RESCLIMA es una parte de la resistencia a la inacción social, provista de estrategias educativas para limitar lo (ir)reversible

Publicado el

image_pdfimage_print

Esas gentes son incombustibles. En cierta manera se parecen a aquellos galos de la aldea minúscula que luchaban contra todo un gran imperio -ahora mismo hay muchos imperios políticos comerciales y políticos que quieren acabar con los “pesados climapensantes” o simplemente los desprecian-. Estos irreductibles modernos, ahora reunidos en el extremo noroeste de Hispania, otra similitud curiosa, utilizan la pócima mágica de la ética global elaborada por ellos a partir de los ingredientes de millones de científicos, que operan como druidas.  Mujeres y hombres que se preguntan sobre el modo correcto de vivir, que permanecen en la duda socrática sobre si esta es la sociedad global deseada. También tienen algo de Mafalda y Quino que hace años ya nos avisaron con gracia y sarcasmo del asunto climático a todos; solo unos pocos lo quisimos entender y por eso nos llamaron “cargantes”, y un poco de Lisa Simpson, que una y otra vez recordaba a quienes le rodeaban que hay una válvula de escape -la educación- para atemperar el desarreglo colectivo y en eso se empeñaba. Hoy mismo, una parte de quienes creen que otra educación ambiental es posible -que hay respuestas educativas y sociales al cambio climático- se reúnen en Santiago de Compostela (España) en Resclima. Un colectivo heterogéneo, como lo es el sistema clima, del que forman parte varias universidades y grupos de investigación, que trata de relacionar ciencia y cultura, cuestión climática y representaciones sociales, y se propone hacerlo mediante la educación y la comunicación; loable atrevimiento al que pocos se suman, y menos en estos momentos de falta de respeto social.

El sistema clima -pasado y actual- va a su marcha, pero nosotros -profesoras, profesores y centros educativos- viajamos con él y podemos ejercer de retardadores de sus velocidades y fuerzas: sus hechos, nuestras percepciones y emociones, también los deseos y las maniobras de todo tipo de nuestro alumnado y de la gente despistada o negacionista forman parte del clima objetivo y subjetivo, y admiten prácticas educadoras ahora y pasado mañana -a pesar de la lacra de los desarrollos curriculares-. Aun así, siempre hay diferencias entre lo que uno ve, o cree firmemente, y aquello que efectivamente ocurre, lo que enseña y lo que se puede aprender, que no siempre coinciden. 

La gente de Resclima sabe que el asunto siempre estará abierto, algo así nos susurraría Mario Benedetti; conoce que aunque se crean tener todas las respuestas al cometido de armonizar un poco más cambio climático y educación -no es el caso todavía para mucha gente-, enseguida aprecia que han cambiando muchas de las preguntas; ahora mismo les estará sucediendo en su encuentro. Ellas y ellos reconocen también que cuando esto no se sienta así, hay que escuchar al pálpito social que nos recuerda que el final de un proyecto ambientalizador (re)climático siempre es el comienzo de otro nuevo. Cada día la escuela necesita pensar u hablar sobre los meteoros perceptivos, y la sociedad todavía más. ¡Qué decir de los medios de comunicación y sus noticias episódicas! Pero siempre quedará el compromiso de grupos de acción (Resclima, Comunidad #PorElClima, Greenpeace, Ecologistas en Acción, Escaparate #PorElClima, Global Climate Change, IPCC, etc.) que utilizan el cambio climático para desenmascarar a aquellos “imbéciles o ignorantes con poder, pues sus actuaciones dificultan nuestra vida”, hubiera dicho con seguridad el filósofo y profesor Emilio Lledó; y si no, lo decimos desde aquí. ¡Ánimo a quienes combaten la ignorancia y la dejadez climáticas!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia