Utopía educativa; siempre encontraremos algo valioso en el camino

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Ambas palabras son grandiosas y complejas. Pronunciar la palabra primera en una conversación es como ver caer una losa; lo más probable es que surja un silencio atronador, acompañado de bastantes miradas o muecas escépticas, incluso que se escuche algún razonamiento inhabilitador. Si la acompañamos de educativa se nos tachará de ilusos. Más de uno dirá que casan mal ambas palabras, por más que en cierta forma siempre hayan ido de la mano; ¿qué es si no educar a alguien en algo que no conoce, ni se está seguro si lo sabrá después, ni siquiera si le sirve para algo? Para mucha gente, docentes o no, la escuela es simplemente un engranaje entre enseñar y aprender. Pero la escuela es imperfecta y no evita la posibilidad de fracaso. Sin embargo, tras un empeño renovador siempre podrán extraer algo. habrá que conseguir que el profesorado acepte que la anómala realidad también puede ser un acicate para levantar el pesimismo que reina en algunos centros educativos. Lo peor es perder la esperanza de ayudar al conjunto, a personas o colectivos desfavorecidos. Piensen en algo que parece utópico en su escuela, busquen complicidades sobre el asunto, inténtelo y sientan si se han acercado. Quizás ya lo hayan hecho y así están reactivando el sentido crítico de la utopía educativa y rehabilitando el papel emancipador que la educación debería tener, dando recorrido a esos sueños que surgieron tras pensar en un mundo menos desigual. Aunque la práctica pueda ser pesimista, la voluntad ha de ser optimista. ¿Qué todavía tienen dudas? Visiten utopías educativas y disfruten.

  • Una parte de este chispazo nació como artículo en El Escolar, de Heraldo de Aragón (7/8/2018)

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