Crisis planetaria

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Una posible crisis –un cambio muy marcado que afecta a bastante gente– nunca es bien recibida, quizás porque no se dedica tiempo a entenderla y se asocia a colapso y situación de pánico. Esa nueva situación precisa una reflexión pausada para tener una idea aproximada de sus causas y consecuencias. La pérdida de seguridad y confianza en el estado anterior provoca una clara decepción, en no pocas ocasiones asusta e incluso indigna. Pero conviene no darse por vencidos sino analizar lo más visible de la coyuntura para reconducirla o adaptarse a ella en la medida de lo posible.

Hay muchas voces, expresadas en artículos o en corrientes filosóficas o éticas, que nos hablan de una grave crisis planetaria, en sus dimensiones material e ideológica. Así lo revelan también los aprietos económicos o de empleo que sufren muchas personas, los desajustes de la sociosfera o las alarmas ecológicas que amenazan la biosfera, entre otros. Hace pocos días un reconocido periódico extranjero titulaba un artículo con una ecuación: consumo voraz multiplicado por población en aumento es igual a crisis planetaria. A poco que pensemos encontraremos razones para pensar así: en 1970 la población mundial era menos de la mitad de los 7.600 millones de ahora; el consumo per cápita de materias primas se ha desorbitado en bastantes países, y la consiguiente generación de residuos emponzoña el suelo, el aire y el agua. Como consecuencia, para pasar el día a día gastamos recursos generados por el planeta a lo largo de milenios, con su consiguiente agotamiento. En España, a partir del 11 de junio de 2018 vivimos a crédito de los ahorros para nuestros hijos y nietos; en el conjunto mundial desde el 1 de agosto. En síntesis: si en 1970 casi se vivía con lo que la Tierra había producido en sus 365 días, ahora vamos camino de dilapidarlo a mitad del año.

La huella ecológica se utiliza como ejemplo para explicar la crisis planetaria. Más o menos alude al espacio físico que se necesitaría para satisfacer las necesidades actuales. Dado que solo alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre es biológicamente productiva, nos tocan a cada uno algo más de 1,5 hectáreas para satisfacer nuestras necesidades y absorber nuestros desechos. Pero actualmente, al ser más población y consumir más, nos haría falta globalmente casi el doble de la superficie. Seguro que si la población y las necesidades siguen creciendo como en los últimos años la hipótesis del titular se confirma.

Reconozcámoslo: el planeta está en manos de los políticos y de poderosísimas compañías que acopian/depredan casi todo. Naomi Klein, autora de varios libros sobre este tema, señala directamente al capitalismo desregulado y ha alertado sobre el “shock” mundial, con especial impacto en el cambio climático y en las desigualdades entre las personas, de no surgir una rebelión ciudadana que frene esos impulsos. Sus argumentos han sido muy criticados por ciertos sectores económicos que siguen viendo el planeta como un objeto de libre disposición y recursos ilimitados.

El asunto está complicado si además tenemos en cuenta que la deuda mundial supone el 300 % del PIB; una buena parte corresponde a grandes empresas y economías emergentes. Hace unos meses tuvo amplia divulgación y críticas severas “Caminar sobre el abismo de los límites. Un informe para la acción ante el colapso” de Ecologistas en Acción, que tras analizar cuestiones relevantes de economía y recursos, cambio climático, biodiversidad, salud global, transporte y urbanismo, etc., proponía a los partidos “políticas ante la crisis ecológica, social y económica”. Habrá que releerlo para entender sus metáforas.

Estaría bien repensar aquello que decía María Zambrano al sintetizar la filosofía de la crisis de este mundo moderno que se escinde “entre el proceso objetivo y subjetivo de racionalización de todas las esferas de la vida y el empobrecimiento del núcleo vital de nuestras conciencias y existencias”; el qué y cómo vivir en conjunto debe ser una polifonía puesta ya en marcha. Pero atentos: entre los directores de la desafinada orquesta están Donald Trump y los líderes chinos, entre otros. Para superar el embrollo necesitaremos usar bien la inteligencia y el pensamiento, que es donde reside la verdadera crisis según el filósofo Emilio Lledó.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 18 de septiembre de 2018.