Migraciones de verano

Cuando llega el verano la vida bulle en la naturaleza, en nuestra estepa también. Muchas plantas, tras el preludio primaveral, terminan el ciclo vital y nos muestran su materia acumulada en frutos y semillas. Los animales buscan en ellos la vitalidad necesaria para reponerse de los rigores invernales y para criar. La cadena alimentaria no deja de circular impulsada por la energía del sol. Las horas de luz hacen de despertador genético y endocrino tanto de las aves autóctonas como de las que eligen nuestras latitudes en verano. Entre unas y otras llenan de música y colorido la época estival; las especies de fuera aportan nuevos colores y siluetas. De las nuestras destacan las ligadas al medio agrario –algunas muy representativas, como el gorrión común, han descendido de forma considerable- y las que viven en los bosques, que han tenido más suerte pues han crecido en número, según el censo reciente elaborado por la SEO (Sociedad Española de Ornitología).

Algunas se desplazan poco pero otras recorren miles de Km. cada año (el récord lo ostentan las golondrinas árticas que hacen en zigzag 70.000 Km. entre Groenlandia y la Antártida). Sorprende que las aves que llegan hasta Aragón se expongan a grandes riesgos en viajes a los que dedican toda su energía vital pero sin duda las ventajas que encuentran en sus refugios de verano son superiores: poder reproducirse y asegurar la pervivencia de la especie. Prefieren los humedales de interior o costeros, como hacen las migrantes invernales, pero algunas se quedan en las estepas. Quién iba a imaginarse que la abubilla africana eligiese nuestros campos para criar a sus polluelos, o que el amenazado cernícalo primilla se concentrase aquí para saltar a África. En general las aves buscan sitios conocidos: las golondrinas y los aviones son tan fieles a sus hogares prestados que tratan de recuperarlos año tras año.

El turismo veraniego es en cierta manera una copia de los hábitos de las aves, aunque en este caso sea para disfrutar de otros placeres no reproductivos. Los veraneantes llenan pueblos y ciudades con acentos y lenguajes diversos. Nos aportan usos sociales diferentes, enriquecen nuestra cultura al tiempo que mejoran nuestra maltrecha economía. Para acogerlos se construyó de forma desenfrenada en todos los enclaves de veraneo, incluida nuestra montaña, pero en especial cerca del mar. A la vez, el proceso de migración a las costas de la población española en las últimas décadas del siglo pasado produjo serios cambios espaciales: destruyó parte de los 8.000 Km. de litoral español, ocasionó que el 50 % de los espacios naturales protegidos en la costa estén amenazados y que se haya perdido un 60 % de la superficie de humedales costeros. En estos momentos en que la mala gestión de la costa se lleva anualmente unos 100 millones de euros, según denuncia Greenpeace, la amnistía depredadora que potencia el Gobierno de España con una nueva Ley de Costas amenaza el futuro de las migraciones pues supone la pérdida de los pocos espacios vírgenes que quedan de dominio público, esos que las aves utilizan para criar o descansar antes de continuar sus migraciones. Este atropello se añade a la dejación de los anteriores gobiernos y la lentitud de la justicia ante desastres como el Prestige o la desecación de las Tablas de Daimiel. ¿Qué intereses habrá detrás de estas reformas legislativas?

Pablo Neruda expresó en su poema “Migración” cómo quedó prendado de aquellas muchedumbres de aves que viajaban en unidades triangulares, unidas por la voz de un solo vuelo, forzadas por la urgencia de la vida hacia donde el sol dura más en su jornada. Las aves migratorias se identifican con los lugares que visitan si las relaciones que entablan con ellos son placenteras; lo mismo les ocurre a nuestros turistas. Los veraneantes llegan motivados por campañas de marketing pero también por la calidad ecológica de los rincones que visitan. En otros muchos países se cuidan con mimo los espacios naturales para que el disfrute de su población y de los turistas. ¿Volverán estos migrantes estacionales a unos sitios degradados? La gestión medioambiental del territorio es la mejor forma de asegurar la llegada de los visitantes: ya sean pájaros que añaden biodiversidad al lugar, o turistas que aportan una buena inyección económica para los nativos y para preservar los ecosistemas.

  • Publicado en Heraldo de Aragón el 6 de agosto de 2012.
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