Ética universal

La ayuda española a la educación en países pobres sigue empobreciéndose

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España era generosa en ayuda para educación pero ha desaparecido del panel de donantes. Se ha recortado un 90%, de 354 millones en 2008 a 34 en 2015, llegando a los niveles que se tenían hace 30 años cuando la conciencia de globalidad educativa apenas se formulaba. En la actualidad estamos en un 0,13 % la renta Nacional Básica, la media europea supone el 0,4%. Varias son las conclusiones más llamativas del informe La ayuda en educación, a examen elaborado por la Fundación Etea para el Desarrollo y la Cooperación y por Entreculturas y Alboan, dos ONG de la Compañía de Jesús. Merece la pena darle un repaso. Otro dato: España fue el país que más recortó en 2014 –los datos de los años siguientes no han mejorado- a la AOD en general; estamos en la cola  de los 34 donantes del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, solo por delante de Polonia, Eslovaquia, Grecia, República Checa, Eslovenia y Corea. Nos preguntamos qué queda del Pacto de Dakar por la Educación que se firmó en el año 2000, cuando muchos pensábamos que la educación era la mejor herramienta para el desarrollo, y UNESCO así lo justificaba para el periodo 2000-2015. No ha tenido todo el efecto deseado. En nuestros días, merece la pena recordar que más de 750 millones de personas son analfabetas, un 64% mujeres. Algo habrá que hacer.

Pobreza y salud: un binomio que se entrelaza cada vez; también en España

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Aseguran quienes de esto saben que la pobreza acorta la vida, y no solamente en calidad; se vive menos. El titular del artículo del periódico El País es expresivo: “La pobreza acorta la vida más que la obesidad, el alcohol y la hipertensión”. Se basa en un estudio publicado en The Lancet que lanza un mensaje contundente: «El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo». Dado que la desigualdad mata, los investigadores llaman la atención de la OMS para que considere la pobreza como un factor de riesgo y se lance a eliminarla. La acción proactiva ayudaría a la consecución de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: 1. Fin de la pobreza, 2. Hambre cero, 3. Salud y bienestar, 4. Educación de calidad, y algún etcétera.  Pero donde la pobreza tiene más impacto es en la salud de los niños, llegando a la malnutrición –incluso en países como España- con todas las consecuencias que tiene este escenario para futuro. Ya hace un año que se decía que esta situación era una emergencia. Así seguimos, aunque hay algunos que han encontrado razones para mantener la esperanza en 2017.

Tenemos retos difíciles para el presente año; según cómo los gestionemos viviremos los siguientes

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Hay que leer estudios serios para imaginar quiénes somos y hacia dónde vamos. El CIDOB (Barcelona Center for International Affairs) acaba de publicar “El mundo en 2017: diez temas que marcarán la agenda internacional”. Si las cosas discurren según estas previsiones habremos de estar atentos en primer lugar al impacto que va a tener en todo la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense. Porque el (des)orden mundial que nos gobierna puede cambiar de manos, máxime si los tipos de interés suben y los mercados emergentes se tambalean. La energía renovable y el cambio climático van a modificar nuestras vidas, como lo están haciendo ya la tragedia de los refugiados y la irrupción de maximalismos y fundamentalismos. Lean el Informe del CIDOB, que ya advierte de que las predicciones son difíciles, pero incluso así pueden empeorar. Ante este panorama, la sociedad debe estar atenta y saber reaccionar.

Escuelas de Siria: algunas se reabren, intentan poner un pequeño remiendo en la infancia maltratada

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Decía Saramago que “Solo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes». Que Unicef logre reabrir unas pocas escuelas en Alepo, siendo un pequeño detalle dentro de la barbarie internacional que es la guerra en Siria, supone que los niños y jóvenes retoman una parte de su cotidianidad, que aparcan los desgarros anímicos que están sufriendo. Los niños y jóvenes sirios necesitan la educación para mantener sin romper uno de los pocos hilos de esperanza que les quedan. Las imágenes son elocuentes: carteras y sonrisas entre los escombros. La educación es la última puerta para la esperanza individual y la supervivencia colectiva, pero para este cometido falta hacer algo más. ¡Lleva tanto tiempo cerrada!

P. D.: No nos olvidemos de las escuelas a las que acuden los niños sirios en Líbano, Jordania o Turquía. Tampoco de las de Yemen, Afganistán y ese largo etcétera que no deja de crecer. Más de una vez nos preguntamos qué podemos hacer desde aquí. Seguro que algo. ¡Encuéntrelo y adelante! La presión de muchos puede mover montañas.

La guerra de Biafra dejó la conciencia mundial abochornada, malherida. No ha cambiado mucho el panorama

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Van a cumplirse 50 años del comienzo de la Guerra de Biafra. Las televisiones y los reporteros empezaron a traernos imágenes recientes de los destrozos humanitarios, no tan en directo como ahora pero con cierta fluidez, que nos parecían tremendos a los que entonces estudiábamos el Bachillerato. La revista Life llevó a su portada en julio de 1968 una imagen que dio la vuelta al mundo. Por entonces se acuñó una frase perversa “pasas más hambre que en Biafra”, que se mantuvo durante un tiempo en el imaginario social. La convulsa Nigeria sufría, y sufre, como otros muchos lugares, un proceso de colonización y descolonización mal gestionado y con repercusiones desastrosas (como testifican las imágenes que aquí incluimos, que pueden resultar dolorosas para algunas personas). El país sigue mostrando un elenco de conflictos, por allí maltrata Boko Haram.

Algunas cifras dicen que hemos ido a mejor: entre 1960-80 las guerras provocaban 4 de cada 100.000 muertes mientras que en el año 2000 eran 0,5; magro consuelo. Para explicar el hambre no utilizamos ahora a Biafra, nos quedamos en otros muchos lugares como Níger para entender lo difícil que es comer en tiempos de guerra, o en Yemen. Dicen por ahí que detrás de estos desastres siguen estando las potencias occidentales, como hace 50 años en la Guerra de Biafra. No ha cambiado mucho el panorama.

El comercio de las armas frente a preservación de la Vida, de la biodiversidad. ¿Y si intentáramos el recambio?

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Si la sociedad avanza o retrocede es algo difícil de explicar categóricamente; queda al albur de quien opina y del apartado de la existencia que revisemos. Si el asunto lo vemos en su conjunto nos inclinamos a decir que no, porque es de idiotas gastar dinero para tener la posibilidad de matar , asunto que se convierte en una prioridad de muchos gobiernos. Porque quienes matan lo hacen con armas que otros han fabricado y vendido. Amnistía Internacional denuncia que el comercio de armas es un negocio cada vez más lucrativo, que España está aprovechando. Desde hace tiempo, Oxfam Intermón se pregunta si es necesario y para qué sirve un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas que ayude a preservar la vida. El presupuesto para la paz no figura en los balances económicos de los gobiernos.

Esta manía de matar al diferente, aunque no sea humano, acaba con «todo bicho viviente». Recomendamos la lectura de un artículo antiguo (finales de 2014), que recogía datos de una investigación publicados en la revista Nature, que hemos rescatado porque el tiempo no le ha restado nada de actualidad. Habla de que con el 2,5% del presupuesto militar mundial se salvaría la biodiversidad del Planeta. ¿Qué opina del asunto? ¿Por qué opción votaría si le dieran a elegir?

P.D.: Algunos escolares se implicaron ayer en actos para conmemorar el Día de la No Violencia y la Paz. Proponemos a sus maestros que lleven más de una vez a debate en las aulas el comercio de armas, esas que siguen matando en Siria, Yemen, Afganistán, y tantos lugares de África.

Las profecías de Orwell son como un cometa; orbitan en el universo anímico y cada cierto tiempo reaparecen

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Nos avisó Orwell en 1945-1949, cuando Stalin hacía de las suyas y al poco de que los nazis destrozaran Europa y sus gentes; en 1946 nacía el actual agitador del mundo. Leímos los libros del británico varias décadas después. Vimos granjas en el este de Europa y China, por todo el mundo. La fecha, 1984, era lo de menos. Por todos los continentes los Grandes Hermanos marcaban hasta el ritmo del latido de los corazones de sus súbditos. Después pareció que poco a poco se resquebrajaban las empalizadas de algunas granjas y sus ocupantes recuperaban una parte de su libertad. A finales de los 80 cayó el muro de Berlín, la perestroika ventiló el mundo, y un poco después hasta China se volvió capitalista. El comercio globalizado y nuestra sociedad de bienestar nos hicieron olvidar las conjeturas de Orwell; arrinconamos sus libros en la parte de atrás de la estantería, junto a los clásicos. Al menos nos quedó grabada la película de animación para interpretar la moraleja. Mientras, los líderes políticos nos abochornaron, tras ellos explotaron grandes tormentas en las que los despiadados acaban con los súbditos que creyeron en la vida compartida. Pero una y otra vez, en su órbita elíptica, las profecías orwelianas se acercan al mundo; la convulsión la provoca 70 años después Donald Trump, con una cadencia similar a la del cometa Halley. Hay que volver a leer “Rebelión en la granja” y “1984”; y no solo los norteamericanos. Todos vivimos vigilados, sujetos al albur de los poderes económicos y tecnológicos,  y de ciertos políticos, que son como Grandes Hermanos, con sus respectivos Ministerios/policías del Pensamiento. A veces parece que la nueva era acabó en un erial; así lo ve “El Roto”.

La vida social dejó de ser cuando triunfó por todo el mundo el amor por la supremacía del yo

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Claro que no vamos a echar toda la culpa a la gente despistada o abrumada por sus necesidades. No debe andar descaminado Zygmunt Bauman cuando nos avisa de que “Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista”. El proceso de individualización –que trae consigo lo mismo un mayor margen de libertad que añade demasiadas incertidumbres personales y sociales- es el destino de mucha gente. Por otro lado, la globalización está provocando un desajuste mundial muy incontrolable, pues lleva a la falta de trabajo que da miedo a los individuos. Esta carencia de oportunidades –aderezada por otros que migran hacia nuestros países en su busca- conduce a muchos a la deshumanización, que muchas veces es utilizada políticamente con resultados graves: el miedo a la competencia nos acerca a la xenofobia. Sin embargo, la relación con el otro, con el diferente, nos obligaría a adoptar una posición crítica con las estructuras clásicas, que se nos han demostrado poco fiables. Nos podríamos servir de conocimiento para reubicarnos socialmente, pero el exceso de noticias –muchas malintencionadas y otras malhumoradas- desorienta a la gente que, en cierto modo, se convierte en ignorante porque no acierta a elegir una información relevante frente a otra desorientadora, y después utilizarlas, que no es tarea fácil. Por eso, recuperar la importancia de vivir juntos es uno de los principales retos que tenemos para hoy y para mañana. Así nos dejó señor Bauman; llega Trump.

Si el pronóstico se convierte en certeza, la desigualdad llevará a la convulsión mundial

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La magnitud de sus efectos está por dimensionar; además de ideológica -que ya se observa- tendrá repercusiones sociales y económicas. En estos momentos de sustos continuos, de previsiones alarmistas, caben dos cosas: ignorarlas o atenderlas al menos en parte para que si llegan no nos pillen desprevenidos. Viene esto a cuento porque acaba de conocerse el Informe de Riesgos Globales 2017 del Foro Económico Mundial (FEM), en el que se afirma que la desigualdad económica, la polarización social y los crecientes problemas medioambientales marcarán nuestras vidas en los próximos diez años y marcarán el rumbo de los siguientes. Si se combinan la desigualdad económica con la polarización política cargada con nacionalismos excluyentes se amplificarán los riesgos globales, y conllevarán una erosión de la solidaridad social e internacional, que fue durante un tiempo rasgo que enmarcaba una buena parte de nuestros sistemas políticos. Todo esto en un contexto de un previsible cambio climático, que añade incentivos para el movimiento de las personas hacia otros países y nuevas dificultades sociales y económicas a los posibles receptores. Aunque las intenciones del FEM al elaborar ciertos informes son muchas veces oscuras –no olvidemos que son un grupo de presión de economía de mercado financiado por 100 grandes empresas- no está de más leer lo que dicen -parece que incluso hablan de la renta básica universal– y permanecer atentos a los próximos meses/años, marcados ya por el “trumpazo” y el “brexitazo”, además de los fundamentalismos.

El mundo deambula con rumbo poco sostenido hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible

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Según se cuenta en el informe “SDG Index & Dashboard 2016″ (Indice de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), elaborado por la Sustainable Development Solutions Network en colaboración con Bertelsmann Stiftung y Fundación Telefónica, y de cuya edición en castellano se ha ocupado la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS), la cosa en muchos países no va tan rápida como sería necesario (incluso Suecia y el resto de los nórdicos deben mejorar). Merece la pena echar un vistazo a los indicadores que se han empleado en este estudio. Se establece para cada indicador unos umbrales óptimos y medios; interesante ver las diferencias. Además, el estudio establece una comparativa con los IDH. Cada día que pasa y no empleamos en mejorar empeora el futuro. España se sitúa en el puesto 30 (el 26 si se considera un índice ampliado que ha llevado a cabo el estudio pero con peor puntuación que en el primero). Esto en principio sería bueno en el conjunto mundial, pero es que ocupa los últimos lugares entre los países de la OCDE. Porque no olvidemos que España, como casi todos los países está en vías de desarrollo en esta cuestión; y el tiempo apremia.

P.D.: El Anexo II del informe incluye una guía para saber de qué va esto, por si alguien todavía no se ha enterado: ¿Qué son los ODS y de qué sirve el Índice?, ¿Cómo se han seleccionado indicadores y datos?, etc. No se pierdan una lectura tranquila.

La acción humanitaria pendiente del hilo de la deshumanización. ¿Aguantará el mayor peso de las nuevas necesidades?

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Las esperanzas se nos van quedando heladas, tras los vientos de la xenofobia y los destrozos del fundamentalismo en el suelo europeo. La radiografía de la acción humanitaria desvela enormes fracturas y bultos irreconocibles. La acción humanitaria está en crisis, o el modelo ya no sirve, como denuncian el Instituto de Estudios y Acción Humanitaria (IECAH) y Médecins sans frontières.  Llegó el invierno a Grecia y las condiciones de vida en los campos de refugiados se hacen cada vez más duras. Por lo que parece, han fallado las previsiones de ACNUR y de ECHO (Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea). Si las necesidades no van a ir a menos, deberíamos preguntarnos en qué proceso de (des)humanización nos encontramos. Imágenes desesperanzadoras. Por cierto, el frío también golpea a los refugiados de Turquía, Líbano, Jordania, etc.

Guerra de Siria en tregua: garantizada la impunidad por enmudecimiento de las víctimas

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Comenzamos al año acosados por guerras en Asia, Oriente medio y África; lo terminamos sin encontrar la necesaria paz. Casi caemos en la tentación de preguntarnos si los conflictos armados no son una parte de la condición social, religiosa y étnica. Aunque la paz siempre tendrá episodios de perversidad, cabe desearla con contundencia para este año 2017. Presionemos todo lo que podamos para que enmudezcan las armas en: Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Yemen, etc. Así rescataremos del olvido a las víctimas; así es posible que los damnificados todavía vivos empiecen a recuperar una parte de su dignidad y sus derechos como personas, porque sabemos por experiencia histórica que las guerras no son eternas. Entonces, ¿para qué seguir con ellas? ¡Qué los buenos deseos no se los lleve el viento!

P.D.: «El año de los refugiados«, la lectura de la migraciones que hace el CIDOB del tormentoso año que nos ha tocado vivir. 

Vivimos mejor que nuestros abuelos, pero no todos

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Reconforta leer artículos como el que publicó El País el último día del pasado 2016: «Las paradojas del progreso: datos para el optimismo«. Debemos apreciar los progresos experimentados por el mundo en muchos asuntos sociales: salud, educación, renta global, esperanza de vida, mortalidad infantil, analfabetismo, igualdad de género, y algunas cosas más. Incluso la pobreza extrema se va reduciendo en número de personas que la padecen y el Banco Mundial prevé su casi eliminación en 2030. También ha descendido el número de muertos en el mundo por las guerras -no debería haber ninguno- por cada 100.000 habitantes. Nuestros abuelos estarían contentísimos de haber vivido en esta situación. Sin embargo, quedan tales bolsas de injusticia –consúltense los resultados del índice GINI– que no nos permiten disfrutar de la mejora. En parte también porque somos más críticos, o quizás nos enteramos de casi todas las cosas malas y estas nos producen dolor. Nos decimos si esas mejoras no podrían haber llegado a más personas, si el mundo no podría haber limitado ciertas desigualdades. En eso debemos ocuparnos durante el año que empezamos.

Acogida de refugiados: unos se quejan mucho mientras otros callando acogen a muchos

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Lo dice ACNUR: 1 de cada 13 personas en el mundo es un solicitante de asilo, un refugiado o un desplazado. Lean las cifras de países emisores y receptores y crúcenlas con las que a continuación les presentamos, que recoge en sus tendencias globales que elabora anualmente, aquí la de 2015. Nuestros medios de comunicación recogen a menudo noticias y quejas de los países ricos que hablan de «la pesada carga» que suponen los refugiados que dicen acoger. Tomen nota de estas cifras: Jordania (2,7 mill.), Turquía (+ de 2,5 mill.), Pakistán (1,6 mill.), Líbano (1,5 mill.), Irán (979 mil), Etiopía (736 mil), Kenia (554 mil), Uganda (478 mil), R.D. Congo (383 mil), Chad (369 mil). Son datos de Amnistía Internacional, poco sospechosa en el amaño de la cifras. No se pierdan «Atajar la crisis global de los refugiados: de eludir a repartir la responsabilidad«. Por cierto, ahí van unos porcentajes de la encuesta mundial realizada a 27.000 personas de 27 países elaborada por la consultoría GlobeScan. Caso España: el Índice de Bienvenida a los Refugiados está en 71, el 97% aceptarìa la entrada de refugiados en nuestros país y sigan leyendo más notas positivas, Como podrán comprobar, los ciudadanos van delante de los gobiernos; sabemos que las encuestas pueden fallar pero cuando los resultados son tan concluyentes… 

Como ven, casi todos estos países que más acogen pertenecen al mundo musulmán, muchos tienen gobiernos poco democráticos. Aquí, en el cristiano y demócrata Occidente nos revolvemos como país contra la llegada de unos pocos y algunos de nuestros compatriotas siguen o votan a partidos xenófobos. Menos mal que enseguida llega la Navidad.