Mochilas nuevas

Pasó el verano y vuelven las mochilas escolares a poblar las calles de nuestras ciudades y pueblos. Esa imagen reconforta porque asocia educación y juventud, que es la mejor combinación para preparar el futuro. Romper el descanso siempre cuesta, pero algo se compensa retomando conversaciones y juegos con quienes son amigos o compañeros. Se recuperan rutinas, se desempolvan intereses y se buscan sensaciones diferentes en un septiembre que supone estudiar un curso más alto. Se estrena mochila. Eso es crecer poco a poco.

A algunos les tocará examinarse de nuevo para aprobar alguna materia que dejaron pendiente. Para ellos habrá sido un verano interrumpido en parte. Los momentos plenos de ocio –en definitiva, eso son las vacaciones- no se sobrellevan bien con el recuerdo de algo que se hizo mal y con la necesidad de enmendarlo cuanto antes. A estos alumnos, como a los profesores y a los gestores administrativos, les quedaron varias tareas inacabadas en junio.

Seguro que el verano no habrá podido borrar del todo la imagen del curso pasado, en el que casi nada fue tranquilo. Se utilizó la educación como argumento de peleas partidistas, que es el peor escenario para construir sociedades. Por eso las carteras de los administradores educativos terminarían algo deterioradas. Habrá que ver cómo se restauran aquellos arañazos. Porque ahora empieza a ponerse en marcha la Lomce. Para unos, la solución a todos los males y retrasos que sufre la educación española. Para otros, un tiempo perdido, una nueva pataleta educativa para hacer ver que algo no funciona y dejar las cosas más o menos como estaban. A los primeros habrá que pedirles responsabilidad si los resultados no son los que nos han prometido. A los segundos, implicación para rescatar la esencia última de la educación, que no es otra cosa que acompañar en los aprendizajes pese a todas las dificultades. Porque unos y otros se han atrincherado en lo que hacen los demás para esconder las faltas propias. Aquí lo de exigir la reparación de los desperfectos no se estila. Lo peor es que la sociedad no lo demanda con la fuerza necesaria y deja que la educación transite por la indiferencia.

En el curso pasado fallaron muchas cosas y la mochila educativa terminó bastante deteriorada. Hubo menos dinero para educar satisfactoriamente a los niños y jóvenes. Faltaron plazas en los comedores escolares, no llegaron bien las ayudas para libros. Ahora se gastará parte del presupuesto en poner en marcha una reforma educativa plena de incógnitas. Por eso, no estaría de más recoger lo aprendido de errores y aciertos e intentar que sirva para algo. En este septiembre son más necesarios que nunca los encuentros para repensar la educación. Nos iría mejor si mirásemos con atención positiva lo que nos rodea, en particular a quienes tuvieron dificultades por cuestiones económicas o por carencias en sus capacidades. Así podríamos almacenar el conocimiento curso tras curso para poder revisarlo, criticarlo y comunicarlo a quienes están con nosotros. No deberíamos escudarnos en las cifras porque detrás esconden personas, que tienen derecho a una educación de calidad que ahora no se les asegura.

Algunos mantenemos la osadía de explorar el presente para intentar construir algo definitivo. Sabemos que no hay réplica exacta de lo de ayer. Porque los niños de ahora están distraídos con muchas cosas a la vez, acosados por un mundo exterior que les entra por infinidad de terminales. A pesar de todas las dificultades, de que es más fácil chocar que convencer, cada curso nos parece que estrenamos mochila, si bien desprovista de la inocencia original.

En este comienzo de curso nos gustaría pedir que todos los centros educativos tuvieran un momento para el recuerdo verdadero hacia quienes les falta escuela a donde ir en Siria, Palestina, Irak, R.D. del Congo y tantos otros países, en los que ver salir el sol cada día ya es una aventura para muchos niños. No tienen mochila escolar, ni siquiera una vieja. Nuestra escuela no puede quedar muda ante la negación de lo más sagrado, la educación, a millones de niños y niñas en el mundo. No sabemos si nuestro aliento llegará hasta allí, pero estamos seguros de que su evocación continuada nos hará madurar nuestro espíritu. Quién sabe si entre todos lograremos mejorar su destino.

  • Publicado el 2 de septiembre de 2014. Los alumnos españoles retornaban a sus colegios tras las vacaciones de verano.
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