Deseos educativos

Llega el verano y con él las vacaciones escolares. Es tiempo de descanso para el alumnado pero a la vez momento de reflexión para quienes tienen algo que decir sobre la educación obligatoria. El curso que ahora acaba ha sido confuso: se mezclaron esperanzas como el proyecto de Pacto Educativo –impulsado desde el Consejo Escolar de Aragón– con convulsiones como la elección de centro –impropias de un sistema educativo bien asentado–. El primero consiguió concertar deseos con realidades. Llegó a ilusionarnos, aunque su desarrollo esté sujeto a bastantes incógnitas pues los intereses partidistas amenazan siempre el buen hacer educativo. El segundo planteó una batalla para resolver un asunto meramente organizativo; los argumentos esgrimidos tenían detrás confusas combinaciones de ideologías con derechos o privilegios. La tarea colectiva basada en la participación y en la búsqueda del bien común, que primó en el primer caso, faltó en la resolución del segundo. La polémica –qué lástima que, siendo tan pocos, estemos tan mal avenidos– nos parece artificial porque en principio todos los centros ofrecen similares calidades educativas y, si no es así en alguno, habrá que conseguirlo sin demora. Habría sido más provechoso emplear el tiempo en debatir sobre los problemas clave que tiene el sistema educativo en su conjunto, como pueden ser qué saben los alumnos de lo que se les enseña –si avanza la situación en Aragón– y qué sienten aprendiendo.

En este dilatado contexto de confrontación pasaron sin reflexión los resultados del PISA 2015, que toman el pulso a la educación secundaria cada tres años. El pasado diciembre conocimos los detalles de los rendimientos del alumnado en ciencias, comprensión lectora y matemáticas. España, que en conjunto progresa ligeramente, está lejos del liderazgo educativo; además debe resolver que haya tantos repetidores. El informe deja ver que si solo se midiera la memorización los españoles sacarían mejores notas; vago consuelo en pleno siglo XXI, el de la interconexión y la creatividad. En las tres áreas Aragón –que ha mejorado algo con respecto a 2012– se sitúa en un honroso quinto lugar entre las comunidades, claramente por encima de la media de la OCDE. Habrá que trabajar con estos datos. Pero nos gustaría llamar especialmente la atención sobre el informe “Bienestar de los estudiantes” que la misma OCDE publicitó hace un par de meses. HERALDO (22 de abril de 2017) resaltaba de él que los estudiantes aragoneses de 15 años son los que más se agobian por las malas notas (90 %), más si son chicas. También dice el informe que su grado de satisfacción con el centro está en 7,14 sobre 10, de los más bajos de España, y un 13,4 % ha sufrido algún tipo de acoso. Además se habla de otros aspectos –que condicionan tanto la personalidad como el rendimiento escolar– de la vida de los adolescentes sobre los que se debería reflexionar: su práctica moderada del deporte y sus hábitos alimenticios, la relación entre ansiedad y éxito escolar, la motivación interna y externa para alcanzar los logros deseados, su sentido de pertenencia al centro escolar, las relaciones con sus profesores, las diferencias de género, la implicación familiar, la incidencia de la situación social en la percepción del bienestar o sus expectativas profesionales. Y una cuestión inquietante: la mayoría de los chicos y chicas de esas edades se sienten mal si no se conectan a menudo a Internet fuera del entorno escolar; casi una quinta parte se podrían calificar como usuarios extremos.

La educación es un sueño universal; es camino y oportunidad, pues sobrevive incluso cuando se olvida parte de lo que se ha aprendido. No podemos desaprovechar un nuevo curso escolar sin la mejora educativa que tanto anhelamos, porque se desvanecerá definitivamente la esperanza. Desde aquí queremos lanzar un deseo, cada vez más compartido, a la Administración, a los partidos políticos, a las organizaciones de centros y a los sindicatos: dialoguen desde ahora mismo en las Cortes, reúnanse las veces que sean necesarias (con o sin publicidad), y lleguen cuanto antes a unos mínimos acuerdos para desarrollarlos con prospectiva permanente. Explíquenlos bien a las familias, para que no se distraigan en sus ideales educativos. ¡Felices vacaciones a los estudiantes!

*Publicado en Heraldo de Aragón, pág. 23 el 27 de junio de 2017, a punto de cerrar un año escolar feo, abrupto, poco empeñado en encontrar qué y cómo estudiar.

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