Trampantojos de la vida para disimular lo que parece que no es

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La pandemia actual nos ha pillado descolocados. Son pocos quienes entienden la vida de hoy que es mañana. Se ha escrito mucho sobre el asunto, quizás como una manera de desvelar las dudas porque certezas no parece que haya muchas. Bueno, sí, las lanzan los acérrimos que detonan explosivos contra todo que no sea ellos mismos. La realidad es que nada de lo que pasa parecería real hace unos meses; acaso es un sueño. No faltan quienes se preguntan si estos apocalipsis no formarán parte del curso real de la historia futura. Lo que sí parece cierto es que se ha extendido entre mucha gente una sensación de fragilidad, propia y compartida.

Acaso sea cierto. “En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía.“, dice una secuencia novelada Los años de peregrinación de un chico sin color de Haruki Murakami. O será aquello que el mismo autor dice “el destino siempre se lleva su parte y no se retira hasta obtener lo que le corresponde”, Crónica del pájaro que da la vuelta al mundo.

Hay quien sugiere que el trampantojo nos los presentó el progreso, PIB o como se llame, que logró hasta la deshumanización de la vida. Se engrandeció en todos los ámbitos, cargado de ironías y privilegios. No faltan voces autorizadas que afirman que es reversible pues la pandemia nos ha servido para darnos cuenta de que el aumento ilimitado del “nivel de vida”, con parámetros engañosos y escenarios multiplicadores diferentes, cada vez tiene más límites.

El despiste es global, muchas vidas escondidas en imágenes similares o diferenciadas. Por ellas circula la autonomía personal, inestable pues en ella convive el deseo de seguridad propio con la sensación de mayor o menor pertenencia a un grupo concreto, a un colectivo que va desde la comunidad de vecinos hasta el mundo.  La salvación vista como una epopeya.

Habremos de ser capaces de reconocer las debilidades y fortalezas de estas imperfectas sociedades; solo así se podrán concertar y universalizar sus valores más esenciales.

 

Antecrónica de una pesadilla anunciada: se acerca una pandemia

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Decir que nada es como parece se asemeja a una simpleza, si bien en estos tiempos es una frase adecuada para hablar de algo que se desconoce, como le sucede a la mayoría de la gente que se ve asediada de una u otra forma con la pesadilla de la pandemia. Por si el padecimiento no fuera poco, tienen que soportar la matraca de quienes sí aparentan que saben en redes de todo tipo, y no digamos en las cadenas televisivas. Menos mal que, de vez en cuando, personas con cordura científica nos previenen de lo que esta incertidumbre esconde detrás, de las dudas que esconde. Lo que sí aseguran es que las pandemias serán definitivamente una parte de nuestra vida. Ante ellas no vale el exceso de confianza que nos nubló ahora, ni el creer que el impacto se quedaría limitado a los países pobres, como en recientes dramas mundiales de salud colectiva.

La OMS (Organización Mundial de la Salud), que acierta en unas cosas y hierra en otras, publicaba en septiembre del año pasado Un mundo en peligro: Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias. En verdad que sus previsiones eran tremebundas: “Nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está preparado”. Ante semejante afirmación cabría haberse puesto en prevención pero los gobiernos no le hicieron ni caso. La OMS no goza de mucha atención pues casi siempre riñe o da malas noticias sobre salud. También el mortífero brote pilló despistada a la gente del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), o no tenían ni idea de cómo interpretar lo que se les venía encima o sus alertas no tuvieron audiencia.

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La esperanza antivírica parece una fábula teñida, casi un remedo de “El coloquio de los perros”

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Cualquiera que observe a quienes luchan contra la pandemia, o la sufren en sus cuerpos, aprecia una combinación de la necesidad de unos con la imaginación de otros. Por eso, en la España de estos momentos, son muchos los ciudadanos que asisten perplejos a los desencuentros, cuando no combates, entre los políticos de distinto signo, azuzados especialmente por la oposición, liberada de la toma de decisiones que suele invitar al comedimiento ante la crisis. Ni siquiera cuando la situación es tan grave la sensibilidad gana consenso. ¡Qué decir de la Unión Europea!, desunida por los egoísmos nacionales. Buena parte de la dramática situación actual viene de 30 años de política demencial, empujada por el espejismo del crecimiento económico, pero nadie acostumbra a reconocer equivocaciones.

Se diría que la pesadilla no va con “nuestros ” representantes políticos, que no les importa alargarla hasta el infinito. Se reúnen para no juntar esfuerzos, se recriminan lo que suponen, pues incluso los científicos lo desconocen. Lanzan toda clase de descalificaciones e improperios hacia los rivales en las redes. ¿En dónde creen que están? Convierten nuestra dura lucha en un escenario de tristeza, empañada además por un cierto fatalismo que elimina, cada día, una parte de las esperanzas; con lo cual, lo único que consiguen es acrecentar nuestra pena, de la que apenas salimos un rato a las ocho para acordarnos de quienes son fieles y desprendidos servidores públicos. ¿Qué pensarán estos de la manera de actuar de los representantes políticos?

Si Miguel de Cervantes estuviera por aquí nos ofrecería una versión actualizada de “El coloquio de los perros”, aquellos canes que una vez dotados de habla se dedicaron, en presencia del moribundo, a poner en solfa a los distintos dueños de sus existencias, bien dotados de egoísmos y corrupciones. Salvando las distancias, por ahí nos movemos.

Cuando todo esto vaya quedando atrás,  la sociedad entera, que hemos guardado en la memoria sus peleas, les pasaremos cuenta -aunque no siempre los electores se comportan de manera crítica- porque antepusieron su lucha frente al adversario a la búsqueda del bien común, a la vez que decían que querían combatir al atacante mortífero. Seguro que si hubiesen mirado con más emotividad a quienes han sufrido todo tipo de confinamiento hubieran expandido sus mensajes de otra forma. La salud y la esperanza de las personas dolientes no deben ser nunca munición política.

El dolor silencioso de los afectados por el COVID-19

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“El dolor silencioso es el más funesto” vino a decir Jean-Baptiste Racine. Bien se podría aplicar la afirmación al momento actual en el cual sufrimos todos, desde los sanitarios y demás servidores que ponen barreras o prestan servicios esenciales contra el coronavirus hasta los afectados por las secuelas que deja, también sus familias y acompañantes. Aplíquese a quienes en España y Latinoamérica nos leen, a todas personas que son ya más de mil millones que han visto como su vida ha cambiado de la noche a la mañana.

En España, en este complejo conglomerado de personas recluidas en escucha activa se podrían anotar muchos grupos sociales: mayores y más jóvenes, niños y adolescentes, gente universitaria o que trabajaba en la precariedad, teletrabajadores, gente en paro o sometida a ERTES y tantos otros que siguen las pautas de aislamiento y sanitarias a la espera de retomar la vida activa. Su dolor está confinado pero no por eso es menos importante. Sufren en silencio preocupaciones de salud o económicas y otros deterioros. Poco se dice de ellos, ni siquiera los remiendos televisivos les confortan del todo. Se les agradece lo que se les exige, y ese premio es casi una expiación según como se mire. Viven con la puerta de casa como frontera que los separa del mundo. Las redes sociales les envían mensajes de ánimo, les acercan estrategias de supervivencia que seguramente harán más llevadero el día tras día. Se emocionan cada vez que escuchan acciones solidarias y desprendidas de otros grupos; así pasan mejor los días, especialmente los mayores que ni siquiera pueden salir a comprar y dependen de la adhesión de otros. Esos anónimos confinados se empeñan en capturar el polvo tenue de lo trivial, ese que mañana será irrelevante; por eso se inventan ficciones salvadoras. Si reparamos en el momento, todas las personas estamos aprendiendo a vivir. Nos queda la satisfacción de haber hecho lo que nos mandan, también la esperanza de que algún día se abrirá el telón y detrás de él aparecerá algo grato. “No hay espectáculo más bello que el de la inteligencia en lucha con una realidad que te supera”, escribió el Nobel de Literatura Albert Camus.

El principio de precaución desapareció hace décadas de la vida individual, colectiva y política. Por eso, una petición que apoyarían masivamente los anónimos es que la continuada investigación, con todos los recursos necesarios, sea el mejor escudo para proteger de la siguiente pandemia. Los invisibles sin techo o en precario demandarían además un salario social (renta básica) sin que se note el estigma de la caridad.

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Disfrutar del canto de los pájaros desde nuestras temporales jaulas

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De “Actividades para vivir el medioambiente desde casa”

Es difícil encontrar algo más bello que el poema Pájaro del agua de Juan Ramón Jiménez. Dice así: Pájaro del agua/ ¿qué cantas, qué encantas?/ A la tarde nueva/ das una nostalgia/ de eternidad fresca,/ de gloria mojada./ El sol se desnuda/ sobre tu cantata./ ¡Pájaro del agua!/ Desde los rosales/ de mi jardín llama/ a esas nubes bellas,/ cargadas de lágrima./ Quisiera en las rosas/ ver gotas de plata./ ¡Pájaro del agua!/ Mi canto también/ es canto de agua./ En mi primavera,/ la nube gris baja/ hasta los rosales/ de mis esperanzas./ ¡Pájaro del agua!/ Amo el son errante/ y azul que desgranas/ en las hojas verdes,/ en la fuente blanca./ ¡No te vayas tú,/ corazón con alas!/ Pájaro del agua/ ¿qué encantas, qué cantas?

Todos sabemos que en una ribera nunca faltan los sonidos de los pájaros. Se puede oír sin más o realizar una escucha atenta. Incluso hay alguien que logrará identificarlos. Quien lo desee puede viajar sin moverse de casa hasta el Museu del Ter para conocer a los pájaros del río, para identificar alguno, para disfrutar de sus cantos e incluso competir con quienes nos acompañan en casa para identificarlos. Pero la riqueza interactiva de este museo no acaba ahí. Los ríos son como la paleta de una artista llamada naturaleza. Al Ter también le pintó una variada vegetación de ribera, en la que colocó múltiples macroinvertebrados, bastantes peces, varios anfibios y algunos mamíferos. Esta Web es muy interesante. Hay que detenerse a mirar. Habla de los pájaros invernantes, estivales, residentes todo el año. Por cierto, se puede descargar el contenido en PDF.

Más de una vez nos habremos preguntado qué querrán decir los pájaros con sus cantos. Imaginémoslo: se contarán lo que hicieron el día de antes, o los planes que tienen para ese día. Otras veces emitirán llamadas de aviso, de búsqueda, o se sentirán contentos simplemente y querrán que el resto lo sepan. En más de una ocasión advierten a otros colegas de que están en territorio privado, o eso creen, pues en la naturaleza no hay fronteras. Escucha el canto de algunos de estos pájaros; y juega en familia a adivinar lo que quieren decir es un placer que nadie se debería perder. Con ellos se podría componer una bella sinfonía que titularíamos “La naturaleza alada habla”. Para quien no lo sepa, los pájaros son protagonistas en la música clásica como se explica Julio Andrade en este artículo; quién lo desee, seguro que enlazará fácilmente con las obras citadas. Por ahora facilitamos la entrada a la soberbia interpretación de Emmanuelle Bertrand de El canto de los pájaros de Pau Casals, símbolo de la paz y libertad en todo el mundo, de la cual también se puede disfrutar en otras versiones orquestadas. También a El lenguaje de los pájaros de Jean Sibelius por la NHK Shympony Orchestra.

Quienes amen la literatura no pueden perderse el poema El vuelo de Pablo Neruda, y el relato El príncipe feliz de Oscar Wilde. El multiforme canto de los pájaros, que sin duda expresa tanto esperanzas como temores, se expresa de muchas maneras.

Disfrutar de los pájaros sin salir de nuestra jaula/casa, por ahora. 

Ver artículo completo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

Diario, más o menos apócrifo, de un jubilado recluido

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La defensa cerrada contra el coronavirus nos está permitiendo comprobar si la solitud tiene ventajas, si se ha podido encontrar el espacio justo de las rutinas, si hemos sido capaces de disciplinarnos en los horarios. Cuesta empezar el día pensando en rellenarlo de cosas (escribir sensaciones sin expresar amargor, leer sin convicción, echar mano de unas dosis de pantallas sin fijación concreta, relajarse limpiando una y otra vez la casa, caminatas por el pasillo y otras extensiones gimnásticas, etc.) para alimentar la esperanza de que todo esto acabe cuanto antes. En cierto modo, cada cual trata de sustituir los pensamientos cruzados por tareas relajantes.

A menudo estos días, todos -poco importa en este caso la edad- acudimos a la conexión telemática para reconectar afectos, bien sea por la convencional llamada de teléfono o por otros medios. Al menos el confinamiento ha tenido de positivo que nos ha ayudado a reducir distancias no percibidas antes, ocupados como estábamos en resolver lo nuestro. Esos momentos afectuosos casi llegan a reemplazar a las distancias cortas, recomponer las miradas. Pero no, nos juramentamos para recuperarlas cuando esto acabe.

En su diario, el jubilado quiere escribir renglones de confianza y optimismo, alentado por las variadas muestras de solidaridad que muchos profesionales derrochan estos días. Por más que lo intenta, no logra encontrar una situación  anterior que se le parezca a esta, que le ayude a entender lo que pasa. En ocasiones, se consuela pensando que vivir es capear incertidumbres, que la sociedad es casi tan entrópica como el sistema energético que nos mantiene. Mira varias veces al día por la ventana, más que nada para que los rayos del sol lo iluminen y le ayuden a demostrarse a sí mismo que sigue vivo. Este ejercicio real es algo mental, muy parecido a lo que hace toda esa gente que cada día a las ocho de la tarde aplaude al infinito, identificado o no, para escucharse también, para sentir latir sus emociones. Desde su atalaya observa el ir y venir de la urraca -aparentemente despreocupada- al platanero que tiene debajo de su ventana. Pero algo intuye el córvido pues no trajina en su nido antiguo, simplemente se posa cerca de él, como ausente y solitaria; será que barrunta algo porque parece que hasta las palomas han huido. La única gente -enmascarillada- que transita por la calle da la sensación que huye de sí misma. El parque verdea como si fuera una primavera normal; al menos cambia el horizonte del mirón que alarga su vista hacia el parque, lugar de encuentro antes, ahora cercado por unas cintas que lo delimitan. Ni un niño por la calle, y esta vez no se los ha llevado el Flautista de Hamelin. La ciudad sin niños es un espectro de sí misma. Al jubilado le gustaría conocer qué siente ante esta situación Francesco Tonucci; otro jubilado, en este caso ilustre, que siempre pensó y vivió para los niños.

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¿Qué pensarán las hormigas europeas de nosotros como especie socializada?

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Decía una fábula que propagaron en sus tiempos Esopo y Jean de la Fontaine -este incluso se atrevió a decir que debían instruir a los humanos- que las laboriosas hormigas en nada se parecían a las ociosas cigarras. Félix  M. de Samaniego también abordó el asunto. Sin ir tan lejos,  Disney les dedicó un corto. No es extraño; unos y otros defendían que el esfuerzo y el trabajo aseguraban la vida. Ese principio ha formado parte de la cultura universal como una estrategia de supervivencia. Asunto que no hubiera venido muy bien en la actual pandemia, en la que se echa de menos previsión y solidaridad entre semejantes.

Volviendo a las hormigas y su espíritu colectivo, recuerdo un trabajo publicado por la revista “Behavioral Ecology and Sociobiology” en su número de septiembre de 2015  que recogía un estudio de la Universidad de Arizona que afirmaba que la mitad de los individuos del hormiguero son unos ociosos/ poco previsores y despreocupados; o sea, que ni su sociedad es perfecta. Los investigadores trataban de encontrar fundamento a esta inactividad: pereza, no hay trabajo para todos, ociosidad programada, son los privilegiados los que no hacen nada, algunos son reservistas, hay algo de falta de previsión, se desconoce el concepto de incertidumbre, un poco de chulería ante el enemigo, etc. Uno se acuerda de La Fontaine y trata de ver si en la sociedad actual hay individuos poco previsores, egoístas, reservistas o simplemente ineptos. las hormigas actúan como especie socializada pero no parece que tengan líderes; lo de la hormiga reina es otra categoría.

Viene todo esto a cuento del sálvese quien pueda que han entonado los países de la UE, del escaso eco que nos aquí nos hicimos de la pandemia de Wuham porque era cosa de chinos, de que creíamos tener suficiente llena la despensa de lo básico, de la tardanza en reaccionar a estímulos que no entendíamos -no solo es cosa de las hormigas-. En fin, que nos faltó el principio de precaución desde hace décadas y en esa tesitura cualquier enemigo hará estragos en una sociedad globalizada en múltiples fragmentos. Se destrozó de forma estrepitosa, bueno una vez más, la ilusión colectiva que en algún momento se llamó Unión; dicen que en unos 15 días van a encontrar una solución al egoísmo magnificado. Lo más grave es que barruntamos que solos no nos iría mejor, haríamos como las cigarras del cuento: cantar y cantar. Solamente tenemos que atender a las polémicas de algunos regidores y regidoras de las CC.AA. contra cualquier decisión que toma el Gobierno de España, que por supuesto puede estar equivocado o no, pero vaya papelón que le ha tocado. ¡Qué tenga suerte!, nos irá bien a todos. Como vemos, en esta colonia europea ahora debilitada hay muchos tipos de hormigas.

NOTA FINAL: Tras el día después deberemos dejar de formar parte de las hormigas egoístas, pero necesitaremos líderes, al menos en Europa, para demostrarles a las hormigas que no nos ganan en eso de ser especie socializada, y sin embargo solidaria.

El Covid-19 contagia gravemente a la educación en el mundo

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No te rindas que la vida es eso,/ continuar el viaje, /perseguir tus sueños,/ destrabar el tiempo,/ correr los escombros y destapar el cielo. Nos dijo Benedetti.

DECIMOTERCER DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA, Y EL MUNDO TAMBIÉN SE ESTREMECE

Tal es así que ha expulsado de las aulas a más de 1.300 millones de estudiantes, lo cual supone el 80 % de la población estudiantil mundial. Este hecho, en unos casos dura más que en otros, supone un grave quebranto para ellos, sus familias y cada país en su conjunto. La UNESCO alerta en su último trabajo GEM de que las respuestas son muy diferentes en unos países y en otros. En unos casos se ha fortalecido la educación a distancia, en otros se ha hecho mediante MOOC o por televisión. Pero hay muchos niños y niñas, incluso estudiantes universitarios que no tienen pantallas, ni si quiera disponen de electricidad en sus casas. Siempre los pobres se llevan la peor parte de todo. Padecen la fatiga anticipada de la negación educativa, que destruye la humana ambición de huir de la miseria, que siempre resulta más fuerte si es iletrada.

El cierre de las escuelas no solo trastoca los calendarios escolares, que serán adaptados mejor o peor según se alargue la pandemonia. En las familias pobres impide el acceso a comidas nutritivas que les proporcionaba la institución escolar. El aislamiento social que supone la reclusión lleva pareja una sobrecarga de familias y cuidadores, muchos de los cuales no pueden/saben ayudar en las tareas sustitutivas que les mandan los centros escolares. No se sabe la duración de estos cierres; sí se puede intuir que el curso escolar ha acabado ya en algunos sitios. ¿Consecuencias visibles? El tiempo dirá. Seguro que los países ricos saben encontrar cuidados paliativos. Vaya desde aquí el homenaje a tantos profesores y profesoras empeñados en no romper los lazos educativos a través de la red.

En estos momentos en los que pocos se siente a gusto en su piel, en estos episodios de cierre escolar, hemos de acordarnos de todos esos niños y niñas refugiados y desplazados de Siria, Afganistán, Yemen; Eritrea o el África subsahariana, etc., para los cuales la escuela es un simulacro, como denunciaba UNESCO hace unos meses; cifraba en más de 250 millones los niños y jóvenes privados de escuela. Lo más probable es que el Covid-19 no tenga en cuenta desgracias previas y también se cebe con sus familias y con ellos. Nadie los protegerá de la posible hecatombe.

Hace falta un concierto mundial que ayude a la humanidad entera al cambio de era.

Bosques desaparecidos, privados de biodiversidad interrelacionada vs virus expandidos

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DECIMOSEGUNDO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA:

De Nicolás Guillén : Mire la calle. /¿Cómo puede usted ver/ indiferente a ese gran río/ de huesos, a ese gran río/ de sueños, a ese gran río/ de sangre, a ese gran río?

¡Vaya! Se nos olvidó dar las gracias a los bosques el día 21 de marzo, que era antes el día del calendario que no señalaba por qué nuestra vida tiene todavía una cierta confortabilidad. La FAO lo había preparado recordar con un título de alerta global: Los bosques y la biodiversidad. Demasiado preciosos para perderlos; algunas organizaciones ecologistas también. No nos resistimos a copiar algo de la Web del Día Internacional de los Bosques de este año:

“Cuando bebemos un vaso de agua, escribimos en un cuaderno, tomamos medicamentos para la fiebre o construimos una casa, no siempre relacionamos estas acciones con los bosques. Sin embargo, estos y muchos otros aspectos de nuestras vidas están vinculados a los bosques de una manera u otra. Los bosques cubren un tercio de la superficie terrestre y juegan un papel fundamental en la vida del planeta. Más de 1 000 millones de personas —incluidas más de dos mil pueblos indígenas— dependen de los bosques para sobrevivir: les proporciona alimentos, medicinas, combustible y abrigo. Son fundamentales para combatir el cambio climático

Tantas palabras bellas, tantas ideas reconfortantes para perderlas oscurecidas por la pandemia del COVID-19, que en pocos días ha tapado el resto de nuestras preocupaciones; las retomaremos en cuanto nos dejen un poco de hueco en el pensamiento. Acabamos de leer que la pérdida de los bosques puede tener bastante relación con la propagación de los virus. Se destapó la capa protectora ecosistémica y de allí partieron los inductores del Ébola, el VIH o el dengue. Los virus se liberan de sus huéspedes originales por la acción humana.

Cuidado con la alerta: El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en sus siglas en inglés) estima que el 75% de las enfermedades nuevas emergentes que infectan a los humanos proviene de animales.

Si alguien no lo cree solamente debe escuchar el tiempo. Seguro que esta asociación será silenciada pero aquí queda escrita. Acostumbrémonos a pensar que lo increíble puede ser probable, o posible.

¡Salud a los bosques! Dejemos en paz su salvaje biodiversidad. ¡Qué la pesadilla del último virus salvaje acabe pronto!

No sé qué decir frente al contagio del patógeno humano

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UNDÉCIMO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

Ante el naufragio vírico que nos está castigando no cabe sino protegerse de sus impactos. La descontrolada irrupción del COVID-19 ha puesto en cuarentena la multiforme economía mundial, derrotando incluso al dinero. ¡Quién lo iba a decir! Pero además ha limitado las libertades personales, ¿Dónde ha dejado tantas luchas sociales?; y está haciendo estragos en la sanidad colectiva, el gran logro universal del siglo XX. ¿Qué se puede argumentar ante semejante cataclismo? De tal calibre ha sido el envite, que algunos se sintieron dentro de un nuevo “apocalipsis bíblico”. Parecía una cosa remota cuando empezó, lo veíamos como imposible de llegar hasta nuestras súper protegidas sociedades. Quienes sufrieron al comienzo vivían tan lejos, eran tan diferentes a nosotros. Sin embargo, la distancia se hizo nada y el tiempo se constriñó. En estos momentos Italia y España se han colocado en el epicentro del coronavirus, donde más golpea. Los servicios sanitarios no dan abasto para limitar sus efectos; a pesar de ello, decenas de miles de personas enfermarán y demasiadas morirán.

No sé si lo que otros dicen me sirve; hay tantos mensajes que se superponen unos a otros que lo más que logran es acrecentar agonías;los avisos se convierten en necrológicas si alguien se engancha a los continuos informativos televisivos.

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Homenaje al agua, que hace de vehículo de antisépticos contra el coronavirus

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“Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Pocos se acordaron de su día, el 21 de marzo, que es cuando se le rinde todos los años un homenaje universal. Este año no, pasó sin hacer ruido, como siempre porque fluye delicadamente, pero prestando un servicio universal. Ya antes de consumirla, cada uno de los días de esta plaga del coronavirus, se alió con el hipoclorito y otros desinfectantes para destruir los posibles patógenos que pudiera tener en origen. También dentro de ella viaja el hipoclorito que lanzan los equipos de personas que desinfectan nuestra calles, ciudades y estancias; en ella se combina el jabón (con sus sales y triglicéridos) que protege nuestras manos una y otra vez de las posibles trazas del coronavirus. Con ella, convenientemente calentada y con los aditivos necesarios, lavamos buena parte de los materiales reutilizables para luchar contra la pandemia; las lavanderías de los hospitales saben de qué hablamos. Seguro que el personal sanitario se acuerda de ti cada vez que se enjabona las manos, cuando se ducha en casa tras una jornada agotadora, porque le acercas antisépticos o desinfectantes útiles. Sin ti no podrán protegerse ni siquiera las manos los pobres, los más pobres de los países ricos y quienes carecen de abastecimiento y saneamiento en el mundo.

Portadora de antisépticos y desinfectantes añadidos se lleva los patógenos víricos no se sabe dónde; tampoco nos importa mucho ahora si dañarán o no a alguien. Algo de esto sabremos con el tiempo. Tendremos que reflexionar sobre ello, porque el mundo se nos está haciendo multivírico, y nos ha sumido en el despiste total. Pero seguro que algo aprenderemos, seguro que te valoraremos cada día más; tú también necesitas cuidados.

Imaginamos que las aguas limpiadoras llegarán por las alcantarillas a las estaciones de depuración; allí nuevos tratamientos les devolverán una parte de aquella salud que en tiempos tuvieron, o no; los ríos nos dirán si los seres vivos encontraron rastros en su vida. El agua, siempre al agua, olvidada y a la vez objeto de adoración, como otras muchas cosas que nos pasan desapercibidas en esta vida acelerada. Ahora mismo, merece ese aplauso, al menos con el pensamiento, que lanzan en España los ciudadanos confinados.

Cuando todo esto pase recuperaremos tu fiesta, también la hemos dejado apartada para evitar las aglomeraciones.

El patógeno de la osadía humana reclama un antiséptico colectivo

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OCTAVO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

No sabe a ciencia cierta cómo surgió, si fue fruto de la casualidad o una consecuencia de la inteligencia acumulada, de la complejidad cerebral. Quizás fue la fuerza para derrotar a sus múltiples enemigos, al amparo del paso del tiempo de los tiempos, desde las armas prehistóricas hasta la nuclear barbarie. No falta quien dice que el descuido estuvo en su génesis. La realidad es que la especie humana se convenció del lugar que ocupaba en la pirámide de la vida, incluso desbancó a las deidades. Tuvo sus puntos de inflexión, luchas por el territorio la llevaron a guerras aniquiladoras;  maldades diversas diezmaron su población. ¿Quién ha olvidado la peste de 1348? Tal fue la mortandad general que casi elimina a la especie en Europa. Nos hubiésemos quedado sin la revolución cultural y comercial del Renacimiento.

Vinieron después otras fuerzas ocultas, en forma de nuevas pestes o de guerras malditas impulsadas por demonios exterminadores. ¡Que les pregunten a los europeos del siglo XX, o a aquellos japoneses que sintieron derrumbarse el cielo por efectos de las bombas atómicas! ¡Qué decir de los desastres provocados por la peste de 1918! Dicen los científicos que tras todos efectos exterminadores hay detrás un patógeno -virus u otro-, que cuando se trata de invadir la especie humana se apoya en mucho desconocimiento, algo de envidia, una parte de prepotencia y no falta el miedo al otro; o que en realidad unos y otros vectores pandémicos son los genes del patógeno. Eso al menos comentaban cuando los presidentes de unas poderosas naciones estaban a punto de pulsar el botón nuclear.

Llegó la era tecnológica y nos convenció del dominio del mundo; todo se conseguía al momento a golpe de un clic. Sin embargo, ahora mismo la superpoderosa especie humana vive acosada por un invisible “no ser” que trata de aniquilarla, como si fuesen enemigos declarados. ¿Por qué razón? La gente normal no entendemos; hay científicos que defienden que detrás de la pandemia vírica está la pretenciosa osadía humana de sentirse invulnerable, porque tuvo avisos recientes en forma de ébola, sers u otros. Demasiado precio a pagar por la imprevisibilidad. ¡Suerte a quien debe luchar contra el coronavirus!, desde dentro o con cuidados a otros. Seguramente, ni unos ni otros son osados; su culpa no les pertenece, más bien es cosa del descuido o la imprevisión de otros, o de que todos nos creímos que ya podíamos dominar el planeta a nuestro antojo.

Dice la gente de buena fe que saldremos fortalecidos de emergencia mundial, que la osadía (pretencioso atrevimiento) será apartada de las relaciones humanas internacionales y comerciales y trucará en resolución colectiva, aquella de la que se echa mano cuando todo lo previsto falla. ¿Quién sabe? ¡Ojalá! Para los que creen y también para quienes dudan vendría bien recordar algo de lo que Heráclito nos dijo hace 2.500 años: si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue.

Para la gente curiosa: la RAE dice que osadía significa tanto atrevimiento como resolución. Hay que aprovechar esta última como antígeno colectivo, en este momento tan doloroso.

La brecha de género en educación todavía no tiene fecha de caducidad

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Los países más pobres serán aquellos que no consideren que la educación de las niñas es el mejor recurso para la mejora social, también para su economía. No lo decimos nosotros; es una afirmación documentada del informe GEM en su edición “Los diez países más pobres en cuanto a la educación de las niñas”. Recoge la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad en la Educación, WIDE (por sus siglas en inglés), del GEM y el Instituto de Estadística de la UNESCO, que la influencia del género es poderosa, pues su intrínseca importancia se combina con otros factores como la etnia y la ubicación en un territorio o zona urbana determinada. Solamente entre estas premisas, aun hay alguna más que se deja ver en unas zonas y no en otras, desempeñan un papel importante, digamos que trascendental. El mundo será otro dentro de unas décadas, seguro que mucho mejor, si se dan oportunidades de educación a las niñas. Nadie lo dude: cambiarán su vida con respecto a la que tuvieron sus madres y abuelas, con ese bagaje transformarán su sociedad próxima, y a poco que las dejen las de sus países.

Cuesta creer sin sonrojarse algunas afirmaciones del Informe, como esa que asegura que en nueve países del mundo, las niñas más pobres de allí pasan de promedio menos de dos años en la escuela. El asunto no se queda ahí, se lacera con otro tan grave o más: en 10 países, ninguna de las niñas más pobres ha terminado la enseñanza secundaria superior. Seguro que ya se imaginan que casi todos esos lugares se localizan en el África Subsahariana: Burundi, Chad, Costa de Marfil, Guinea, Malí, Senegal, la República Unida de Tanzania y Zimbabwe; los otros dos son Belice y Nepal.

¿Por qué la desgracia se cebó de tal forma en África?

Cambio climático y consumo se alían contra la salud infantil

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“El mundo no está ofreciendo a los niños una vida saludable ni un clima adecuado para su futuro”. Así se encabezaba la nota de prensa que la Organización Mundial de la Salud y Unicef, en base a un estudio realizado y publicado en The Lancet, lanzaron hace unos días de forma conjunta. Si se piensa con detenimiento, cuesta creer que nos encontremos en el año 2020 con amenazas planetarias varias, en particular las motivadas por la dejadez de las distintas sociedades, religiones y grupos colectivos, cuyo final supone el castigo a quienes más dicen querer: sus niños y jóvenes, eso que supone el porvenir de sus esperanzas como colectivo. Así limitan su potencia en el entramado futuro mundial. Es más, cuesta imaginar que una buena parte de las familias, lo podemos comprobar en algunas que tenemos al lado, permanezcan inconstantes en sus cuidados y consiguientes peticiones para la protección global de la salud de sus hijos. ¡Qué se puede demandar a quienes gobiernan si ellas mismas se despistan a menudo en la salvaguarda de la salud de sus hijos e hijas!

La nota aludida más arriba era muy seria, alertaba de catástrofes sociales. Seguir leyendo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

Relanzar la educación obligatoria como operación de alto riesgo

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Otra vez se anuncia una nueva Ley que va a regular la educación obligatoria y post. Otra vez se preparan los contendientes para defender lo suyo, que, por mucho que lo digan, nunca es lo de todos. Una ocasión más en la que se va a perder la oportunidad de hacer renacer la esperanza educativa. Porque sí, enseñantes y no, todos estamos hartos de que se peleen por algo que no es suyo. Nos pertenece porque les pagamos entre todos su puesto de vigías sociales. A los Gobiernos indudablemente, a los políticos también. Para la contienda recuperarán su viejas armas: privilegios, ideologías, fantasías, etc. Se olvidarán de lo básico: hacer más creíble un sistema educativo que busque enseñar a aprender, que saque de la vida los contenidos que se enseñan, que consiga que todos lleguen sin distanciarse demasiado hasta el final, que elimine del quehacer social el llamado fracaso educativo, que elija y forma al mejor profesorado, que se evalúe a sí mismo y no solo al alumnado, que evite de verdad que la segregación social no se transfiera a las aulas como sucede ahora. etc. En fin, se podrían decir tantas cosas. Habrá tiempo. Por cierto, ayer fue presentado por la señora Celaá el proyecto de Ley Orgánica de modificación de la LOE (Lomloe), que acabará, por fin, con la Lomce. No decimos suerte, que sí la deseamos, preferimos reclamar constancia, acuerdos, rigor, cuestionamiento de la distribución curricular, resistencia y escucha al profesorado, que tiene mucho que aportar y nunca es consultado. Lo que en otros países puede resultar fácil aquí es una operación del alto riesgo. Ya verán como enseguida salen los francotiradores a eliminar lo que no les interesa. No lo olviden: la educación es de todos y para todos.