Desigualdad escolar vs éxito escolar

Es tan antiguo como la historia de la escuela: nacer en un ambiente determinado condiciona enormemente el tránsito educativo de una persona. Lo hace en el sentido acumulativo, llegar a niveles más altos, pero también en el cualitativo, imitar muchas veces las ocupaciones, las carreras o estudios, que poseen alguno de los progenitores o de alguien cercano del círculo familiar. Hubo un tiempo, último tercio del siglo XX, que la sociedad española se empeñó en desmontar parcialmente este postulado. Mejoró considerablemente la enseñanza obligatoria y los recursos dedicados a ella. Muchos jóvenes, hombres y mujeres, alcanzaron cotas formativas bastante más altas que sus padres, gracias a un sistema de becas generoso y a la proliferación de carreras en las universidades públicas.

Pero de un tiempo a esta parte -otro impacto colateral de la maldita crisis- las trabas de las administraciones para que los alumnos dispongan de facilidades formativas no hacen sino aumentar. Lo saben bien los universitarios, que han visto mermar bastante las cuantías de sus becas y encarecerse sus estudios de grado y máster. Ahora mismo se enfrentan a un panorama incierto con la pretensión del Ministerio de Educación de regular las enseñanzas universitarias en ciclos de 3+2.

Parecería que la enseñanza obligatoria –un derecho universal- se debería librar del impacto de la crisis, pero no. La equidad en la enseñanza obligatoria ha disminuido, dicen los informes PISA, golpeando sobre manera al alumnado que vive en familias de status socioeconómico bajo. Desde 2003, el porcentaje de alumnos de esos entornos que obtienen buenos rendimientos ha disminuido. Además, el dato más preocupante del Informe de 2012 -no mejorado según parece dos años más tarde- decía que la diferencia entre las comunidades con un mejor y peor rendimiento educativo – que achacaba sin dudar a diferencias socioeconómicas- superaba los 50 puntos, el equivalente a un par de años de escolarización. Se rompe a pedazos la búsqueda de la equidad, esa ilusión que fue algunas décadas uno de nuestros puntos fuertes como sociedad democrática. Mientras, disminuyen progresivamente los recursos.

  • Publicado en Heraldo escolar el 25 de marzo de 2015
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