Incierto panorama educativo

Nos hemos acostumbrado a hablar mal del sistema educativo español. Aunque hay aspectos que necesitan una mejora sustancial, no debemos caer en el derrotismo fácil. Ha evolucionado positivamente, pero partía desde muy abajo en varios puntos. Lo podremos comprobar si leemos los informes internacionales. No aportan toda la información que justifique los procesos, pero sirven para comparar lo nuestro con lo de los demás, que es una estrategia útil para remontar lo que no va bien. No solo traen frustraciones, como intentan hacernos ver nuestros actuales responsables educativos.

El “Panorama de la educación 2014” de la OCDE afirma que la formación de la población adulta española mejora a un ritmo de medio punto porcentual por año. Sin embargo, se encuentra alejada de la media europea, lo que sin duda tiene que ver con el pésimo punto de partida de España en varias cuestiones de organización social. La OCDE nos dice que la media de adultos que en otros países tienen formación secundaria es mayor que aquí, pero los superamos en el porcentaje de adultos con formación universitaria. El informe alaba el vuelco educativo español de los últimos 30 años. También recoge aspectos de los resultados de la evaluación de competencias (comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas en entornos tecnológicos) que hizo el Programa Internacional para la Evaluación de las Competencias de la Población Adulta (PIACC). En el grupo de personas entre 16 y 65 años estamos a la cola, con Italia. Hay que decirlo claro: hemos de mejorar mucho. Hace unos días, Marta Encinas, una de las expertas del PIACC, afirmó en Zaragoza que la mayor culpa del bajo tono de la educación obligatoria la tiene el profesorado. Apuntó, más o menos, que solo son maestros los que no valen para otra cosa y además no tienen la formación pedagógica adecuada. Como experta que es, alguna vez habrá pensado que quizás el modelo de aprendizaje acumulativo de contenidos sin uso práctico, que se perpetúa desde tiempos inmemoriales en España en las leyes educativas -que no las hacen los profesores-, puede ser una de las causas definitorias de las malas notas internacionales.

Pero el informe recoge otros datos buenos. España supera a la mayor parte de los países en escolarización en educación infantil, un buen indicador educativo. Y más cosas positivas: mejora el porcentaje de graduados en la segunda etapa de Educación Secundaria entre 2001 y 2012 en 27 puntos, superando a la media de la OCDE y la UE21, que han tenido un crecimiento sostenido mucho más bajo. Se incrementan los niveles de acceso de los jóvenes a la educación terciaria, sobre todo a la profesional de grado superior, que alcanza la tasa más elevada de la OCDE y una titulación superior a la media.

El porcentaje de jóvenes entre 19 y 24 que estudian en España no es muy diferente al de la OCDE; en ambos casos son más entre 15 y 19 años que entre 20 y 24. Pasada esta edad, descienden drásticamente. Cuando tanto se habla aquí de la transición al mercado laboral de los jóvenes, se olvida que la duración y la calidad de la enseñanza recibida deberían atemperar las duras condiciones de acceso al trabajo y el deteriorado entorno socio-económico que estamos viviendo. La tasa de empleo de las personas con formación terciaria era de un 77% en 2012, mientras que la de las personas con un nivel educativo inferior a la segunda etapa de Educación Secundaria apenas llegaba al 49%. Pero el informe alerta de una situación peligrosa que se consolida: la formación protege menos del desempleo en España a los poseedores de todas las graduaciones educativas, incluidas las universitarias. Este sí que es un dato para el análisis de los expertos, para pensar que toda la culpa no está en la formación del profesorado. Una buena parte de las malas notas tiene su origen en la gobernanza de los poderes públicos, que no es capaz de incentivar el placer de aprender ni rentabilizar el dinero invertido en educación, y en la estructura macroeconómica, que no sabe organizar alternativas. Si, como afirman algunos, la situación de la educación española es tan penosa, habrá que apostar por mejorarla. Para eso son necesarios más recursos, muchísimos más. También lo puntualiza el informe de la OCDE, pero nuestros responsables educativos no lo interiorizan.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 18 de noviembre de 2014. Aquellos días, como mucho antes, los Informes sobre la educación española contenían aplausos y reprimendas.
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