Maestros entre bambalinas

Los maestros, los profesores, fueron durante mucho tiempo la pieza básica de la educación. Todos los días, en cada escuela, dirigían a los niños y jóvenes que serían los actores principales en el teatro de la vida. Usaban, si se quiere, estilos tradicionales, algunos un poco pasados de moda, porque siempre cuesta explorar maneras en los que uno no se siente seguro. Disponían de nuevos libretos, más coloridos. Algunos de estos directores de escena se atrevían a hacer adaptaciones, creaciones artísticas diferentes. Pero en realidad todos dirigían a sus alumnos casi de memoria, aunque por eso no se libraban de equivocaciones propias y de los intérpretes, y de algún que otro desafino.

En la obra educativa se daba gran importancia al estilo, se dejaba un margen de libertad, siempre que apareciese una adecuada conjunción colectiva en el resultado final. Unas veces se lograba, otras no. No había divos que destacasen en esas escenas -era más positivo que el conjunto de actores funcionase-. Las había mejores y peores, con ligeros matices de comedia, algunas espectaculares, otras un poco anodinas; siempre evitando los simulacros de tragedia.  El público asistente, padres y madres, salía de la función más o menos convencido. A veces, incluso pedía bises de alguna parte de la obra. También hubo épocas en las que valoró poco lo que se hacía en la escuela.

Me veía como espectador en una representación educativa moderna. La persona que tenía al lado me contaba que esa clase, cada una de todos los centros, iba a funcionar ahora con automatismos, interpretando un libreto mecanizado para asegurar que el producto saliese según lo deseado. Los profesores vigilaban para que los artilugios, lo realmente importante, funcionasen. Ellos permanecían entre bambalinas. ¡Dejemos paso al mundo de los autómatas!, gritó un actor. Se había acabado la libertad interpretativa. Me parecía estar en una nebulosa, en otro tiempo. La historia no era real. ¡Menos mal!, pero desperté del sueño preocupado.

  • Publicado el 4 de marzo de 2015. Los maestros andaban desparecidos ente tanta maraña administrativa
image_pdf

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Ecos de Celtiberia