Ecoescuelas sociales. ¡Sí, por favor!

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El simple hecho de utilizar un libro, encender una luz o manejar una tablet enlaza una malla de consecuencias múltiples. Reconocer el entramado de la vida debería ser un argumento principal en la enseñanza escolar. Sin embargo, la tendencia de manejar los contenidos aislados hace que las distintas dimensiones que tiene la vida activa y pensada todavía se mantengan alejadas de los intereses curriculares. Pero el tiempo apremia; hay que actuar sin demora para que la escuela sea ecosocial.

No se trata de fomentar un adoctrinamiento nuevo sino de preparar ciudadanos críticos que sepan entender las problemáticas sociales y ambientales. Frente a la múltiple y variada crisis ecológica y social que tenemos planteada, ya son pocos los que la niegan, se necesitan chicos y chicas que se ejerciten en el pensamiento crítico para que hagan de este un argumento de vida. Anotemos algunos ámbitos de trabajo escolar que nos sugiere la Fundación FUHEM: la superación del antropocentrismo, el cambio climático, la energía y los materiales, la alimentación, el capitalismo y las economías alternativas, la ciudadanía y la desigualdad de género, los conflictos y valores ecosociales. Es tiempo de mudanza, de hacer de la escuela un escenario de vida real que necesitará considerables cambios metodológicos.

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