Trabajo decente y verde

Anda la Organización Internacional del Trabajo (OIT) preocupada por las condiciones laborales de los trabajadores del mundo. Acaba de dar a conocer su propuesta “Hacia el desarrollo sostenible: Oportunidades de trabajo decente e inclusión social en una economía verde”. Comienza su justificación alertando de que el modelo de desarrollo actual es insostenible, tanto desde la perspectiva económica y social como desde el ámbito del empleo. En particular, afirma que el uso intensivo de los recursos naturales generará costos cada vez mayores con la consiguiente pérdida de rentabilidad productiva, que repercutirá en una reducción de la actividad económica. Para combatir esta situación aboga por el trabajo justo, demuestra cómo puede constituirse en el fundamento de la inclusión social y de la existencia futura.

Para valorar en su precisa medida esta iniciativa solo es necesario que miremos a nuestro alrededor, que escuchemos las noticias en los medios de comunicación. Parece que ahora la economía -que no hay que tener rubor al considerar indecente- está empeñada en separar cada vez más a los ricos y a los pobres. Se mueve en una obcecación constante por atesorar riquezas, y nos presenta este axioma como un modelo social. Así que todos deseamos poseer cuantas más cosas mejor, y con semejante maniobra no hay planeta social ni natural que lo soporte. Basta leer los resultados de unos trabajos de investigación de la Caixa sobre la fractura social en Europa para entender el impacto desorbitado de la crisis en el mercado de trabajo, las relaciones mercantiles, la educación, la salud y las ayudas sociales, con el consiguiente aumento de las desigualdades y la pobreza. Los políticos, máxime los que en nuestros países han perdido los afectos, dicen que quieren acabar con la pobreza creando riqueza. Mientras esto suceda (o no) los pobres desearían más bien que los políticos se ocupasen de reducir la pobreza e incluso acabar con ella. Si los gobiernos y los ciudadanos nos preocupásemos de combatirla y nos creyésemos que lograr una renta básica universal es posible, estaríamos defendiendo la consecución de un derecho humano con un enunciado sencillo: los pobres actuales se merecen un acompañamiento social permanente.

Los gobernantes evitan informes que hablen de la economía verde (basada en la ecología social), da lo mismo la entidad u organismo que los promueva. No hacen caso a las propuestas de la OIT en sectores tan sociales y ecológicos como la agricultura, las industrias forestales, la energía no fósil, la eficiencia en edificios, la ecologización de las economías, etc. Seguro que desconocen  “La situación del mundo 2012. Hacia una sociedad sostenible” del Worldwatch Institute, con claves de futuro verde e inclusivo. Tampoco habrán leído “Economía verde. Mediciones e indicadores” del Pnuma de la ONU en donde se recogen los resultados de esa apuesta de desarrollo en el bienestar social de 20 países. En él se explica cómo la economía verde se apoya en la inversión en el capital natural para mitigar la pobreza e impulsar la equidad social, cómo las adversidades de esta crisis pueden enseñarnos nuevas oportunidades. Hace un año se publicaba un estudio de la Escuela de Organización Industrial (EOI) con hipótesis de futuro referidas a eficiencia energética, prevención del calentamiento global, educación y formación, transporte y gestión del medio natural, tras constatar la imposibilidad de obtener informaciones completas sobre el sector ambiental en España.

Cuesta creer que nuestros dirigentes políticos y empresariales nos engañen de manera premeditada. ¿Acaso les dan miedo estas ideas perturbadoras o son ignorantes de las potencialidades de estos nichos de economía social? Ellos sabrán por qué un año después de sus medidas para incentivar la economía, y con millones de parados más en España, y en Europa, los Jefes de Estado de la UE se reúnen en una nueva cumbre y tras ella siguen imponiendo la misma receta.  Tenemos derecho a soñar que el empleo verde y decente puede ayudarnos a remontar esta mala racha, aunque nos tachen de ilusos. Era Ernesto Sábato quien decía que “los sueños inocentes son los que mejor nos recuerdan que solamente si somos capaces de encarnar la utopía lograremos recuperar cuanto de humanidad colectiva hayamos perdido”.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 13 de agosto de 2013. Muchos trabajadores se ilusionarían con tener trabajo. La economía verde podría dárselo pero quienes tenían el poder le cerraban cada vez más puertas.
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