Factorías educativas según PISA

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La educación, como proyecto social, transita demasiadas veces por el mundo de los silencios; rara vez se la menciona para desentrañar su función global, si acaso para abordar intereses o deseos efímeros. Será por eso que, a nuestro modo de ver, no se le dio suficiente relevancia a unas críticas declaraciones de Andreas Schleicher, el jefe de PISA, realizadas en pasado mes de octubre. En ellas apuntaba que el profesorado de la educación obligatoria de España parecía que trabajaba en una cadena de producción. Añadía que en nuestro país cambiaban mucho las leyes pero poco la práctica, que nuestro alumnado es el mejor en recordar hechos y cifras pero flojea en el pensamiento creativo, en resolver problemas o en aplicar conocimientos a situaciones nuevas. Hacía otras muchas afirmaciones -merecen una reflexión personal del profesorado y un reposado comentario en los claustros- como que no había diferencias de calidad entre escuelas concertadas y públicas, en que la ratio no es un factor determinante para aprender bien personalmente.

Defendía que el presupuesto, siempre hará falta más, es mejor invertirlo en que el profesorado tenga más tiempo para hablar con las familias o para atender individualmente al alumnado que lo precise. Apuntaba que el interés y esfuerzo compartidos entre centro escolar, alumnado y familias  era una de las claves del éxito en países que sí lo consiguen. Lamentaba que el profesorado enseña planes de estudio y casi nunca es dueño de su práctica, apenas tiene tiempo de concertar con sus compañeros y se implica poco en las decisiones del centro. Como no sabemos si eso es cierto en nuestras escuelas, animamos a que estas debatan las cuestiones expuestas.

Publicado en Heraldo escolar el 16 de enero de 2019.