Aires viciados

Hace mucho tiempo, el filósofo griego Anaxímenes de Mileto se extasiaba al contemplar a los seres vivos. Se imaginaba que el aire que respiraban les daba la vida, por eso adjudicaba a esa sustancia el origen de todo lo demás, a cuyas diferentes formas se llegaba mediante diversos procesos. Doscientos años más tarde, ya en el siglo IV a.C., Aristóteles se ocupaba en su “Metafísica” de encontrar una causa productora para los pensamientos y todas las demás cosas. Afirmaba que la naturaleza era la que originaba algunas, en otras también intervenía el azar, pero pensaba que en muchas ocasiones una cosa proviene de otra, se transforma y así la primera desaparece para convertirse en algo diferente. Podemos aplicar perfectamente esta idea a los cambios que soporta el aire, pues continuamente deja de ser el primigenio.

Esta mezcla de gases invisible, permanente objeto de estudio para los científicos, nos pasa desapercibida a los ciudadanos, como no sea para quejarnos cuando se mueve demasiado o trae asociadas catástrofes. Ahora, hemos vuelto a mirar el aire para verlo en su transparencia. Janez Potocnik, comisario europeo de Medio Ambiente, se mostraba muy preocupado hace unos días en la presentación del Informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) sobre Calidad del Aire 2013. Alertaba de los efectos de la contaminación en la salud de las personas (provoca 400.000 muertes prematuras, 10 veces más que los accidentes de tráfico), en la pérdida de jornadas laborales (100 millones de horas de trabajo cada año), en el descenso de la productividad, en el aumento del gasto sanitario (cuatro mil millones extra por hospitalización al año en la UE) y en el colapso de algunos servicios, y así un largo etcétera. Tal mal debía de ver el asunto que reñía a los estados miembros para que asumiesen sus responsabilidades. Recordaba que si se actuase de verdad, según los compromisos firmados que cifraban reducciones del 50% hasta 2030, “los beneficios estimados para la economía, los ciudadanos y el medio ambiente ascenderían a cerca de 45.000 millones de euros al año”.

Europa enferma por contaminación pues el 90% de los ciudadanos respira todos los días aire potencialmente dañino, en particular por las partículas finas (procedentes de la combustión diesel) y por el ozono troposférico que contiene, aunque se hayan reducido otros contaminantes. La OMS ha lanzado una alerta roja ante la permisividad de la normativa europea y se queja de la ineficacia de los gobiernos, que se limitan a expresar buenas intenciones y a diseñar propagandas. Tan insensibles son que no hacen nada para evitar la repercusión que la contaminación del aire tiene en los nuevos nacidos, con bajo peso y otras enfermedades asociadas. Pero también lo hacen mal los ayuntamientos, que permiten el uso masivo de transporte urbano de gasoil en las ciudades. ¿Algún edil se ha parado a pensar el peaje sanitario que supone para los ciudadanos pasear por sus calles? Resulta sorprendente que ciudades como Madrid  y Barcelona (que tienen la desfachatez de pedir una moratoria de cinco años a la UE para seguir sin tomar medidas) incumplan con total impunidad la legislación europea en lo que afecta a los óxidos de nitrógeno que salen por los tubos de escape de los coches. Algo parecido ocurre en zonas de Reino Unido, Alemania, Francia y Austria.

Los investigadores (lo mismo los autores de los informes de las agencias y academias que los de Ecologistas en Acción) se basan para emitir sus alertas en medidores instalados en las ciudades, aparatos que no siempre cumplen con la exigencia que deberían ni están bien situados. Si lo hicieran, quizás los datos fuesen más alarmantes. Además, la red de estaciones de control es escasa; en Aragón ni siquiera llega a 10 ayuntamientos.

Con tantos años de diferencia, el filósofo griego y el comisario europeo coinciden en la generación de vida que el buen aire provoca. Será por eso que el título de la conferencia de presentación del comisario era elocuente: “Si crees que la economía es más importante que el medio ambiente, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”. Terminaba con una petición a toda Europa, gobiernos y ciudadanos: “Vamos a ahorrar dinero y dar un soplo de aire fresco a nuestra vida”. Deberíamos apuntarnos ya.

  • Publicado el 5 de noviembre de 2013. Mientras media España tosía por los aires contaminados, los gobiernos ni se querían enterar.
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