El paraíso antártico amenazado por el turismo

Dicen por ahí que a la Antártida viajan ya más turistas que personal científico. Este, compuesto por mujeres y hombres con grandes recursos científicos, llega allí cargado de interés por conocer más cosas que lleven a entender nuestra vida y a preservar los tesoros que atesora el austral desierto de hielo. A pesar del encomiable valor de lo que hacen, de la relevancia de sus descubrimientos, no tienen el acompañamiento social que se merecen; deben estar perplejos del asalto que se avecina por aquellas tierras. 

Para la vorágine comercial, turística y depredadora nada importa; bueno sí, el negocio. Cuentan que durante estos días, medio centenar de países, los que tienen algo que decir en el gobierno de la Antártida, están reunidos en Praga para ponerse de acuerdo en qué hacer y cómo, en la manera de preservar y mejorar el Tratado Antártico, para detener la acelerada pérdida de su masa helada. El turismo masivo lo estropea todo; miren cerca de ustedes y lo comprobarán. Pero claro, el santuario antártico es algo más que un espacio, es un cofre para la investigación y nuestro seguro de vida.

Por eso, únase al grito que desde aquí lanzamos: ¡Fuera el turismo de la Antártida!