Silencios educativos en un día de algarabías en la escuela de la pos verdad

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En realidad, si fuera uno de los chicos y chicas que empiezan hoy las clases poco me importaría qué y cómo voy aprender. Estaría más preocupado en encontrarme con mis amistades, en saber con quiénes voy a compartir el próximo curso escolar y qué sector del profesorado me va a atender: los que entienden o no, quienes atienden a nuestras maneras de entender o no; algo mezclado o en realidad poco me importaría. No me molestaría en absoluto prolongar la emocionada algarabía de los primeros días.

Pero como ya dejé la escuela me da por pensar en este día: si será el comienzo de algo diferente, si los programadores políticos de nuestra vida tienen la escuela en sus agendas, si se preguntan o preguntan a quienes entienden sobre qué sería mejor conservar y aquello que habría que cambiar para que la escuela en España fuese escuela de vida, fortalecedora de capacidades y escenario de crecimiento generalizado, si el profesorado todavía guarda un poco de entusiasmo o se escuda en el “más de lo mismo”. Hubo un tiempo en el que se hablaba mucho de un posible Pacto educativo; algarabías me dicen quienes tratan de renovar la escuela porque opinan que las pos verdades educativas, por no llamarlas mentiras, rigen el ideario de quienes desde una y otra trinchera se lanzan silencios sobre el destino universal que sería diseñar una Educación de futuro. Para más desgracia, estamos en años de elecciones. Reparen en si los partidos exhiben más sus algarabías o sus silencios, educativos claro. A pesar de todo, ¡suerte y ánimo!, en particular a quienes trabajan por primera vez. Alguien dice por ahí que la educación se la inventan desde fuera pero si se hace realidad es desde dentro.

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