Aburrimiento estimulado

Hoy nuestros alumnos reciben un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Les llegan desde fuera y de dentro del aula. Tal aluvión de señales modifica radicalmente la estructura y la economía de la atención en individuos que no tienen la personalidad definida, que están construyéndola con altibajos. Debido a esta amalgama de impactos, sin duda mal estructurada por sus variables diferenciales y porque coinciden muchos en el tiempo, la percepción de lo que queremos enseñarles, de lo que quieren y deben aprender, queda difuminada. Además, la sobrecarga de trabajo que las nuevas señales precisan, requerirían una estrategia de administración del tiempo y de la atención para los cuales no están preparados. Tampoco los adultos andamos muy duchos, pero tenemos más claras nuestras preferencias, o las cosas que no nos interesan, y desechamos de entrada muchas llamadas.

Dado que seleccionar esos estímulos no les es vital para su bienestar, no es extraño que “pasen de tanta incitación”. Corremos el riesgo, sin quererlo, de provocarles un aburrimiento educativo. Visto así, es muy difícil que haya una atención profunda y contemplativa que favorezca la construcción particular del conocimiento. Por otra parte, la repetición de similares estímulos para el aprendizaje, de contenidos curriculares año tras año, anula los matices de curiosidad y asombro que todos aprendices precisan. Además, para sentirse motivados por esos estímulos, se requeriría un ambiente que favoreciese la atención profunda, circunstancia que no se da muchas veces en nuestras aulas y otros entornos. La atención dispersa cunde, fruto de un cambio acelerado de voces, movimientos, figuras, tareas, procesos y fuentes de información. Solamente estas últimas, ya se reparten entre el profesorado, los libros de texto e Internet. La pura agitación no genera nada nuevo. La construcción del conocimiento y la formación individual requieren reposo para tejer e hilar. Sin relajación se pierde el don de la escucha.

  • Publicado el 25 de febrero de 2015.
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