Agua poliédrica

El agua y el aire son los más firmes ejemplos de la naturaleza versátil, hábiles como pocos para estar en todos los sitios y desaparecer de ellos, de presencia universal pero comprensibles casi siempre a partir de imágenes y percepciones locales. El agua es sencilla en su presentación y rica en su belleza subjetiva, pues cada persona la percibe de distinta forma en cada momento. Su lectura, aunque pretenda hacerse estricta o limpia, es interesada la mayoría de las veces; nos lleva a variados equívocos porque en realidad tiene mil caras, cual si fuera un poliedro. Platón la identificó con el limitado y regular icosaedro de 20 caras, pero hoy día no le molestaría reconocerla como una forma poliédrica casi infinita, formada por múltiples bases irregulares de solideces diversas, con lados pintados o rayados con apetencias varias junto a otras superficies que no se ven. Agua hilada con mimo, convertida en ríos de literatura poemada, contada o novelada que enriquece nuestros pensamientos; así acabó siendo proveedora de manantiales oníricos que nunca se secan. Agua celebrada, casi adorada y rezada, cerca y lejos; olvidada antes y ahora, venerada y respetada aunque sea dividida y restada.

Agua coloreada en verde pues los cielos la derraman y las plantas enseguida la capturan y parte la evapotranspiran; a veces azul porque los ríos la llevan y acaba siendo gris cuando los humanos la utilizan. Agua callada en sí misma a la que cualquier cosa se pega o arrastra, incluso las plegarias diversas de todos los habitantes de la Tierra que invocan fuertemente su nombre y su deseo; tanto que la ensordecieron. Acogedora de seres pequeños y anhelada también por los grandes, unos la viven y otros la beben; biodiversa en su complejidad, en su devenir temporal y espacial. Casi siempre mía, pocas veces tuya y casi nunca globalmente nuestra: al final llega a ser agua secuestrada. Aunque forma una unidad entera, algunos usuarios actuales o expectantes se empeñan en trocearla ahora mismo en España para surfear sobre ella sus dificultades políticas o satisfacer sus sueños comerciales.

Agua natural, libre por su esencia, que se socializa cada vez más en su devenir. Cae del cielo y viene a la tierra regalada convirtiéndose en agua pública para consumo privado a la vez que agua privatizada a disposición del público. Ambas caras o baratas, depende de quién la use y desde dónde, también para qué; pero cada vez se percibe más escasa y a la mayoría parece extremadamente onerosa, sea cual sea su precio y coste ético. Será porque unas veces viene con regla de gasto y otras lo hace gastada sin regla. Limitada en su volumen e inflada por los usuarios o por quienes tienen la llave del grifo. Siempre cíclica; sube y baja, independiente y gestionada, incluso termina escapada del presente y ninguneada para el futuro. Transfronteriza e inmigrante se empeña en romper restricciones étnicas en su devenir y por eso se lleva a menudo más de un disgusto o reprimenda. A veces se la quiere atrapar en planes hidrológicos por los gobernantes, que una y otra vez hablan de ella en sus parlamentos y mítines pero casi nunca le manifiestan afectividad y corren el riesgo de empantanarla; olvidan que el agua es soberana en su ciclo y por tanto siempre tiene la última palabra: dará o no la gota que convenga. Por eso, la gestión del agua se debe encaminar a las soluciones basadas en la naturaleza espontánea.

Agua de goterones y fina, caprichosa en sus viajes, creadora y catastrofista pues perdió el ritmo climático al que nos tenía acostumbrados. Separa tierras y une continentes, baila con el viento por el aire y con la tierra sobre la pista del suelo quebrado para no contentar del todo a casi nadie cuando cae cerca o lejos; divino tesoro para casi todos, pero antes derecho humano universal no satisfecho. Agua presente que calienta y deja fríos, y agua virtual; ambas a punto de colmar el vaso o de vaciarlo. Será por eso que se le dedica un día mundial en marzo, como si el calendario poliédrico fuese manejable. Pero un pensamiento amable a nada/nadie viene mal, al menos atempera la desdicha, y algo cala hasta esperar el año siguiente. Al final entenderemos que sea tan poliédrica, o la miraremos así, y a la vez, paradoja futurible, exclamaremos: simplemente agua. Ni más ni menos.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 17 de abril de 2018.
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