Vuelve el tranvía a la capital

Parece que la polémica va unida al tranvía. Ya surgió cuando se puso en marcha el primero en Nueva York en 1834 y continúa hasta nuestros tiempos, como se ha visto en su reciente recuperación en varias ciudades españolas –Sevilla, Valencia, Vitoria- y extranjeras como Burdeos. En el caso de Zaragoza ha originado muchas controversias aportadas por sectores tan diversos como comerciantes, vecinos, futuros usuarios, partidos políticos, etc. Entre los argumentos esgrimidos por unos y otros los ha habido comerciales, de comodidad, de seguridad e ideológicos, saturados en bastantes ocasiones de visiones puntuales y desprovistos de perspectiva global. Por eso, cuando se acerca su utilización generalizada sería necesario debatir no solamente sobre la conveniencia de su reposición sino sobre la movilidad urbana en una gran ciudad del siglo XXI, asignatura pendiente en Zaragoza. Toda transformación urbana origina incomodidades a los vecinos, por eso es lógico que se muestren resistencias al tranvía; ahora mismo en Toulouse pasa algo similar. También plantea dudas acerca de la conveniencia de semejante esfuerzo financiero en estos momentos. Por eso, son necesarias deliberaciones colectivas en las que han de implicarse todos los sectores. En primer lugar, el Ayuntamiento debe explicar bien a los vecinos por qué se decide su recuperación y las ventajas que reportará a largo plazo. Ha de convencerlos de que determinadas calles tendrán una funcionalidad específica, con prioridades de tráfico diferentes, para no hacer endémicas las servidumbres que soportan: por la plaza de Paraíso transitan diariamente casi 80.000 vehículos, más de 50.000 atraviesan unos veinte cruces de arterias principales; es como si todos quisiéramos pasar con nuestros coches por el mismo lugar a ciertas horas. Debe razonar que las modificaciones de los itinerarios de los transportes públicos han de ser juzgadas por su idoneidad para la movilidad colectiva y no con criterios individualistas. Desde esa misma conceptuación de la vía pública, espacio para compartir, habría que animar a los zaragozanos a que hagan llegar sus demandas al Ayuntamiento para validar el Plan de Movilidad Sostenible. Esas resistencias hacia el tranvía solamente se eliminarán con una programación seria de las actuaciones para que los zaragozanos se adapten en fases progresivas al nuevo modelo de movilidad, más todavía en una ciudad con una trama urbana compleja que es el resultado de un crecimiento no planificado para los ciudadanos sino estimulado por pulsiones constructivas.

La puesta en marcha de un tranvía no resuelve por sí misma los problemas de movilidad urbana; necesita otras políticas de acompañamiento. Así ha sucedido en ciudades europeas como Burdeos, Milán o Londres donde las actuaciones coordinadas han supuesto impactos trasformadores, también en las españolas como Vitoria. Ha habido cambios sustanciales en movilidad, de tal forma que conviven en armonía peatones, ciclistas y usuarios del transporte público y privado con escasos incidentes. Al principio cuesta cambiar los hábitos pero el tiempo va convenciendo a los reticentes.

Todos los sectores que conviven en la ciudad han de entender que el regreso del tranvía puede llegar a ser una magnífica ocasión para la reflexión colectiva de cara a la educación vial de jóvenes y adultos, que tanta falta hace. A pesar de que desde hace unos años esta se incluye en las programaciones educativas y las policías locales desarrollan prácticas para los escolares, se exhiben contraejemplos de manera continuada en la vida cotidiana. No podemos permanecer pasivos ante unas cifras que hablan de unos 500 muertos al año en las ciudades españolas en casi 50.000 accidentes urbanos según datos de la DGT, o ante el hecho de que en Zaragoza muera una persona al mes por accidente de tráfico y muchas resulten gravemente heridas. Dado que es posible que no todos los ciudadanos acepten las normas y obedezcan de forma voluntaria las nuevas regulaciones del tráfico, habrá que desplegar de entrada una amplia estrategia educativa para más adelante utilizar algún sistema sancionador. Porque realmente, la mejora de la convivencia –con o sin tranvía- debería ser el principal argumento para ordenar la movilidad urbana, más allá de los comprensibles intereses particulares.

  • Publicado el 18 de abril de 2011. Unos días después de ser inaugurada la primera línea del tranvía moderno.
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