Ser coach del coach

En la escuela no hay preguntas banales, y las respuestas infalibles a casi todas las interrogantes, que surgen con intensidades diversas, son escasísimas. Lo saben bien aquellos profesores y profesoras que jornada tras jornada pretenden ilusionarse con lo que hacen, que buscan que el alumnado disfrute aprendiendo, pero los mensajes no siempre calan. Últimamente, han florecido asociaciones y entidades, personas, que se dedican a entrenar a los educadores en la interacción con el alumnado. Hacen una apuesta por la emoción como argumento educativo, estupenda estrategia, pues si existe en quien enseña y en los que aprenden, facilita el desarrollo a afectividades y la interiorización de muchas ideas, que lubrican su conexión con los posicionamientos previos del individuo, con sus concepciones sobre los asuntos que se le presentan. Quienes promueven este estilo comunicativo lo ven fácil, así lo expresan en las sesiones casi tutoriales.

Imaginamos que los “coach” tendrán sus propios entrenadores; no ejercerán únicamente con lo que vivieron cuando eran alumnos, o lo que han aprendido en sus carreras y libros. Seguro que sus instructores son expertos en la conducción educativa reglada, allí donde tanta falta hacen los facilitadores de las emociones. Porque al alumnado no le resulta fácil impresionarse con todo de lo que se habla en las aulas: por ejemplo una multiplicación bien hecha o cuando comprende el complejo funcionamiento de la fotosíntesis; y además lo siente allá en medio de otros 29 posibles fascinados, que expresan de otra manera sus logros. Las incógnitas sobre cómo enseñar mejor, cuándo utilizar las emociones, cómo buscar complicidades para aprender, qué es realmente aprender, etc., nunca son banales; pocas veces tienen respuestas definitivas. Quizás se encuentran algunas a lo largo de tiempo, en escenarios compartidos, con proyectos consolidados. Fiarlo todo a las emociones no es un seguro a lo largo del tránsito escolar; ¡Ojalá fuese así! Es tan difícil ejercer de “coach” continuado en nuestras aulas.

*Publicado en Heraldo escolar el día 11 de mayo de 2016.

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