La educación no sobrevuela la escena política en España ni rotulada en avioncitos de papel

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Érase un país en el que los políticos se dedicaban a menoscabar el prestigio de sus oponentes. Daba igual que la verdades se tornasen mentiras, que el pueblo del que hablaban no estuviese en su pensamiento, que los desfavorecidos hubiesen desaparecido de sus plegarias, que lo blanco fuese negro a los cinco minutos, etc. Se lanzaban proyectiles verbales un día sí y otro también; lo que decían los unos lo machacaban los otros con dispositivos electrónicos varios a la velocidad de la luz. La razonada convivencia ni siquiera era razonada: la convivencia se ejercía solamente con los de su tribu.

Eso sí, entre sus mensajes no aparecía la palabra educación, no nos referimos a las formas sino a lo que se entendía en tiempos como sistema educativo, tal maltrecho en ese país después de tantas leyes partidistas, de tanto abandono de la escuela a su languidez tradicional. Un día apareció en los cielos un avioncito de papel rotulado con la frase “Educación de calidad para todos”. ¿Quién lo habría lanzado? Seguro que alguien que creía estar en el siglo XXII. Habrá que localizarlo; puede desestabilizar la convivencia no razonada.

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