Familia educadora

Que nadie piense que educar es tarea fácil. No se resuelve siguiendo los consejos de manual o de plataforma on line, ni los adultos están aprendidos para realizarla –por eso de imitar o contraponer la forma en la que a ellos los educaron-. Convivir con hijos e hijas y educarlos es un ejercicio de artesana comprensión, mezclada con esporádicos posicionamientos firmes. Ambas estrategias, blanda y dura, son cambiantes, y han de estar adaptados a las edades y capacidades de los más pequeños. Además las gestionan de manera diferentes los adultos de la familia, con lo que se originan más de un desencuentro y corren el riesgo de confundir a quienes son educados.

El estilo educativo autoeduca a los progenitores. Ya no solo porque el ejemplo bien presentado lubrifica el día a día, sino que permanece como si fuera un espejo permanente donde mirar hijos a padres y, cómo no, padres a hijos. En la familia se aprende a ser buenos, considerados y tolerantes con los demás, a administrar la dosis de autoexigencia. No es tarea sencilla y puede estar adobada con algunas frustraciones. Porque a la vez que son deseables aproximaciones entre hijos y padres, siempre debe saberse el rol de cada uno. Habrá que recordar que pocas veces la distancia se acorta con concesiones, que es mejor emplear la razón madurada, aunque los excesivos alejamientos no se resuelvan de manera inmediata.

Por otra parte, consentir sin más –aunque siempre debe estar abierta una puerta para pequeñas transgresiones- tiene riesgos evidentes, lo mismo en el escenario familiar que fuera de él. A niños y jóvenes les cuesta ver diferencias entre ficción afectiva y realidad, por eso cuando experimentan relaciones en entornos diferentes pueden recoger más frustraciones de las deseadas, o como mínimo se encuentran con respuestas inmerecidas.

Educar, que no es fácil. Podría definirse como el objetivo de desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar de los otros transmitiéndoles algo. También esto se aprende, aunque el itinerario deba incluir escalas para descansar y reflexionar.

*Publicado en Heraldo escolar el 2 de noviembre de 2016.

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