El patrimonio natural soporta graves presiones, tremendas en verano

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El informe anual (2017) sobre el estado del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad en España contiene inventarios diversos: ecosistemas en general, fauna y flora, recursos genéticos, recursos naturales, espacios protegidos y/o de interés, etc. También habla de los impactos negativos  sobre dicho patrimonio. Contiene muchos datos curiosos junto con gráficos y figuras explicativos. Merece la pena echarle un vistazo, enterarse de los diferentes modelos de gestión de los espacios naturales.

En este asunto vital, por encima de datos estadísticos y similares, está la apropiación social, determinada por los usos de los diferentes territorios que componen ese patrimonio: algunos respetuosos, otros exclusivos y depredadores. Este espacio común solamente es propiedad de sí mismo, por más que lo llamemos patrimonio; lo tenemos en préstamo conservador nosotros y las futuras generaciones. El verano es la estación en donde especies y territorios se sienten más vulnerables; unas y otros tienen miedo, por eso claman por regulaciones más severas frente al turismo avasallador.

Por si esto fuera poco, por ahí anda el cambio climático, con veranos abrasadores y largos. Así, crecen y crecen las hectáreas que se transforman en desiertos. Hay quien asegura que estos pueden llegar a alcanzar al 80% del territorio; con las consiguientes afecciones a las especies y desplazamientos de las personas. No entonemos el réquiem por el patrimonio.

¡Queda dicho!

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