Hoy es un buen día para quijotear con Azorín y Llamazares por la naturaleza cervantina

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

En escuela solemos explicar los contenidos como algo definitivo, poco abierto a variadas percepciones. Los conceptos, incluso las actitudes que pululan por los desarrollos curriculares, admiten pocas modificaciones en una clase normal; hay que aprenderlos porque se consideran relevantes para las asignaturas. En las cuestiones de postulados y leyes físicas o matemáticas, o reglas del lenguaje, cabe un poco esa necesidad pero es bastante cuestionable en muchas otras temáticas. Pongamos el caso de la naturaleza, que viaja por los desarrollos curriculares de Educación Primaria y Secundaria. En sí misma, fuera de los textos, es multiforme, viva, cambiante, conecta el pensamiento científico con el cotidiano, nos deja relacionar el presente con el futuro pues mantiene una carga de afectividad. Sin embargo, en la escuela se asienta en conocimientos cerrados, que el alumnado debe aprender de forma machacona una y otra vez. Craso error pues las percepciones de las diferentes personas sobre un aspecto o tema concreto de la naturaleza, sujeto a la visión particular de algo tan vivo y condicionado por la variabilidad de los tiempos y espacios, son muy diferentes. Un espacio natural es visto de distinta forma por gente del mundo rural o de la ciudad, en la cultura europea o americana. Hoy sabemos que no hay una sola visión del mundo, que la idealización que uno realiza es particular, que la verdad posible es una construcción cognitiva sujeta a muchas variables, que es necesario compartir. Así debería ser la escuela naturalizada.

Pongamos un ejemplo hoy 23 de abril… Seguir leyendo en El Diario de la Educación

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