectivo esta semana pensando que tendrán seguro posteriores usos, totalmente o en parte? Seguir leyendo en el blog La Cima2030

Cosas de cigarras estadounidenses, 17 años después

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Sale, canta y revoluciona el mundo. La cigarra es un artrópodo relativamente reconocido en la cultura universal. De ella se han escrito cuentos, curiosos audiocuentos de la naturaleza, poemas y libros enteros. Se la ha querido comparar con la hormiga, como especie y colectivo pero el cuento no cuenta la verdad del todo porque es una fábula que Esopo lanzó al mundo. Después Jean de la Fontaine y Samaniego, entre otros, la divulgaron con matices su manera de estridular. 

Quién sabe si el cambio climático retrasará o evitará que las cigarras estadounidenses acudan prestas a su cita de cada 17 años. Tantos años madurando, tanto tiempo esperando a que la posible fertilidad se haga realidad. La costa este de EE.UU. espera expectante. ¿Quién sabe que relojes o calendarios siguen esas cigarras? Pues el año próximo serán otras y así sucesivamente. Esto de los ciclos de la naturaleza tiene su misterio y su belleza. También el resto de los seres vivos tienen ritmos que a nosotros se nos escapan. La eclosión va a ser brutal, por el ruido solamente pues las cigarras son inofensivas. Solamente están al servicio de la especie, para que esta no desaparezca.  La gente se asustará por lo que la Agencia de Protección Ambiental de EE UU (EPA, por sus siglas en inglés) ha impulsado una fuerte campaña en redes sociales para que la población no las extermine con fumigaciones, dado que los insecticidas dañan otras muchas vidas.

Por aquí no aguantan tanto bajo tierra; de esto saben mucho en National Geographic. Las cosas de los seres vivos nos resultan a veces incomprensibles, como el hecho de que lo de las cigarras tenga relación con los números primos; otras tienen ciclos de 13 años. Por eso, entender la biodiversidad, o ser conscientes de que nos enriquece es una de las tareas que tenemos pendientes. Por cierto, el pasado 22 de mayo fue el Día Internacional de la Biodiversidad 2021. Este año tenía un lema digno de ser descifrado: Somos parte de la solución. Pues eso.