¿Y si no estuviéramos tan mal?

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Hace unos meses Bill Gates regalaba a todos los nuevos graduados de su país que lo querían un ejemplar de Factfulness, una optimista lectura sobre el estado del mundo. En él presentaba argumentos para levantar el pesimismo generalizado que nos hace ver la situación del mundo (y la humanidad que lo compone) cada vez peor. Recoge que demasiadas veces, tanto los expertos como los políticos o la gente común, opinamos a la ligera sobre cómo va la cosa mundial, sin apoyarnos en datos fiables; no apreciamos el progreso -en concreto la universalización de la vacunación infantil o la reducción global de la pobreza severa-, aunque sea lento.

En este blog solemos hacer hincapié en alertas sociales o ambientales; nos preocupan más la amenazas que las satisfacciones (se desvanecen pronto). Quizás escribimos así porque dudas y temores sobre el adecuado camino global dan vueltas una y otra vez en nuestra cabeza. Puede que en demasiadas ocasiones llamemos la atención sobre la poca finura y destreza a la hora de abordar medidas sociales, educativas o ambientales. Por eso, habrá que pedir disculpas por esta versión de denuncia que aquí prima. Digamos en mayúsculas: NO ESTAMOS TAN MAL, aunque más de uno pensamos que podríamos estar mejor. Referido a España, quizás ese estado de insatisfacción se debe a que nos faltan líderes, como apuntaba Manuel Vicent en El País del pasado día 18, y, por qué no decirlo, tampoco abundan los líderes éticos en el mundo. 

 

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