Generosidades energéticas

La vida es dura para quienes acumulan incomodidades. El día a día se convierte en una carrera de obstáculos. A veces, aunque se atesoren muchas voluntades y una buena dosis de resignación activa cunde el desánimo; no es para menos. A quienes sufren se les van apagando los fuegos que impulsan sus esperanzas. No es metafórico, porque les falta la energía que los conecta a la vida para darles un poco de bienestar en forma de calor y luz en sus domicilios. Se encuentran en lo que se ha llamado acertadamente pobreza energética, que más o menos dice que un hogar no puede pagar la energía para la satisfacción de sus necesidades básicas, porque su coste les hipoteca la vida.

La energía, aparte de su componente científico que la describe como la posibilidad de producir cambios y transformaciones, tiene también otras dimensiones. Es la que impulsa el metabolismo social, tarea que se ve dificultada si incrementa su precio casi un 50% durante la última crisis, como ha hecho en España. Ahora lo rebajarán un poco, para castigarnos después de las elecciones. Sí, aquí el precio de la luz es el cuarto más caro de Europa (sólo por detrás de Dinamarca, Alemania o Irlanda), según confirma Eurostat. Por eso no debe extrañarnos que el 10% de los hogares españoles sufra pobreza energética (datos de la “Encuesta sobre condiciones de vida” del INE), un porcentaje que se ha triplicado en tres años.

El verano habrá atemperado algo las desdichas de los pobres porque no hace falta calefacción y el sol alumbra más rato, y los no pudientes no usan el aire acondicionado. Pero hay que preparar los próximos inviernos. Los daños sociales de la pobreza energética no se acaban en lo ya sufrido sino que contienen un elevado componente futuro. Los quebrantos se superponen e impiden salidas porque acumulan débitos, el consiguiente fortalecimiento del riesgo de exclusión social, pero también lastran en forma de pérdida de esperanza. Además, ahora hasta quienes mandan se quieren cargar el autoconsumo, una apuesta que ancló bien en Aragón (HERALDO, 12-06-15).

Aunque, a decir verdad, una de las aristas más lacerantes de la pobreza energética es la que secciona por la falta de escrúpulos y maniobras oscuras de las compañías suministradoras, que juegan con los precios aquí mientras provocan otros golpes sociales en Latinoamérica en forma de expropiaciones, embalses, cables y tubos. Porque en sus consejos directivos, que signan las tropelías, descansan varios políticos españoles: expresidentes de gobierno como los señores González y Aznar, medio centenar de altos cargos socialistas o populares en su mayoría, y también otros que tuvieron puestos en la administración comunitaria. De ellos hubiéramos agradecido algún detalle de grandeza, por ejemplo la reducción de sus abultados emolumentos en esas compañías eléctricas para su empleo en el rescate de la indigencia energética a una parte de sus compatriotas.

Pero también se deben contar cosas buenas. No cabe duda de que ha sido el riesgo social lo que ha acelerado iniciativas que se pueden calificar de grandeza energética. El Circe de la Universidad de Zaragoza ha elaborado un interesante estudio sobre el alcance de la pobreza eléctrica en Aragón, muy útil para mirar hacia adelante. Desde Ecodes, aquí en Zaragoza, se lanza “Ni un hogar sin energía”, que cuenta las iniciativas que hay en marcha para luchar contra la pobreza energética, da consejos para consumir menos y enseña cosas interesantes sobre energía. Se han puesto en marcha plataformas para “Un nuevo modelo energético”, que denuncian las equivocaciones administrativas y les demandan un pensamiento proactivo hacia los ciudadanos, a la vez que sostienen pleitos judiciales contra los responsables de algunos de los desatinos actuales. Varios partidos negocian incluir una cláusula de gobierno para los próximos cuatro años que evite la vergüenza colectiva que provoca la situación actual. En todos estos impulsos, la generosidad, en este caso energética, sostiene la presión continuada de la gente comprometida ante el despiste social, porque el precio de no poder abonar la luz no se paga solo en euros. Debería ser como un grito moral impulsor de ética social, de esos de los que tanto habla Adela Cortina. Así empezaremos a salir de pobres. Se acerca el invierno.

* Publicado en Heraldo de Aragón el 22 de septiembre de 2015, al tiempo que la pobreza energética golpeaba por todo el mundo a los más débiles; en España también.

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