Educación productiva

Uno trata de imaginarse el escenario vital de nuestra sociedad dentro de 20 o 30 años. ¿Será similar al de hoy o habrá cambiado mucho? Cuesta encontrar una idea clara porque los ritmos son tan acelerados que nos desdibujan el horizonte. Pero, como la mente es libre, vienen a la imaginación varias conjeturas con sus pros y contras. Uno se pregunta si la educación productiva que ahora se implanta hará más aptos para el futuro a los chicos y chicas. En los axiomas que mandan en este momento prevalece la educación acumulativa, nada extraño en una sociedad de economías aumentativas. Por eso, se empeñan en formar individuos para incorporarse al sector productivo. Para ello necesitan un alto potencial transformador que, para los gestores educativos, se consigue plenamente con una estupenda formación en matemáticas y lengua –los exámenes evaluativos del MEC van en esa dirección-. Pero claro, ¿quién asegura que habrá que producir más o, por el contrario, primarán los decrecimientos controlados para asegurar coexistencias globales? En este supuesto, harían falta individuos dotados para conducirse en otros escenarios, en los que es posible que sean necesarias habilidades diferentes como la creatividad para plantearse una ocupación, la intuición y la espontaneidad para introducir ajustes, la flexibilidad para conducirse en la vida diaria, la empatía con los demás para abordar trabajos conjuntos, las lecturas constructivas de la interculturalidad y, como no, la capacidad organizativa basada en saber dirigir y obedecer al grupo.

En una escuela productiva –empeñada en los resultados medibles- como la que se construye en algunos países de la OCDE a partir ya de la Primaria, faltarán, o no serán universales, la pasión por aprender, la intuición para resolver una situación problemática, la capacidad de comunicación, el deseo de ser uno mismo, etc. Algunos lo resumen con pocas palabras: lo que hace falta son clases menos teóricas, más próximas a las estrategias y habilidades que los chicos necesitan para conducirse con una autonomía construida por la vida. Quizás dentro de 20 o 30 años se haga así.

  • Publicado en Heraldo escolar el 8 de abril de 2015
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