Transición ecológica: un peregrinaje no exento de dificultades, pero necesario

Durante estos días se celebra en Madrid el Congreso Nacional de Medio Ambiente, CONAMA 2018, algo así como la reunión de la gente que ve oscuros nubarrones en el porvenir global junto con otros que llevan propuestas de cambio para que la vida saludable de los ecosistemas y la gente sea posible en el año 2030. El Gobierno actual configuró un Ministerio de Transición Ecológica. Estos detalles son solamente una puesta en valor de que es imprescindible un gran cambio colectivo para mitigar las problemáticas ambientales y/o adaptarse a ellas. Sin embargo, cuando se propone la mínima transición hacia modelos más ecológicos, véase el ejemplo de las ciudades sostenibles o la desaparición del carbón como fuente energética en España o la subida de los carburantes en Francia, la gente -más todavía los políticos- va a lo suyo, buscando su parcela de bienestar y olvidando que vive en un mundo de futuro incógnito. La transición ecológica necesita mucha fe ética, consolidada por ideas sencillas que hay que hacer llegar inmediatamente a la gente, poco creyente. Los partidos políticos, los medios de comunicación, las empresas, los agentes sociales y muchos más podrían hacer bastante más para llegar en condiciones menos lamentables a 2030.

Incluso en el Conama hay algo de representación y postureo, político y comercial. Menos mal que transitan por allí unos cuantos convencidos del poder de la participación: mujeres y hombres ambientalistas que quieren unir a mucha gente a la transición ecológica. Una pregunta bienintencionada dirigida a quienes consumen estas páginas: Ha empezado ya su transición?, aunque nada más sea en algunos detalles. Dese prisa.