El día siguiente de la insatisfactoria COP25 toca reanudar la contienda

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Aquí tenéis mi artículo “A favor de la Cumbre del Clima”. En él transitan desordenadas esperanzas, frustraciones, dudas, reproches y gratitudes. Se admiten comentarios, siempre estimulados por los deseos de seguir adelante. Nos sirve de acicate la necesidad de conseguir algo, mucho o casi todo, de lo sustancial que no hemos logrado.

Seguro que la Cumbre ha tenido aciertos y errores, cosas que se podrían mejorar, emisiones de gases de efecto invernadero innecesarias, manifestaciones de combate activo contra la emergencia climática junto con alguna engañifa para vender productos o recabar protagonismo, incluido el patrocinio de las grandes empresas contaminadoras; también decepciones de tonalidades varias, casi siempre de los países más poderosos. Sin duda, los medios de comunicación nos han apabullado, casi nos han hartado y al final se corre el riesgo de la desatención. Todos hubiéramos deseado acuerdos más atrevidos, vinculantes, compromisos de vida en común.

Seguro que los millones gastados en su organización serán una inversión a poco que se pongan en marcha los compromisos verbales generados por empresas y administraciones españolas –solamente hay que escuchar a regidores de algunas de nuestras grandes ciudades y a presidentes de Autonomías que hablan ufanos de su “Estrategia de Transición Ecológica y Lucha contra el Cambio Climático”; qué decir de llamarada climática que habrá llegado a la sociedad, siempre quedará alguna luz en su cultura. Además, se ha reconocido, por fin, que los científicos tienen razón y que la desinformación puede dañar o matar a mucha gente.

Quienes no lo conocieran pueden seguir leyendo en “La Cima 2030“.

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