El pensamiento crítico está vetado en educación, y en la vida

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Los contenidos escolares son la verdad expuesta; ni el profesorado ni el alumnado los cuestionan: “Los traen los libros de texto”. Sin embargo, no todas las veces nos esclarecen la verdad, o nos cuesta aprenderla si no la enlazamos con nuestros intereses. La verdad es en sí misma cuestionable. Viene todo esto a cuento del escaso valor que se da al pensamiento crítico en las aulas, ¡qué decir en la vida! Cuando sacamos este tema con nuestros compañeros profesores y profesoras para defender currículos más abiertos, lecciones menos dogmáticas, menos teoría y más práctica en la escuela, etc., los detectores de la verdad nos acusan de estar proponiendo el “libre pensamiento”, acabar con la trascendencia de los saberes escolares; encaminar la escuela a la incoherencia. Puede ser, pero no me negarán que el pensamiento crítico es escaso entre el profesorado –es quien manda en la escuela- sobre lo que enseña y cómo lo hace y con respecto a lo que la administración educativa –esta huye del fomento del cuestionamiento de lo que ordena y acalla o no escucha la voces discordantes- le propone. Mientras tanto, ¿existe la verdad escolar?, de la otra no tenemos duda.

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