Educación para la crisis

En momentos de crisis colectiva como la que nos afecta caben dos posturas opuestas: invertir en actuaciones con alto valor añadido -como es la educación de los ciudadanos- o sostener solamente actividades de mantenimiento del edificio social, en este caso escolar, como consecuencia de la retracción indiscriminada de los presupuestos. La decisión adoptada por varias comunidades autónomas de aumentar la carga lectiva del profesorado se encuadraría en el segundo caso dado que su objetivo no es mejorar la calidad de la educación del alumnado sino reducir el gasto educativo. Esta última medida se podría considerar coherente si los niveles de preparación del alumnado fuesen buenos o excelentes. En los últimos años, los diagnósticos educativos del PISA dicen que las capacidades de los estudiantes españoles se pueden mejorar en bastantes materias, sobre todo en algunas comunidades. Para ello se sugieren diferentes actuaciones, pero se pueden destacar dos grandes líneas: una propone la atención más personalizada del alumnado para que mejore sus niveles básicos mientras que la otra defiende una participación activa de la familia y toda la sociedad en el proceso, ámbitos a los que asigna una gran importancia en la función educativa. Entre una y otra deben conseguir que mejoren las competencias de ese 25% que muestra niveles bajos y rescatar al elevado número de repetidores en Secundaria Obligatoria.

El alumnado que acude a nuestros centros escolares es diferente al de hace 30 años. Conserva su individualidad durante mucho tiempo y se integra peor en la dinámica del grupo, lo que impide al profesorado desarrollar una actuación educativa que le satisfaga y le ayude a progresar. Por otra parte, su curiosidad es más difusa y se constata un aumento de los déficits de atención y de hiperactividad, quizás debidos al aluvión de estímulos sin seleccionar que reciben de la sociedad. Además, una parte de ese alumnado vive en entornos familiares en tránsito, lo cual amplifica las dificultades de colaboración entre los grandes escenarios educativos: familia, en primer lugar, y escuela. Sea por lo que fuere, los escolares del siglo XXI necesitan más momentos de atención personalizada y esto solamente se consigue con más horas de dedicación del profesorado a esta tarea.

Quienes impulsan ahora la reducción del gasto escolar han exhibido argumentos que denotan cierto desconocimiento del hecho educativo, circunstancia grave puesto que detentan responsabilidades de gobierno. Hasta ayer criticaban con razón el nivel bajo alcanzado en las pruebas de diagnóstico por nuestros estudiantes de Educación Primaria y Secundaria si se comparaba con el de otros países de la OCDE. Manifestaban la necesidad de mejorar los índices, lo cual se antoja difícil con las medidas que proponen -encaminadas al ahorro económico aunque digan lo contrario- ya que estas rebajarán la calidad de la educación que necesitan los diferentes alumnos y demandan sus familias, dificultarán el funcionamiento de los centros y pueden suponer un aumento del fracaso escolar. Convendría más que buscasen la mejora pedagógica que antes demandaban. Por otra parte, menosprecian al profesorado porque deberían saber que este dedica una parte importante de su horario a preparar estrategias de enseñanza y de tutoría, a revisar trabajos, a atender a los padres para coordinar la educación de sus hijos, y a ayudar a quienes tienen más dificultades. Además, presentar a los docentes a la opinión pública como malos trabajadores -más en estos momentos en los que muchos españoles están sin empleo- no es una buena estrategia para estimular la tarea educadora ni de los profesores que sobrepasan sus horas -que son muchos- ni de los que las limitan –que son los menos-.

Por el momento algunos responsables educativos han actuado con parsimonia y nos hemos salvado de ciertos latigazos. Por eso, ahora más que nunca, hay que pedirles visión de futuro a la hora de tomar decisiones. Sin duda se pueden gestionar mejor los presupuestos si se lleva a cabo una actuación ajustada a las peculiaridades de cada centro, de cada programa. Si los padres ejercen de forma responsable su misión educativa y los profesores aportan su compromiso impediremos que la crisis rebaje la calidad de nuestra Educación.

  • Publicado en 20 de septiembre de 2011, nada más comenzar un curso escolar en el que varias Comunidades Autónomas de España resolvían sus problema educativos denostando a la enseñanza pública y aumentando la carga lectiva del profesorado.
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