Culpabilizar a la naturaleza no nos salvará del siguiente episodio

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La naturaleza va a su ritmo entrópico pero cada vez tiene más incidencias antrópicas. Su devenir bascula de un lado para otro respondiendo a condiciones físicas extremadamente complejas, algunas se mantienen y otras cambian. Podemos pensar en un ámbito concreto, si quieren una serie de vectores, para anticiparnos a lo que puede suceder en el devenir natural, siempre cambiante pero ahora mucho más. Primera lección que nos deja la borrasca Gloria: La meteorología no sigue leyes humanas. Gloria vino y extendió su contradicción etimológica: dejó desastres allá por donde pasó, pérdidas humanas y materiales. También dejó lecciones, pero de esas pocos aprenden. Nos vino a decir que vendrán otras hermanas o primas suyas, casi seguro que pronto y no se sabe si con más energía acumulada y desordenada. Pero lo más importante que debíamos aprender es que la masiva ocupación del espacio costero, en las orillas de los ríos, la eliminación de los barrancos, la superurbanización de zonas frágiles nos ha preparado para sufrir, y sufriremos; da igual a quién le echemos la culpa. Esto no exime a las autoridades de la configuración de protocolos que aminoren los efectos de otros episodios de la naturaleza, pues esta siempre quiere sentirse libre por más que le vuelvan a poner los impedimentos que esta vez se llevó por delante.

Combinemos estas dos frases para pensar en Gloria: «La inocencia no encuentra protección en la culpabilidad» dijo François de la Rochefoucauld, a lo que se podría añadir aquello que manifestó más o menos Oscar Wilde sobre que el hombre puede soportar aquellas desgracias accidentales y que llegan de fuera; pero las que vienen de sus propias culpas son la pesadilla de la vida, al menos en lo colectivo. 

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