La contaminación del aire cabalga sin rumbo en las conversaciones de la gente, a la vez que daña la salud y tiene autoría

Quién contamina el aire es corresponsable de la pérdida de salud y las vidas de mucha gente; lo sabe hasta el más ignorante voluntario. Sin embargo, gobiernos y ciudadanos vivimos en el elixir de la nula conciencia, o de la vagancia ignorante y egoísta. El caso de Nueva Delhi es paradigmático pues la contaminación de partículas tóxicas en el aire es unas 35 veces las recomendadas. En esta ciudad vive gente: más de 20 millones. Pero el aire mortífero lo padecen también 14 ciudades de la India, que figuran entre las más contaminadas del mundo y en las que viven otros 20 millones de personas. 

No vayamos tan lejos y miremos a Oviedo, Gijón o Avilés , o las restricciones por las mismas causas en otras muchas grandes ciudades. Anímense a leer lo que sucede en Madrid. Por lo que se ve es más sencillo invertir en gastos sanitarios y vidas que en limitar la contaminación. ¿Qué pensaría de nosotros Sócrates, que se preguntaba hacia dónde iba la sociedad de su tiempo? O simplemente Mafalda, que también le daba mucho al coco ante la insensatez del mundo mundial. Ambos encontrarían la autoría de semejantes estupideces colectivas.

Por cierto, ¿respira la vida?