La escombrera educativa crece sin parar en España

En España, el sistema educativo se utiliza en ocasiones para menospreciar el sentido común, cuando menos. Da igual la cuestión sobre la que se hable. Ahora ha sido el deseo de limitar lo que debería ser básico: el tratamiento de los variados temas de la vida real mediante una programación bien hecha, sustentada en la ley vigente, con la intención de fomentar el pensamiento crítico; luego cada estudiante construirá su argumentario y lo aplicará con mayor o menor acierto en cada episodio de su vida.
Es tal el escenario de confrontación que ya no se distinguen las utopías educativas, aquellas que asignaban a la educación un papel colectivo, un medio de tránsito hacia el bienestar personal, un camino de superación de dudas y de aprovechamiento de oportunidades. Mucho de lo bueno, la educación es un tesoro de convivencia vino a decir Delors, quedará sepultado por los escombros dialécticos de las palabras huecas, por las andanadas de unos y otros. Además, lanzar controversia de baratija a un esfuerzo colectivo como es la educación como tesoro común tendrá sus consecuencias en el futuro.
Esta vez el tumulto ideológico-partidario propone que las familias, a título particular, veten tal o cual contenido de las actividades complementarias, aprobadas en Consejo Escolar. La siguiente invención puede ser una ocurrencia que limite la cultura literaria enseñada, como en tiempos en los que algunos estudiamos; quizás después venga otra que encamine la geología o la biodiversidad hacia la idea de la Creación, o la supresión de las dificultades matemáticas porque a los hijos de alguien no les gustan. A este paso, cada estudiante portará a su entrada en la escuela un “vademécum familiar” con lo que se le puede enseñar y no. Nos tememos que, en realidad, de lo que se trata es de enlodar la enseñanza obligatoria para reforzar el enfrentamiento entre dos escuelas, la pública y la concertada, o la de todos y la de unos cuantos. De esto son responsables todos los partidos, unos más y otros menos, de antes y de ahora, y los lobis que los enzarzan. Entre unos y otros llegarán a convertir la educación en su chiringuito, más o menos enlodado. !
Cuándo hay tantas cosas que merecen ser atendidas/enseñadas de forma colectiva en este incierto siglo XXI!

¡Dejen en paz al profesorado los profetas políticos! Recuerden que nadie es especialista de todo, pues la vida es exageradamente compleja. En síntesis, la educación nunca deja de ser una hipótesis que cada persona construye a lo largo de su vida. En España le iría bien un Pacto Educativo generoso y transformador.