La ganadería intensiva vs el consumo de carne incentivan la crisis climática

Las vacas no dijeron ni mu cuando hace un mes se las acusó del cambio climático, por sus pedos y por los bosques que se convierten en prados. Ellas a lo suyo: servirnos a nosotros, que sabemos bien cómo hacer eso de lastimarnos el futuro. Tampoco los pollos piaron ni los cerdos gruñeron ante la recomendación lanzada a primeros de agosto por la ONU de cambiar la dieta cárnica y evitar el despilfarro alimentario (cercano al 10% de lo que se produce) para que la vida mundial no se colapse. De resultas, mucha gente pensó que las vacas son las causantes de todos los males. ¡Qué culpa tienen ellas! , más sabiendo que ha aumentado mucho más el consumo de carne de pollo y cerdo, suman más del 35% del total en cada uno de estos dos, que de los filetes vacunos. Es de suponer que las vacas hubieran mugido si se les hubiera preguntado, por más que ellas no entiendan de las ideologías que nos señalan qué y cómo comer, y por qué.

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