Aprendizaje servicio, cuando el compromiso social actúa

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Se podría sintetizar diciendo que nos encontramos formando parte de una esfera polivalente, llena de ventajas. ¿Qué si no es aprender llevando a cabo un servicio a la comunidad? Pongamos por caso que ese servicio se presta en un ámbito determinado que siente la mejoría. No queda ahí solo la trascendencia pues el servicio otorga sentido al aprendizaje propio y colectivo. 

Al principio de todo está la ética del cuidado, que con el tiempo llega a componer una malla esférica, nunca vacía por dentro, construida con relaciones de responsabilidad, con encuentros interpersonales. Se trata de practicar ciudadanía. Imaginemos que pegada a esa esfera, imaginaria en parte, real la mayoría de las veces, se encuentra otra que se llama Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un marco relacional de dimensiones todavía por mejorar. El aprendizaje servicio (ApS) tiene un distintivo de necesidad social del entorno, de servicio a la comunidad, basado en los aprendizajes y en el trabajo en red; señales todas que habrían de delimitar el camino hacia los ODS. 

Es necesario bucear en el ApS para disipar dudas, para dimensionar los proyectos de enseñanza/aprendizaje, para adaptarlos a la comunidad educativa concreta, para entrenar los pasos y fases desde la idea inicial a la valoración de todo lo acontecido. 

De todo esto y más se habla en Aprendizaje servicio. El compromiso social para la acción, de Roser Batlle, recientemente publicado por Santillana. Incluye una guía para ponerse en marcha y ejemplos reales. Ningún centro escolar debería dejar de conocer lo que aquí se dice, practicarlo en todo o en sus partes. Ahora más que nunca necesitamos el ApS. En roserbatlle.net encontrarán muchas más sugerencias para transformar su clase en esa esfera imaginaria que gira y gira en el espacio educativo y social en busca del aprendizaje servicio. La escuela necesita/agradece estos impulsos transformadores del escenario educativo.

El tiempo sin tiempo, ya lo poemó Benedetti

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Se cumplen cinco años desde que los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) abrieron la caja de las ilusiones globales. No sabemos si es mucho o poco tiempo, seguramente Carlos Gardel nos diría que no son nada. Depende si miramos a lo hecho en relación con lo que nos queda por hacer. 

Seguramente se hubiera necesitado para la transformación «odsiana» ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra o no saben qué hacer con él. En este asunto de las tareas puestas en marcha diríamos como el poeta: para lograr los ODS precisamos o sea necesitamos, digamos que nos hace falta tiempo sin tiempo. Este año, el día 14 de septiembre, el poeta, escritor y pensador uruguayo hubiera cumplido 100 años. No sabemos qué diría sobre los avances de los ODS, quizás nada, o mucho. En cualquier caso, sus palabras o sus silencios nos empujarían. Así lo pensamos quienes hemos disfrutado de sus pensamientos.

En el artículo «¡Qué cinco años no es nada!, cantan los ODS», publicado en La Cima 2030, de 20minutos.es, hablamos más detenidamente del tiempo sin tiempo.

La contaminación del aire da por finalizada la covid-19

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Los confinamientos generalizados de hace unos meses, con buena parte de la actividad económica y los desplazamientos masivos parados, redujeron la carga contaminante del aire. La reanudación de una parte de las actividades previas a la emergencia pandémica está devolviendo los niveles de contaminación del aire a valores de primeros de año. Por lo que se ve, los acuerdos de París no se van a cumplir. Así lo denuncia la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en nombre de seis agencias y organismos internacionales, en el informe United in Science 2020, presentado en Nueva York el miércoles pasado. 

Tomemos nota de lo que resalta el informe sobre el creciente cambio climático: «los impactos que afectan a la dinámica global pueden ser irreversibles en los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población, y que a menudo se perciben en forma de peligros relacionados con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas». Es más, dice que la covid-19 ha dificultado la capacidad de monitorear esos cambios a través del sistema mundial de observación.

No se pierda la nota de prensa de la Organización Meteorológica Mundial. 

Educación Ambiental para la Sostenibilidad; ahora más que nunca

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Buena parte de la sociedad, por muchos países y en diferentes ámbitos, se encuentra desorientada sobre qué hacer en favor de un medioambiente más saludable. Piensa en acciones propias, desearía esfuerzos colectivos, demandaría mayor interés de gobiernos, empresas y otros agentes sociales.

Se nos ocurre pensar que el entorno escolar es un buen escenario para representar ideas, lances y desenlaces; para imaginar y reflexionar, tanto que tras bajar el telón de un debate o una acción se vean otros mundos posibles. proponer como objeto de debate la Educación Ambiental para la Sostenibilidad. 

Así lo hablamos con casi dos centenares de profesores y técnicos de Chile, tras la invitación que se nos hizo desde el Ministerio de Medio Ambiente de aquel país.  A lo largo del conversatorio fluyeron saberes ambientales, propuestas metodológicas, esperanzas, modelos de otros lugares, el uso de las redes para comunicarse, la necesidad de volcarse en iniciativas de este estilo. Se subrayó el hecho de que la pandemia nos hace ver que si antes era importante una visión de la interrelación entre nosotros y el medioambiente ahora es imprescindible una participación comprometida.

Aquí encontrarán la grabación completa de ese grato encuentro «Reflexiones y propuestas en torno a la Educación Ambiental para la Sostenibilidad en la enseñanza obligatoria» con el profesorado chileno, que mostró un interés tan grande que nos hace pensar que es posible educar con/por el medioambiente, tanto en Chile como en España.

La vuelta a las aulas como parte del derecho humano a la educación

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El derecho a la educación aparece ya en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en su artículo 26. Pero este ideal común no obligaba al cumplimiento por parte de los estados. En 1959 se firmaba la Declaración Universal de los Derechos del Niño. Unos años más tarde, 1966 y 1976, se rubricaron pactos mundiales en los que se añadía la obligación de los estados firmantes de hacer realidad esa educación en sus territorios.

Se han cumplido 30 años desde que en septiembre de 1990 comenzó su andadura la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), encomienda asumida por la mayor parte de los países del mundo; todavía falta EE UU por ratificarla. La vuelta a las aulas, incierta y estresante para familias, profesorado y administración, es un buen estímulo para la reflexión. Primero debe llevarse a cabo con todos los requisitos de protección de la salud colectiva, con protocolos y recursos de todo tipo.

Pasados unos meses habrá que hacer un análisis crítico de lo acontecido. Si se busca de una manera objetiva se encontrarán fortalezas y debilidades, se verá dónde se han limitado las amenazas y se han reducido las inseguridades. Los Gobiernos deben involucrar a todos los sectores implicados en la consecución de este derecho humano, mantener una interlocución permanente entre ellos. Han de considerar la educación de calidad como una prioridad, ahora mismo y siempre. Los dineros dedicados a la educación son una inversión con altas rentabilidades éticas, sociales y económicas; la mejor pues beneficia a la sociedad al completo. Si hacen dejación de este deber, o cometen serios despistes en la búsqueda del derecho humano que es la educación universal, de calidad y gratuita, no merecen tener la responsabilidad que la sociedad les hemos entregado.

Resumen del artículo publicado en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La captura del tiempo como aventura evanescente

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Desde que la pandemia atropelló nuestras vidas hemos tenido dificultades para dimensionar el paso del tiempo, y manejar los tiempos propios. Casi nada se mide como antaño. Dudamos si esperar a que el tiempo pase o empujar al tiempo para que transcurra a una velocidad de vértigo; a ver si así llega antes la salvadora vacuna que nos libre de tantos males. ¡Qué ganas tenemos de vivir con relativa tranquilidad cada uno de nuestros días!

Todo ha transcurrido tan deprisa, o despacio, que no sabemos si decir que nada entendemos. A la vez, han desaparecido de nuestros tiempos sociales y de los gobiernos muchas de la preocupaciones ambientales o sociales que antes nos mantenían ocupados: cambio climático, restricciones de biodiversidad, desigualdades de todo tipo, hambre, pobreza, etc. El tiempo eran momentos o logros, ahora no se sabe qué. Por más que se haya intentado poner metas en el calendario; de lo contrario las esperanzas se difuminan. Mala cosa esta de la engrandecida duda.

Sobre todo esto, y de algo más, reflexionamos en nuestra entrada «Perseguir el tiempo es una aventura quebradiza» del blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

¿Y si lo del cambio climático fuese irrefutable?

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Durante los últimos años se ha hablado de la aceleración del cambio climático, de las emergencias de todo tipo que este asunto puede originar a escala planetaria. Todavía hay gente que no lo cree, y al menos no le preocupa, o ni siquiera tiene fuerzas para luchar en dirección contraria.

Negar lo del cambio climático es cosa difícil de entender . Pongamos que nos fijamos en las barras ideadas por Ed Hawkins, profesor de Ciencias Climáticas en la Universidad de Reading, Reino Unido. La serie va de azules a los rojos más intensos y sus tonalidades. Quienquiera puede realizar sus cálculos para la zona mundial o el país que le interese. Se puede descargar las imágenes para comentarlas con la gente.

Ahora, Alexander Radtke, ingeniero de 30 años de Duisburg (Alemania), recoge las variaciones de temperaturas medias globales entre los años 9980 antes de Cristo y 2020, ¡Nada menos que 12 mil años! Si se quiere, se puede entrar ver su interpretación de lo que ha sucedido en los últimos 170 años. De todo esto habla un artículo publicado hace unos días en Verne de El País. Merece la pena leerlo. Si lo que aseguran ambos investigadores fuese cierto, qué razones se le ocurren para semejante variación climática. ¿Es o no irrefutable?

El bosque imaginado puede ser realidad

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Si lo escuchara Henry D. Thoreau al menos sonreiría. El bosque puede crecer y mucho, aseguran un grupo de investigadores del Instituto de Biología Integrativa del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich (ETH-Zurich), en un artículo publicado hace un año en Science pero que volvemos a releer porque lo del cambio climático no se detiene a pesar de leve reposo de la actividad económica durante la pandemia. Dicen que imaginar bosques y hacerlos realidad es una de las formas más baratas de luchar contra el cambio climático –reduciría un 25% de los GEI-, si bien dicen que ha de estar acompañada de otras. Proponen la plantación de 500.000 millones de árboles por todo el mundo. Para que no hagamos una idea de tamaña tarea ahora habrá unos 3 billones, según cálculos más o menos optimistas. ¿Dónde?, se preguntarán. Por todo el mundo, aseguran los investigadores que se han dedicado a visitar hasta las tierras más recónditas de la mano de Google Earth y dicen que cabrían muchos más. No se trata de arrebatar sitio a la agricultura, ni de quitar lo urbanizado para plantar árboles. Imaginemos una Tierra azul y verde, bosque y mar. No piensan en verlo de inmediato pero si animan a empezar ya. De hecho, el informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sugiere que será necesario un aumento de mil millones de hectáreas de bosques para limitar el calentamiento global a 1,5 ° C para 2050.El tiempo de la emergencia climática debe marcarnos la pauta.

Por cierto, ¿dónde imagina que podría ir un bosque?, que es algo más que una acumulación de árboles

Lean al poeta Ángel González para inspirarse: Cruzas por el crepúsculo. /El aire/
tienes que separarlo casi con las manos/ de tan denso, de tan impenetrable./ Andas. No dejan huellas/ tus pies. Cientos de árboles/ contienen el aliento sobre tu/ cabeza. Un pájaro no sabe/ que estás allí, y lanza su silbido/ largo al otro lado del paisaje./ El mundo cambia de color: es como el eco/ del mundo. Eco distante/ que tú estremeces, traspasando/ las últimas fronteras de la tarde.

La educación fragmentada de las generaciones covid-19

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La suspendida escuela muestra como pocos ámbitos la desazón global que nos acecha. Un centro escolar es un laboratorio social, además del primer escenario no familiar donde se construyen capacidades. Como sociedades nos habíamos acostumbrado a tener nuestra escuela, era algo casi tan necesario como el comer. Pocos eran los grupos sociales, los países, que estaban dispuestos a renunciar a ello. Pero el deseo mundial se quebró en una explosión continuada. Desde educación infantil hasta la universidad se perdió el hilo del saber, más bien la red que une el presente con el futuro, al individuo con el colectivo, la técnica con las destrezas, los deseos con las realidades. Ya nada fue ni será como entonces pues la educación quedó fragmentada, en pedazos cuál jarrón de vidrio caído. Costará reponerla porque los hábitos y las relaciones sociales, que antes hacían de pegamento, han desaparecido temporalmente o limitado parte de sus propiedades.

Nadie se habría atrevido a imaginar qué tal cosa pudiera suceder. La pandemia trastocó los aprendizajes de ricos y pobres, estos ya andaban bastante mal a pesar de que la educación tiene la categoría universal de derecho humano. ¿Cómo componer los fragmentos?, porque queda mucho por delante para recuperar el ritmo perdido. Ensayos va a haber de todos los estilos, en diversas circunstancias, con más o menos sobresaltos. Ojalá tengan éxito.

¿Qué dirán los libros de historia dentro de unas décadas sobre las generaciones covid-19? Seguro que comentan cuestiones sanitarias -como golpeó más o menos a distintos tramos de edad-, acaso el crac económico -feroz como siempre con los más vulnerables-, ¿pero se acordarán de la rémora educativa y cultural que la pandemia dejó por todo el mundo? Porque los principales lastimados educativos han sido niños, jóvenes y universitarios pero los destrozos han llegado a gentes de todas las edades. Cualquier persona, en cualquier país, habría imaginado un porvenir diferente, había ido construyendo sus capacidades y vio como sus referencias y deseos se vinieron abajo; todo lo cual forma parte también de la educación individual y colectiva, de jóvenes o mayores. Esperemos que los libros hablen también de que la recuperación de todo, incluidos los ánimos, no llevó demasiado tiempo.

El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se retrasa este año; cosas de la pandemia

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No será «hasta el 22 de agosto», en el año 2019 fue el 29 de julio. Todo se debe a la pandemia. El Earth Overshoot Day sería la fecha en la que a escala global consumimos todo lo que el planeta sería capaz de generar durante el año. La gente que estudia estas cosas ha localizado reducciones en varios indicadores: el efecto del carbono (se redujo un 14,5% desde 2019) y la carga de productos forestales (disminuyó un 8,4% desde 2019). Asigna a la dichosa pandemia, una reducción de la huella ecológica global próxima al 10 %; si bien no se atreve a relacionar todos sus efectos en la huella alimentaria. Tanto confinamiento en el amplio mundo que supuso la disminución drástica de desplazamientos y de actividad productiva se tenía que notar. Aunque siempre hay países más derrochadores que otros, como se resalta en los enlaces que sugerimos en el artículo que escribimos del asunto en La Cima 2030 de 20minutos.es. Seguro que le interesa leerlo para saber algo más del asunto y reflexionar en fechas previas al 22 de agosto, que este año cae en sábado y por tanto no es un día de mucho pensar en estas cosas. ¿O sí?

Clamor de los jóvenes por su futuro tras la pandemia

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El Día Internacional de la Juventud fue ayer. Hemos revisado los portales de información general y poco o nada se dice, ni siquiera como anécdota. Han pasado 75 años desde que la ONU empezó a andar, tenemos un reto extraordinario en el año 2030 en relación con los ODS, con un marchamo especial para la juventud. Dice la ONU que la proporción de jóvenes sin empleo, educación o formación (tasa NEET juvenil) se ha mantenido persistentemente alta en los últimos 15 años y ahora es del 30 por ciento para las chicas y del 13 por ciento para los chicos en el conjunto del mundo. 

La respuesta de la juventud ante la covid-19 es multiforme; por eso mismo, desempeñan un papel especial en cómo asumen responsabilidades en materia sanitaria. Para ello necesitan una educación en temas de salud, la promoción de la salud pública y la información basada en pruebas para combatir la propagación y los efectos del COVID-19, pero más concretamente para contrarrestar la propagación de la desinformación en la red.

Pero además, o sobre todo, los jóvenes necesitan que las escuelas sean más inclusivas cuando abran tras la pandemia. Así lo demandan en la Carta abierta que dirigen a todos los gobernantes y actores sociales del mundo. Promovida desde el Blog de la Educación Mundial merece nuestra atención, ¿y por qué no la adhesión? Léanla al menos y piensen si están de acuerdo con lo que solicitan. Nos presentan el propósito de forma elocuente: Salvar nuestro futuro.

Si yo soy yo, ¿mis circunstancias qué?

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¿Tú y vosotros, acaso ellos y ellas? Una mezcolanza de quienes están cerca o lejos, aquí y allá; aquellos que padecen o gozan, gente seria o sonriente, poderosa o débil, callada y conversadora, animosa resuelta o vergonzosa quieta, indignada o indignante, cumplidora o dilatante; la clase política en general y quienes aborrecen a unos cuantos, suertudos o desgraciados, apasionados o no, sanos y enfermos, trabajadores y parados; también nacionales o extranjeros, jóvenes o viejos, ricos o pobres, agobiados e intrépidos, perdedores y triunfadores, ególatras y generosos, mujeres y hombres, junto con otras muchas variaciones que no cito; no faltan banqueros y desbancados, aprendices del arte de la brujería y del embaucamiento, difamadores y difamados, etc. Y todo el resto de los extremos o tangentes, en donde las verdades, si las hubiera, valen tanto como si se toman como mentiras, pues la vida no deja de ser en cierto modo una antítesis de sí misma. Ahora espolvoreada por la maldita pandemia, por las multiplicadas incertidumbres que la bandean a su gusto, cual enjambre de miedos y emociones que la llenan de circunstancias.

Al final, ¿quién soy yo y cada uno de los otros yoes? Un yo no concluyente, que puedes ser tú, él o ella, depende de las circunstancias, tuyas o de todos. Me veo dentro de un tranvía del que sube y baja mucha gente, con sus pasiones y emociones, con su nada o su mucho. Disfruta, no eres yo desubicado.

El campo resucita en el pandémico escenario social

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La gente del campo suele ser callada, su voz apenas se escucha. Claro, son pocos y sus protestas rara vez llegan a los parlamentos. Comer y dar de comer, que todos coman, no es una preocupación de noticiarios ni de tertulias en los medios de comunicación; ni siquiera en tiempos de crisis pandémica. Si revisan los periódicos gordos, de tirada amplia, casi nada se dice de los campesinos. Aportan una parte importante en la reducción del déficit exterior. Además resulta que sus producciones no nos han faltado en los tiempos duros de la pandemia; y así seguirán.

La agricultura merece una atención delicada, como bien de interés social. Con esa intención le dedicamos el artículo «Agricultura poliédrica» en Heraldo de Aragón del pasado martes. Redactado en un sentido crítico y a la vez constructivo, en parte social y con matiz de economía sencilla, de dignidad humana también, vale para cualquier territorio porque tiene muchas caras y admite múltiples perspectivas.

«Enmascarillarse» ante el móvil

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La palabra entrecomillada es fea de narices; de eso va este artículo: de narices, bocas y manos. No para hablar de ellas sino para protegerlas de la hipotética transmisión del maldito coronavirus que nos persigue. Viene todo esto a cuento de una duda, todo lo que rodea a la pandemia lo es, no satisfecha del todo: ¿Cuánto y cómo actúa el móvil de vehículo de transmisión del coronavirus?

A decir verdad, hay artículos que hablan de que sí mientras que otros callan sobre el asunto. Una hipótesis sensata, pendiente de confirmar, defiende que hagamos un precavido uso de los dispositivos terminales si queremos protegernos de la llegada del virus. En demasiadas ocasiones, el móvil se pone en contacto con manos, cara y boca. La mascarilla que debía protegernos puede no cumplir su función si nos la quitamos para hablar con el móvil, si este reposa en una superficie potencialmente no limpia, si la conversación con el móvil nos aísla tanto del mundo próximo que no reparamos en la llegada de potenciales transmisores o conductas adecuadas. No queda otra que «enmascarillarse» más y mejor.

De esta hipótesis se habla mucho más en «Mi estimado y ahora antipatizado móvil pandémico» de 20minutos.es.

Las mascarillas abandonadas contaminan

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Nuestra vida sin ellas sería de otra manera, nuestra salud mucho más quebradiza en estos momentos pandémicos. Merecen una consideración, incluso en su final de utilización. ¡Nunca deben abandonarse por la calle, mucho menos en la naturaleza! Se sabe que están fabricadas con distintos componentes que tardan en degradarse entre 300 y 400 años, con los riesgos acumulados para la vida en general, además del agua y los suelos. Pero además, aunque vayan al contenedor gris de residuos no separables (en otros sitios es verde oscuro) nada se hace con ellas. Por otra parte, pueden contener una carga vírica peligrosa.
La búsqueda de la seguridad determina que en estos momentos pandémicos se aconseje el usar y tirar, tanto de mascarillas como del resto de materiales protectores plásticos, guantes y similares, ya sea en entornos hospitalarios o no. Esta prevención -que en este caso se ve como necesaria- no puede volver a impulsar la utilización de otros objetos de uso diario doméstico, asunto contra el cual tanto se ha luchado; recordemos los materiales plásticos de un solo uso como pajitas, vasos, bolsas, etc., en proceso de prohibición. Por eso, 
debería pensarse si en determinados momentos de vida cotidiana, no hospitalaria ni sociosanitaria, no es mejor sustituir las mascarillas higiénicas o quirúrgicas por las reutilizables (de especificación UNE 0065).

Lo potencialmente contaminado sigue contaminando durante mucho tiempo. El pasado día 30 el Gobierno de España puso en marcha «Recuerdos inolvidables« para alertar sobre esta cuestión. Averigüemos qué tienen de recuerdos y porqué le habrán puesto inolvidables.