Tanta pobreza, también en España, cuestiona la Agenda 2030

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El objetivo núm. 1 de los ODS desea “poner fin a la pobreza en todas sus formas en todos los lugares del mundo”. Restrinjamos el mundo y centrémonos en España. El último informe de Cáritas/Foessa dado a conocer en junio de 2019, afirma “el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 de millones más que en 2007 (antes de la crisis)”. Los pobres, de aquí y del mundo, son invisibles para muchos de nosotros. Quienes hemos nacido en entornos privilegiados tendemos a olvidar las situaciones límite de aquellos que viven en contextos desfavorecidos. Parece increíble que los ODS, que mostraban que la pobreza y exclusión social estaban en el origen de la crisis mundial, y por eso la colocaron en primer lugar de sus objetivos, caminen tan lentos; incluso en ámbitos del mundo rico.

No solo son pobres quienes nos demandan ayuda por las calles o acuden a los centros sociales que los auxilian. Imaginen hacia qué proyectos de vida podrán encaminar a sus hijos quienes perciben salarios mensuales de 500 o 600 euros.

El informe citado separa la población española en dos grandes sectores: el de las oportunidades (unos dos tercios de la población española), que consumen en exceso, sin importarles los efectos y tienen capacidad para que sus necesidades figuren en la agenda política. Además, están seguros de sus prácticas cotidianas y las razonan con ideas poderosas (sic); también muestran muchos  olvidos en su  solidaridad.

Después, muy lejos, están los otros.

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