El silencio atronador de las conciencias

Viene esto a cuento del empeño de mucha gente en aislarse del mundo, de no mirar hacia el futuro; pongamos por ejemplo la idea de que el año 2030 nos vaya mejor a todos, como parece ser el objetivo de ciertos acuerdos internacionales.

Tenemos por delante la crisis del clima, desigualdades entre personas y por países, la tribulación migratoria multidimensional que irá en aumento, los nacionalismos exacerbados que surgen como setas allá por donde uno va. En fin, que al menos a quien esto escribe, la vida global le simula un maremoto de complejidades.

Se asombra a la vez del simplismo de bastante gente, que ve solamente lo que le afecta; poco le importan los matices que cada hecho o pensamiento lleva consigo.

Además, a lo que parece, en este complejo mundo, el individuo lo es todo. Sin embargo, cabría pensar en el grupo como tal y, así, las ideas que lo sustentan tendrían trascendencia.

Por si esto fuera poco, quienes gobiernan el entramado global, que no son solo gobiernos, se afanan en dirigir y manipular las emociones de lo que pasa a nuestro alrededor. No solo eso, consiguen despistarnos sobre el lugar que la gente corriente ocupa en ese entramado, cada vez más alejado de una búsqueda de la ética global.

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