Deberes sí, deberes no

La polémica sobre las tareas escolares reaparece año tras año. A pesar de su recurrencia, profesores, padres, expertos y alumnos no se ponen de acuerdo en si sirven o son una pérdida de tiempo. Ahora se mandan a los alumnos trabajos para casa para afianzar unos contenidos, para investigar de manera autónoma en Internet, para recuperar retrasos, para completar ejercicios no acabados en clase, para ejercitarse en la lectura o escritura, para preparar exámenes, etc. A pesar de esta costumbre, hay quienes opinan que prolongar la jornada de trabajo de los escolares fuera de las aulas supone un fracaso del sistema educativo, que no previó la heterogeneidad de los escolares ni la dimensión de los contenidos propuestos para cada curso. Por eso no es extraño que parte de las familias estén en contra de las tareas en casa, otras las ven bien.

Los profesores también dudan: unos sostienen que aumentar la ejercitación equivale a una mejor enseñanza mientras que otros lo niegan. Parece casi seguro que los trabajos para casa serán positivos si aportan disciplina y esfuerzo personal, pues los beneficios se verán, aunque sea a medio plazo. También si logran motivar porque utilizan formatos diferentes a los de clase. Para ambos supuestos, las tareas han de estar adaptadas a las necesidades y capacidades del alumnado.

Los profesores de secundaria han de ponerse de acuerdo para no amontonar los deberes de varias materias y los de primaria deben limitarlos pues sus alumnos son menos autónomos. Tanto unos como otros, han de asegurarse de que las tareas se corrijan en clase y se dé explicación detallada de su solución, ahora se olvidan a veces y los escolares ven las tareas como un castigo. Aunque todo se hiciera bien, habrá que reconocer que la mejora no será generalizada ni de la misma intensidad, quizás no se aprecie de inmediato. Como en cualquier hecho educativo, hay muchos factores particulares y sociales lo condicionan, entre estos la implicación de las familias es muy relevante.

*Publicado en “Heraldo escolar”, pág. 6, 16 de octubre de 2013

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