Rehenes agrícolas

No es infrecuente que las noticias de los medios de comunicación tengan como protagonistas a muchos damnificados. Estos lo son a su pesar, porque sin haber actuado con negligencia para gestionar su vida sufren castigos por los manejos especulativos de otros. Los incidentes bélicos serían los sucesos más impactantes entre estos desatinos pero también tienen cabida los diferentes tipos de marginación, los episodios de hambre o los diversos sistemas de explotación de los recursos. Entre estos, el cultivo de la tierra ha saltado a los titulares en abril, pues en ese mes se celebran los días internacionales dedicados a la Madre Tierra (reconocido por la ONU) y a la Lucha Campesina (impulsado por varias ONG). En ambas efemérides se llama la atención sobre el destino de los campesinos y su soberanía agrícola, que se convierte muchas veces en subsistencia sin retorno.

La ONU ha llamado “Ciudades verdes” a este día, para avisar de que el incremento de la población en las grandes urbes va a condicionar la vida en ellas y su interdependencia con la naturaleza, tanto que generará desequilibrios graves entre las necesidades económicas, sociales y ambientales. A su vez, las ONG han priorizado en su celebración la defensa de las semillas como garantía de supervivencia de los campesinos y agricultores a pequeña escala. Al mismo tiempo, Oxfam-Intermón insiste en su iniciativa “Semillas para un mundo más justo”. Esta ONG denuncia que mientras el planeta se degrada por el mal uso del suelo, los alimentos sean objeto de especulación y mil millones de personas pasen hambre de forma cotidiana.

Pero hay más voces airadas ante este oscuro horizonte. La FAO declaró 2014 como el “Año Internacional de la Agricultura Familiar” con el fin de apoyar el desarrollo de las políticas agrícolas, ambientales y sociales favorables para la agricultura familiar sostenible. Porque esta tiene un papel trascendental en la mitigación del hambre y la pobreza, a la vez que garantiza la seguridad alimentaria y la nutrición. De esta forma se mejoran los medios de vida en los diferentes territorios, se gestionan mejor los recursos naturales, se protege el medio ambiente y se avanza hacia el desarrollo sostenible en las zonas rurales. En definitiva, se fija la población al territorio.

Se asegura que la depauperada situación del campesinado está en el origen de los movimientos migratorios que fluyen sin cesar hacia Europa. Los africanos han perdido su única riqueza: la tierra que les daba sustento. Los grandes capitales que huyeron de los mercados hipotecarios en 2007 se refugiaron en la especulación del suelo, en especial en África, Asia y América Latina. Quienes compran son gobiernos poderosos (Arabia Saudí, China, Corea, etc.), según denuncia Oxfam, o empresas omnipresentes en muchos sectores productivos (las mismas financieras que especulan con los precios en la Bolsa de Chicago, que es donde se marcan). Los que venden son países de democracias frágiles o donde las dictaduras van parejas con la corrupción. Los campesinos sufren todo tipo de presiones para vender; muchas veces ni siquiera reciben un beneficio, porque en esos países con fallos administrativos, pocos poseen títulos escritos de la propiedad de la tierra que han cultivado siempre. Se ven obligados a huir a las ciudades y sus jóvenes emprenden el desgraciado camino de la emigración hacia el paraíso occidental.

Hace unos días las asociaciones agrarias aragonesas se quejaban del peaje que debían pagar por sembrar algo que ellos mismos producían. Las grandes compañías que les habían proporcionado las primeras semillas híbridas los habían convertido en sus rehenes de por vida. Se sabe que, a escala mundial, unas pocas grandes compañías acaparan las ventas de las semillas y agroquímicos que mantienen atrapados a los campesinos del mundo, incluidos nuestros agricultores.

Los alimentos, que son un derecho básico, se han convertido en mercancía, cuya función principal es el beneficio. Lo que antes era comida es ahora materia prima agrícola. Solo así se explica que los precios de los cereales, básicos en la supervivencia global, se hayan puesto por las nubes a partir de 2008, empujados por las multinacionales que controlan el comercio mundial. ¿Quién para todo esto? Hará falta algo más que una valla perimetral.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 29 de abril de 2014. Los campesinos pobres se habían empobrecido todavía más debido a las maniobras especulativas de intereses comerciales. Muchos emprendían la huida hacia la rica Europa.
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