Con la salud infantil no se juega; la crisis climática lo hace cada vez más

Queda al margen de toda discusión que la desidia colectiva es el rasgo que recogerán los libros de historia para comentar ciertos usos de la sociedad global de finales del XX y principios del XXI. Una sociedad dirigida por unas élites a las que los científicos avisan de que los vectores relacionados con la crisis climática está dañando muchas cosas. De forma especial la salud de todos, pero en particular de los más jóvenes, tanto que la emergencia climática es principalmente social. Decir crisis climática es hablar de lo que gobiernos, empresas y ciudadanos estamos haciendo mal, muy mal, sin importarnos demasiado sus consecuencias. Los dirigentes se empeñan en celebrar conferencias sobre el clima, empezaron bien en París 2015 y revisaron sus deberes en Nueva York en 2019 pero avanzan poco, los ciudadanos ricos apenas cambiamos cuatro bombillas de bajo consumo, nos compramos unos pocos coches híbridos y echamos los plásticos en un contenedor para que al final no se reciclen apenas. Van mal y despacio, la mayoría incumple hasta la última palabra que pronuncia; así no hay forma de ilusionar a la ciudadanía, vacilante y perezosa de por sí. Mira que hace días que se conoce la relación entre cambio climático y salud infantil, también en España. Unicef elaboró un informe sobre el asunto pero ahora saltan nuevas alarmas. Por cierto, no se pierdan el último estudio sobre la relación contaminación/cambio climático y salud publicado en The Lancet. Protejan a sus hijos y no los expongan a entornos contaminados, que en las ciudades son muchos.